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El camino más difícil


El legendario editor de Rolling Stone da un repaso a la historia de Diamante Eléctrico y se sumerge en ‘Buitres’, el más reciente álbum del trío.


POR David Fricke  



Foto: Andrés Espinoza

El camino más difícil

Es un típico domingo tranquilo en Cartagena, la histórica ciudad turística de la costa Caribe colombiana. Dos integrantes de Diamante Eléctrico, una de las bandas de rock más exitosas del país, están tocando algunas canciones para un pequeño grupo de amigos en un apartamento ubicado en un piso 35, que cuenta con una espectacular panorámica digna de una postal con distintos tonos de luz. Juan Galeano y Daniel Álvarez están sentados con guitarras acústicas, muy cerca el uno del otro, en una sala llena de botellas de cerveza y latas de bebidas energizantes. Detrás de ellos, la luz solar vespertina que llega a la ventana del balcón –a través del muelle de Cartagena y la ciudad amurallada, en la distancia hacia la izquierda– se convierte en un atardecer púrpura que da paso a la noche.

Galeano –cantante, bajista y fundador de Diamante, de 38 años– y Álvarez –guitarrista, de 34– están en Cartagena, hospedados en la casa de unos amigos, para comenzar una serie de entrevistas acerca de Buitres, el nuevo álbum de la banda, y del arduo camino para lanzarlo. El baterista, Andee Zeta, el integrante más joven del trío (28 años), está en Miami; en unos días llegará a Bogotá para unirse a la conversación. Pero esta noche, sus compañeros de banda están descansando y no están hablando de la música de Diamante –un rock tenso y apretado, con melodías vocales pegajosas y grooves forjados en el blues británico y el soul estadounidense–, simplemente la están tocando a manera de unplugged.

Hay versiones acústicas de canciones de B (2015) y de La gran oscilación (2016), los dos álbumes con los que la banda ha obtenido el Grammy Latino por Mejor álbum de rock. Galeano y Álvarez también tocan “Días raros”, un exitoso sencillo de 2017 que cuenta con la colaboración del brillante guitarrista texano de ZZ Top, y fan de Diamante, Billy Gibbons. Otra canción, “Delatar”, suena tal como la banda la grabó en Nashville durante una gira por Estados Unidos en 2015, en la cabina de Voice-o- Graph de 1947 de la tienda de Third Man Records, cuyo propietario es Jack White.

Galeano y Álvarez también tocan una canción nueva; “Rotos” arranca con dificultad mientras ambos tratan de recordarla. Cuando se ponen de acuerdo en el ritmo y el riff, es fácil oír la evolución de Diamante Eléctrico en lo que respecta al tono, el ataque y la bienvenida en Buitres, su cuarto álbum en seis años. Con un ingenioso coro de pop y zancadas firmes de hip hop, “Rotos” revienta con la electricidad de The Black Keys encontrando la luz del día del Top 40.

 

 

 

 


P&R: Don Henley


Habla sobre continuar con Eagles, los 40 años de ‘Hotel California’ y por qué el pasado siempre parece mejor de lo que fue.


POR David Fricke  



Foto: Steve Alexander

P&R: Don Henley

“Estaba encantado con la energía y la furia de los temas en vivo”, dice el cantante y baterista de Eagles, Don Henley, al hablar de las grabaciones en vivo de 1976 que se lanzaron conmemorando la remasterización del quinto álbum de estudio —y el más vendido— de la banda, Hotel California. “De hecho, técnicamente lo hicimos un año más tarde”, admite Henley, notando que el lanzamiento original del LP fue en diciembre de 1976.

“En esos shows tocábamos canciones del álbum antes de que saliera. Ahora que lo veo, creo que tuvimos agallas para hacer algo así”. Henley habló durante el clímax de su gira de 2016, misma que se llevó a cabo cuando el cofundador, guitarrista y cantante, Glenn Frey, falleció. “Estamos tratando de dar un paso a la vez”, comenta sobre la inclusión de Deacon, el hijo de Frey de 24 años a la banda. “Creo que todo esto no radica tanto en nosotros, sino en las canciones. Eso es lo que la gente viene a escuchar”.

Sobre el escenario, Vince Gill le dedicó a Deacon “New Kid in Town”. De hecho junto con Gill hay dos personas nuevas en la banda.
El unir a Vince a la banda fue algo lógico para nosotros. Nadie más, además de Deacon, fue siquiera considerado para entrar. Ya conocemos a Vince, Glenn solía jugar golf con él. Vince estaba en una banda llamada Pure Prairie League y tenían un estilo similar al nuestro, pop influenciado por country. Embonaba como guante y a él le gusta estar aquí. Probablemente es el tipo más feliz en el escenario.

Deacon, por ejemplo, tuvo que llenar rápido los zapatos de su padre…
Lo que ha hecho es extraordinario. Lo vi cantar “Peaceful Easy Feeling” en el funeral de su padre y a pesar de ser algo tan fuerte, fue valiente y estaba entero. Estoy seguro que por dentro estaba sufriendo, pero cantó con gracia y dignidad. Pasaron algunos meses de eso y pensé: “¿Por qué no le preguntamos si le gustaría estar en la banda?”.

¿Alguna vez se cuestionaron si era lo correcto seguir con el grupo sin Glenn?
Sí, lo hice. La única forma que era justificable para mí era si su sangre continuaba en la banda, su familia. Deacon no suena como su padre, suena bien en su propio estilo. Ensayamos algunos meses y su primer show fue en Dodger Stadium. Había tocado algunas veces con su padre en fiestas privadas o bares, pero el haber logrado ir de eso a presentarse frente a 55,000 personas, fue extraordinario.

