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P&R: Slash


El guitarrista de Guns N’ Roses en su nuevo álbum como solista y la extremadamente exitosa reunión de la banda.


POR Brian Hiatt  



Foto: Raph PH (CC)

P&R: Slash

Oveja… oveja… Axl. Puedes ver algunas cosas increíbles a través de la ventana de esta mansión convertida en un hotel rural en Inglaterra, donde Slash está pasando el rato con una gorra de Thrasher al revés y platicando sobre su nuevo disco con Myles Kennedy y The Conspirators, Living the Dream.

Pero él y sus otros compañeros de banda han viajado a esta propiedad grande y verde porque Guns N’ Roses va a tocar en Download Festival mañana –y, hasta esta entrevista, no ha hablado mucho sobre su exitosa reunión. No quiere detallar exactamente cómo él y Rose arreglaron su relación después de dos décadas de distanciamiento, y se altera cuando le menciono lo especial que Guns N’ Roses se ha vuelto. “Bueno”, dice, “estoy harto de hablar sobre esta mierda”. Pero continúa hablando.

Tu primer LP como solista fue una señal de la muerte de GNR. Esta vez, ¿estabas simplemente terminando algo que empezaste?
Empecé la preproducción de este nuevo material y después regresé de gira [en solitario]. En algún punto, Axl y yo hablamos por teléfono y entonces nos vimos y empezamos a hablar sobre hacer Coachella. Sólo por diversión, porque habíamos regresado más o menos a un punto amistoso. Eso se volvió una maldita gira extendida, la cual todavía sigue. Entonces todo ese material se quedó en segundo plano. En nuestro último gran descanso, me reuní con Myles y todos, y revisamos esas canciones.

¿Cómo se siente estar tratando de escribir grandes riffs de rock con el género tan lejos de lo popular?
Tienes que encontrar ideas que te enciendan, porque nadie afuera está lanzando material que me enciende como cuando empecé. Ni cerca. Te hace realmente trabajar duro –todavía te das una paliza para hacer algo bueno.

¿Realmente creíste que Coachella era lo único de esta reunión?
Originalmente, sólo haríamos ese primer par de shows y fue increíble. Extrañé estar en el escenario con Axl y Duff [McKagan]. Extrañé esa combinación. Me abrió el apetito para hacer más.

Y, ¿estás en Guns N’ Roses o sólo estás tocando con Guns N’ Roses?
Esa es una pregunta interesante. Desde el momento que empezamos a tocar juntos y nos embarcamos en este viaje, consideraría que estoy en Guns N’ Roses, y no sólo contratado para tocar canciones de Guns N’ Roses.

¿Entonces técnicamente, legalmente, es una banda de nuevo?
Estoy en la banda –no hay nada contractual en este punto. Entonces como ustedes quieran verlo.

¿Cómo es tocar los temas de Chinese Democracy?
Mmm… Es divertido tocarlos. No hay nada extraño al respecto. No es como que esté tocando algo fuera de mi zona de confort. Estoy muy consciente de mantener la integridad de la grabación, pero también lo hago de la forma en la que yo lo haría.

Y continúas aportando al set-list, lo cual siguiere que esto es una colaboración activa.
Trabajamos muy bien juntos, y trabajamos mucho desde que empezamos esto. Le pongo mucho corazón y alma. No estamos fingiendo.


P&R: Dave Grohl


El frontman de Foo Fighters sobre tatuajes faciales, el fin de la era del rock clásico y su favoritismo por Meg White.


POR Brian Hiatt  



Foto: Raph PH (Creative Commons)

P&R: Dave Grohl

Dave Grohl tuvo un día libre en Memphis, así que visitó Graceland, lo que lo hizo pensar que Elvis Presley fue alguna vez un niño con una guitarra tratando de lidiar con “el efecto que el joven estrellato puede tener”. Pero a diferencia de Presley y algunas otras almas torturadas, Grohl parece de algún modo construido para el largo recorrido, en parte porque simplemente disfruta mucho el viaje.

Actualmente se encuentra en una gira mundial con Foo Fighters, que lanzó el fuerte Greg Kurstin, productor de Concrete and Gold en septiembre. 23 años en la carrera de la banda, Grohl habla de los shows como si recién estuviera comenzando. “Probablemente no es bueno decirlo”, dice, “pero sinceramente, estoy escaneando a la audiencia toda la noche tratando de levantarlos a cada uno de sus asientos. Y si logro que una audiencia completa permanezca de pie durante tres horas, salgo del escenario como diciendo: ‘Fue un buen espectáculo. Los tuvimos jodidamente alborotados’”.

Entonces, ¿cuánto café has tomado hoy?
Tal vez seis tazas. Una cantidad razonable para comenzar mi día.

Estabas teniendo dolores de pecho inducidos por la cafeína. ¿Algún plan para acabar con eso?

Te das cuenta de que estás hablando con alguien que nunca ha consumido cocaína en su vida. Sólo imagínate lo que sucedería si tuviera mi cara en una montaña de esa mierda. No estaríamos hablando por teléfono ahora mismo. Pero después de mi diagnóstico de que debería tomar descafeinado, lo probé como una semana y llegué a la conclusión de que el descafeinado apesta.

¿Cómo te sientes al ver que los actos de rock clásico se retiran?
Lo pensé en el concierto del 12/12/12, donde tenías a todos los grandes: Paul McCartney, The Rolling Stones, The Who, Roger Waters. Y la mayoría de esas personas provienen de un marco de tiempo específico. Pensaba: “Bueno, Dios. ¿Eso significa que en algún momento se va a cerrar esa ventana y se va a disipar muy rápido?”.

¿Y has lidiado con la idea de que ustedes y bandas como Pearl Jam y Guns N’ Roses se pondrán en sus zapatos hasta cierto punto?
Nunca me pondría en esa categoría o ese escalón. Pero es extraño. Antes que nada, no puedo creer que aún seamos una banda de veintitantos años. Y no puedo creer que estemos tocando en arenas y estadios. Y que ha llegado a este punto en el que observo a la audiencia y ya no veo nada más playeras de Foo Fighters. Veo a personas en sus 60 y 70 años. Veo a niños que tiene 10 años, adolescentes y me parece que cuando venimos a la ciudad, la gente escucha que hay un espectáculo de rock y simplemente sale. Así que hemos llegado al punto en el que creo que representamos algo… general [risas]. ¿Ya sabes?

Llamaste a Lil Pump el nuevo punk rock. ¿Qué te gusta de “Gucci Gang”?
Pat Smear y yo tuvimos esta conversación ya que ambos nos convertimos en grandes admiradores de Lil Pump, porque imagínate poner-le un disco de Germs a tu padre, que era un músico de formación clásica. ¿Qué crees que pensaría? Cuando era un niño escuchando punk rock, lo único que quería era ruido y rebelión, ya fuera un death metal satánico o de noise industrial. Si alguien cavara en mi colección de discos, diría: “¡Esto es ruido!”. Me encantan los beats trap y un buen 808. Y una de las cosas que más me gusta de “Gucci Gang” es que dura dos minutos. Mira, no voy a salir y me voy a tatuar la cara en el corto plazo, pero si aparece “D Rose” de Lil Pump, lo hago.

¿Qué está pasando con la segunda temporada de Sonic Highways?
Bueno, hemos estado trabajando durante seis años, y… estoy bromeando. Esa puerta siempre está abierta. Y muchas cosas grandiosas han surgido de esa serie. Ahora hay niños en las escuelas de todo el país haciendo su propio Sonic Highways sobre las pequeñas ciudades donde viven. Todavía tengo el concepto para la segunda temporada, así que algún día.

Cuando tocas, digamos “Everlong”, ¿todavía te conectas con su emoción original?
Sí. Hay noches en las que piensas qué ingredientes están sobre la pizza en el autobús y si necesitas lavar la ropa mañana, pero cuando te lanzas a una canción como esa, inmediatamente te trae de vuelta. No somos robots. Lo que me sobresalta es cuando veo a la gente cantando letras con la misma emoción. Entonces, si me oyes reír a carcajadas en medio de una canción, es porque estoy tratando de no quebrarme totalmente como un tonto frente a todos [risas].

¿Qué harías si Geddy Lee y Alex Lifeson te pidieran que toques la batería para Rush en una gira?
Les diría: “No soy físicamente o musicalmente capaz, pero gracias por la oferta”. Neil Peart, es un animal completamente diferente, otra especie de baterista. Sé los arreglos, pero soy como Meg White para Neil Peart. ¡Y ella es una de mis bateristas favoritas! Ella es la baterista favorita de mi hija, también. Mi hija toca la batería con dos tipos de música: The White Stripes y AC/DC y pienso: “Eso es exactamente lo que debes estar haciendo”.


P&R: Kacey Musgraves


La cantautora habla sobre el eterno legado de Sheryl Crow, cómo tener un buen viaje de ácido y por qué tiene sentido que ella sea “telonera” de Harry Styles.


POR Brian Hiatt  



Foto: Facebook Kacey Musgraves

P&R: Kacey Musgraves

Kacey Musgraves crea agradables, independientes y pequeños universos en sus canciones, como cualquiera que haya escuchado su magnífico, con una ligera inclinación pop y moderadamente psicodélico tercer álbum, Golden Hour, puede confirmar.

Musgraves puede sacar adelante el mismo truco en una conversación también, como cuando describe el concepto detrás del tema inicial del LP, “Slow Burn”. “Es una idea que puede aplicar a muchas áreas diferentes de mi vida”, dice, tomándose un descanso de editar un nuevo video. “Quiero estar aquí por mucho tiempo haciendo lo que amo, y no creo que necesite tratar de ser lo mejor que pueda ser, la más rápida. O el fuego lento de una relación que empieza con una chispa y no se extingue tan fácil”.

Cuando cantas “Texas is hot/ I can be cold”, ¿es una autocrítica?
Sí, es un poco una autocrítica. Siento que puedo ser realmente fría pero también muy empalagosa. Es una rara yuxtaposición. Me han dicho que tengo una bitch resting face [cara de odio] [ríe]. Es sólo que no tengo mucho tiempo para tonterías o engaños, y realmente nunca tengo. Digo casi inmediatamente lo que siento y a veces parece como si fuera fría con las personas a mi alrededor, pero no es mi intención dar esa impresión.

