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P&R: Slash


El guitarrista de Guns N’ Roses en su nuevo álbum como solista y la extremadamente exitosa reunión de la banda.


POR Brian Hiatt  



Foto: Raph PH (CC)

P&R: Slash

Oveja… oveja… Axl. Puedes ver algunas cosas increíbles a través de la ventana de esta mansión convertida en un hotel rural en Inglaterra, donde Slash está pasando el rato con una gorra de Thrasher al revés y platicando sobre su nuevo disco con Myles Kennedy y The Conspirators, Living the Dream.

Pero él y sus otros compañeros de banda han viajado a esta propiedad grande y verde porque Guns N’ Roses va a tocar en Download Festival mañana –y, hasta esta entrevista, no ha hablado mucho sobre su exitosa reunión. No quiere detallar exactamente cómo él y Rose arreglaron su relación después de dos décadas de distanciamiento, y se altera cuando le menciono lo especial que Guns N’ Roses se ha vuelto. “Bueno”, dice, “estoy harto de hablar sobre esta mierda”. Pero continúa hablando.

Tu primer LP como solista fue una señal de la muerte de GNR. Esta vez, ¿estabas simplemente terminando algo que empezaste?
Empecé la preproducción de este nuevo material y después regresé de gira [en solitario]. En algún punto, Axl y yo hablamos por teléfono y entonces nos vimos y empezamos a hablar sobre hacer Coachella. Sólo por diversión, porque habíamos regresado más o menos a un punto amistoso. Eso se volvió una maldita gira extendida, la cual todavía sigue. Entonces todo ese material se quedó en segundo plano. En nuestro último gran descanso, me reuní con Myles y todos, y revisamos esas canciones.

¿Cómo se siente estar tratando de escribir grandes riffs de rock con el género tan lejos de lo popular?
Tienes que encontrar ideas que te enciendan, porque nadie afuera está lanzando material que me enciende como cuando empecé. Ni cerca. Te hace realmente trabajar duro –todavía te das una paliza para hacer algo bueno.

¿Realmente creíste que Coachella era lo único de esta reunión?
Originalmente, sólo haríamos ese primer par de shows y fue increíble. Extrañé estar en el escenario con Axl y Duff [McKagan]. Extrañé esa combinación. Me abrió el apetito para hacer más.

Y, ¿estás en Guns N’ Roses o sólo estás tocando con Guns N’ Roses?
Esa es una pregunta interesante. Desde el momento que empezamos a tocar juntos y nos embarcamos en este viaje, consideraría que estoy en Guns N’ Roses, y no sólo contratado para tocar canciones de Guns N’ Roses.

¿Entonces técnicamente, legalmente, es una banda de nuevo?
Estoy en la banda –no hay nada contractual en este punto. Entonces como ustedes quieran verlo.

¿Cómo es tocar los temas de Chinese Democracy?
Mmm… Es divertido tocarlos. No hay nada extraño al respecto. No es como que esté tocando algo fuera de mi zona de confort. Estoy muy consciente de mantener la integridad de la grabación, pero también lo hago de la forma en la que yo lo haría.

Y continúas aportando al set-list, lo cual siguiere que esto es una colaboración activa.
Trabajamos muy bien juntos, y trabajamos mucho desde que empezamos esto. Le pongo mucho corazón y alma. No estamos fingiendo.


P&R: Dave Grohl


El frontman de Foo Fighters sobre tatuajes faciales, el fin de la era del rock clásico y su favoritismo por Meg White.


POR Brian Hiatt  



Foto: Raph PH (Creative Commons)

P&R: Dave Grohl

Dave Grohl tuvo un día libre en Memphis, así que visitó Graceland, lo que lo hizo pensar que Elvis Presley fue alguna vez un niño con una guitarra tratando de lidiar con “el efecto que el joven estrellato puede tener”. Pero a diferencia de Presley y algunas otras almas torturadas, Grohl parece de algún modo construido para el largo recorrido, en parte porque simplemente disfruta mucho el viaje.

Actualmente se encuentra en una gira mundial con Foo Fighters, que lanzó el fuerte Greg Kurstin, productor de Concrete and Gold en septiembre. 23 años en la carrera de la banda, Grohl habla de los shows como si recién estuviera comenzando. “Probablemente no es bueno decirlo”, dice, “pero sinceramente, estoy escaneando a la audiencia toda la noche tratando de levantarlos a cada uno de sus asientos. Y si logro que una audiencia completa permanezca de pie durante tres horas, salgo del escenario como diciendo: ‘Fue un buen espectáculo. Los tuvimos jodidamente alborotados’”.

Entonces, ¿cuánto café has tomado hoy?
Tal vez seis tazas. Una cantidad razonable para comenzar mi día.

Estabas teniendo dolores de pecho inducidos por la cafeína. ¿Algún plan para acabar con eso?