¿Le diste algún consejo ese día antes de subirse al escenario?
Joe Walsh y yo le dijimos que no lo pensara demasiado, que sólo se concentrara en el trabajo. Es un arma de dos filos para Deacon. Está orgulloso de continuar con el legado de su padre, pero por otro lado todo le recuerda conmovedoramente a él; se sienta en los vestidores en los que su papá lo hacía, se sube al escenario al que su padre subía. Existe una parte maravillosa alrededor de esto, pero también se acompaña de tristeza. Le he dicho que no se tiene que sentir obligado a hacer esto indefinidamente, que no debe de pararse en la sombra de su padre. En algún punto querrá construir su propio futuro y eso está bien.


El camino más difícil


El legendario editor de Rolling Stone da un repaso a la historia de Diamante Eléctrico y se sumerge en ‘Buitres’, el nuevo álbum del trío.


POR David Fricke  



El legendario editor de Rolling Stone da un repaso a la historia de Diamante Eléctrico y se sumerge en 'Buitres', el nuevo álbum del trío.

El camino más difícil

[Lee el inicio de esta aventura con Diamante Eléctrico en nuestra edición impresa.]

No reconozco el riff, pero el tono de la guitarra es bastante familiar; agudo y metálico sobre una mezcla de blues latino, sugiriendo un demo de garage rock de mediados de los años sesenta hecho por un Carlos Santana joven. Álvarez y Galeano también están confundidos y curiosos; nunca antes habían escuchado el tema. Álvarez levanta su celular, esperando que Shazam identifique el artista y el título. Resulta que el DJ del bar –en una azotea de la Ciudad Vieja de Cartagena–, está poniendo música vintage, cumbia psicodélica de Perú; “Boogaloo del perro”, de un álbum de 1971 de Los Destellos. Hablamos del sonido de esa guitarra por un buen rato. Y es que hemos hablado de música desde el primer trago que nos tomamos dentro de aquella fortaleza con vista al mar. Hablamos de bandas increíbles, de nuestros discos favoritos, de conciertos inolvidables, de canciones que nos cambiaron y de nuevos discos que nos emocionan. Las historias y pasiones se vuelven densas y rápidas –durante una cena de tapas; en esa azotea; en un bar con una banda de champeta, la exuberante música afrocubana de esta región– antes de terminar la noche en un pequeño y moderno bar de tango.

Galeano confiesa que es tan fan de Black Sabbath que, por un tiempo, tuvo la imagen de la bruja que aparece en la portada de Black Sabbath de 1970, tatuada en su hombro derecho. Álvarez es bastante específico sobre su amor por Iron Maiden, aunque prefiere la era de finales de los años setenta con Paul Di’Anno. Todos compartimos la admiración por AC/DC y The Rolling Stones, lo que nos lleva a la historia del prestigioso puesto que tuvo Diamante Eléctrico al ser telonero del primer concierto de los Stones en Colombia, en marzo de 2016, en el Estadio El Campín de Bogotá. Casi se ven forzados a cancelar el concierto por la lluvia torrencial que cayó ese día, y Diamante se enteró de que de todos modos tocaría, 20 minutos antes de arreglar todo para su salida. Más tarde, la estrella colombiana, Juanes, se unió a los Stones para cantar “Beast of Burden”, un deja vú para Galeano. En 2005, cuando comenzaba su carrera como solista, Galeano le pasó cinco demos a un amigo que tocaba el bajo en la banda de Juanes. Unos meses después, Juanes le pidió a Galeano que fuera el telonero de sus conciertos en Europa. Tocó para cerca de 10 mil personas por noche.

Esta es la primera noche de mi primer viaje a Colombia, y la primera vez que me reúno con Galeano y Álvarez. Afortunadamente, para mí, ambos hablan inglés. Cuando era adolescente, Galeano estuvo en un internado estadounidense en una pequeña ciudad de Indiana. Álvarez pasó un año en Nueva York estudiando ingeniería de sonido y obtuvo el título en 2007.

Me preguntan sobre mi experiencia con el rock en español; mis escritos sobre Juanes y Carlos Vives para la edición colombiana de ROLLING STONE; los conciertos de Aterciopelados y Café Tacvba a los que asistí en Nueva York a finales de los años noventa; mi investigación de las historias de rock psicodélico y progresivo en México (Kaleidoscope, Los Dug Dug’s), Argentina (Arco Iris, Almendra) y Chile (Los Jaivas, Congreso).

De inmediato, Galeano distingue a Diamante Eléctrico de lo que generalmente se considera rock en Colombia. “Aterciopelados es la banda más grande de rock en Colombia, y ni siquiera es rock”, afirma. En su defensa, se parecen más a The Beatles futuristas; vibrantes y con arte pop experimental. Diamante, por el otro lado, “viene de Led Zeppelin, The Doors y The Rolling Stones”. De hecho, Diamante hace parte de una larga lista de bandas –Los Yetis, los nihilistas de Medellín con un beat de los años sesenta; la Banda Nueva, con su pináculo de rock progresivo, La gran feria, de 1973; Ekhymosis, la banda de speed metal de adolescencia de Juanes– que transformaron las inspiraciones británicas y estadounidenses en algo exclusivamente colombiano. Más tarde, Galeano y Álvarez se impresionan al saber que encontré una copia del álbum de Los Speakers, La casa del sol naciente, de 1965, con el empaque original en una tienda de discos usados en Bogotá.

Sin embargo, los momentos decisivos de Diamante, dentro y fuera de Colombia –ser teloneros de Foo Fighters (2015) y de los Stones en El Campín; los Grammy Latinos y el sencillo con Billy Gibbons–, pueden sentirse “extraños y solitarios”, confiesa Álvarez. “No estamos acostumbrados a que la gente tenga éxito en Colombia. En EE UU, ¿cómo te puedes enojar con una banda grande? En Colombia te aíslan. Tocar con los Stones y Foo Fighters nos dio suficiente notoriedad como para que algunas personas nos odiaran”.

El guitarrista compara la envidia (generalmente como resultado de la aprobación de otros en ese pequeño ambiente tan competitivo) con la siguiente reacción durante la prueba de sonido en un bar de Nashville en 2015: “Cuatro tipos que parecían salidos del reality show, Duck Dynasty estaban limpiando el bar y logramos llamar su atención cantando en español”.