Escribiste “Mother” sobre ácido, ¿alguna vez has tenido un mal viaje?
He tenido un tipo de viaje extraño antes, y fue muy Halloweenesco y con vibras raras, pero eso es inusual. Creo que la clave es: sólo no consumas demasiado. Siempre puedes tomar más. No puedes tomar menos. Y asegúrate de que estés con personas con buenas vibras, y si no tienes demonios algunos que vengan por ti en tu psique, entonces está bien. Hay cosas positivas si se usan responsablemente. No voy a ir y decir algo que no sea apto para tu mente o tu estilo de vida, pero tuvo efectos positivos en mí.

¿Cómo?
Me hizo más compasiva como hija, como nieta, como compañera. Me puso en mi lugar en el universo, me dio una perspectiva que creo que todos deberían tener. Sí, todos somos especiales, pero también somos nada, sólo una fracción de un grano de arena en el libro del tiempo, y hagamos que lo que hacemos cuente y hagamos relaciones que signifiquen algo. Y preocupémonos por la Tierra porque sólo tenemos una. Cuando estás afectado por alucinógenos, especialmente hongos, te preocupas por la Tierra. Cuando estás en un viaje, simplemente te abruma.


P&R: Kelly Clarkson


La estrella de pop y nueva coach de ‘The Voice’ habla sobre pelear contra su disquera, ser inspirada por Aretha y aquella vez que su casa se incendió.


POR Brian Hiatt  



Foto: Facebook Kelly Clarkson

P&R: Kelly Clarkson

Kelly Clarkson tiene un recuerdo claro de ella parada afuera del salón de audiciones de American Idol en Dallas, hace 16 años, con amenazantes presagios. “Todos salían llorando”, recuerda. “Y decían: ‘Hay un hombre británico y ¡es terrible!’”. Una victoria de voto popular y ocho exitosos álbumes después, Clarkson es ahora una jueza (y coach) no tan atemorizante, empuñando uno de esos botones rojos gigantes en The Voice.

Clarkson, quien lanzó el disco mezclado con R&B, Meaning of Life, el año pasado, dice que todos le preguntan qué le diría a la joven Kelly si ella la hubiera entrenado. “De broma, respondo: ‘¡Corre!’”, dice Clarkson, quien con frecuencia discrepaba con su disquera anterior, RCA –su nuevo álbum es el primero en Atlantic—. “Obviamente todas las bromas tienen un poco de seriedad en ellas”.

Has hablado sobre ser la única mujer en una sala de juntas llena de hombres a inicios de tu carrera. ¿Cómo se veían involucrados los aspectos de género en eso?
Me mostraban revistas de chicas desnudas con guitarras, y me decían que eso era contra lo que estaba compitiendo, y les decía: “Yo no estoy compitiendo con ellas”. Y siempre querían canciones más sensuales –ni siquiera buenas canciones– porque eso vende. Y decía: “¿Me vieron en la televisión? Soy la chica que no usa maquillaje”. Entonces todo eso me lo restregaban en la cara constantemente, y solía reírme, lo cual creo que los hacía enojar.

¿Dónde encontraste la fuerza para mantenerte firme ante todos esos conflictos?
Nunca grabo una canción con la que siento que no puedo relacionarme en algún sentido, que no puedo hacer que funcione en mi mundo. Y es por eso que he hecho enojar a muchas personas [ríe], porque ha habido algunas barbaridades que llegaron a mi vida y yo pensaba: “No”, y luego mi proyecto se detenía. Pero tienes que ponerte firme en cierto punto y decir: “Tengo un sola vida y no quiero vivirla así, y está bien si crees que estoy fallando, pero yo sólo quiero asegurarme que estoy al timón, y que si estoy yendo a la ruina es por mí misma”. Llegar a un acuerdo está OK, pero poner en riesgo quien eres como humano no está bien.


El nuevo material y gira de Jared Leto


El cantante de Thirty Seconds to Mars sobre su más reciente LP, los peligros de una gira a la ‘Spinal Tap’, y por qué está a la baja en Bitcoin.


POR Brian Hiatt  



Foto: Instagram Jared Leto

El nuevo material y gira de Jared Leto

El quinto y nuevo álbum de Thirty Seconds to Mars tiene lo que el vocalista Jared Leto llama “un título bastante cargado” y no está bromeando: America. También es el disco con más electrónica desde su debut homónimo en 2002, y su LP más pop-amigable, con apariciones especiales de Halsey, A$AP Rocky y la producción de una pista por Zedd. “No son necesariamente grandes himnos de guitarra”, dice Leto, recién llegado de Italia para una presentación con su banda.

“Durante mucho tiempo, quería hacer un álbum sobre el sueño americano y Estados Unidos como concepto, y como estaba a la mitad, pensé: ‘Creo que ahora estoy haciendo ese álbum’”.

En el sencillo “Walk on Water”, cantas “Making love with the devil hurts”. ¿Podrías explicar ese sentimiento?
Es la vieja historia sobre el conejo que quería montar un cocodrilo. Y al final se come al conejo y dice: “Soy un maldito cocodrilo. ¿Qué esperabas?”. Entonces, si haces un trato con el diablo, hay ciertas cosas que puedes esperar. “Walk on Water” es una canción sobre los tiempos en que vivimos.

¿Es posible que el diablo esté en la oficina Oval?
Podrías tomar eso como un ejemplo. Toqué en París para 15 mil personas, y me sorprendió lo fuerte que cantaron esa canción. Puedes escribir un tema sobre Estados Unidos, pero éstas son preocupaciones globales.

¿Qué te llevó a los sonidos electrónicos en este álbum?
Siempre me ha gustado esa mezcla, ya sea Depeche Mode o The Who usando sintetizadores, o Pink Floyd usando cualquier tecnología para llegar a donde la canción necesitaba ir. Además, los platillos fuertes y las guitarras distorsionadas no se traducen en este día y era. Si enciendes eso ahora, tus oídos comenzarán a sangrar.

¿No es eso realmente porque todo se está masterizando demasiado fuerte?
Tienes toda la razón. Era agradable subirle el volumen a Zeppelin o Nirvana en tu auto. Ahora todos se quejarían; es tan perforante, brillante. Creo que tiene algo que ver con las decisiones estilísticas que son penetrantes en la música actual.

¿En qué pop moderno y hip hop estás ahora?
Kanye siempre es una inspiración por su valentía. Y una de mis canciones favoritas en los últimos años ha sido “Bored in the U.S.A.”, de Father John Misty. No había escuchado ese tipo de verdad en una canción en mucho tiempo. En general, algunas de los temas más grandes del mundo ahora tienen, como tres instrumentos, incluida la voz. Estamos en este momento de minimalismo increíble, y para una banda que ha estado al máximo, es divertido experimentar en un nuevo territorio y romper nuestras propias reglas.

Nombraste tu gira después del nuevo y enorme tema instrumental “Monolith”. ¿Te inspiró Hans Zimmer?
No directamente. Con los temas instrumentales, le digo al ingeniero: “Disculpa, necesito tu silla por un momento”, y abro Pro Tools y empiezo, básicamente, a componer. Siempre me han gustado los soundtracks de Ennio Morricone y Tangerine Dream. Incluso me encantó Chariots of Fire cuando era niño. Y The Last Temptation of Christ es uno de mis álbumes favoritos de todos los tiempos. “Monolith” es la introducción de esta gigantesca escultura cinética que tenemos en medio de la arena en esta gira, y hay un monolito de 18 metros de altura en el edificio.

Entonces, ¿lograste no tener un Spinal Tap y terminar con un monolito de 18 metros?
Sí [risas]. Pero tenemos mucho de eso. Comenzamos jugando dentro de esta caja rectangular gigante. Hay un gran potencial para que nos atasquemos en esto. Pero nuestros conciertos son tan imprecisos que si ocurriera, probablemente se convertiría en el mejor espectáculo de la gira. Y luego enviaríamos la producción a casa y nunca más la usaríamos.

Filmaste Suicide Squad y Blade Runner 2049 mientras trabajabas en este álbum. ¿Algo de eso no te hizo “sangrar”?
Cuando me concentro en algo, lo hago por completo, y cuando hago música, soy parte mánager, comercial, creativo, escritor, músico, cantante y compositor. Lo disfruto y me vuelve loco muchas veces. Para este álbum, tenemos un documental filmado en todos los estados de Estados Unidos en un solo día, el 4 de julio del año pasado. Estamos en medio de la edición. Ha sido una avalancha de desafíos creativos increíbles. Probablemente el más duro que he trabajado en toda mi vida.

Como gran inversor tecnológico, ¿qué opinas sobre Bitcoin y las criptomonedas?
No me meto con cripto. Ese debería ser el nombre del álbum, realmente. Le pregunté a las dos personas más inteligentes que conozco, dos de las personas más exitosas del mundo y ambas tenían una opinión negativa al respecto. Lo cual no significa que esas dos personas no puedan estar equivocadas.

Como fan de The Smashing Pumpkins. ¿Qué piensas sobre la reunión sin D’arcy?
Yo no… Ni siquiera sabía que había una reunión. Lo siento.


George Clinton


La leyenda de Parliament-Funkadelic cuenta sobre la esencia del funk, la muerte del doo-wop y cómo encontrar grandes músicos.


POR Brian Hiatt  



Foto: Facebook George Clinton and Parliament Funkadelic

George Clinton

Si a alguien hay que entrevistar sobre funk, la persona indicada es George Clinton, el líder del colectivo Parliament-Funkadelic, de 76 años.

Para él, quienes están en la lista de las personas más funky de todos los tiempos son: The Staple Singers –especialmente Pop Staples–, Ray Charles –quien podía tomar cualquier canción, desde “Eleanor Rigby” y convertirla en funk– y el bajista Motown, James Jamerson (“¡Ése es un músico!”). Al final de su lista, se encuentra Trump.

