Blog: La otra cartelera, por Arturo Aguilar


Blog de Arturo Aguilar / La otra cartelera: ‘Somewhere’, ‘El Gran Concierto’ y ‘Fish Tank’


POR Staff Rolling Stone México  



Blog de Arturo Aguilar / La otra cartelera: 'Somewhere', 'El Gran Concierto' y 'Fish Tank'


SOMEWHERE – SOFIA COPPOLA (14 enero)somewhere

Si algo ha caracterizado la singular filmografía de Sofía Coppola es su natural tendencia a la introspección, al retrato profundo de la mente humana, de lo emocional, de lo sentimental. Ahí están como prueba Vírgenes Suicidas y Perdidos en Tokio.

En Somewhere, cuyo horrendo y gratuitamente cursi título en español es En un rincón del corazón, Coppola va más allá y se asoma a terrenos que le resultan evidentemente personales. La vida de aquellos cuya fama y/o fortuna los ha llevado a una realidad alterna. En este caso, la de un encumbrado actor de Hollywood que vive en el mítico y célebre Chateau Marmont en Los Ángeles, otrora casa de estrellas y escenario de no pocas noticias del mundo de la farándula en los últimos 80 años.

Valga la advertencia sobre las intenciones claras del filme y la posible ‘sorpresa’ del público: en esta película pasan pocas cosas. Pero ¡ojo!, de eso se trata. La desmitificación de estas celebridades y su vida, la exposición cruda a la vez que dolorosa y pesadamente contemplativa de la vacía y monótona existencia que llegan a tener. Sin contacto real con el mundo exterior, acostumbrados a viajes en limusina y helicóptero tanto como a lujosas suites y atenciones extremas.

En ese universo, la obligada visita/estancia de la hija de Franco, Cleo (Elle Fanning), servirá como chispa inicial para una serie de profundas y silenciosas reflexiones sobre su propia vida, sobre sus relaciones, sobre sus sentimientos y prioridades.

En muchos sentidos es una cinta autobiográfica. Si Cleo es la misma Sofia Coppola, Johhny sería Francis Ford Coppola, y esta la historia de una singular relación padre-hija, enmarcada por una realidad ajena a la mayoría de nosotros. Una realidad fría, aburrida, lejana al glamour que se asocia a los artistas y excéntrica hasta retar la imaginación. Un mundo donde muchas veces no pasa casi nada. Como no pasa nada en la película. Pero con toda intención.

No es una cinta sencilla o fácil como espectador, hay que saber lo que se va a ver, para no ser sorprendido por una interesante cinta que podría parecer, no trata de nada y donde no pasa nada. La verdad es que en lo profundo, es todo lo contrario.

EL GRAN CONCIERTO – RADI MIHAILEANU (14 Enero)elconcierto

Hace poco más de 10 años, el realizador rumano Radi Mihaileanu cautivó al mundo con El tren de la vida, esa emotiva comedia sobre un pequeño pueblo judío que al saber que los nazis se acercaban, decidieron hacerse pasar por los propios nazis para, en un tren medianamente arreglado, escapar de una muerte segura. Aquellos habitantes que por sorteo o por dominio del alemán se convertirían en los oficiales nazis, poco a poco fueron cayendo en la creencia de una superioridad sobre el resto de sus amigos y vecinos.

Un poco menos trágica, pero no exenta de su buena dosis de comedia, El Gran Concierto (nominada a Mejor Película Extranjera en los Golden Globe 2011) también se asoma a realidades sociales que no sólo son escenario de fondo o contexto, sino motivadores de las acciones de sus personajes. En este caso, un director de orquesta caído en el olvido y el alcoholismo (convertido en encargado de la limpieza del Bolshoi) tras ser suspendido por las autoridades para ejercer su profesión, encuentra una oportunidad de redención al interceptar un fax que invita a la Orquesta Bolshoi de Moscú a tocar a un teatro parisino.

Así, un grupo de viejos y algo oxidados músicos se dan a la tarea de algo imposible: hacerse pasar por la orquesta original, mientras su director cumple el anhelado sueño de dirigir el concierto para violín de Tchaikovski.  El mismo recital con el que fue interrumpido 20 años atrás y que fuera la última ocasión que se parara frente a sus músicos con una batuta.

A este singular y hasta ahora lúdico caldo de cultivo, habrá que sumarle los secretos emocionales que varios de los personajes vienen guardando, y que se van desenvolviendo conforme se acerca la fecha del concierto.

Como la partitura de una sinfonía, el guión de la película va buscando su momento de clímax y construyéndolo. En este caso lenta y pausadamente, con la suma de diferentes instrumentos y personajes, de silencios y ruidos políticos, sociales, emocionales y musicales. Y todo, para llegar a una emotiva y catártica secuencia final en pleno concierto que podría empujar a más de un espectador a las lágrimas.

Llena de arrebato, intensidad, miradas y sobre todo, música. Si bien no hay nada nuevo, ni rompe con los formatos de narración, ni reinventa el lenguaje cinematográfico, El Gran Concierto resulta una obra redonda, en su intención y en su manufactura. Una buena película para sentirse mejor, para entretenerse y ver buen cine, uuna combinacón que siempre vale la pena destacar.

FISH TANK – ANDREA ARNOLD (28 enero) fish

Cuando se piensa en Realismo Social como un subgénero fílmico, una suerte de especialidad temática, el cine británico suele levantar la mano para aportar interesantes filmes. Looking for Eric, This is England y Happy Go Lucky son excelentes ejemplos de esto en los últimos años.

Cintas que retratan lo profundo de una generación y/o de una clase o realidad social olvidada. La mirada incisiva al mundo de quienes quedan atrapados en universos asfixiantes, sin posibilidad de salida o crecimiento.  Las clases sociales que pagan el precio de los logros macroeconómicos o los cambios, avances o retrocesos políticos.

En Fish Tank, es una adolescente la que desde los primeros instantes del filme deja clara su agresividad hacia el mundo. Su descontento y su frustración. La vida de una aspirante a bailarina hiphopera con una destructiva relación con su madre para quien el mundo está lleno de seres de quien desconfiar.

Brutal, directa y honesta, la película acompaña a Mia tras conocer al nuevo novio de su madre, un hombre que la hará ver un lado menos oscuro de las cosas, pero que lejos está de ser un salvador de su existencia o el héroe de la película. En ese realismo tan humano, tan complejo en la representación de personajes que cambian de humor y carácter a cada instante, que se esfuerzan y se equivocan, se encuentra el enorme poder de este filme. Su enorme naturalidad.

Y si bien no hay nada nuevo en los terrenos en los que se asoma Andrea Arnold como directora, sí lo hay en la introducción de una joven actriz (Katie Jarvis) que dota de fuerza y sinceridad un complejo personaje.

Esta no es una historia de amor ni de final feliz a las que la fórmula hollywoodense nos puede tener acostumbrados como espectadores. Tampoco es una trama que se enfile hacia la redención y la catarsis absoluta. Es el retrato de un proceso, de un cambio, de los devenires emocionales y familiares, de la descomponsición y la recomponsición de los lazos afectivos en el marco de una realidad agresiva que poco espacio deja para creer en que mañana las cosas cambiarán y mejorarán.

Una cinta en la que es difícil como espectador no desarrollar sentimientos de simpatía, empatía y desconcierto hacia las acciones de su personaje central. Un filme que logra conectar con el espectador a diferentes niveles, desde diversas perspectivas. Una cinta para pensar y sentir, para seguir agradeciendo el enorme legado del realismo social del cine británico.



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