“Cuando tocamos en el Viper Room de Los Ángeles, un bouncer me dijo: ‘Ustedes son increíbles’. Me lo dijo alguien que ve a cinco bandas por noche y pensé: ‘Bueno, esto ya es algo’”, comenta Galeano.

“Lo que hacen es auténtico”, dice Joshua V. Smith, quien descubrió a Diamante por un amigo y luego vino a Bogotá para diseñar La gran oscilación. “Y son muy buenos componiendo canciones. Es uno de esos momentos mágicos en donde tienes a dos personas –Galeano y Álvarez– que armonizan muy bien juntas. Y Andee es un baterista increíble que sabe cómo tocar con elegancia”. Smith continúa diciendo: “Te hace preguntarte qué pasaría con ellos si la radio estadounidense incluyera más idiomas y música. Incluso si no entiendes la letra, siempre hay un gran ritmo y una gran melodía; eso es universal. La gente puede decir: ‘Esto suena genial’”.

“Todos preguntan: ‘¿Cuándo van a cantar en inglés?’. Y es gracioso porque cantar en español es parte de nuestra esencia”, cuenta Álvarez. De hecho, para Galeano

­–el principal letrista– sería más fácil escribir en inglés. “Puedes decir muchas cosas en un par de palabras”, explica. “Cuando dices ‘Hey, baby, I love you’, son seis silabas en inglés, pero es el doble en español”. Galeano afirma que “podemos tener éxito en EE UU cantando en español; si alguien viera más allá y se fijara a quiénes les podemos llegar”. El cantante menciona dos de sus ejemplos favoritos: la banda islandesa de rock moderno, Sigur Rós, con su mezcla críptica de lengua materna y falsete sin palabras; y el grupo alemán de metal industrial, Rammstein. “Claro, tienen disqueras que los respaldan”.

“Esa es otra cosa, parecemos autosuficientes”, admite Álvarez. “Incluso los fans piensan que somos tan buenos que no vienen a los shows. Creen que somos indestructibles, pero necesitamos que vengan”. Galeano destaca que “Días raros” es “autobiográfica; no habla de una persona, sino de la banda. Estamos teniendo unos días raros, así que escribimos una canción al respecto. Cada día mueres un poco, pero al mismo tiempo estás viviendo”. Y añade: “Lo sé, he sido músico por 15 años y no han sido sencillos. Pero los últimos tres o cuatro han sido realmente buenos con la banda”.

Galeano, hijo de un ingeniero civil, es el único miembro de Diamante Eléctrico que nació en la ciudad natal de la banda. Pero permaneció mucho tiempo fuera de Bogotá; desde los 14 hasta los 16 años, estuvo en un internado en Paoli, Indiana. Y luego, con poco más de 20 años, se ganó una beca de música en Holanda para estudiar en conservatorios de Róterdam y Ámsterdam. Se quedó en Europa después de hacer una maestría en contrabajo; tenía una banda y escribía canciones. Galeano tocó material original con algunas bandas de punk, pero se tomó en serio lo de componer debido a la nostalgia por estar lejos; cantaba y tocaba guitarra en grabaciones que les enviaba a chicas que conocía en Colombia.

Galeano fundó Diamante Eléctrico por una profunda frustración que tuvo cuando su carrera como solista terminó, luego de un álbum llamado Peregrino en 2010. Este fue producido por el emigrante del rock & roll más famoso de Bogotá, el productor y manager de The Rolling Stones en los años sesenta, Andrew Loog Oldham. “Trataba de complacer a la gente”, cuenta Galeano sobre su álbum debut; aunque es mucho más que eso, porque refleja su creciente interés en las raíces musicales estadounidenses y la compleja orientación de Oldham. “Andrew tiene muchísima música en su cabeza”, dice el cantante, todavía asombrado por el tiempo que pasó con el icono de la Invasión británica. “Te muestra un montón de referencias que no te puedes perder”.

Pero una ruptura entre Oldham y Galeano, debido a la falta de comunicación, además de la caída de un contrato de patrocinio para un segundo LP –en la víspera de las sesiones que se llevarían a cabo en Nueva York, Nashville y Londres con un nuevo productor, Brendan Benson de The Raconteurs– dejaron a Galeano desamparado y lleno de rabia. Tenía 100 mil dólares en deudas por dinero que ya se había gastado y había perdido a un mentor importante. Oldham no habló con Galeano en seis años (hace poco se volvieron a hablar). “No salí en tres meses”, comenta el cantante con una voz sorpresivamente sombría, recordando el incidente. “No quería salir a ninguna parte. No quería explicarle nada a nadie, todos creían que iba a hacer un disco increíble, pero se había cancelado”.

El desastre le dio una ventaja a Galeano, “el catalizador” como él lo llama, “para empezar una banda”. Llamó a Zeta, quien había tocado la batería en Peregrino, para decirle sin tapujos: “Bienvenido a tu nueva banda”. Álvarez cuenta que “Andee no tuvo opción”, y que luego él recibió una llamada similar. “Lo que pasó con Diamante es lo  único que puede pasar en Colombia para que te comprometas, es decir, la banda te atrapa”.

Álvarez nació en Medellín, pero se mudó unos años después a Bogotá con su familia. Obtuvo un título en negocios antes de irse a Nueva York a estudiar ingeniería de sonido. El guitarrista comenta que: “En 2006 podías morir en Bogotá antes de que tu música triunfara. Era terrible, todo el mundo intentaba tener éxito”. Cuando regresó en 2007, tocó con un grupo de rock moderno llamado Madame Complot, del cual dice con orgullo que “era increíble, pero me dejó con el corazón roto. Tratamos de tener un sencillo exitoso y no funcionó”. Acababan de despedir a Álvarez de un trabajo como consultor de negocios, cuando Galeano le pidió unirse a su nueva aventura. Madame Complot “era una de mis bandas favoritas”, dice el bajista. “Por eso Daniel toca en Diamante”. La primera canción que el trío tocó en los ensayos fue “Telescopio”, y se convirtió en la canción de apertura de Diamante Eléctrico. Unos meses más tarde, la banda tocó por primera vez en Bogotá para 600 personas.

