Una charla íntima con Johnny Indovina


El cantautor viaja a los años ochenta, nos platica sobre su carrera deportiva y el futuro de Human Drama.


POR Staff Rolling Stone México  



Viene de la edición impresa.

Por Valeria Villegas

Tras varios meses de su fugaz e incógnita visita a nuestro país para la elaboración de un documental (a lanzarse el año entrante), Johnny Indovina tiene algo muy claro: Está listo para encontrarse con la música, su primer y más intenso amor, después de un periodo de introspección dolorosamente necesario. Tuvimos la fortuna de encontrarnos en un momento más que providencial previo al concierto que con el 30º aniversario de Human Drama. Con la sinceridad que lo caracteriza, Indovina viajó de vuelta a sus días en el icónico club Scream de Los Ángeles, nos reveló la anécdota que dio origen a “The Waiting Hour” y compartió su deseo patente de ser un rebelde de la sensibilidad. Aquí, una parte del privilegiado vistazo que pudimos dar a su pasado, presente y futuro.

En un inicio, ustedes fueron parte de una escena muy particular que dio lugar a propuestas de todo tipo: Las tocadas en Scream, de Los Ángeles, a mediados de los años ochenta. ¿Cuáles son tus recuerdos de esa época?
Recuerdo que había una escena muy diversa. Tenías bandas que se inclinaban al rock & roll, a lo gótico, las bandas de chicas –The Pandoras– y Jane’s Addiction –que nadie sabía exactamente qué eran… y también estábamos nosotros, que nos orientábamos más a lo gótico. Las bandas que evolucionaron y crecieron son aquellas que seguimos escuchando hoy.

Además, había una estética muy particular que inmortalizó el Scream, y pareciera que esa vibra icónica en cuanto a los lugares ha cambiado…
Y eso es una lástima, porque esos días del Scream no podrían volver a ocurrir. Fueron como los días del CBGB en Nueva York, donde tenías a Talking Heads, The Ramones y Blondie en el mismo cartel, bandas muy diferentes e importantes. Así era en Scream, una vez, nosotros tocamos junto a los Red Hot Chili Peppers. ¡Imagínate! Dos bandas tan diferentes, pero funcionó perfectamente en ese lugar, y también con los fans.

¿Recuerdas otros carteles improbables de esa época?
Te voy a contar, hubo una que de plano no me gustó: No recuerdo el nombre, pero era una banda de country alternativo que era muy famosa a mediados de los años ochenta, algo como Green on Red. Les estaba yendo muy bien en Los Ángeles, y ellos creyeron que la alineación de las bandas era ridícula y de hecho se burlaron de nosotros. Eran muy cerrados a esa diversidad, y nunca había sentido eso en Scream. Recuerdo que no lo disfruté porque los artistas, que deberían ser la gente abierta a esa variedad, eran muy cerrados. No lograron gran cosa después, lo cual me hace recordar que la cerrazón no lleva a ningún lado.

Es un tanto paradójico para ese ambiente…
Digo, ¿por qué debería importar que las bandas en el póster eran diferentes? Deberían haber celebrado esa diversidad. Todos deberíamos ser diferentes.

Seguramente hubo varias experiencias que recogiste de ese periodo. ¿Hubo un aprendizaje particular de esas situaciones?
Trato de pensar si realmente aprendí algo de una banda en particular. No me viene nada a la mente. Creo que tomé más de artistas como David Bowie y Bob Dylan más de lo que aprendí de las bandas locales de esa escena.

Es un hecho que, en cierta medida, sigues siendo la misma persona, aún cuando interpretes canciones que datan de hace 30 ó 20 años… Pero, ¿qué ha cambiado algo a lo largo del camino?
Creo que comencé con una meta muy particular, y todavía trabajo exactamente de la misma manera. Así que creo que he cambiado como persona, pero no he cambiado mi ética de trabajo ni las razones por las cuales hago esto, para nada. Ciertamente, perdí el entusiasmo durante el periodo en el que vine a México a hacer el documental, pero la manera en que trabajo se mantiene igual. El concierto que nos espera [con Human Drama] es una fecha muy importante, nuestra diversión no reside en el concierto, es lo que hacemos ahí, lo que pasa después. Porque se trata de lograr algo. No es el momento en el que estamos en el escenario, es mirar hacia atrás cuando todo está dicho y pensar: “¿Hemos logrado crear algo más que la gente recuerde por el resto de su vida?”. Y si es así, nosotros también podemos recordarlo por el resto de nuestra vida.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de los conciertos que has ofrecido?
Hay muchos recuerdos pequeños que serían difícil de recordar… Pero puedo voltear hacia 1995, cuando tocamos en la Universidad en México, varios miles de personas asistieron y fue nuestra primera fecha encabezando el cartel, esa fue una fecha muy especial. Supe que cambiaría el futuro, y así fue en cierta medida. También hubieron varios pequeños shows acústicos en los que la conexión fue tan fuerte que no había diferencia con aquellas ocasiones en las que me sentaba en la cama a tocar mis canciones a un amigo cercano… así que varía, pero ha habido varios momentos. Tocar “The Waiting Hour” o “Love Will Tear Us Apart” en el Plaza Condesa en 2012 fue increíble también. Muchos momentos, he sido muy afortunado.