George Clinton está consciente de lo que sucede hoy en día en su país. Sin embargo, se siente optimista en cuanto al futuro de Estados Unidos, porque cree que todo lo que ha ocurrido, tiene una razón de ser. “Sólo tienes que descubrir tu camino y arreglártelas para salir de la opresión. Rezar, tener fe y todo eso”.

¿De dónde viene la idea de “free your mind and your ass will follow”? ¿Apoyas este consejo?
Creo que sólo lo dije como una oleada de conciencia, ¿sabes? Pero mientras envejezco, lo veo igual que “déjalo ir y usa la Fuerza, Luke”. Si tu mente no está bien, todo lo demás que trates de reparar va a estar dañado porque tu cerebro es lo que necesitas para arreglarlo.

La misma idea que “Maggot Brain”, realmente.
¡Sí, es lo mismo! La misma idea. Si tienes gusanos en el cerebro, todo lo que pienses va a estar podrido.

¿Qué consejos te darías a tu yo joven?
Deja de esperar que todo sea como el LSD. Si supieras que nunca más sería como la primera vez, te habrías detenido hace mucho tiempo.

¿Entonces nunca te arrepentiste del LSD?
Apenas Woodstock pasó, el LSD se terminó. Se volvió comercial, $5 [dólares] un ácido. Además, la manipulación de la mente que provocaba, se volvió peligrosa porque cualquier persona podía progra- marte cuando lo tomabas.


¿Puede Jack White cambiar sus líneas?


Se volvió una leyenda del rock aceptando el pasado. Ahora, el último héroe de la guitarra está tratando de descubrir como vivir en el futuro.


POR Brian Hiatt  



Foto: Kris Krüg / Wikimedia Commons

¿Puede Jack White cambiar sus líneas?

Jack White todavía está dispuesto a decir cosas, aún en una era en la que las personas famosas están digitalmente disuadidas de pronunciar apenas una sílaba vagamente provocativa, donde la lucidez extremadamente cuidadosa es el único modo prudente de una entrevista. Él está despreocupado por el sarcástico tweet que tal vez estés escribiendo en este momento, y si no es algo que le dirías a la cara, te llamaría cobarde. Jack White no es un cobarde. Él es, en general, impávido. Puedes escucharlo en el álbum que acaba de sacar, el demente Boarding House Reach, donde se encuentra, a los 42 años, haciendo su música más versátil: coros de góspel estilo Dylan (de Regina McCrary, quien salió de gira con Bob en su fase de rock cristiano), piano de jazz, cajas de ritmos, sintetizadores, pausas de congas, pasajes de voz hablada, ediciones discordantes y un aire general de dadaísmo loco que te recuerda que Captain Beefheart siempre ha sido uno de sus imanes musicales –un viejo promo de Beefheart y su Magic Band es uno de los muchos tesoros en la oficina de White (en Third Man Records, en Nashville).

Un punto a considerar: Jack White, a mediana edad, está en el punto preciso de la carrera de un músico donde más tendemos a subestimarlo. En 10 años, será una leyenda indiscutible. Entonces adelantémonos. Aún si estás seguro que el rock está muerto (no lo está), nadie en este siglo ha hecho un mejor trabajo que Jack White en ponerle electrodos a un cadáver, darle vida y hacerlo bailar. Por no hablar de crear el único riff de guitarra en la memoria reciente que se convirtió en un coro de estadio alrededor del mundo. Basado únicamente en los seis álbumes de The White Stripes —sin mencionar The Raconteurs, The Dead Weather, su trabajo como solista y un sinfín de producciones— se ha más que ganado un lugar retroactivo en el canon del rock clásico. También: tan de la vieja escuela como puede ser (“Mr. Old Timey”, “Mr. Retro” son sus propias descripciones en la caricatura popular), y como el papá que realmente es, White no deja de evolucionar. Todavía se dirige hacia algún lado, todavía está ocupado naciendo.

Jack White cree en ponerse las cosas difíciles a sí mismo. Las razones artísticas detrás de estos valores son claros (“You have to have a problem/ If you want to invent a contraption”, alguna vez cantó), pero los orígenes psicológicos no tanto. ¿Catolicismo? hay una foto, en algún lado, de un pequeño Jack White en ese entonces todavía Jack Gillis conociendo al Papa Juan Pablo II. White ciertamente tiene una inclinación a la autoflagelación: “I’m bleeding before the Lord”, canta en “Seven Nation Army”. ¿Está relacionado con ser el séptimo de siete hombres, y el décimo hijo en general, con padres que estaban demasiado cansados de educar a sus hijos como para poner muchas restricciones en el menor? Probablemente. Él consideró, como adolescente, la milicia y el sacerdocio, y terminó iniciando una empresa donde los empleados usan uniformes —lo cual parece no importarle a nadie, aparte de los gatos de tintorería—.

Foto: Facebook Jack White

En Third Man, White es su propio jefe, aunque con una asociación con Sony, y anhela un poco los tiempos en los que una grande y cuadrada corporación se hubiera puesto en su camino. “Oye, la disquera no te dejará hacer eso”, fantasea en voz alta. “‘¡No puedes grabar una canción como ésa!’. ¡Qué genial tener esos problemas! Qué fácil es rebelarse en contra de eso y hacer que algo increíble y nuevo suceda. Pero surgí en la época de la música independiente donde no hay reglas, entonces yo siempre me he creado mis restricciones”.

The White Stripes, obviamente, fue lo que White alguna vez llamó “la liberación de limitarse a sí mismo”. Aunque White extendió los límites con el tiempo, la banda fue legendariamente construida alrededor de sólo tres elementos: la voz de Jack, su guitarra, y la –muchas veces incomprendida, subestimada y ocasionalmente tocada con una sola mano– batería de su exesposa Meg.

White me muestra un artefacto de un antiguo manicomio. Es el Alton State Hospital Review, un álbum de recortes de 10 kg hecho por algunos de los 15 mil pacientes de un hospital de Illinois durante los años treinta, registrando sus vidas en prosa, poesía, imágenes y hasta pequeñas versiones de tapetes y vestidos que ellos cosían. “Estaré leyendo esto el resto de mi vida”, dice White, dando vuelta a las páginas con reverencia.

¿Y dónde se obtiene un artículo así? “Fue parte de una subasta”, responde vagamente. El siguiente día, me da la licencia de conducir que le pertenecía a un Frank Sinatra de 28 años –otro producto de una oferta ganadora. (Es divertido, aunque tal vez no es cierto, imaginarse estas subastas donde sólo White y Nicolas Cage se sientan en medio de un auditorio con asientos vacíos, haciendo ofertas hasta el infinito).

Algunas veces, comprar estas cosas produce lotería artística. El año pasado, White compró un manuscrito musical escrito por Al Capone en Alcatraz (en los años veinte, hasta los gángsters podían leer y escribir música) de una canción llamada “Humoresque”: “You thrill and fill this heart of mine/ With gladness like a soothing symphony”. Capone, al parecer, tocaba el banjo tenor en una banda de prisión con Machine Gun Kelly en la batería.

La canción, una opinión en el trabajo de Dvorák, resulta haber sido recolectada, y no compuesta, por Capone, pero White aún así terminó grabándola como la última pista en su nuevo álbum. Le mueve la idea de que un asesino famoso tuviera debilidad por “una canción tan dulce y hermosa”. Y añade: “Los seres humanos son criaturas complicadas con muchas emociones”.

Se pone una chamarra naranja con negro de los Tigres de Detroit y camina por la sede de Third Man hacia el garaje de un solo carro donde está estacionado su Tesla Model S. Hay llovizna en Nashville. La radio está sintonizada en el canal de hip hop Slacker Radio, como siempre. No trae un celular, lo que significa “libertad de forma inmensa”. También significó que tuvo que irse a pie en el frío invierno el otro día cuando se le ponchó la llanta en la carretera.

Cuando White era joven, sus padres se quedaron en una colonia de Detroit, dejándolo en una de las únicas preparatorias que eran sólo de blancos. “Realmente te da una perspectiva de lo que es ser alguien más que es una minoría, entre comillas”, cuenta. Sus hermanos compartieron su amor por el rock & roll, pero otros pocos lo hicieron. “Siempre había instrumentos por la casa”, dice Ben Blackwell, su sobrino y un ejecutivo de Third Man. “Tengo un claro recuerdo de tener cinco o seis años y estar aprendiendo las partes de una batería –y Jack enseñándome los integrantes de Led Zeppelin”.

White recuerda una o dos oportunidades perdidas en su colonia. Una vez, él y su amigo bajista Dominic Davis, ahora un músico de sesión que estará en la siguiente gira de White, fue “invitado por un niño afroamericano en nuestra clase que tocaba el piano y el saxofón. Le dijo: ‘Oye, amigo, conozco estos chicos en tu colonia, deberías tocar con ellos’. Fuimos y estos dos chicos mexicanos estaban tocando punk rock. Pero sus letras me asustaron –hablaban de suicidio, cosas intensas que yo no conocía. Hasta este día, pienso: ‘Debimos haber empezado una banda con ellos’. Eran unos chingones. Eso era realmente raro, ¡que te gustara el punk en esa colonia y ser mexicano!”.

Si las bandas de rock estuvieran más cerca del centro de la cultura popular, White tal vez sería más famoso de lo que ya es. En lugar de eso, dice: “Lentamente elegí el lugar más difícil para vivir, el cual es en medio”. “Es más fácil ser una enorme estrella de pop o estar en una banda underground y ser el integrante menos favorito. Porque el escrutinio viene de dos direcciones diferentes. Hay personas que quieren que suenes igual, hay personas que quieren que hagas algo diferente, hay personas que quieren que seas oscuro, hay personas que quieren que estés en la radio de camino al trabajo”.

No piensa que el súper estrellato hubiera sido para él, en cualquier caso. “La mayoría de las personas en el mundo del pop, sólo se burlan de la forma en la que me veo”, reconoce. “Es decir, me gusta que me veo, por alguna razón, raro para ellos. ‘¡Este hombre parece Edward
Scissorhands!’ ¿Qué demonios es esto?”.