Zeta es de Manizales, la capital cafetera del centro de Colombia. “Era el momento perfecto para los bateristas”, dice con emoción acerca de su fervor adolescente por bandas de punk y rap metal como KoRn y Blink-182. El baterista se mudó a Bogotá cuando tenía 16 años para estudiar percusión de jazz, pero se retiró “porque aprendía más tocando con diferentes bandas”. Por un momento, Zeta fue el baterista más activo de Bogotá. Trabajaba con ocho bandas al mismo tiempo; rock, punk, tropical y R&B. Vivió en Nueva York dos años, en donde estuvo un período con una versión de la banda afroamericana de funk, Slave. “No sabía quiénes eran”, confiesa Zeta. Habían encontrado al baterista en su página web.

Sin embargo, después de tocar en Peregrino, “siempre había querido tener una banda con este tipo”, dice el baterista con emoción, estirando sus brazos tatuados como si quisiera abrazar a Galeano a través de nuestra mesa en un restaurante de Bogotá. “Desde el principio no lo pensamos, solo tocamos. No hablamos, improvisamos. Después de estar en bandas en las que peleaban –‘No me gusta esto, no me gusta lo otro’–, finalmente pude tocar lo que quería”. Lo cual, en Buitres, a veces es lo mínimo. Galeano dice que las pistas de batería en “Rotos” y “Hacia la noche” son “algunos beats de Andee de otras tomas”. A Zeta no le importó. “Dijo: ‘Usen lo que quieran para hacer bailar a la gente’”.

Diamante Eléctrico es prudente con sus finanzas y ferozmente protector de su independencia. Según Galeano, tiene dos lemas: “El primero, es nunca detenerse. Y el otro, es nunca ponerle presión económica a la banda”. Él, Zeta y Álvarez tienen trabajos aparte. Galeano es productor de algunas bandas y crea música para el canal infantil Nickelodeon. El baterista es DJ y trabaja con empresas de relaciones públicas que producen eventos mediáticos. Álvarez aplica sus habilidades comerciales para ser el manager de otros artistas colombianos, como la estrella de pop tropical, Fonseca, y el cantautor dominicano Vicente García, hasta hace poco.

Diamante Eléctrico nunca “se ha perdido un concierto por los otros trabajos”, insiste Galeano. “Pero hay algunos asuntos de los cuales podemos prescindir; una entrevista, una reunión… No hay problema, alguno lo hará”. Galeano continúa: “Hemos llegado lejos, y estamos muy orgullosos. Ha habido un precio, pero ni en mis sueños más locos me hubiera imaginado trabajando con Andrew Oldham o ganándome un Grammy”.

O “recorriendo la Quinta Avenida de Nueva York en una carroza de guitarras Gibson en el desfile del Día de Acción de Gracias de Macy’s”, como recuerda Álvarez. Cabe mencionar que Diamante tiene un largo historial con Gibson porque ellos copatrocinaron el álbum de Galeano, Peregrino. Pero había una conexión con Macy’s; la hija del coordinador de música de la tienda es mitad colombiana y fan de Diamante. “Allá estábamos junto a De La Soul y Tony Bennett (otras estrellas que participaron en el desfile)”, comenta Galeano maravillado. 

Diamante tuvo una charla con la cantautora Regina Spektor, quien estaba en una carroza de una compañía de dulces y se quejó de que mientras ellos viajaban con instrumentos reales, ella estaba atrapada con “este piano de cartón falso”, comenta Galeano riendo. “Ella nos dijo: ‘Ustedes lo tienen todo’”.

“Justo cuando llamaste, estaba mirando tres pedales de fuzz diferentes”, dice Billy Gibbons por teléfono a finales de marzo desde su casa en Houston. Hay una pausa en la línea y luego el guitarrista de ZZ Top se ríe. “Llevaré los tres”. Mientras Gibbons habla, está empacando la maleta para su primer viaje a Colombia, para tocar con Diamante Eléctrico en el último día del Festival Estéreo Picnic 2018. Hasta ahora su relación con la banda ha sido el intercambio de grabaciones y una admiración mutua que resultó en la colaboración de “Días raros”. La primera vez que se conocieron en persona fue cuando Diamante recogió a Gibbons en el Aeropuerto Internacional El Dorado en el elegante Mercedes sedán modelo 78 de Zeta.

“Se podría decir que nuestra relación fue como un testimonio de amor a larga distancia”, comenta Gibbons alegremente. Dice que cuando Diamante le envió esa canción, “mi ingeniero y yo nos miramos y dijimos: ‘Dios mío, es pegajosa’. Y la voz no debe pasarse por alto: la armonía, la forma en que comienza y termina. Todo lo que tuve que hacer fue agregar una textura crujiente y grasosa”.

Y trajo bastante de eso consigo cuando vino a Bogotá. Tocó junto a Diamante el 25 de marzo al final de un set lluvioso e interpretó “Días raros” y los éxitos de ZZ Top, “La Grange” y “Sharp Dressed Man”. Los vídeos que han subido a YouTube del concierto muestran un alboroto de diversión; Gibbons tocando su blues texano ante un mar de gente con impermeables azules.

No había tiempo para una prueba de sonido el día del show, y solo tuvieron tiempo para ensayar cada canción dos veces el día anterior. Al principio todos estaban un poco tensos –en el trayecto desde el aeropuerto en el carro de Zeta–, hasta cuando Gibbons les pasó unas tarjetas de negocios en donde no aparecía como miembro de ZZ Top, sino como “Amigo de Eric Clapton”.