Este periodo de 30 años también te ha valido muchos momentos retratados en las canciones. ¿Hay alguna canción en particular que no puedas esperar a interpretar en el concierto?
Siempre es “The Waiting Hour”. Nunca olvidaré la manera en que concebí esa canción o cómo me sentía en ese momento. Sentí que había escrito mi primera canción perfecta –lo cual, sé, es muy atrevido como afirmación–, tuve una sensación de que me había impresionado a mí mismo [risas], nunca me imaginé que podía ser así de bueno, y creí que había hecho algo que yo mismo compraría. Había logrado esa pieza que resulta inseparable de uno mismo, no se había derivado de nada más. Así que ese es siempre el punto más alto, “Tangled Web” y “This Forgotten Love” están a la misma altura.

Tener ese tipo de epifanía no es cosa fácil. ¿Cómo se originó esa canción?
Había recibido un mensaje telefónico de mi segunda esposa. Dejó un mensaje en mi contestadora, y al final estaba tan desesperada que simplemente dijo: “Sigo esperando, y esperando, todo lo que hago es esperar”. Y eso se quedó en mi cabeza. Nos habíamos separado ya, y yo iba a algún lado, iba caminando en Santa Mónica Boulevard. Entonces me enfoqué en lo que sabía que ella sentía al dejar el mensaje; no tanto las palabras, pero lo que ella experimentó, esa desesperación. Entonces lo absorbí y comencé a decir las palabras: “I know your heart is breaking…”. y empecé a componer la melodía. Continué caminando y fue poco después que comencé a caminar de regreso a casa y tomé la guitarra para ver lo que sucedía. Así que para cuando llegué a casa ya había escrito el coro en mi mente. Llegué y escribí los acordes, canté en mi grabadora, lo puse en perspectiva y dije: “¡Guau!”. Había capturado lo que ella sentía en ese mensaje y cómo era nuestra situación. Pensé que no tenía nada más que escribir, me sentí intimidado por la hermosura de la melodía y las letras, así que me tomó un par de días para dejar esa sensación de intimidación y terminar de contar la historia que había comenzado. Tenía el coro y en un par de días la completé. Así que de alguna manera terminé contando las cosas en reversa. Terminé tocando la canción unos cinco días después en un concierto, y pensé que era lo mejor que había escrito. Todavía pienso que así es.

¿Recuerdas cómo fue interpretarla por primera vez?
Claro, recuerdo que no fue tan buena. Si soy muy honesto, no creo que la canción llegó a su mejor estado hasta que la tocamos para el EP. Porque la versión de ese entonces no tenía el mismo sentimiento que cuando la aterrizamos ahí. Así que me tomó un par de años tenerla como quería.

¿Existe alguna canción que te sorprenda cuando la vuelves a tocar?
Vamos a hacer varias cosas para el concierto que me han hecho tener exactamente esa experiencia. Canciones que tal vez no he tocado en varios años o incluso, que nunca he tocado en vivo, cosas que me hacen recordar que eran temas buenos. Nos ha pasado en los ensayos.

Me imagino que tener que volver al pasado también te hace recordar otra manera de distribuir, de producir material… Una de las cosas que discutimos la última vez que nos vimos fue este cambio radical que se percibe en la industria y la manera en que ésta espera ciertas cosas de los artistas. ¿Qué esperas encontrar en la audiencia?
No estoy preocupado en lo más mínimo. Si yo hago lo que tengo que hacer sobre el escenario, no tengo nada de qué preocuparme. Nada. Y esa es la manera en que siempre he sido al crear un álbum. No debo preocuparme de lo que la gente pensará. No puedo preocuparme de lo que van a creer, pero sé que si hago mi trabajo eso es todo lo que debe preocuparme.

El catálogo de Human Drama está repleto de temas que seguramente será difícil volver a interpretar por su naturaleza emotiva e íntima. ¿Hay alguna canción que tengas dificultad para interpretar por eso mismo?
“Love’s Way”, “Single White Rose”, “The Waiting Hour”, la versión acústica de “This Forgotten Love” siempre me causa eso. Qué importante ha sido esa canción… Y claro, tengo esos momentos. Ha sido una vida larga, y te pones más nostálgico en cuanto te vuelves más viejo, porque hay más nostalgia qué tener [risas]. Cincuenta y tantos años de mirar hacia atrás… “There’s Only You” porque esa es sobre mi mamá. Las cosas sobre las que escribí son muy reales, no escribí sobre tonterías, no utilicé temas frívolos como “vamos a juntar a un montón de chicas, subirlas a la limusina y tirárnoslas”. No es lo que hice. Realmente no me importaba. Así que todos los temas valen la pena para volver a exponerlos. No me avergüenzan.