Te das cuenta de que estás hablando con alguien que nunca ha consumido cocaína en su vida. Sólo imagínate lo que sucedería si tuviera mi cara en una montaña de esa mierda. No estaríamos hablando por teléfono ahora mismo. Pero después de mi diagnóstico de que debería tomar descafeinado, lo probé como una semana y llegué a la conclusión de que el descafeinado apesta.

¿Cómo te sientes al ver que los actos de rock clásico se retiran?
Lo pensé en el concierto del 12/12/12, donde tenías a todos los grandes: Paul McCartney, The Rolling Stones, The Who, Roger Waters. Y la mayoría de esas personas provienen de un marco de tiempo específico. Pensaba: “Bueno, Dios. ¿Eso significa que en algún momento se va a cerrar esa ventana y se va a disipar muy rápido?”.

¿Y has lidiado con la idea de que ustedes y bandas como Pearl Jam y Guns N’ Roses se pondrán en sus zapatos hasta cierto punto?
Nunca me pondría en esa categoría o ese escalón. Pero es extraño. Antes que nada, no puedo creer que aún seamos una banda de veintitantos años. Y no puedo creer que estemos tocando en arenas y estadios. Y que ha llegado a este punto en el que observo a la audiencia y ya no veo nada más playeras de Foo Fighters. Veo a personas en sus 60 y 70 años. Veo a niños que tiene 10 años, adolescentes y me parece que cuando venimos a la ciudad, la gente escucha que hay un espectáculo de rock y simplemente sale. Así que hemos llegado al punto en el que creo que representamos algo… general [risas]. ¿Ya sabes?

Llamaste a Lil Pump el nuevo punk rock. ¿Qué te gusta de “Gucci Gang”?
Pat Smear y yo tuvimos esta conversación ya que ambos nos convertimos en grandes admiradores de Lil Pump, porque imagínate poner-le un disco de Germs a tu padre, que era un músico de formación clásica. ¿Qué crees que pensaría? Cuando era un niño escuchando punk rock, lo único que quería era ruido y rebelión, ya fuera un death metal satánico o de noise industrial. Si alguien cavara en mi colección de discos, diría: “¡Esto es ruido!”. Me encantan los beats trap y un buen 808. Y una de las cosas que más me gusta de “Gucci Gang” es que dura dos minutos. Mira, no voy a salir y me voy a tatuar la cara en el corto plazo, pero si aparece “D Rose” de Lil Pump, lo hago.

¿Qué está pasando con la segunda temporada de Sonic Highways?
Bueno, hemos estado trabajando durante seis años, y… estoy bromeando. Esa puerta siempre está abierta. Y muchas cosas grandiosas han surgido de esa serie. Ahora hay niños en las escuelas de todo el país haciendo su propio Sonic Highways sobre las pequeñas ciudades donde viven. Todavía tengo el concepto para la segunda temporada, así que algún día.

Cuando tocas, digamos “Everlong”, ¿todavía te conectas con su emoción original?
Sí. Hay noches en las que piensas qué ingredientes están sobre la pizza en el autobús y si necesitas lavar la ropa mañana, pero cuando te lanzas a una canción como esa, inmediatamente te trae de vuelta. No somos robots. Lo que me sobresalta es cuando veo a la gente cantando letras con la misma emoción. Entonces, si me oyes reír a carcajadas en medio de una canción, es porque estoy tratando de no quebrarme totalmente como un tonto frente a todos [risas].

¿Qué harías si Geddy Lee y Alex Lifeson te pidieran que toques la batería para Rush en una gira?
Les diría: “No soy físicamente o musicalmente capaz, pero gracias por la oferta”. Neil Peart, es un animal completamente diferente, otra especie de baterista. Sé los arreglos, pero soy como Meg White para Neil Peart. ¡Y ella es una de mis bateristas favoritas! Ella es la baterista favorita de mi hija, también. Mi hija toca la batería con dos tipos de música: The White Stripes y AC/DC y pienso: “Eso es exactamente lo que debes estar haciendo”.


P&R: Kacey Musgraves


La cantautora habla sobre el eterno legado de Sheryl Crow, cómo tener un buen viaje de ácido y por qué tiene sentido que ella sea “telonera” de Harry Styles.


POR Brian Hiatt  



Foto: Facebook Kacey Musgraves

P&R: Kacey Musgraves

Kacey Musgraves crea agradables, independientes y pequeños universos en sus canciones, como cualquiera que haya escuchado su magnífico, con una ligera inclinación pop y moderadamente psicodélico tercer álbum, Golden Hour, puede confirmar.

Musgraves puede sacar adelante el mismo truco en una conversación también, como cuando describe el concepto detrás del tema inicial del LP, “Slow Burn”. “Es una idea que puede aplicar a muchas áreas diferentes de mi vida”, dice, tomándose un descanso de editar un nuevo video. “Quiero estar aquí por mucho tiempo haciendo lo que amo, y no creo que necesite tratar de ser lo mejor que pueda ser, la más rápida. O el fuego lento de una relación que empieza con una chispa y no se extingue tan fácil”.