“Nos reímos como locos por 20 minutos”, recuerda Galeano un par de semanas después. “Nos llevamos bien desde entonces. Todo salió a la perfección”. Cuando Diamante y Gibbons fueron a almorzar el día después del concierto, “me dijo ‘voy a llamarte para algo en el futuro’”, comenta el bajista. “Eso es algo que atesoro en mi corazón. Es genial poder decir que he trabajado con Andrew Oldham y que conozco a Billy Gibbons. Pero es genial porque es real. Y logramos eso gracias a la música”.

A finales de mayo, entre estantes y montones de LPs y CDs, Galeano dio su última entrevista para este artículo en mi apartamento de Manhattan. El bajista está en la Gran Manzana por reuniones que tiene en las oficinas de Spotify y Sirius XM [la radio por satélite] para coordinar la promoción de Buitres, que finalmente se estrenó en septiembre. En dos días Galeano estará de vuelta en Bogotá para el lanzamiento del primer sencillo, Hacia la noche. Lo harán en un show sorpresa en un tejado, como el que dieron The Beatles en la película de 1970, Let It Be.

Ha habido cambios en el álbum desde que lo escuché en Nebula. La banda planeaba utilizar un bombardino ­–el tradicional instrumento de viento colombiano– en “Nefertiti” “para que la gente sepa que no olvidamos a Colombia”, dijo Galeano en ese entonces. Pero eso no funcionó, así que terminaron usando un sintetizador Juno. Y la parte de mariachi que Flor de Toloache le agregó a “No me lo pidas” fue tan buena que Galeano y Álvarez regrabaron sus partes de bajo y guitarra para que todo quedara a la altura. “Si haces las cosas bien, te pasarán cosas buenas”, dice Galeano, abriendo una cerveza. “Lo que realmente me gusta de Diamante es que nos tenemos confianza mutua; ya sea en decisiones musicales o de negocios. Sabemos lo que tenemos que hacer. Y cuando sales a escena, confías en todos los que están contigo”.

Galeano dice que habrá una gira para Buitres, que irá hasta 2020. “La gente dice que el rock & roll está muriendo, pero no estamos de acuerdo. Igualmente somos más que una banda de rock & roll. Utilizo mi chamarra de cuero todos los días. Vivo mi vida. También amo el hip hop y el soul”. Luego el bajista continúa: “Es diferente en EE UU porque el rock & roll proviene de una gran tradición de música negra. En Colombia, está estigmatizado” (está asociado con viejos blancos británicos). “Queremos ser una banda más amplia para llegarle a un público más grande, sin cambiar lo que somos. Para mí, eso es el éxito: llegarles a más personas sin cambiar lo que eres.”

Le pregunto qué pasaría si Buitres no alcanza las expectativas. “De hecho hablamos de eso”, dice Galeano en voz baja. “Dos cosas podrían pasar; seguimos…”, hace una pausa, “No, solo hay un camino, y es seguir. Lo bueno y malo de una personalidad como la mía es que, si las cosas salen mal, me siento mal por un par de días. Luego lo retomo. No me quedo quieto”. “La cultura estadounidense y la inglesa han llegado a todo el mundo a través de la música”, continua el bajista. “La gente en Marruecos, Turquía y Japón se vuelve loca por la música. Podemos hacer eso con las personas que no hablan español. Ese es nuestro objetivo”.

“Es el camino difícil, pero lo estamos recorriendo”, admite Galeano con una sonrisa. 


Música imparable


Warren Haynes formó Gov’t Mule como un proyecto alterno a The Allman Brothers Band. Dos mil conciertos después, ha creado su propio culto.


POR David Fricke  



Música imparable

Gov’t mule se encuentra a la mitad de un concierto en Central Park en Nueva York, a punto de tocar la canción que le da nombre a su nuevo material de estudio, Revolution Come… Revolution Go. Pero antes que nada, Warren Haynes, el cantante-guitarrista-compositor de la banda advierte que tiene “increíbles noticias” por contar. “Hoy es el show número dos mil de Gov’t Mule”, anuncia mientras Matt Abts le pega a la batería. “Lo sé”, grita Haynes mientras el público aplaude con emoción. “Tampoco puedo creerlo”.

Antes del concierto, Haynes insistió que no tenía idea de que habían tocado tantas veces hasta que un amigo archivista le mandó los números por correo. Esa cuenta no incluye los que Haynes ofreció durante 25 años con The Allman Brothers Band. Fundó Gov’t Mule en 1994 con Abts y el bajista Allen Woody como un proyecto alterno a The Allmans. “Queríamos probar ese concepto”, dice Haynes al respecto, “el explorar la dinámica heavy blues de Cream y Free. Jamás pensamos en hacer un segundo disco”.


Haynes, de 57 años, reconoce las muertes que ha visto a través del camino, desde Woody en el 2000, hasta su técnico de toda la vida, Brian Farmer en 2014. Dos semanas después de la presentación en Central Park, Haynes perdió a otro excompañero de banda, Gregg Allman. “Es algo que se magnifica con nuestro estilo de vida, pero no ha sido un puente que yo haya tenido que cruzar aún. En mi mundo las cosas están mejor que nunca”.


Gorillaz le baila al apocalipsis


Damon Albarn y su equipo de dibujos animados regresan con un álbum ecléctico en medio de Trump y el Brexit.


POR David Fricke  



Gorillaz le baila al apocalipsis

“Deberías de haber visto la sonrisa en mi cara”, dice Damon Albarn, mostrando otra en su habitación de hotel en Nueva York. El cantante está recordando una sesión en Chicago con la leyenda del soul y góspel, Mavis Staples, para Humanz, el nuevo álbum de electro pop con múltiples invitados acreditado al cuarteto de dibujos animados de Albarn, Gorillaz.

