El fenómeno llamado ‘Jurassic World’


Más allá de su trama, personajes o realización, en RS analizamos lo que este estreno llevó a las pantallas del mundo para convertirse en la película con la mayor recaudación en la historia en su primer fin de semana.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Arturo Aguilar

El récord impuesto por el estreno de Jurassic World, recaudando más de 500 millones de dólares en todo el mundo en su primer fin de semana, y colocándola como la cinta más taquillera en sus primeros 3 días en la historia del cine tiene ha puesto en la mesa global una conversación sobre las razones detrás de este éxito.

A pesar de tratarse de un filme al que, observando a detalle, se le pueden señalar carencias, superficialidades y clichés, resulta que su formula, que incluye esas características, es precisamente el ejemplo perfecto del producto cinematográfico que tiene algo para TODO tipo de público, para TODO perfil de cinéfilo. No que eso sea lo mejor o lo nunca antes visto, pero hay algo ahí, un guiño, o varios, a una conexión especial con una historia con poca historia, aprovechando la nostalgia generacional de la original Jurassic Park y su secuela, el mapa dramático-infantil necesario de una aventura spielbergiana, el atasque visual de efectos especiales de su segunda mitad, y claro, un par de protagónicos que a pesar de sus lugares comunes, guardan características que les pueden dar lecturas modernas para ciertas audiencias (por más que digan que es sexista ver a Bryce Dallas Howard correr en tacones por todo el parque, es también la representación de la mujer moderna, exitosa, jefa e independiente, cuya vida no está regida por vínculos y responsabilidades familiares, por la formación de una familia o por la presencia de un hombre… lo cual también recibirá un giro al final como parte de los lugares comunes narrativos que una película que busca quedar bien -y lo logró- con la mayor cantidad de público en el mundo necesita ofrecer sobre los roles masculinos-femeninos y las dinámicas románticas de estos).

Sin el desgaste de las historias de superhéroes de los últimos años, este blockbuster jurásico comparte esa capacidad de atracción multicultural (¿en qué país no habría adolescentes y adultos interesados en una nueva entrega de una icónica cinta de dinosaurios vueltos a la vida?) tan atractiva a nivel de mercadotecnia.

Jurassic World es una experiencia particular, en la que si se entra por la ruta de la nostalgia cinéfila o generacional o con un ánimo de entretenimiento palomero, de diversión de montaña rusa, se puede disfrutar y bastante (al menos un par de sus secuencias de acción están bien montadas y ejecutadas, bajo un cierto influjo del estilo Spielberg, y es innegable que los dinosaurios se roban la atención al aparecer a cuadro); pero si hay asomo de exigencia hacia la poca profundidad que hay en la larga lista de temas o ideas que llega a tocar (van de ejemplo: la violencia contra los animales, las responsabilidades éticas de la modificación genética, la estupidez humana que no aprende de las experiencias, el apetito corporativo-publicitario de ese tipo de proyectos, el perfil de una profesionista exitosa que no define su vida a partir de un concepto de familia, el acercamiento de dos hermanos en momentos de crecimiento, la supuesta posible desintegración familiar de los padres de los jóvenes protagonistas –quizás el dato gratuito más absurdamente expuesto y menos ultilizado en el guión-, la enajenación del público por lo más grande, lo más fuerte, lo más ruidoso), es seguro que se salga con ganas de reclamar algo.

Pero esa no es la intención de Jurassic World. La cinta de Colin Trevorrow se asume como un crowd-pleaser para el más amplio público posible a través de la entrega de ciertos clichés que incluye por supuesto la creación de última generación de estos dinosaurios, el héroe de acción (quién mejor que Chris Pratt como simpática nueva súperestrella de Hollywood tanto por su perfil personal, televisivo y lo hecho en Guardians of the Galaxy), la mujer moderna independiente, la aventura Spielbergiana de los niños en peligro. Es todo lo que se puede esperar de una película de gran presupuesto con grandes efectos especiales. Y entrega eso.

Saturada de referencias cinéfilas, sobre todo de guiños y momentos de directo homenaje o recreación de las primeras entregas de la saga, para bien o para mal, según el ánimo cinéfilo, Jurassic World recurre incluso a los clichés de la pelea entre monstruos tomando el centro de atención y haciendo a un lado a los humanos, un recurso que va de la clásica King Kong a los modernos Godzillas.

Nunca había sido tan obvio el reflejo de Hollywood en un filme: la propia trama nos habla de una industria que busca lo más grande, lo más ruidoso, lo más llamativo, lo más excéntrico, lo que más pueda llevar al público a pagar una entrada, y a pagar por mercancía y productos oficiales. El público, después de 20 años de un parque con dinosaurios normales, necesita ser sorprendido. Y con tal de sorprenderlo, se juega con la idea de que si una marca pone el dinero, dejarán que la marca le ponga el nombre al dinosaurio. La grotesca realidad del marketing actual expuesta sin inhibición. Lástima que hasta ahí llegue e asunto de la observación satírica.

Respecto al récord impuesto, a nivel de industria y de economía hay que señalar que en buena medida, el haber sido la primer película que rebasa la barrera de los 500 millones de dólares, se debe gracias a su estreno simultáneo en China, y a su estreno en formatos como IMAX y 3D, lo que representó casi el 50% de los ingresos en mercados fuera de Estados Unidos.

Ahora solo queda ver quién detiene el apetito de estos dinosaurios en la taquilla mundial y esperar si logra convertirse en la de mayor recaudación en la historia… y quizás, ir a verla de nuevo.

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