Cuando cantas “Texas is hot/ I can be cold”, ¿es una autocrítica?
Sí, es un poco una autocrítica. Siento que puedo ser realmente fría pero también muy empalagosa. Es una rara yuxtaposición. Me han dicho que tengo una bitch resting face [cara de odio] [ríe]. Es sólo que no tengo mucho tiempo para tonterías o engaños, y realmente nunca tengo. Digo casi inmediatamente lo que siento y a veces parece como si fuera fría con las personas a mi alrededor, pero no es mi intención dar esa impresión.

Escribiste “Mother” sobre ácido, ¿alguna vez has tenido un mal viaje?
He tenido un tipo de viaje extraño antes, y fue muy Halloweenesco y con vibras raras, pero eso es inusual. Creo que la clave es: sólo no consumas demasiado. Siempre puedes tomar más. No puedes tomar menos. Y asegúrate de que estés con personas con buenas vibras, y si no tienes demonios algunos que vengan por ti en tu psique, entonces está bien. Hay cosas positivas si se usan responsablemente. No voy a ir y decir algo que no sea apto para tu mente o tu estilo de vida, pero tuvo efectos positivos en mí.

¿Cómo?
Me hizo más compasiva como hija, como nieta, como compañera. Me puso en mi lugar en el universo, me dio una perspectiva que creo que todos deberían tener. Sí, todos somos especiales, pero también somos nada, sólo una fracción de un grano de arena en el libro del tiempo, y hagamos que lo que hacemos cuente y hagamos relaciones que signifiquen algo. Y preocupémonos por la Tierra porque sólo tenemos una. Cuando estás afectado por alucinógenos, especialmente hongos, te preocupas por la Tierra. Cuando estás en un viaje, simplemente te abruma.


P&R: Kelly Clarkson


La estrella de pop y nueva coach de ‘The Voice’ habla sobre pelear contra su disquera, ser inspirada por Aretha y aquella vez que su casa se incendió.


POR Brian Hiatt  



Foto: Facebook Kelly Clarkson

P&R: Kelly Clarkson

Kelly Clarkson tiene un recuerdo claro de ella parada afuera del salón de audiciones de American Idol en Dallas, hace 16 años, con amenazantes presagios. “Todos salían llorando”, recuerda. “Y decían: ‘Hay un hombre británico y ¡es terrible!’”. Una victoria de voto popular y ocho exitosos álbumes después, Clarkson es ahora una jueza (y coach) no tan atemorizante, empuñando uno de esos botones rojos gigantes en The Voice.

Clarkson, quien lanzó el disco mezclado con R&B, Meaning of Life, el año pasado, dice que todos le preguntan qué le diría a la joven Kelly si ella la hubiera entrenado. “De broma, respondo: ‘¡Corre!’”, dice Clarkson, quien con frecuencia discrepaba con su disquera anterior, RCA –su nuevo álbum es el primero en Atlantic—. “Obviamente todas las bromas tienen un poco de seriedad en ellas”.

Has hablado sobre ser la única mujer en una sala de juntas llena de hombres a inicios de tu carrera. ¿Cómo se veían involucrados los aspectos de género en eso?
Me mostraban revistas de chicas desnudas con guitarras, y me decían que eso era contra lo que estaba compitiendo, y les decía: “Yo no estoy compitiendo con ellas”. Y siempre querían canciones más sensuales –ni siquiera buenas canciones– porque eso vende. Y decía: “¿Me vieron en la televisión? Soy la chica que no usa maquillaje”. Entonces todo eso me lo restregaban en la cara constantemente, y solía reírme, lo cual creo que los hacía enojar.

¿Dónde encontraste la fuerza para mantenerte firme ante todos esos conflictos?
Nunca grabo una canción con la que siento que no puedo relacionarme en algún sentido, que no puedo hacer que funcione en mi mundo. Y es por eso que he hecho enojar a muchas personas [ríe], porque ha habido algunas barbaridades que llegaron a mi vida y yo pensaba: “No”, y luego mi proyecto se detenía. Pero tienes que ponerte firme en cierto punto y decir: “Tengo un sola vida y no quiero vivirla así, y está bien si crees que estoy fallando, pero yo sólo quiero asegurarme que estoy al timón, y que si estoy yendo a la ruina es por mí misma”. Llegar a un acuerdo está OK, pero poner en riesgo quien eres como humano no está bien.


El nuevo material y gira de Jared Leto


El cantante de Thirty Seconds to Mars sobre su más reciente LP, los peligros de una gira a la ‘Spinal Tap’, y por qué está a la baja en Bitcoin.


POR Brian Hiatt  



Foto: Instagram Jared Leto

El nuevo material y gira de Jared Leto

El quinto y nuevo álbum de Thirty Seconds to Mars tiene lo que el vocalista Jared Leto llama “un título bastante cargado” y no está bromeando: America. También es el disco con más electrónica desde su debut homónimo en 2002, y su LP más pop-amigable, con apariciones especiales de Halsey, A$AP Rocky y la producción de una pista por Zedd. “No son necesariamente grandes himnos de guitarra”, dice Leto, recién llegado de Italia para una presentación con su banda.