Staples es la sirena vocal que corta a través del apocalíptico hip hop de “Let Me Out”. Albarn –quien fundó Gorillaz con el ilustrador Jamie Hewlett Hace casi 20 años– dice que se sentía “algo intimidado” con Staples. “Pensaba: ‘Quería cantar estas letras’. Fue un alivio cuando se sentó y empezó a cantar”.
“No se ve la parte orgánica porque son grabaciones electrónicas”, dice Albarn de los cuatro álbumes exitosos de Gorillaz, que dos se incluyen en el Top 10 de Estados Unidos –Damon Days de 2005 y Plastic Beach de 2010– y cameos memorables de Snoop Dogg y ahora íconos como Dennis Hopper, Bobby Womack y Lou Reed.


CD: ‘Mis planes son amarte’ – Juanes


El álbum más ambicioso de toda su carrera.


POR David Fricke  



CD: ‘Mis planes son amarte’ – Juanes

Mis planes son amarte

Juanes

Universal

cinco-estrellas

¿Se trata de un disco conceptual? ¿Es una película? ¿Acaso importa la forma en que definamos la nueva aventura en la que Juanes combina éxitos, romances, parábolas e imágenes en movimiento? En un año pop en el que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el disco con el que The Beatles marcaron una época, cumple 50 años, mucha gente en todo el continente consumirá Mis planes son amarte como el resto de los contenidos habituales: una rotación de clips de YouTube reducida al cine de bolsillo del smartphone; la fidelidad comprimida brutalmente con baja fidelidad del streaming.

Mis planes son amarte –primer lanzamiento de Juanes en estudio en tres años, y el primer “álbum visual” para un artista latino– merece la inmersión tradicional, tomada en serio. Hecho junto al director puertorriqueño Kacho López, y protagonizado por Juanes como un arqueólogo despechado, atrapado en un bucle de flashbacks espaciales y terrenales, compromisos emocionales, esta producción audiovisual de una hora (con una adición animada) es sofisticada, honesta y efectiva en la narrativa al presentar 12 nuevas canciones de Juanes.

Mis primeras impresiones estuvieron en dos extremos improbables: luego de Purple Rain, el desafiante pero suntuoso error que resultó Under the Cherry Moon, de 1968, el debut de Prince como director de cine y la inmaculada explosión de locura, obsesión y espacios interiores profundos y fríos que expone The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. Hay una nave espacial y un romance; Juanes en un viaje de ayahuasca servida por un chamán luego lidera un combo en un bar tropical. Una belleza misteriosa revela una extraordinaria habilidad para viajar en el tiempo.

No es una trama hermética, y esto no es un problema. El cuento que se va acumulando –presentado en canciones como “Ángel“, “Hermosa ingrata“, “Bendecido” y “Goodbye For Now“– muestra el carácter esquivo de la memoria, un sueño tan vívido que parece una vida pasada real e irresoluta. Como cualquier estrella pop que merezca su aura, Juanes tiene la mejor solución en la mano: “En las noticias dicen que todo está malo”, canta en “Actitud“, con una guitarra que cruje para dar paso a un fuerte impulso funk, que recuerda el dub jamaiquino de los años setenta y el gansta rap de Los Ángeles: “Pero yo prefiero ser más optimista/ En mis manos solo cargo una guitarra y una buena actitud”.

Esta es otra forma de describir aquí un drama convincente: el progreso de Juanes en el estudio como director de su propia voz, composición y cruce hacia el rock en español. En 2010, el cantante había coproducido P.A.R.C.E. y en 2014, con el británico y distinguido productor de New Wave: Stephen Lipson (Frankie Goes to Hollywood, Grace Jones, Pet Shop Boys) y con Steve Lillywhite (U2, Peter Gabriel, XTC) coprodujo Loco de amor. Esta vez “quería producir a mi manera”, me dijo Juanes cuando me explicó el origen de Mis planes son amarte, mientras tomábamos un café en Nueva York. “Pero no quería hacerlo todo solo, quería trabajar con alguien que no me dejara enloquecerme demasiado en el estudio”.

De hecho, Juanes volvió a su hogar, a la escena hip hop de Medellín y trajo consigo a Mosty, Sky y Bull Nene como colaboradores en la producción y composición. El resultado: un balance entre energía y color, en el que la ágil fusión de reggaetón, el rock & roll clásico y clasudo de los años sesenta y poderosas baladas –provenientes de la cumbia y la música popular de su niñez y luego del metal noventero de Ekhymosis– se vuelve más personal, refinada y valiente. Olviden las referencias a Prince y Pink Floyd. Estas 12 canciones se acercan más a Tunnel of Love de Bruce Springsteen y a Let’s Dance de David Bowie, por la manera en que Juanes convierte su experiencia y tono comercial en una íntima reflexión sobre verdades claras y golpes directos.

“Para mí la música está diseñada para los sentimientos”, insiste Juanes en Nueva York. “Desde que era niño fue mi conexión con el mundo, con el universo”. Mis planes son amarte es ese universo, en un disco.

El título del álbum es un juego de palabras. Con solo separar una A cambia de Mis planes son amarte a Mis planes son a Marte, son dos ideas a la vez, una confusión deliberada de propósito y lugar. La fidelidad se pone a prueba por el vacío y la distancia; la música, en cambio, acentúa el espacio vacío por encima del desorden y saca el mayor provecho de la fuerza de una frase, melodía o coro. “Estaba tratando de encontrar un nuevo camino”, dice Juanes, “Es como vestirse. Uno escoge una chaqueta, pantalones, zapatos. Las canciones siempre van a ser canciones, pero es cómo te lo pones. Quería ir en esa dirección: más simple, más lugar para la gama de sonidos”.