Una vez bromeó que nunca había conseguido su “sueño de ser un hombre afroamericano en los años treinta”. Y si bien está consciente del “pensamiento de la edad de oro” y los peligros de “mirar hacia el pasado y sólo ver lo bueno de ciertas épocas”, en ocasiones añora el pasado. “Es decir, el racismo horrible y el trato a los gays y a las mujeres en los años veinte es difícil de olvidar”, reconoce, “y al mismo tiempo, ves un video de un músico tocando en un bar en Chicago y piensas: ‘Wow, ¿por qué no pude haber nacido en esa época? ¿Y por qué no pude lanzar mis primeros álbumes cuando había mucho camino por construir en los años sesenta?’”.

White es difícilmente el primer hombre blanco de blues con éxito, y sus pensamientos sobre la idea de la apropiación cultural son prudentes y matizados. “Hay definitivamente una familia de músicos”, dice, “y cuando tocas con personas de diferentes culturas, a nadie le importa la piel de los demás. ¿Hay personas que se han aprovechado de la cultura de otros para hacer dinero? Sí. Las personas afroamericanas inventaron todo. Inventaron el jazz, blues, rock & roll, hip hop, etc. Cada cosa genial en la música viene de ellos. Y del sur de Estados Unidos, su extensión se volvió global. Increíble. Te dan ganas de llorar, es hermoso. ¿Y había personas que no compraban un álbum de Little Richard pero sí compraban la versión de Pat Boone? Claro”.

Cuando escribe en estos días, White a veces encuentra canciones que claramente le pertenecen a un proyecto del pasado en específico –The Raconteurs o The Dead Weather. Y admite que las guarda. Pero, ¿qué pasa si escribe una canción de The White Stripes?

Se ríe, de más. “Eso no pasa mucho”, dice, y hace una pausa. “No le diré a las personas qué pensar sobre The White Stripes. Pueden pensar lo que quieran al respecto. Pero, en muchos sentidos, The White Stripes es Jack White en solitario. En bastantes sentidos”. Dice esto muy casualmente. “Hay sólo dos personas en la banda. Yo escribía, producía y dirigía. Las melodías venían de una persona, el ritmo venía de Meg. Las personas definen las cosas por la etiqueta que tú les das. Estoy seguro que si Billy Corgan le hubiera puesto a su álbum como solista Smashing Pumpkins, probablemente habría vendido el doble de copias”.

Le pregunto si hay alguna oportunidad de que The White Stripes, que terminó en 2011, pueda revivir. Entrecierra los ojos, como si la pregunta fuera extraña. “Dudo mucho”, expresa, “que eso pueda suceder”. White tampoco piensa en volverse a casar de nuevo. “Como artista, es muy difícil tener una vida diaria regular”. Está educando a dos hijos con su segunda exesposa, y se tomó un tiempo fuera de la gira de los últimos años para pasar el mayor tiempo posible con ellos mientras todavía estuvieran en “edades de un solo dígito”.

Ocasionalmente se pregunta si su intensidad está fuera de lugar en la música moderna. “Estoy constantemente presionándome a mí mismo”, asegura. “Algunas veces en el escenario pienso: ‘¿Por qué demonios me molesto? ¿Por qué me presiono tanto? El siguiente acto en el festival está tocan- do el mismo set que tocaron la noche anterior del mismo modo y les va a ir increíble. Y yo estoy sudando gotas de sangre y desangrándome en el escenario. Es difícil saber si vale la pena”.

Recientemente vio un video en vivo de Bruno Mars que lo hizo pensar. “Dijo algo que muchos de los artistas dicen: ‘Espero que se diviertan esta noche’. ¡Es lo más sencillo del mundo! Yo nunca he dicho eso y no sé cómo decirlo y no sé qué significa”. Pestañea. “¿Es por eso que estamos aquí?”.

En lugar de eso, White cree que todo es sobre “la verdad… intentar llegar a algún lugar real”, declara, estirándose en su silla. “Tus ideas son puras y tratas de esculpir sonido, tratas de hacer algo espléndido”.

Hasta ahora, lo más próximo siempre ha estado merodeando en su cabeza. “Aún no he tenido ese momento de ‘no tengo inspiración, no tengo idea de qué haré mañana’. Una pequeña parte de mí quisiera tener bloqueo mental, sólo para superar ese reto. Pero otra parte espera que nunca me pase”.

Previamente en mi visita, llamaron a la puerta. “Alguien tiene un citatorio para ti”, anunció una voz. Es Blackwell, el ejecutivo de Third Man, y en realidad trajo las primeras tres copias en vinilo de Boarding House Reach, directo de la fábrica de discos de White. “Ahhhh”, White exclamó, tomando una copia y mirando intensamente la portada color índigo. (La persona andrógina al frente tiene los ojos de White: “Cuando cubres los ojos o la boca, la figura cambia de género”). “Resultó bien”, dice, arrancando el plástico. “Me dijeron que la prueba sonaba increíble”. Lo mira de nuevo, este magnífico objeto que trajo al mundo, y sonríe. “Ahora ya existe”, declara.


P&R: David Byrne


La leyenda del art rock habla de su nuevo LP solista, sobre haber sido ‘sampleado’ por Selena Gomez y por qué se rehúsa a reunir a Talking Heads.


POR Brian Hiatt  



P&R: David Byrne

“Mi representante me dijo: ‘Creo que estás teniendo un momento Leonard Cohen‘”, dice David Byrne —antes de apresurarse a clarificar, con una risa, que su referencia era a la renovada relevancia y popularidad y no a su latente deceso. Este mes lanzará un fuerte y nuevo álbum, American Utopia (escrito sobre tracks creados por su colaborador de mucho tiempo, Brian Eno), antes de salir a la gira más elaborada que ha intentado desde los espectáculos de Talking Heads capturados en Stop Making Sense de 1984 —con un setlist que abarca toda su carrera y que incluirá versiones actualizadas de su trabajo en los años ochenta. “Tenemos seis bateristas y percusionistas”, dice Byrne, de 65 años, quien visualiza un escenario lleno de músicos en constante, coreografiado movimiento, expandiendo un concepto que él y St. Vincent usaron para la sección de vientos en su gira en conjunto de 2012. “Los seres humanos se convierten en el escenario”. Estará el 3, 5 y 7 de abril en México.

Tu álbum, como mucho de tu trabajo reciente, es bastante conciso y popero. ¿Qué tan deliberada fue esa dirección?
Estoy cómodo con eso en parte porque las letras están muy, muy lejos de lo que se escucharía en una canción normal de pop. Con muchos artistas sólo pienso: “¡Tienes que escribir algo distinto de tu novio y tu novia! El mundo es un lugar grande. Ya no tienes 18 años –¡Tú puedes!” (ríe).

Acabas de hacer un proyecto multimedia, Reasons to Be Cheerful, donde encontraste razones para ser optimista sobre el mundo. Pero ¿qué te hace pesimista?
El hecho de que el Partido Republicano no haya perdido popularidad con Donald Trump. Es un maldito racista, y ellos se dejan llevar porque los va a llevar a donde quieren llegar. Si no están públicamente en desacuerdo, son tan racistas como él. Y no hay que olvidar eso.

¿Tus proyectos alternos —diseñar racks urbanos para bicicletas, escribir libros— alimentan tu música?
Sólo puedes trabajar duro en escribir una canción por cierto tiempo y después que sacas toda el agua de ese pozo, tienes que dejar que el pozo se llene otra vez. También organizo mi tiempo. Me concentro en una sola cosa por unas horas y después tomo un descanso para comer y trabajo en otra cosa. Necesitas tener un pequeño descanso de grabar o lo que sea y pensar: “Está bien, respiremos en otra cosa y veamos si eso trae un poco de inspiración de otro lado”.

Alguna vez mencionaste que has evitado una reunión de Talking Heads porque opacaría las otras cosas que has hecho. ¿En serio es así de simple?
Hay mucho sobre eso. He visto lo que pasa con otras personas cuando hacen sus reuniones —y luego se convierten en una segunda reunión y luego una tercera. Con alguien como Pixies es diferente– está obteniendo la audiencia ahora que se merecía hace años. Pero con muchos como ellos, parece como si ya no hubiera nada nuevo que decir y piensas: “Esto es como un ejercicio de nostalgia”. Y no estoy interesado en eso.

Tienes un clásico David Byrneismo en este álbum: “We’re only tourists in this life / Only tourists, but the view is nice”. ¿De dónde viene eso?
Es una de esas (situaciones) donde te preguntas: “¿Alguien habrá usado esto antes?”. Evidentemente, no soy el primero en decir esto, pero tal vez soy el primero en decirlo en mi manera particular. El tono es un poco de melancolía y de mucho asombro bobo al mismo tiempo.


Días de silencio


Cómo David Bowie se alejó… y regresó a todo volumen.


POR Brian Hiatt  



Días de silencio

Cuando el dolor asestó el golpe, David Bowie estaba cantando una canción titulada “Reality”. Era sólo un concierto más en una larga gira, que ahora lo traía a una calurosa arena en Praga, República Checa, una noche a finales de junio de 2004. “Reality”, el título que daba nombre al disco que había estrenado el año anterior, era sobre encarar la mortalidad y dejar las ilusiones a un lado, y a los 57 años de edad, había estado ocupado haciendo justo eso. Estaba sobrio y había dejado de fumar. Estaba tomando medicina para reducir su colesterol y hacía ejercicio. Esa noche, como siempre, parecía no tener edad, lucía fuera de este mundo. Pero bajo el reflector, entonando líneas como “Now my death is more than just a sad song” –una referencia a sus versiones de “My Death” de Jacques Brel en la época de Ziggy Stardust– comenzó a sentir que le faltaba el aliento. Bowie se apretó el pecho, dejando las últimas palabras en el silencio. Un guardaespaldas corrió al escenario para ayudarlo.