Precisamente por eso se caracterizó Human Drama, y también la manera en que te defines como cantautor, yendo un tanto contra lo establecido. ¿Es difícil mantener ese espíritu?
No. No conozco otra manera de hacerlo. Escribo para mí, no escribo para un público ni para un género; en el pasado, cuando estábamos con RCA Records, ellos buscaban un sencillo para lanzar en la radio y me dijeron: “Johnny, tenemos problemas porque no suenas como nadie más, no sabemos dónde ponerte”. Y yo les dije: “La mejor parte de lo que tienen frente a ustedes ahora mismo es que yo no sueno como nadie más, así que pueden ponerme donde sea. Es como rendirse en lugar de entender que tienen una nueva arma”. Siempre ha sido así para mí, el “no suenas como nadie más”. Todo lo que puedo responder es: “Gracias”. Me ha costado mucho trabajo y mucha dedicación mantenerme fiel y no buscar ser como alguien más sólo para conseguir tiempo de exposición en la radio. Eso nunca fue para mí, preferiría hacer algo productivo.

Ir contra lo establecido y aceptar tus particularidades toma mucho trabajo, algo que comenzó cuando tú eras muy joven. Hemos platicado del momento en que escuchar a Bowie y Reed te hizo concluir que querías orientarte por la música, pero vayámonos un poco más atrás, hacia la adolescencia y tus momentos formativos, cuando comenzabas a pensar en escribir.
Primero que nada, realmente no pensé que quería escribir; más bien pensé: “Quiero estar en este mundo en el que existen Lou Reed, David Bowie, Leonard Cohen, Bob Dylan, The Beatles… quiero estar en este mundo porque creo que lo encontraré fascinante”. Realmente no consideré que quería escribir canciones y estar en una banda, pero creo el sentirme intrigado por ese mundo me guió lentamente a ser parte de él. Yo pienso que hoy, a comparación de aquellos tiempos, no hay grandes estrellas. Una estrella era David Bowie cuando se subía al escenario, una estrella era Bob Dylan al tocar, Marc Bolan era una estrella. Captaban tu atención, sin saber por qué, pero la tenían. Hoy por hoy, no las hay. No digo que quería ser una estrella, pero quería estar en este mundo aunque no sabía qué significaba. Mi curiosidad por componer comenzó conmigo cantando canciones de alguien más, sólo para mí. Eso me llevó a comprar una guitarra, un piano. Poco a poco todo se acomodó cuando era joven. Fue así que concluí que si quieres marcar una diferencia sólo tienes que crear. Y de esa manera creas tu propio mundo.

¿Recuerdas la edad a la que obtuviste tu primera guitarra?
Obtuve mi primera guitarra muy joven, y la verdad no tenía interés alguno. Comencé a tocar a los 17, algo así. En mis días de preparatoria sólo me dedicaba a los deportes, básquetbol, beisbol, futbol… Esa era mi vida. Entonces decidí que me importaba algo más. Todavía practicaba deportes pero mi mente estaba en otra cosa. Realmente ya no me importaba perfeccionar cómo era en deportes, estaba más interesado en saber lo que ocurría en Nueva York. Fue un paso grande.

¿Alguna vez jugaste en los equipos representativos de la escuela?
Sí, siempre. De hecho, jugué un año de basquetbol universitario… ya sé, es raro.

Es una gran negociación.
Me di cuenta de que era bueno en ello, pero no me importaba tanto. Había pasado tanto tiempo haciéndolo que ya no me interesaba; nunca iba a ser profesional y no quería hacerlo, era un chico flaco y blanco que realmente no era tan alto. Era bueno para ese tiempo y eso fue suficiente. Me rompieron la nariz cinco veces. Todavía me gusta, pero tuve suficiente.

30 años después, ¿recuerdas de qué iban las canciones que dieron comienzo a esta travesía?
¡Eran canciones horribles! Me esforzaba demasiado. Fue un proceso de aprendizaje. Creo que no escribí nada serio hasta que llegué a “I Could Be a Killer”. Estaba probando, aprendiendo, y entonces llegué a ese punto y dije: “Estoy listo”. Realmente no recuerdo de qué se trataban. Una era sobre un mundo mítico y mágico… [risas]. Un puñado de canciones de amor malas. Todavía estaba muy verde y fallé mucho.

¿Crees que después del show estés preparado para grabar algo más con Human Drama?
Tal vez, ya veremos qué pasa. No voy a planearlo, y estoy abierto a lo que suceda. No voy a alejarme de aquello que me guíe siempre y cuando sienta amor por ello.

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