“Tengo cero preocupación/ Mi maleta es ligera para continuar”, confirma el músico en “Perro viejo“. Juanes aborda la siguiente canción, “Ángel“, como si no hubiera gravedad mientras canta a su ideal romántico (“Soñando en cada despertar/ Nuestras manos y la fe, sin miedo a perder”) contrastado con un misterioso piano que se asemeja a la banda islandesa Sigur Rós. Luego entran los clásicos del rock: un tambor rítmico; una áspera guitarra funk; y un suave coro femenino que suena sacado de la canción “Be My Baby” del grupo femenino de los años sesenta, The Ronnettes. Ese coro es firme pero nunca opaca la canción ese gancho vocal ooooh-oooh es más luminoso que dulce. Es una maestría de producción y arreglos que recuerda al énfasis de Brian Eno en el poder de la atmósfera, en sus trabajos con U2, Talking Heads y Coldplay: la amplitud de una idea melódica o lírica cuando la dejas que resuene en el aire.

El propio Juanes hace un elegante viaje en el tiempo. “Hermosa ingrata” es una fiebre bailable vintage: un homenaje a la cumbia de los años setenta (una mezcla instrumental que escuché, y que resalta el patrón melódico del teclado que se filtra evocando a Kraftwerk, en un bar junto a la playa en Cartagena). En “El ratico”, una canción sobre terminar un apasionado romance, Juanes comparte el micrófono con la cantante y productora colombo estadounidense, Kali Uchis, quien le responde con el poder y la indignación de una mujer abandonada y lista para seguir adelante (“Se acabó el ratico/ Aquí está el anillo/ No, I don’t want to be amigos”). Justo cuando sitúa parte de la película Mis planes en una remota zona boscosa cerca de Medellín, Juanes lleva la balada “Alguna vez a ese mismo lugar” con una guitarra acústica, efectos rítmicos sobrios y un canto como alrededor de una fogata con su amigo, la estrella colombiana Fonseca.

Mis planes son amarte incluye una sorprendente novedad: la primera canción de Juanes en inglés en un álbum en solitario. “Goodbye For Now” está incluida hacia el final del álbum y no puede evitar un aire anticlimax, una temperamental concesión dance pop para la radio estadounidense. También le sigue a la cumbre creativa del disco. “De Marte a la Luna” comienza con una sutil seducción: de nuevo ese tambor, que establece un ritmo tropical salpicado con piano soul jazz. Juanes canta con una voz nostálgica y fluida, doblada y armonizada, como si estuviera cantando a dúo con un espejo, mientras las guitarras entran en la mezcla, con una ligera distorsión sicodélica y un trémolo ondulante. Hay un punto en que Juanes deja un mensaje de voz, y suena como si en realidad estuviera llamando desde esa nave espacial: “Cuentas conmigo para lo que sea… Te dejo un beso y nos vemos esta noche”.

Es el blues de la soledad con el funk del deseo y vibraciones de rock psicodélico con música soul: Juanes canaliza a George Michael y mi disco favorito de los años setenta del ícono del R&B, Donny Hatthaway, mientras mira de frente con seguridad en sí mismo. Como película, Mis planes son amarte es una elegante y agradable odisea espacial con un final feliz. Como disco, es Juanes mostrando como es posible tocar las estrellas con los pies firmes sobre la tierra.


Los archivos íntimos de Lou Reed


Una nueva colección funge como crónica de lo que ocurrió durante medio siglo de música y notoriedad.


POR David Fricke  



Los archivos íntimos de Lou Reed

El dos de marzo, Lou Reed –quien falleció en 2013– habría cumplido los 75 años. Su regalo de cumpleaños llegó hasta su ciudad natal. Ese día la viuda de Reed, Laurie Anderson, anunció la adquisición de la colección de archivos privada de Reed por parte de La Biblioteca Pública para las Artes Escénicas de Nueva York. Dicho archivo contiene memorabilia personal, papeles y material audiovisual que documenta la carrera de Reed tanto con The Velvet Underground como de su proyecto solista. Demos en casetes, recibos de giras y documentos de disqueras, son objetos que “apuntan al arte”, como lo describe el curador encargado, Jonathan Hiam. Anderson añade: “Lou era un gran aventurero. Se percibe en todo el archivo”.

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CUENTAS DE HOTELES Y BARES de su gira por Europa a mediados de los años setenta. “Me pareció inaudito que todo eso se conservara”, aseguró Don Fleming. “Ejemplifica muchísimo de su vida como artista”.

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UN CASETE de demos que fue grabado en 1971 en la casa de sus padres en Long Island, con temas que más tarde aparecerían en sus discos como solista (Lou Reed de 1972 y Berlin de 1973).

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SU PASAPORTE con su nombre completo, Lewis Reed.

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UNA CARTA escrita por el presidente checo, Václav Havel. En 2009, Reed ofreció una presentación en Praga para conmemorar los 20 años de Independencia de República Checa.

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UN WALKMAN de Sony. Edición limitada que se le entregó al músico por el décimo aniversario del reproductor. Aunque un poco dañada por los años, la caja fue hecha a la medida por Tiffany.

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LAS NOTAS que Reed hacía en sus sesiones. Su vasta documentación incluye hasta la configuración exacta de los amplificadores de aquel entonces. Existen más de 20 sobres únicamente del álbum Ecstasy.

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UN CALEIDOSCOPIO decorado con fotos de The Velvet Underground. Un ejemplo de los creativos regalos que Reed recibió por parte de sus fans.

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UN SENCILLO CLÁSICO de The Byrds que el guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, le hizo llegar a Reed. En una presentación de 1968, al lado de The Yardbirds, Page rindió tributo a “I’m Waiting for the Man”, de Reed.

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Punk que construye familias


Cómo el dúo canadiense, Japandroids, sobrevivió a una ruptura y proclamó su lugar como una de las bandas jóvenes más apasionantes.


POR David Fricke  



Punk que construye familias

El guitarrista – cantante, Brian King y el baterista, David Prowse, integrantes del poderoso dúo canadiense, Japandroids, buscan la mirada del otro para evidenciar que están confundidos. No saben qué responder a la simple pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que pelearon? (Se conocieron en la universidad y formaron una banda hace más de una década, además de haber estrenado recientemente su tercer y mejor álbum hasta el momento, Near to the Wild Heart of Life). “No recientemente”, confiesa King después de una gran pausa, parado en un bar de Greenwich Village en Nueva York. Prowse añade: “La parte más importante de conocernos tan bien, es que sabemos perfecto cuándo y qué apretar para sacar de sus casillas al otro”. “Pero también sabemos cuándo no hacerlo”, complementa King. “Esto sólo funciona si nos llevamos bien”, insiste. “No nos gustaría que eso pudiera interponerse entre nosotros y hay demasiado que perder”.