 Bono

Logró regresar para cantar algunos temas más esa noche, antes de consultar a un doctor que le dio un diagnóstico erróneo, quien le dijo que tenía un nervio atrapado en el hombro y le recetó relajantes musculares. Bowie logró ofrecer otro show en un festival alemán un par de días después, cerrando con la última versión de “Ziggy Stardust” que cantaría en concierto. Bajó del escenario y se colapsó. En un hospital local, los doctores observaron que tenía una arteria bloqueada en el corazón y le practicaron una cirugía de emergencia.

Esencialmente, esa noche marcó el fin de David Bowie como una figura pública. No volvió de gira, ni volvió a ofrecer ninguna entrevista a profundidad. Pero para su regreso en 2013 con su primer disco en una década, The Next Day, había conseguido una hazaña que ninguna otra estrella de rock había logrado, recobrando con creces el misticismo de sus primeros años. Era una leyenda, un fantasma viviente que se escondía a plena vista. Con su familia, era David Jones, la persona que había sido antes de asumir el gran nombre artístico. Al fin había caído a la Tierra, y le gustó lo que encontró.

No obstante, sus últimos tres años fueron un periodo de extraordinaria fertilidad. En 2014, comenzó a trabajar en un álbum aún mejor, Blackstar, mientras también desarrollaba el show teatral Lazarus, basado en su repertorio. Pero había guardado otro secreto: Luchaba contra el cáncer (de hígado, según uno de sus amigos). Falleció el 10 de enero, dos días después del lanzamiento de Blackstar, y un mes después del estreno de Lazarus. Su fallecimiento despertó un duelo global que no se había presenciado desde las muertes de Elvis Presley y Michael Jackson.

Tony Visconti –su amigo y fiel productor– quien sabía del padecimiento de Bowie, notó el tono de algunos temas de Blackstar desde los inicios. “¡Bastardo ingenioso!”, le dijo. “Estás escribiendo un álbum de despedida”. Bowie sólo rió. “La manera en que vivió el último año fue inspiradora”, dice Visconti, señalando que escribió algunas de sus letras más graciosas (“Man, she punched me like a dude”, “Where the fuck did Monday go?”) cuando estaba terriblemente enfermo. “Mantuvo el sentido del humor”. En los peores momentos, Visconti intentaba animarlo. “Algunas veces me llamaba al salir del tratamiento”, recuerda. “Realmente se encontraba mal, y yo le decía: ‘No te preocupes. Vas a vivir’”.

“Eso espero”, replicaba Bowie. “No te emociones demasiado”. Las últimas semanas de la gira Reality habían sido oscuras. Seis semanas antes del infarto, un elemento de su equipo había sufrido una caída fatal de una torreta de luces; semanas después, un fan aventó una paleta al escenario, misma que golpeó a Bowie en el ojo dañado, un incidente que lo sacudió. Incluso antes de que sus problemas de salud dieran fin a la gira, le dijo a su fiel tecladista, Mike Garson, que planeaba pasar más tiempo con su familia: Su esposa, la supermodelo Iman, y su hija Alexandria, nacida en 2000.

(Bowie había criado a su otro hijo, Duncan Jones, nacido en 1971 y ahora un exitoso director de cine, entre giras, discos, controversia y sus diferentes facetas en los años setenta). Bowie adoraba a Iman: Durante una gira por Japón en 1992, el año en que se casaron, con su banda Tin Machine, Bowie se hizo lo que su compañero de banda Tony Sales describe como “un tatuaje de Iman montada sobre un delfín en la pantorrilla, acompañado de una oración de serenidad. Estaba basado en un dibujo que él hizo”.

“Entrada la gira de Reality”, recuerda Garson, “me dijo: ‘Mike, después de este tour sólo seré un padre y viviré una vida normal. Estaré ahí cuando Lexi crezca. Me lo perdí la primera vez’”. Justo antes de la gira, Bowie había revelado a Visconti, sus ambiciosos planes para dar seguimiento a Reality, de 2003. “Teníamos planes de hacer al menos tres álbumes”, revela Visconti, con quien había renovado su alianza creativa para Heathen, de 2002.

Los dos rentaron un estudio en el edificio de Philip Glass en Nueva York, y Visconti siguió visitándolo durante un par de años después del infarto. Sin embargo, este último le dijo: “Me voy a dar un descanso”. Y era verdad: Bowie no comenzaría a trabajar en The Next Day sino hasta 2010.

En 2005, Bowie reemergió brevemente, tocando al lado de su nueva banda favorita, Arcade Fire. “Me siento genial”, le dijo a un reportero durante los ensayos. En mayo de 2006, le hizo un tributo a una de sus influencias formativas, Syd Barrett, uniéndose a David Gilmour en Londres para “Arnold Layne” y “Comfortably Numb”. Seis meses después, interpretó tres canciones en una gala de caridad, acompañado de Garson y cerrando el set haciendo un dueto con Alicia Keys para “Changes”. Ésta sería la última canción que interpretaría sobre el escenario.

También en 2006 se unió a una banda joven a la que admiraba, TV on the Radio, para hacer las armonías de su canción “Province”. Su consejo al temerario grupo fue, de acuerdo con Dave Sitek, “No cambien. Manténganse raros”. Durante ese tiempo, Bowie le dijo a un reportero que estaba harto de la industria. En otra breve entrevista, dijo: “Me encanta conocer un recinto nuevo, bandas nuevas, ir a exposiciones, todo. Voy a todos lados –muy discretamente y nunca más allá de la 14th Street”.

En 2007, bowie ayudó a curar el Highline Music Festival de Nueva York, mismo que anunció que él ofrecería un concierto al aire libre. Cuando canceló, se desataron rumores sobre supuestos problemas de salud, pero Visconti afirma que no vio evidencia de ello. Sin embargo, Bowie nunca fue un recluso. Acompañaba a Iman a eventos sociales, convirtiéndose en una presencia silenciosa y bien vestida en la alfombra roja. En 2009, apareció en la alfombra roja para Moon, cinta de Duncan Jones, posando orgulloso para fotos con su hijo. Además, tuvo una intervención en Extras, la serie de Ricky Gervais, en 2007, y puso la voz en un personaje de la caricatura favorita de Lexi, Bob Esponja. Además, apareció en El gran truco, de Christopher Nolan, en 2006, y en August, cinta independiente de 2008.

Para enero de 2013, Bowie había engañado al mundo con su aparente retiro. Así que cuando celebró su cumpleaños número 66 con el sorpresivo lanzamiento de su primer disco en una década, The Next Day, la respuesta fue de completo éxtasis. El proyecto comenzó con una pregunta casual a Visconti: “¿Te gustaría grabar algunos demos?”. Bowie escribió alrededor de 30 canciones para el disco en estilos absolutamente diferentes. Ponían los tracks básicos en vivo, y Bowie incluso tocaba la guitarra. Eso fue el inicio de lo que se convertiría en un último periodo de absoluta productividad. “No puedo detenerme”, escribió en un email a Floria Sigismondi, quien dirigió ingeniosos videos para dos tracks de The Next Day. “Está llegando con fuerza, y yo sólo creo, creo y creo”.

En marzo de 2013, Bowie visitó Londres con Iman y Lexi, para visitar “David Bowie Is”, una aclamada exhibición sobre su carrera en el Victoria and Albert Museum que incluía de todo, desde sus bocetos para escenografías, pasando por viejos vestuarios hasta una vieja cuchara de coca, todo ello extraído del archivo de Bowie –que consta de 75 mil archivos– en Nueva York.

Durante el mismo viaje, Bowie le dijo a Robert Fox, viejo amigo y productor teatral, que pensaba en hacer un musical basado en el libro de 1963, The Man Who Fell to Earth. Fox lo contactó con Enda Walsh, una dramaturga irlandesa, y con el primer borrador, reclutaron al director de teatro vanguardista Ivo van Hove alrededor de abril de 2014. Para noviembre de ese año, ya estaban puliendo el show, conocido como Lazarus. Además, Bowie estaba escribiendo canciones nuevas –algunas de ellas destinadas a Lazarus, para su siguiente álbum, algunas para los dos.

Cuando Bowie se presentó para grabar Blackstar el pasado enero, no tenía cejas, y estaba temporalmente calvo. Había comenzado a comunicarle a algunos amigos y colaboradores que tenía cáncer y estaba tomando quimioterapias. “No podía mantener el secreto. Me dijo en privado, y se me hizo un nudo en la garganta cuando nos sentamos cara a cara”. Bowie le informó a los miembros de la banda que estaba enfermo y les pidió que lo mantuviesen en secreto. El asunto no se volvió a discutir jamás.“Era tan valiente”, dice Visconti. “Y su energía todavía era increíble para un hombre que tenía cáncer. Nunca se mostró asustado. Estaba concentrado en hacer el disco”.

Además de los siete temas de Blackstar y tres canciones extras usadas en Lazarus, hay otras cinco tomas descartadas, incluyendo un track a lo Hunky Dory titulado “When Things Go Bad”. Visconti espera que estas canciones sean lanzadas pronto en una edición de lujo.

Mientras Bowie tomaba quimioterapia, el diagnóstico parecía prometedor. Pero Bowie había incluido suficiente reflexiones íntimas en sus letras –y majestuosidad en la música–, lo cual hacía que Blackstar pareciera un pertinente adiós. “Pensé que si iba a fallecer, ésta sería una gran manera de partir”, asevera Visconti. “Sería una gran declaración”.

Bowie estaba consciente de que Lazarus también tenía un propósito, con sus temas existenciales y el uso de su repertorio. También se encontraba trabajando en dos extraordinarios videos musicales dirigidos por Johan Renck. El clip para la perturbadora “Blackstar”, de 10 minutos, es un complejo y críptico trabajo con guiños a Aleister Crowley y a la vieja iconografía de Bowie –más específicamente, a un olvidado astronauta que bien podría llamarse Major Tom. Casi todo ello comenzó con dibujos que Bowie mandó a Renck. En noviembre, a un mes de la grabación de video, el cáncer de Bowie volvió. Esta ocasión, los doctores le dijeron que era terminal.