“Durante mucho tiempo, quería hacer un álbum sobre el sueño americano y Estados Unidos como concepto, y como estaba a la mitad, pensé: ‘Creo que ahora estoy haciendo ese álbum’”.

En el sencillo “Walk on Water”, cantas “Making love with the devil hurts”. ¿Podrías explicar ese sentimiento?
Es la vieja historia sobre el conejo que quería montar un cocodrilo. Y al final se come al conejo y dice: “Soy un maldito cocodrilo. ¿Qué esperabas?”. Entonces, si haces un trato con el diablo, hay ciertas cosas que puedes esperar. “Walk on Water” es una canción sobre los tiempos en que vivimos.

¿Es posible que el diablo esté en la oficina Oval?
Podrías tomar eso como un ejemplo. Toqué en París para 15 mil personas, y me sorprendió lo fuerte que cantaron esa canción. Puedes escribir un tema sobre Estados Unidos, pero éstas son preocupaciones globales.

¿Qué te llevó a los sonidos electrónicos en este álbum?
Siempre me ha gustado esa mezcla, ya sea Depeche Mode o The Who usando sintetizadores, o Pink Floyd usando cualquier tecnología para llegar a donde la canción necesitaba ir. Además, los platillos fuertes y las guitarras distorsionadas no se traducen en este día y era. Si enciendes eso ahora, tus oídos comenzarán a sangrar.

¿No es eso realmente porque todo se está masterizando demasiado fuerte?
Tienes toda la razón. Era agradable subirle el volumen a Zeppelin o Nirvana en tu auto. Ahora todos se quejarían; es tan perforante, brillante. Creo que tiene algo que ver con las decisiones estilísticas que son penetrantes en la música actual.

¿En qué pop moderno y hip hop estás ahora?
Kanye siempre es una inspiración por su valentía. Y una de mis canciones favoritas en los últimos años ha sido “Bored in the U.S.A.”, de Father John Misty. No había escuchado ese tipo de verdad en una canción en mucho tiempo. En general, algunas de los temas más grandes del mundo ahora tienen, como tres instrumentos, incluida la voz. Estamos en este momento de minimalismo increíble, y para una banda que ha estado al máximo, es divertido experimentar en un nuevo territorio y romper nuestras propias reglas.

Nombraste tu gira después del nuevo y enorme tema instrumental “Monolith”. ¿Te inspiró Hans Zimmer?
No directamente. Con los temas instrumentales, le digo al ingeniero: “Disculpa, necesito tu silla por un momento”, y abro Pro Tools y empiezo, básicamente, a componer. Siempre me han gustado los soundtracks de Ennio Morricone y Tangerine Dream. Incluso me encantó Chariots of Fire cuando era niño. Y The Last Temptation of Christ es uno de mis álbumes favoritos de todos los tiempos. “Monolith” es la introducción de esta gigantesca escultura cinética que tenemos en medio de la arena en esta gira, y hay un monolito de 18 metros de altura en el edificio.

Entonces, ¿lograste no tener un Spinal Tap y terminar con un monolito de 18 metros?
Sí [risas]. Pero tenemos mucho de eso. Comenzamos jugando dentro de esta caja rectangular gigante. Hay un gran potencial para que nos atasquemos en esto. Pero nuestros conciertos son tan imprecisos que si ocurriera, probablemente se convertiría en el mejor espectáculo de la gira. Y luego enviaríamos la producción a casa y nunca más la usaríamos.

Filmaste Suicide Squad y Blade Runner 2049 mientras trabajabas en este álbum. ¿Algo de eso no te hizo “sangrar”?
Cuando me concentro en algo, lo hago por completo, y cuando hago música, soy parte mánager, comercial, creativo, escritor, músico, cantante y compositor. Lo disfruto y me vuelve loco muchas veces. Para este álbum, tenemos un documental filmado en todos los estados de Estados Unidos en un solo día, el 4 de julio del año pasado. Estamos en medio de la edición. Ha sido una avalancha de desafíos creativos increíbles. Probablemente el más duro que he trabajado en toda mi vida.

Como gran inversor tecnológico, ¿qué opinas sobre Bitcoin y las criptomonedas?
No me meto con cripto. Ese debería ser el nombre del álbum, realmente. Le pregunté a las dos personas más inteligentes que conozco, dos de las personas más exitosas del mundo y ambas tenían una opinión negativa al respecto. Lo cual no significa que esas dos personas no puedan estar equivocadas.

Como fan de The Smashing Pumpkins. ¿Qué piensas sobre la reunión sin D’arcy?
Yo no… Ni siquiera sabía que había una reunión. Lo siento.


George Clinton


La leyenda de Parliament-Funkadelic cuenta sobre la esencia del funk, la muerte del doo-wop y cómo encontrar grandes músicos.