Near to the Wild Heart of Life –el material que le dio seguimiento a Celebration Rock, mismo que se colocó en el Top 40 de Billboard de 2012, es el ejemplo más contundente de su colección. “North East South West” es un galope al estilo rock clásico con vocales glam, y “Arc of Bar” –la canción más larga de la banda– recuerda a un Bob Dylan de mitad de los años sesenta con New Order. King asegura que cuando escribió la letra, la primera vez las cantó al tono de “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)” de Dylan. “Muchas bandas establecen sus límites, pero ellos son sumamente cercanos”, comenta el productor Peter Katis, quien produjo el álbum más reciente del grupo. El disco es “bastante austero”, describe Katis. King tocó una sola guitarra en la mayoría de los temas. “La clave fue empujarlos hacia delante, hacia un lugar en donde no estuvieran cómodos”. King y Prowse, ambos de 34, están llenos de contrastes, ambos se pasean por Exhibitionism la exposición itinerante de The Rolling Stones que contiene memorabilia, recuerdos y piezas inéditas. King camina con ímpetu, tomando fotos por todas partes que le recuerdan a su niñez en Nanaimo, una pequeña ciudad en Canadá. “Estábamos algo aislados, antes del internet”, asevera. “Me encantaban las bandas gigantes como The Stones y Guns N’ Roses”.

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CD: The Rolling Stones – ‘Blue & Lonesome’


Su primer álbum de blues es crudo, sucio y lleno de sabiduría.


POR David Fricke  



CD: The Rolling Stones – ‘Blue & Lonesome’

StonesBlueandLonesome
Blue & Lonesome
The Rolling Stones
Interscope
cuatro-estrellas

El viaje de los Stones a Chicago.

Cuando The Rolling Stones se formó en Londres (1962), Mick Jagger estaba con Alexis Korner cantando “Ride ‘Em on Down”, un sencillo de 1955 de Eddie Taylor, guitarrista de Jimmy Reed. En su primer LP de blues, Jagger se desgarra fuertemente con Taylor otra vez, masticando las letras como su comida favorita contra Keith Richards, las guitarras de Ron Wood y los relámpagos de Charlie Watts.

Es la banda de blues más grande del mundo haciendo lo que les nace en una docena de covers, en su mayoría asociadas con el dulce hogar de Chicago. Los Stones primero oyeron estas canciones como una lengua extranjera, lujuria y pruebas de los hombres más viejos, endurecidos. Ese mal tiempo se adapta a ellos como un traje de un puesto en el mercado de Maxwell Street. Los Stones ya eran grandes cuando Howlin’ Wolf grabó su rareza de 1966, “Commit a Crime”, tratada aquí con puro ardor. Pero ellos son más jóvenes, no podrían haber abordado el lamento “Little Rain” de Reed de 1957 como una tormenta lenta que aquí avanza; un reflejo del agarre y la sabiduría que sólo se tiene con kilómetros y edad.

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Por siempre joven


El guitarrista de AC/DC, Angus Young, habla sobre la vida con Axl, la salida de Brian Johnson, extrañar a su hermano Malcolm y por qué esta gira podría ser la última.


POR David Fricke  



Por siempre joven

Puede ser un poco extraño… ‘¿Quién es ese tipo grande del uniforme escolar?’”, dice el guitarrista de AC/DC, Angus Young, de 61 años. “Alguna vez, alguien comentó: ‘De lejos, se ve bastante joven’. Cuando miras de cerca es que puedes percibir que no es así”. Ese desgaste se encarna en Young, al tiempo que se mantiene al frente de AC/DC durante su más difícil y posiblemente último tour, que finaliza el 20 de este mes en Filadelfia.

No obstante, habla con tanta candidez y alegría como puede al referirse a los severos problemas de audición que obligaron al vocalista Brian Johnson a retirarse de las giras; la inmediata oferta de Axl Rose, vocalista de Guns N’ Roses, para reemplazarlo; el anuncio, hecho por el bajista Cliff Williams, de que ésta sería su última gira; y el actual estado de salud del ex guitarrista y hermano mayor de Angus, Malcolm, quien sufre demencia.

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Paul McCartney, la entrevista Rolling Stone


A los 74 años de edad, McCartney emprende más giras que nunca, tirándole todavía a las listas de popularidad y listo para mirar a su ‘Yesterday’ de seis décadas.


POR David Fricke  



Paul McCartney, la entrevista Rolling Stone

Paul McCartney rasguea una guitarra acústica en el sofá de su oficina de Londres, tarareando para sí mismo mientras intenta recordar una melodía de su adolescencia —una de las primeras canciones inéditas que escribió con su amigo de juventud, John Lennon, cuando estaban por convertirse en The Beatles en Liverpool.

“Era como…”, dice McCartney antes de arrancarse a tocar un ritmo rockabilly en la guitarra y cantar en una familiar y robusta tesitura: “They said our love was just fun/The day that our friendship begun/There’s no blue moon that I can see/There’s never been in history/Because our love was just fun”. “Just Fun”, dice McCartney, anunciando el título con orgullo.

Tenía un pequeño cuaderno escolar en el que escribí las letras. Y en la esquina superior derecha de la página, escribí: ‘Un tema original de Lennon-McCartney’. Eran los humildes inicios”, admite. “Desarrollamos sobre eso”.

Es un momento extraordinario —pero McCartney, de 74 años de edad y actualmente ocupado en su más reciente gira por varios estadios de EE UU, nunca hace menos que interpretar de verdad.

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