Bowie no se sentía bien para acudir a las funciones de preestreno de Lazarus, pero llegó al estreno. Tenía un mes para vivir, pero le dijo a van Hove que era momento de comenzar un segundo musical. Al final del show, se desvaneció en el backstage. En esas últimas semanas, todavía encontró tiempo y energía para grabar cinco demos de canciones inéditas.

Las noticias del fallecimiento de Bowie sorprendieron hasta a los colaboradores que sabían sobre su padecimiento. Otros, como el reparto de Lazarus, no sabían que estaba enfermo. Renck también sabía de su enfermedad, pero, como a otros tantos, le sorprendió volver a ver el final del video de “Lazarus”. Bowie, enfundado en un traje que recuerda la era de Man Who Fell to Earth, entra a un armario de madera que parece un ataúd. Mientras mueren las últimas notas de la canción, desaparece en la oscuridad.

Esto no fue idea de Bowie, pero la aceptó. “Alguien en el set lo sugirió”, dice Renck. “Y yo vi a David ponderarlo por un momento. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Y entonces dijo algo como: ‘Sí, eso los mantendrá en suspenso, ¿no?’”.

Mick Jagger

No puedo recordar cómo fue que conocí a David –lo cual es extraño–, pero solíamos convivir mucho en Londres durante los primeros años de la década de los setenta; íbamos juntos a muchas fiestas. Iba a mi casa y tocaba su música, recuerdo que me mostró varias versiones de “Jean Genie”, que era un poco al estilo de los Stones. Eso era lo que disfrutaba: Verlo desarrollarse como artista.

Siempre hubo intercambio de información en nuestra amistad. Y supongo que siempre hubo un elemento de competencia entre nosotros, pero nunca fue abrumador. Cuando venía a verme, platicábamos sobre nuestro trabajo. Teníamos muchas cosas en común en lo que respectaba a innovar en el escenario.

Éramos muy cercanos durante los años ochenta en Nueva York. Nos veíamos mucho e íbamos a clubes. Esa escena neoyorquina era un gran influencia en nosotros. Esa es la razón por la cual “Let’s Dance” es mi canción favorita de su repertorio –me recuerda esos tiempos, y tiene un ritmo genial.

Mi recuerdo favorito de esa época es cuando hicimos “Dancing in the Street” juntos. Teníamos que grabar la canción y rodar el video el mismo día. Realmente disfrutamos la exageración. Era graciosísimo ver el video. Esa fue la única ocasión en la que colaboramos, lo cual es bastante tonto si lo piensas.

Después compró una casa en Mustique, donde yo también tengo una propiedad, y solíamos pasar el tiempo en las Indias Occidentales. David era tan relajado, tan amable con todo mundo. Trabajó mucho para mejorar el sistema de salud para los habitantes; yo estaba haciendo trabajo de caridad en escuelas, y él iba conmigo para leerles cuentos a los niños locales.

Sé que David dejó de salir de gira alrededor de 2004, tras enfrentar problemas de salud. Después de eso, desapareció tanto de mi vida como del escenario, por así decirlo, hasta que volvió con un disco muy interesante. Es muy triste cuando alguien se va y no has estado en contacto con ellos durante un largo tiempo. Desearías haber hecho esto y aquello. Pero eso es lo que sucede. En esta vida ocurren cosas extrañas.

 Bono

He fingido ser una estrella de rock & roll, pero realmente no lo soy. David Bowie es mi idea de un rockstar. Ahora mismo, estoy en Myanmar, un poco alejado de las reacciones con respecto al fallecimiento de David, pero puedo asegurarles que el cielo aquí es más oscuro sin Starman.

La primera vez que lo vi tocar fue en Top of the Pops en 1972, interpretando “Starman”. Era tan vívido. Tan luminoso. Tan fluorescente. Fuimos de los primeros de nuestra calle en tener una tele a color, y David Bowie era la razón para tener una. Yo he dicho que él era nuestro Elvis Presley. Existen tantas similitudes: La dualidad masculino-femenino, la maestría sobre el escenario. Crearon siluetas originales, formas que ahora se reconocen como obvias, pero que no existían antes de ellos. Me gustaría considerarme amigo de David, pero soy más un fan. Vino a visitarnos cuando estábamos mezclando Achtung Baby –y, desde luego, nos familiarizó con Berlín y los Hansa Studios. Tuvimos una interacción juguetona, realmente no temía ir lejos durante nuestras conversaciones, e incluso lastimábamos nuestros sentimientos en ocasiones. Llevó a su hija a una matiné para ver Spiderman: Turn Off the Dark, y me hizo saber las razones por las cuales no le gustó. Y todo lo que dijo fue realmente útil, porque estábamos en nuestros comienzos.

A fin de cuentas, como cantautor y como intérprete, tus bienes más valiosos son los pensamientos y sentimientos. Algunas personas podrán tener pensamientos originales, pero su horizonte musical no es tan único. Tienes que ser capaz de cerrar los ojos y sentir las canciones, decir: “¿Qué parte de mí está siendo interpretada por estas notas?” o “¿Quién más toca esto?”.

Y en el caso de Bowie, la respuesta es nadie. Su panorama musical te llega de una manera completamente distinta al modo en que te llega cualquier otra música. Esa parte de mí sólo podría ser interpretada por David Bowie.

Iggy Pop

David Bowie estaba interesado en la gente más que cualquier otro músico de rock. Especialmente en otra gente dentro del ámbito artístico. Su actitud era como: “OK, ¿quién eres y en qué estás pensando? ¿Cómo haces lo que haces?”. Y apreciaba a la gente peculiar, quienes lucían diferentes y se conducían de cierta manera. Tenía una gran curiosidad y valores estéticos absolutos.

Conocí a David en Nueva York, en 1971. Estaba quedándome en el departamento de [el publicista] Danny Fields. Una noche, era tarde y Danny fue al [club] Max’s Kansas City. Yo no quería ir. Estaba viendo la tele. Danny me llamó: “Hay un chico aquí. Seguro lo recuerdas”. Y así fue. David había dicho algo sobre sus canciones favoritas a Melody Maker, y había afirmado que le gustaban The Stooges, lo cual muchos no admitían en ese tiempo. Danny dijo: “Realmente tienes que venir”.

David estaba ahí con su manager, Tony DeFries, y había mucha gente a su alrededor. Daba la impresión de ser muy propio y amigable, pero no era tan amigable en ese contexto como lo era cuando convivíamos con poca gente. Podía notar que tenía varias ideas para mí. Aprendí mucho de él. Escuché por primera vez a The Ramones, Kraftwerk y Tom Waits por él. Además, tenía cierto rigor. Si veía algo que le gustaba en otro artista que admiraba, y éste no tomaba la idea y la ejecutaba, no tenía problema alguno diciendo: “Bueno, si tú no vas a hacerlo, yo sí. Haré eso que tú debiste hacer”. Y eso era muy válido. David tuvo un efecto importante en Raw Power, el tercer disco de The Stooges. Tuvimos algunas sesiones en los Olympic Studios de Londres –canciones como “Tight Pants”, “I’m Sick of You”, “I Got a Right”– y le mandamos las cintas a David. Él me respondió: “Pueden hacerlo mejor”. Escribimos más y produjimos material más sofisticado. Si íbamos a estar en su círculo, quería que trabajáramos con la mejor calidad posible.

Puedes advertir lo que aprendí de David como intérprete al revisar las imágenes del tour solista que hice el año pasado. Estoy bien plantado –David sabía hacer eso. Mantener los brazos alejados del torso. Poner un pie al frente. En algunas ocasiones, poco movimiento es mejor que mucho –un poco a la izquierda, un poco a la derecha.

David no era el tipo de persona que desperdiciaba piezas musicales: Nunca desperdiciaba una idea. La primera vez que escuché su canción de 1980 “Scary Monsters (And Super Creeps)”, estábamos en una casa de Sunset Boulevard, fue en 1974. En ese tiempo, se llamaba “Running Scared”. Estaba tocándola en la guitarra y quería saber si yo podía hacer algo con ella. No pude. La conservó y la refinó. Esa fue otra de las grandes lecciones que aprendí: No desechar las cosas.

Trent Reznor

Durante los años noventa, Bowie se me acercó y me dijo: “Colaboremos y hagamos una gira juntos”. Es difícil expresar lo mucho que me sentí tomado en cuenta, lo irreal de la experiencia, el descubrir, para mi dicha, que sobrepasaba toda expectativa que pude haber tenido.

Era un personaje con gracia, encantador, feliz y temerario. Durante una de nuestros primeros encuentros, platicamos sobre cómo sería la gira. Me vi frente a un extraño predicamento: En ese momento, nosotros habíamos vendido más boletos de lo que él había vendido en Norteamérica. Y de ninguna manera iba a permitir que David fuera el telonero. Además, me dijo: “No voy a tocar lo que todos quieren que toque. Vamos a tocar muchas cosas de la onda de Low, así como el nuevo disco. No es lo que la gente quiere ver, pero es lo que necesito hacer. Y ustedes van a dejarnos boquiabiertos cada noche”.

La reacción para con él fue, en su mayoría, tibia. En un concierto de rock ofrecido en un anfiteatro al aire libre durante el verano, la gente con cerveza en mano hubiera preferido escuchar “Changes” que presenciar una instalación en el escenario. Él hacía lo que quería. Eso tuvo cierto impacto: En un mundo en el que el estándar parece bajar cada vez más, en el que la estupidez parece permanente, todavía hay lugar para una visión que no hace concesiones.

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David Bowie: días de silencio


Un tributo al hombre que cayó a la Tierra y regresó a las estrellas.


POR Brian Hiatt  



Foto: cortesía Mick Rock

David Bowie: días de silencio

Cuando el dolor asestó el golpe, David Bowie estaba cantando una canción titulada “Reality”. Era sólo un concierto más en una larga gira, que ahora lo traía a una calurosa arena en Praga, República Checa, una noche a finales de junio de 2004. “Reality”, el título que daba nombre al disco que había estrenado el año anterior, era sobre encarar la mortalidad y dejar las ilusiones a un lado, y a los 57 años de edad, había estado ocupado haciendo justo eso. Estaba sobrio y había dejado de fumar. Estaba tomando medicina para reducir su colesterol y hacía ejercicio. Esa noche, como siempre, parecía no tener edad, lucía fuera de este mundo. Pero bajo el reflector, entonando líneas como “Now my death is more than just a sad song” –una referencia a sus versiones de “My Death” de Jacques Brel en la época de Ziggy Stardust– comenzó a sentir que le faltaba el aliento. Bowie se apretó el pecho, dejando las últimas palabras en el silencio. Un guardaespaldas corrió al escenario para ayudarlo.