POR Brian Hiatt  



Foto: Facebook George Clinton and Parliament Funkadelic

George Clinton

Si a alguien hay que entrevistar sobre funk, la persona indicada es George Clinton, el líder del colectivo Parliament-Funkadelic, de 76 años.

Para él, quienes están en la lista de las personas más funky de todos los tiempos son: The Staple Singers –especialmente Pop Staples–, Ray Charles –quien podía tomar cualquier canción, desde “Eleanor Rigby” y convertirla en funk– y el bajista Motown, James Jamerson (“¡Ése es un músico!”). Al final de su lista, se encuentra Trump.

George Clinton está consciente de lo que sucede hoy en día en su país. Sin embargo, se siente optimista en cuanto al futuro de Estados Unidos, porque cree que todo lo que ha ocurrido, tiene una razón de ser. “Sólo tienes que descubrir tu camino y arreglártelas para salir de la opresión. Rezar, tener fe y todo eso”.

¿De dónde viene la idea de “free your mind and your ass will follow”? ¿Apoyas este consejo?
Creo que sólo lo dije como una oleada de conciencia, ¿sabes? Pero mientras envejezco, lo veo igual que “déjalo ir y usa la Fuerza, Luke”. Si tu mente no está bien, todo lo demás que trates de reparar va a estar dañado porque tu cerebro es lo que necesitas para arreglarlo.

La misma idea que “Maggot Brain”, realmente.
¡Sí, es lo mismo! La misma idea. Si tienes gusanos en el cerebro, todo lo que pienses va a estar podrido.

¿Qué consejos te darías a tu yo joven?
Deja de esperar que todo sea como el LSD. Si supieras que nunca más sería como la primera vez, te habrías detenido hace mucho tiempo.

¿Entonces nunca te arrepentiste del LSD?
Apenas Woodstock pasó, el LSD se terminó. Se volvió comercial, $5 [dólares] un ácido. Además, la manipulación de la mente que provocaba, se volvió peligrosa porque cualquier persona podía progra- marte cuando lo tomabas.


¿Puede Jack White cambiar sus líneas?


Se volvió una leyenda del rock aceptando el pasado. Ahora, el último héroe de la guitarra está tratando de descubrir como vivir en el futuro.


POR Brian Hiatt  



Foto: Kris Krüg / Wikimedia Commons

¿Puede Jack White cambiar sus líneas?

Jack White todavía está dispuesto a decir cosas, aún en una era en la que las personas famosas están digitalmente disuadidas de pronunciar apenas una sílaba vagamente provocativa, donde la lucidez extremadamente cuidadosa es el único modo prudente de una entrevista. Él está despreocupado por el sarcástico tweet que tal vez estés escribiendo en este momento, y si no es algo que le dirías a la cara, te llamaría cobarde. Jack White no es un cobarde. Él es, en general, impávido. Puedes escucharlo en el álbum que acaba de sacar, el demente Boarding House Reach, donde se encuentra, a los 42 años, haciendo su música más versátil: coros de góspel estilo Dylan (de Regina McCrary, quien salió de gira con Bob en su fase de rock cristiano), piano de jazz, cajas de ritmos, sintetizadores, pausas de congas, pasajes de voz hablada, ediciones discordantes y un aire general de dadaísmo loco que te recuerda que Captain Beefheart siempre ha sido uno de sus imanes musicales –un viejo promo de Beefheart y su Magic Band es uno de los muchos tesoros en la oficina de White (en Third Man Records, en Nashville).

Un punto a considerar: Jack White, a mediana edad, está en el punto preciso de la carrera de un músico donde más tendemos a subestimarlo. En 10 años, será una leyenda indiscutible. Entonces adelantémonos. Aún si estás seguro que el rock está muerto (no lo está), nadie en este siglo ha hecho un mejor trabajo que Jack White en ponerle electrodos a un cadáver, darle vida y hacerlo bailar. Por no hablar de crear el único riff de guitarra en la memoria reciente que se convirtió en un coro de estadio alrededor del mundo. Basado únicamente en los seis álbumes de The White Stripes —sin mencionar The Raconteurs, The Dead Weather, su trabajo como solista y un sinfín de producciones— se ha más que ganado un lugar retroactivo en el canon del rock clásico. También: tan de la vieja escuela como puede ser (“Mr. Old Timey”, “Mr. Retro” son sus propias descripciones en la caricatura popular), y como el papá que realmente es, White no deja de evolucionar. Todavía se dirige hacia algún lado, todavía está ocupado naciendo.

Jack White cree en ponerse las cosas difíciles a sí mismo. Las razones artísticas detrás de estos valores son claros (“You have to have a problem/ If you want to invent a contraption”, alguna vez cantó), pero los orígenes psicológicos no tanto. ¿Catolicismo? hay una foto, en algún lado, de un pequeño Jack White en ese entonces todavía Jack Gillis conociendo al Papa Juan Pablo II. White ciertamente tiene una inclinación a la autoflagelación: “I’m bleeding before the Lord”, canta en “Seven Nation Army”. ¿Está relacionado con ser el séptimo de siete hombres, y el décimo hijo en general, con padres que estaban demasiado cansados de educar a sus hijos como para poner muchas restricciones en el menor? Probablemente. Él consideró, como adolescente, la milicia y el sacerdocio, y terminó iniciando una empresa donde los empleados usan uniformes —lo cual parece no importarle a nadie, aparte de los gatos de tintorería—.

Foto: Facebook Jack White

En Third Man, White es su propio jefe, aunque con una asociación con Sony, y anhela un poco los tiempos en los que una grande y cuadrada corporación se hubiera puesto en su camino. “Oye, la disquera no te dejará hacer eso”, fantasea en voz alta. “‘¡No puedes grabar una canción como ésa!’. ¡Qué genial tener esos problemas! Qué fácil es rebelarse en contra de eso y hacer que algo increíble y nuevo suceda. Pero surgí en la época de la música independiente donde no hay reglas, entonces yo siempre me he creado mis restricciones”.

The White Stripes, obviamente, fue lo que White alguna vez llamó “la liberación de limitarse a sí mismo”. Aunque White extendió los límites con el tiempo, la banda fue legendariamente construida alrededor de sólo tres elementos: la voz de Jack, su guitarra, y la –muchas veces incomprendida, subestimada y ocasionalmente tocada con una sola mano– batería de su exesposa Meg.

White me muestra un artefacto de un antiguo manicomio. Es el Alton State Hospital Review, un álbum de recortes de 10 kg hecho por algunos de los 15 mil pacientes de un hospital de Illinois durante los años treinta, registrando sus vidas en prosa, poesía, imágenes y hasta pequeñas versiones de tapetes y vestidos que ellos cosían. “Estaré leyendo esto el resto de mi vida”, dice White, dando vuelta a las páginas con reverencia.

¿Y dónde se obtiene un artículo así? “Fue parte de una subasta”, responde vagamente. El siguiente día, me da la licencia de conducir que le pertenecía a un Frank Sinatra de 28 años –otro producto de una oferta ganadora. (Es divertido, aunque tal vez no es cierto, imaginarse estas subastas donde sólo White y Nicolas Cage se sientan en medio de un auditorio con asientos vacíos, haciendo ofertas hasta el infinito).

Algunas veces, comprar estas cosas produce lotería artística. El año pasado, White compró un manuscrito musical escrito por Al Capone en Alcatraz (en los años veinte, hasta los gángsters podían leer y escribir música) de una canción llamada “Humoresque”: “You thrill and fill this heart of mine/ With gladness like a soothing symphony”. Capone, al parecer, tocaba el banjo tenor en una banda de prisión con Machine Gun Kelly en la batería.

La canción, una opinión en el trabajo de Dvorák, resulta haber sido recolectada, y no compuesta, por Capone, pero White aún así terminó grabándola como la última pista en su nuevo álbum. Le mueve la idea de que un asesino famoso tuviera debilidad por “una canción tan dulce y hermosa”. Y añade: “Los seres humanos son criaturas complicadas con muchas emociones”.

Se pone una chamarra naranja con negro de los Tigres de Detroit y camina por la sede de Third Man hacia el garaje de un solo carro donde está estacionado su Tesla Model S. Hay llovizna en Nashville. La radio está sintonizada en el canal de hip hop Slacker Radio, como siempre. No trae un celular, lo que significa “libertad de forma inmensa”. También significó que tuvo que irse a pie en el frío invierno el otro día cuando se le ponchó la llanta en la carretera.

Cuando White era joven, sus padres se quedaron en una colonia de Detroit, dejándolo en una de las únicas preparatorias que eran sólo de blancos. “Realmente te da una perspectiva de lo que es ser alguien más que es una minoría, entre comillas”, cuenta. Sus hermanos compartieron su amor por el rock & roll, pero otros pocos lo hicieron. “Siempre había instrumentos por la casa”, dice Ben Blackwell, su sobrino y un ejecutivo de Third Man. “Tengo un claro recuerdo de tener cinco o seis años y estar aprendiendo las partes de una batería –y Jack enseñándome los integrantes de Led Zeppelin”.

White recuerda una o dos oportunidades perdidas en su colonia. Una vez, él y su amigo bajista Dominic Davis, ahora un músico de sesión que estará en la siguiente gira de White, fue “invitado por un niño afroamericano en nuestra clase que tocaba el piano y el saxofón. Le dijo: ‘Oye, amigo, conozco estos chicos en tu colonia, deberías tocar con ellos’. Fuimos y estos dos chicos mexicanos estaban tocando punk rock. Pero sus letras me asustaron –hablaban de suicidio, cosas intensas que yo no conocía. Hasta este día, pienso: ‘Debimos haber empezado una banda con ellos’. Eran unos chingones. Eso era realmente raro, ¡que te gustara el punk en esa colonia y ser mexicano!”.