Logró regresar para cantar algunos temas más esa noche, antes de consultar a un doctor que le dio un diagnóstico erróneo, quien le dijo que tenía un nervio atrapado en el hombro y le recetó relajantes musculares. Bowie logró ofrecer otro show en un festival alemán un par de días después, cerrando con la última versión de “Ziggy Stardust” que cantaría en concierto. Bajó del escenario y se colapsó. En un hospital local, los doctores observaron que tenía una arteria bloqueada en el corazón y le practicaron una cirugía de emergencia.

Esencialmente, esa noche marcó el fin de David Bowie como una figura pública. No volvió de gira, ni volvió a ofrecer ninguna entrevista a profundidad. Pero para su regreso en 2013 con su primer disco en una década, The Next Day, había conseguido una hazaña que ninguna otra estrella de rock había logrado, recobrando con creces el misticismo de sus primeros años. Era una leyenda, un fantasma viviente que se escondía a plena vista. Con su familia, era David Jones, la persona que había sido antes de asumir el gran nombre artístico. Al fin había caído a la Tierra, y le gustó lo que encontró.

No obstante, sus últimos tres años fueron un periodo de extraordinaria fertilidad. En 2014, comenzó a trabajar en un álbum aún mejor, Blackstar, mientras también desarrollaba el show teatral Lazarus, basado en su repertorio. Pero había guardado otro secreto: Luchaba contra el cáncer (de hígado, según uno de sus amigos). Falleció el 10 de enero, dos días después del lanzamiento de Blackstar, y un mes después del estreno de Lazarus. Su fallecimiento despertó un duelo global que no se había presenciado desde las muertes de Elvis Presley y Michael Jackson.

Tony Visconti –su amigo y fiel productor– quien sabía del padecimiento de Bowie, notó el tono de algunos temas de Blackstar desde los inicios. “¡Bastardo ingenioso!”, le dijo. “Estás escribiendo un álbum de despedida”. Bowie sólo rió. “La manera en que vivió el último año fue inspiradora”, dice Visconti, señalando que escribió algunas de sus letras más graciosas (“Man, she punched me like a dude”, “Where the fuck did Monday go?”) cuando estaba terriblemente enfermo. “Mantuvo el sentido del humor”. En los peores momentos, Visconti intentaba animarlo. “Algunas veces me llamaba al salir del tratamiento”, recuerda. “Realmente se encontraba mal, y yo le decía: ‘No te preocupes. Vas a vivir’”.

“Eso espero”, replicaba Bowie. “No te emociones demasiado”. Las últimas semanas de la gira Reality habían sido oscuras. Seis semanas antes del infarto, un elemento de su equipo había sufrido una caída fatal de una torreta de luces; semanas después, un fan aventó una paleta al escenario, misma que golpeó a Bowie en el ojo dañado, un incidente que lo sacudió. Incluso antes de que sus problemas de salud dieran fin a la gira, le dijo a su fiel tecladista, Mike Garson, que planeaba pasar más tiempo con su familia: Su esposa, la supermodelo Iman, y su hija Alexandria, nacida en 2000.

(Bowie había criado a su otro hijo, Duncan Jones, nacido en 1971 y ahora un exitoso director de cine, entre giras, discos, controversia y sus diferentes facetas en los años setenta). Bowie adoraba a Iman: Durante una gira por Japón en 1992, el año en que se casaron, con su banda Tin Machine, Bowie se hizo lo que su compañero de banda Tony Sales describe como “un tatuaje de Iman montada sobre un delfín en la pantorrilla, acompañado de una oración de serenidad. Estaba basado en un dibujo que él hizo”.

“Entrada la gira de Reality”, recuerda Garson, “me dijo: ‘Mike, después de este tour sólo seré un padre y viviré una vida normal. Estaré ahí cuando Lexi crezca. Me lo perdí la primera vez’”. Justo antes de la gira, Bowie había revelado a Visconti, sus ambiciosos planes para dar seguimiento a Reality, de 2003. “Teníamos planes de hacer al menos tres álbumes”, revela Visconti, con quien había renovado su alianza creativa para Heathen, de 2002.

Los dos rentaron un estudio en el edificio de Philip Glass en Nueva York, y Visconti siguió visitándolo durante un par de años después del infarto. Sin embargo, este último le dijo: “Me voy a dar un descanso”. Y era verdad: Bowie no comenzaría a trabajar en The Next Day sino hasta 2010.

En 2005, Bowie reemergió brevemente, tocando al lado de su nueva banda favorita, Arcade Fire. “Me siento genial”, le dijo a un reportero durante los ensayos. En mayo de 2006, le hizo un tributo a una de sus influencias formativas, Syd Barrett, uniéndose a David Gilmour en Londres para “Arnold Layne” y “Comfortably Numb”. Seis meses después, interpretó tres canciones en una gala de caridad, acompañado de Garson y cerrando el set haciendo un dueto con Alicia Keys para “Changes”. Ésta sería la última canción que interpretaría sobre el escenario.

También en 2006 se unió a una banda joven a la que admiraba, TV on the Radio, para hacer las armonías de su canción “Province”. Su consejo al temerario grupo fue, de acuerdo con Dave Sitek, “No cambien. Manténganse raros”. Durante ese tiempo, Bowie le dijo a un reportero que estaba harto de la industria. En otra breve entrevista, dijo: “Me encanta conocer un recinto nuevo, bandas nuevas, ir a exposiciones, todo. Voy a todos lados –muy discretamente y nunca más allá de la 14th Street”.

En 2007, bowie ayudó a curar el Highline Music Festival de Nueva York, mismo que anunció que él ofrecería un concierto al aire libre. Cuando canceló, se desataron rumores sobre supuestos problemas de salud, pero Visconti afirma que no vio evidencia de ello. Sin embargo, Bowie nunca fue un recluso. Acompañaba a Iman a eventos sociales, convirtiéndose en una presencia silenciosa y bien vestida en la alfombra roja. En 2009, apareció en la alfombra roja para Moon, cinta de Duncan Jones, posando orgulloso para fotos con su hijo. Además, tuvo una intervención en Extras, la serie de Ricky Gervais, en 2007, y puso la voz en un personaje de la caricatura favorita de Lexi, Bob Esponja. Además, apareció en El gran truco, de Christopher Nolan, en 2006, y en August, cinta independiente de 2008.

Para enero de 2013, Bowie había engañado al mundo con su aparente retiro. Así que cuando celebró su cumpleaños número 66 con el sorpresivo lanzamiento de su primer disco en una década, The Next Day, la respuesta fue de completo éxtasis. El proyecto comenzó con una pregunta casual a Visconti: “¿Te gustaría grabar algunos demos?”. Bowie escribió alrededor de 30 canciones para el disco en estilos absolutamente diferentes. Ponían los tracks básicos en vivo, y Bowie incluso tocaba la guitarra. Eso fue el inicio de lo que se convertiría en un último periodo de absoluta productividad. “No puedo detenerme”, escribió en un email a Floria Sigismondi, quien dirigió ingeniosos videos para dos tracks de The Next Day. “Está llegando con fuerza, y yo sólo creo, creo y creo”.

En marzo de 2013, Bowie visitó Londres con Iman y Lexi, para visitar “David Bowie Is”, una aclamada exhibición sobre su carrera en el Victoria and Albert Museum que incluía de todo, desde sus bocetos para escenografías, pasando por viejos vestuarios hasta una vieja cuchara de coca, todo ello extraído del archivo de Bowie –que consta de 75 mil archivos– en Nueva York.

Durante el mismo viaje, Bowie le dijo a Robert Fox, viejo amigo y productor teatral, que pensaba en hacer un musical basado en el libro de 1963, The Man Who Fell to Earth. Fox lo contactó con Enda Walsh, una dramaturga irlandesa, y con el primer borrador, reclutaron al director de teatro vanguardista Ivo van Hove alrededor de abril de 2014. Para noviembre de ese año, ya estaban puliendo el show, conocido como Lazarus. Además, Bowie estaba escribiendo canciones nuevas –algunas de ellas destinadas a Lazarus, para su siguiente álbum, algunas para los dos.

Cuando Bowie se presentó para grabar Blackstar el pasado enero, no tenía cejas, y estaba temporalmente calvo. Había comenzado a comunicarle a algunos amigos y colaboradores que tenía cáncer y estaba tomando quimioterapias. “No podía mantener el secreto. Me dijo en privado, y se me hizo un nudo en la garganta cuando nos sentamos cara a cara”. Bowie le informó a los miembros de la banda que estaba enfermo y les pidió que lo mantuviesen en secreto. El asunto no se volvió a discutir jamás.“Era tan valiente”, dice Visconti. “Y su energía todavía era increíble para un hombre que tenía cáncer. Nunca se mostró asustado. Estaba concentrado en hacer el disco”.

Además de los siete temas de Blackstar y tres canciones extras usadas en Lazarus, hay otras cinco tomas descartadas, incluyendo un track a lo Hunky Dory titulado “When Things Go Bad”. Visconti espera que estas canciones sean lanzadas pronto en una edición de lujo.

Mientras Bowie tomaba quimioterapia, el diagnóstico parecía prometedor. Pero Bowie había incluido suficiente reflexiones íntimas en sus letras –y majestuosidad en la música–, lo cual hacía que Blackstar pareciera un pertinente adiós. “Pensé que si iba a fallecer, ésta sería una gran manera de partir”, asevera Visconti. “Sería una gran declaración”.