Si las bandas de rock estuvieran más cerca del centro de la cultura popular, White tal vez sería más famoso de lo que ya es. En lugar de eso, dice: “Lentamente elegí el lugar más difícil para vivir, el cual es en medio”. “Es más fácil ser una enorme estrella de pop o estar en una banda underground y ser el integrante menos favorito. Porque el escrutinio viene de dos direcciones diferentes. Hay personas que quieren que suenes igual, hay personas que quieren que hagas algo diferente, hay personas que quieren que seas oscuro, hay personas que quieren que estés en la radio de camino al trabajo”.

No piensa que el súper estrellato hubiera sido para él, en cualquier caso. “La mayoría de las personas en el mundo del pop, sólo se burlan de la forma en la que me veo”, reconoce. “Es decir, me gusta que me veo, por alguna razón, raro para ellos. ‘¡Este hombre parece Edward
Scissorhands!’ ¿Qué demonios es esto?”.

Una vez bromeó que nunca había conseguido su “sueño de ser un hombre afroamericano en los años treinta”. Y si bien está consciente del “pensamiento de la edad de oro” y los peligros de “mirar hacia el pasado y sólo ver lo bueno de ciertas épocas”, en ocasiones añora el pasado. “Es decir, el racismo horrible y el trato a los gays y a las mujeres en los años veinte es difícil de olvidar”, reconoce, “y al mismo tiempo, ves un video de un músico tocando en un bar en Chicago y piensas: ‘Wow, ¿por qué no pude haber nacido en esa época? ¿Y por qué no pude lanzar mis primeros álbumes cuando había mucho camino por construir en los años sesenta?’”.

White es difícilmente el primer hombre blanco de blues con éxito, y sus pensamientos sobre la idea de la apropiación cultural son prudentes y matizados. “Hay definitivamente una familia de músicos”, dice, “y cuando tocas con personas de diferentes culturas, a nadie le importa la piel de los demás. ¿Hay personas que se han aprovechado de la cultura de otros para hacer dinero? Sí. Las personas afroamericanas inventaron todo. Inventaron el jazz, blues, rock & roll, hip hop, etc. Cada cosa genial en la música viene de ellos. Y del sur de Estados Unidos, su extensión se volvió global. Increíble. Te dan ganas de llorar, es hermoso. ¿Y había personas que no compraban un álbum de Little Richard pero sí compraban la versión de Pat Boone? Claro”.

Cuando escribe en estos días, White a veces encuentra canciones que claramente le pertenecen a un proyecto del pasado en específico –The Raconteurs o The Dead Weather. Y admite que las guarda. Pero, ¿qué pasa si escribe una canción de The White Stripes?

Se ríe, de más. “Eso no pasa mucho”, dice, y hace una pausa. “No le diré a las personas qué pensar sobre The White Stripes. Pueden pensar lo que quieran al respecto. Pero, en muchos sentidos, The White Stripes es Jack White en solitario. En bastantes sentidos”. Dice esto muy casualmente. “Hay sólo dos personas en la banda. Yo escribía, producía y dirigía. Las melodías venían de una persona, el ritmo venía de Meg. Las personas definen las cosas por la etiqueta que tú les das. Estoy seguro que si Billy Corgan le hubiera puesto a su álbum como solista Smashing Pumpkins, probablemente habría vendido el doble de copias”.

Le pregunto si hay alguna oportunidad de que The White Stripes, que terminó en 2011, pueda revivir. Entrecierra los ojos, como si la pregunta fuera extraña. “Dudo mucho”, expresa, “que eso pueda suceder”. White tampoco piensa en volverse a casar de nuevo. “Como artista, es muy difícil tener una vida diaria regular”. Está educando a dos hijos con su segunda exesposa, y se tomó un tiempo fuera de la gira de los últimos años para pasar el mayor tiempo posible con ellos mientras todavía estuvieran en “edades de un solo dígito”.

Ocasionalmente se pregunta si su intensidad está fuera de lugar en la música moderna. “Estoy constantemente presionándome a mí mismo”, asegura. “Algunas veces en el escenario pienso: ‘¿Por qué demonios me molesto? ¿Por qué me presiono tanto? El siguiente acto en el festival está tocan- do el mismo set que tocaron la noche anterior del mismo modo y les va a ir increíble. Y yo estoy sudando gotas de sangre y desangrándome en el escenario. Es difícil saber si vale la pena”.

Recientemente vio un video en vivo de Bruno Mars que lo hizo pensar. “Dijo algo que muchos de los artistas dicen: ‘Espero que se diviertan esta noche’. ¡Es lo más sencillo del mundo! Yo nunca he dicho eso y no sé cómo decirlo y no sé qué significa”. Pestañea. “¿Es por eso que estamos aquí?”.

En lugar de eso, White cree que todo es sobre “la verdad… intentar llegar a algún lugar real”, declara, estirándose en su silla. “Tus ideas son puras y tratas de esculpir sonido, tratas de hacer algo espléndido”.

Hasta ahora, lo más próximo siempre ha estado merodeando en su cabeza. “Aún no he tenido ese momento de ‘no tengo inspiración, no tengo idea de qué haré mañana’. Una pequeña parte de mí quisiera tener bloqueo mental, sólo para superar ese reto. Pero otra parte espera que nunca me pase”.

Previamente en mi visita, llamaron a la puerta. “Alguien tiene un citatorio para ti”, anunció una voz. Es Blackwell, el ejecutivo de Third Man, y en realidad trajo las primeras tres copias en vinilo de Boarding House Reach, directo de la fábrica de discos de White. “Ahhhh”, White exclamó, tomando una copia y mirando intensamente la portada color índigo. (La persona andrógina al frente tiene los ojos de White: “Cuando cubres los ojos o la boca, la figura cambia de género”). “Resultó bien”, dice, arrancando el plástico. “Me dijeron que la prueba sonaba increíble”. Lo mira de nuevo, este magnífico objeto que trajo al mundo, y sonríe. “Ahora ya existe”, declara.


P&R: David Byrne


La leyenda del art rock habla de su nuevo LP solista, sobre haber sido ‘sampleado’ por Selena Gomez y por qué se rehúsa a reunir a Talking Heads.


POR Brian Hiatt  



P&R: David Byrne

“Mi representante me dijo: ‘Creo que estás teniendo un momento Leonard Cohen‘”, dice David Byrne —antes de apresurarse a clarificar, con una risa, que su referencia era a la renovada relevancia y popularidad y no a su latente deceso. Este mes lanzará un fuerte y nuevo álbum, American Utopia (escrito sobre tracks creados por su colaborador de mucho tiempo, Brian Eno), antes de salir a la gira más elaborada que ha intentado desde los espectáculos de Talking Heads capturados en Stop Making Sense de 1984 —con un setlist que abarca toda su carrera y que incluirá versiones actualizadas de su trabajo en los años ochenta. “Tenemos seis bateristas y percusionistas”, dice Byrne, de 65 años, quien visualiza un escenario lleno de músicos en constante, coreografiado movimiento, expandiendo un concepto que él y St. Vincent usaron para la sección de vientos en su gira en conjunto de 2012. “Los seres humanos se convierten en el escenario”. Estará el 3, 5 y 7 de abril en México.

Tu álbum, como mucho de tu trabajo reciente, es bastante conciso y popero. ¿Qué tan deliberada fue esa dirección?
Estoy cómodo con eso en parte porque las letras están muy, muy lejos de lo que se escucharía en una canción normal de pop. Con muchos artistas sólo pienso: “¡Tienes que escribir algo distinto de tu novio y tu novia! El mundo es un lugar grande. Ya no tienes 18 años –¡Tú puedes!” (ríe).

Acabas de hacer un proyecto multimedia, Reasons to Be Cheerful, donde encontraste razones para ser optimista sobre el mundo. Pero ¿qué te hace pesimista?
El hecho de que el Partido Republicano no haya perdido popularidad con Donald Trump. Es un maldito racista, y ellos se dejan llevar porque los va a llevar a donde quieren llegar. Si no están públicamente en desacuerdo, son tan racistas como él. Y no hay que olvidar eso.

¿Tus proyectos alternos —diseñar racks urbanos para bicicletas, escribir libros— alimentan tu música?
Sólo puedes trabajar duro en escribir una canción por cierto tiempo y después que sacas toda el agua de ese pozo, tienes que dejar que el pozo se llene otra vez. También organizo mi tiempo. Me concentro en una sola cosa por unas horas y después tomo un descanso para comer y trabajo en otra cosa. Necesitas tener un pequeño descanso de grabar o lo que sea y pensar: “Está bien, respiremos en otra cosa y veamos si eso trae un poco de inspiración de otro lado”.

Alguna vez mencionaste que has evitado una reunión de Talking Heads porque opacaría las otras cosas que has hecho. ¿En serio es así de simple?
Hay mucho sobre eso. He visto lo que pasa con otras personas cuando hacen sus reuniones —y luego se convierten en una segunda reunión y luego una tercera. Con alguien como Pixies es diferente– está obteniendo la audiencia ahora que se merecía hace años. Pero con muchos como ellos, parece como si ya no hubiera nada nuevo que decir y piensas: “Esto es como un ejercicio de nostalgia”. Y no estoy interesado en eso.

Tienes un clásico David Byrneismo en este álbum: “We’re only tourists in this life / Only tourists, but the view is nice”. ¿De dónde viene eso?
Es una de esas (situaciones) donde te preguntas: “¿Alguien habrá usado esto antes?”. Evidentemente, no soy el primero en decir esto, pero tal vez soy el primero en decirlo en mi manera particular. El tono es un poco de melancolía y de mucho asombro bobo al mismo tiempo.