Bowie estaba consciente de que Lazarus también tenía un propósito, con sus temas existenciales y el uso de su repertorio. También se encontraba trabajando en dos extraordinarios videos musicales dirigidos por Johan Renck. El clip para la perturbadora “Blackstar”, de 10 minutos, es un complejo y críptico trabajo con guiños a Aleister Crowley y a la vieja iconografía de Bowie –más específicamente, a un olvidado astronauta que bien podría llamarse Major Tom. Casi todo ello comenzó con dibujos que Bowie mandó a Renck. En noviembre, a un mes de la grabación de video, el cáncer de Bowie volvió. Esta ocasión, los doctores le dijeron que era terminal.

Bowie no se sentía bien para acudir a las funciones de preestreno de Lazarus, pero llegó al estreno. Tenía un mes para vivir, pero le dijo a van Hove que era momento de comenzar un segundo musical. Al final del show, se desvaneció en el backstage. En esas últimas semanas, todavía encontró tiempo y energía para grabar cinco demos de canciones inéditas.

Las noticias del fallecimiento de Bowie sorprendieron hasta a los colaboradores que sabían sobre su padecimiento. Otros, como el reparto de Lazarus, no sabían que estaba enfermo. Renck también sabía de su enfermedad, pero, como a otros tantos, le sorprendió volver a ver el final del video de “Lazarus”. Bowie, enfundado en un traje que recuerda la era de Man Who Fell to Earth, entra a un armario de madera que parece un ataúd. Mientras mueren las últimas notas de la canción, desaparece en la oscuridad.

Esto no fue idea de Bowie, pero la aceptó. “Alguien en el set lo sugirió”, dice Renck. “Y yo vi a David ponderarlo por un momento. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Y entonces dijo algo como: ‘Sí, eso los mantendrá en suspenso, ¿no?’”.

Mick Jagger

No puedo recordar cómo fue que conocí a David –lo cual es extraño–, pero solíamos convivir mucho en Londres durante los primeros años de la década de los setenta; íbamos juntos a muchas fiestas. Iba a mi casa y tocaba su música, recuerdo que me mostró varias versiones de “Jean Genie”, que era un poco al estilo de los Stones. Eso era lo que disfrutaba: Verlo desarrollarse como artista.

Siempre hubo intercambio de información en nuestra amistad. Y supongo que siempre hubo un elemento de competencia entre nosotros, pero nunca fue abrumador. Cuando venía a verme, platicábamos sobre nuestro trabajo. Teníamos muchas cosas en común en lo que respectaba a innovar en el escenario.

Éramos muy cercanos durante los años ochenta en Nueva York. Nos veíamos mucho e íbamos a clubes. Esa escena neoyorquina era un gran influencia en nosotros. Esa es la razón por la cual “Let’s Dance” es mi canción favorita de su repertorio –me recuerda esos tiempos, y tiene un ritmo genial.

Mi recuerdo favorito de esa época es cuando hicimos “Dancing in the Street” juntos. Teníamos que grabar la canción y rodar el video el mismo día. Realmente disfrutamos la exageración. Era graciosísimo ver el video. Esa fue la única ocasión en la que colaboramos, lo cual es bastante tonto si lo piensas.

Después compró una casa en Mustique, donde yo también tengo una propiedad, y solíamos pasar el tiempo en las Indias Occidentales. David era tan relajado, tan amable con todo mundo. Trabajó mucho para mejorar el sistema de salud para los habitantes; yo estaba haciendo trabajo de caridad en escuelas, y él iba conmigo para leerles cuentos a los niños locales.

Sé que David dejó de salir de gira alrededor de 2004, tras enfrentar problemas de salud. Después de eso, desapareció tanto de mi vida como del escenario, por así decirlo, hasta que volvió con un disco muy interesante. Es muy triste cuando alguien se va y no has estado en contacto con ellos durante un largo tiempo. Desearías haber hecho esto y aquello. Pero eso es lo que sucede. En esta vida ocurren cosas extrañas.

 Bono

He fingido ser una estrella de rock & roll, pero realmente no lo soy. David Bowie es mi idea de un rockstar. Ahora mismo, estoy en Myanmar, un poco alejado de las reacciones con respecto al fallecimiento de David, pero puedo asegurarles que el cielo aquí es más oscuro sin Starman.

La primera vez que lo vi tocar fue en Top of the Pops en 1972, interpretando “Starman”. Era tan vívido. Tan luminoso. Tan fluorescente. Fuimos de los primeros de nuestra calle en tener una tele a color, y David Bowie era la razón para tener una. Yo he dicho que él era nuestro Elvis Presley. Existen tantas similitudes: La dualidad masculino-femenino, la maestría sobre el escenario. Crearon siluetas originales, formas que ahora se reconocen como obvias, pero que no existían antes de ellos. Me gustaría considerarme amigo de David, pero soy más un fan. Vino a visitarnos cuando estábamos mezclando Achtung Baby –y, desde luego, nos familiarizó con Berlín y los Hansa Studios. Tuvimos una interacción juguetona, realmente no temía ir lejos durante nuestras conversaciones, e incluso lastimábamos nuestros sentimientos en ocasiones. Llevó a su hija a una matiné para ver Spiderman: Turn Off the Dark, y me hizo saber las razones por las cuales no le gustó. Y todo lo que dijo fue realmente útil, porque estábamos en nuestros comienzos.

A fin de cuentas, como cantautor y como intérprete, tus bienes más valiosos son los pensamientos y sentimientos. Algunas personas podrán tener pensamientos originales, pero su horizonte musical no es tan único. Tienes que ser capaz de cerrar los ojos y sentir las canciones, decir: “¿Qué parte de mí está siendo interpretada por estas notas?” o “¿Quién más toca esto?”.

Y en el caso de Bowie, la respuesta es nadie. Su panorama musical te llega de una manera completamente distinta al modo en que te llega cualquier otra música. Esa parte de mí sólo podría ser interpretada por David Bowie.

Iggy Pop

David Bowie estaba interesado en la gente más que cualquier otro músico de rock. Especialmente en otra gente dentro del ámbito artístico. Su actitud era como: “OK, ¿quién eres y en qué estás pensando? ¿Cómo haces lo que haces?”. Y apreciaba a la gente peculiar, quienes lucían diferentes y se conducían de cierta manera. Tenía una gran curiosidad y valores estéticos absolutos.

Conocí a David en Nueva York, en 1971. Estaba quedándome en el departamento de [el publicista] Danny Fields. Una noche, era tarde y Danny fue al [club] Max’s Kansas City. Yo no quería ir. Estaba viendo la tele. Danny me llamó: “Hay un chico aquí. Seguro lo recuerdas”. Y así fue. David había dicho algo sobre sus canciones favoritas a Melody Maker, y había afirmado que le gustaban The Stooges, lo cual muchos no admitían en ese tiempo. Danny dijo: “Realmente tienes que venir”.

David estaba ahí con su manager, Tony DeFries, y había mucha gente a su alrededor. Daba la impresión de ser muy propio y amigable, pero no era tan amigable en ese contexto como lo era cuando convivíamos con poca gente. Podía notar que tenía varias ideas para mí. Aprendí mucho de él. Escuché por primera vez a The Ramones, Kraftwerk y Tom Waits por él. Además, tenía cierto rigor. Si veía algo que le gustaba en otro artista que admiraba, y éste no tomaba la idea y la ejecutaba, no tenía problema alguno diciendo: “Bueno, si tú no vas a hacerlo, yo sí. Haré eso que tú debiste hacer”. Y eso era muy válido. David tuvo un efecto importante en Raw Power, el tercer disco de The Stooges. Tuvimos algunas sesiones en los Olympic Studios de Londres –canciones como “Tight Pants”, “I’m Sick of You”, “I Got a Right”– y le mandamos las cintas a David. Él me respondió: “Pueden hacerlo mejor”. Escribimos más y produjimos material más sofisticado. Si íbamos a estar en su círculo, quería que trabajáramos con la mejor calidad posible.

Puedes advertir lo que aprendí de David como intérprete al revisar las imágenes del tour solista que hice el año pasado. Estoy bien plantado –David sabía hacer eso. Mantener los brazos alejados del torso. Poner un pie al frente. En algunas ocasiones, poco movimiento es mejor que mucho –un poco a la izquierda, un poco a la derecha.

David no era el tipo de persona que desperdiciaba piezas musicales: Nunca desperdiciaba una idea. La primera vez que escuché su canción de 1980 “Scary Monsters (And Super Creeps)”, estábamos en una casa de Sunset Boulevard, fue en 1974. En ese tiempo, se llamaba “Running Scared”. Estaba tocándola en la guitarra y quería saber si yo podía hacer algo con ella. No pude. La conservó y la refinó. Esa fue otra de las grandes lecciones que aprendí: No desechar las cosas.

Trent Reznor

Durante los años noventa, Bowie se me acercó y me dijo: “Colaboremos y hagamos una gira juntos”. Es difícil expresar lo mucho que me sentí tomado en cuenta, lo irreal de la experiencia, el descubrir, para mi dicha, que sobrepasaba toda expectativa que pude haber tenido.

Era un personaje con gracia, encantador, feliz y temerario. Durante una de nuestros primeros encuentros, platicamos sobre cómo sería la gira. Me vi frente a un extraño predicamento: En ese momento, nosotros habíamos vendido más boletos de lo que él había vendido en Norteamérica. Y de ninguna manera iba a permitir que David fuera el telonero. Además, me dijo: “No voy a tocar lo que todos quieren que toque. Vamos a tocar muchas cosas de la onda de Low, así como el nuevo disco. No es lo que la gente quiere ver, pero es lo que necesito hacer. Y ustedes van a dejarnos boquiabiertos cada noche”.

La reacción para con él fue, en su mayoría, tibia. En un concierto de rock ofrecido en un anfiteatro al aire libre durante el verano, la gente con cerveza en mano hubiera preferido escuchar “Changes” que presenciar una instalación en el escenario. Él hacía lo que quería. Eso tuvo cierto impacto: En un mundo en el que el estándar parece bajar cada vez más, en el que la estupidez parece permanente, todavía hay lugar para una visión que no hace concesiones.

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