La Otra Cartelera – Entre la realidad y el cine


Se estrenan dos películas que de muy distinta forma muestran la relación del cine con historias del mundo real. En ‘Los 33’, la realidad provee al cine de una historia perfecta de melodrama; en ‘Los Lobos de Manhattan’, el cine se convierte en la realidad de un grupo de hermanos.


POR Staff Rolling Stone México  



Se estrenan dos películas que de muy distinta forma muestran la relación del cine con historias del mundo real. En 'Los 33', la realidad provee al cine de una historia perfecta de melodrama; en 'Los Lobos de Manhattan', el cine se convierte en la realidad de un grupo de hermanos.

Por Arturo Aguilar

Los 33

Versión semi-hollywoodense y light (a pesar de su reparto multinacional con Antonio Banderas, Kate del Castillo, Lou Diamond Philips, Juliette Binoche, la producción es principalmente estadounidense) de la mundialmente conocida historia de supervivencia y rescate de los 33 mineros chilenos que permanecieron por 70 días a más de 700 metros de profundidad tras el derrumbe de la mina donde trabajaban.

Esto sucedió en agosto de 2010 en Chile y sin duda fue uno de los eventos más mediáticos del año.

Y como la realidad supera a la ficción, todos los elementos necesarios para una historia dramática, motivacional y positiva aparecieron para aquellos que quisieran hacer una película con posibilidades de mercadeo mundial. Por eso la película está hablada en inglés, y por eso en la película hay muchos héroes y ningún verdadero villano o responsable.

Esa es la razón de ser de Los 33. Una película que se mueve en los terrenos de los filmes que se transmiten por The Hallmark Channel, con ánimo de inspiración y aplauso al espíritu humano, con una diversidad de personas/personajes que dan lugar a tener a los típicos protagonistas de la película de desastres: el que no quería estar ahí, el que no debía estar ahí, el que era su último día de trabajo, etc., etc.

Confirmado que se trata de una película de mera intención comercial alrededor de un melodramático hecho que tuvo alcance mundial, esta nunca se asoma con seriedad a exhibir lo que sucedió detrás de la tragedia, mucho menos a mostrar algo de la realidad de las serias responsabilidades de empresas y de gente del gobierno detrás de lo ocurrido.

No, como si se tratara de una investigación de la Secretaría de la Función Pública, aquí todo lo que se verá es que no hubo ningún responsable de nada malo o erróneo. Y aunque no se trata de un documental que tuviera que mostrarnos esta otra cara de lo sucedido, es un hecho que toda la cinta se queda en esa esperanzadora suerficialidad y en la emotividad del caso, de la supervivencia de los mineros y nada más.

Una película para llevar a las tías mayores o a las abuelitas a que se emocionen un rato con una ‘bonita’ historia y nada más.

Los lobos de Manhattan

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¿Qué pasaría si nuestra relación con la realidad, con el mundo que nos rodea, no estuviera basada en nuestra experiencia propia de contacto con otras personas, con otros lugares, sino que se tratara de una relación construida a partir de lo que conociéramos o descubriéramos o entendiéramos del mundo a partir de lo que las películas retratan de el?

La respuesta se encuentra en este interesante documental, ganador del premio del jurado documental del festival de Sundance, donde conocemos a los hermanos Angulo, un grupo de jóvenes que pasó su infancia y adolescencia encerrados en su hogar en el Lower East Side de Manhattan, sin contacto externo, por las peculiares decisiones y creencias del padre (quien quería evitar las potenciales malas y nocivas influencias del mundo exterior). Todo hasta que en 2010 deciden aventurarse a las calles de Nueva York vestidos cual personajes de película y llaman la atención de la documentalista Crystal Moselle, quien al acercarse a conocerlos, descubre su fascinante historia.

Aunque el documental evita explicar ciertas situaciones y desenlaces, mucho de lo sucedido tras sus salidas al mundo exterior, es innegable que al concentrarse en las experiencias de este grupo de hermanos durante los años de infancia y adolescencia, es posible asomarse a un retrato único de cómo se puede formar una visión del mundo a partir del retrato cinematográfico, de las asimilación y recreación de escenas de las más variadas películas (de Wes Anderson a Batman pasando por Tarantino o El extraño mundo de Jack) y de cómo esas darían forma a cómo se observa el mundo cuando lo más que llegaban a hacer, en el centro de esa ciudad icónica, una de las capitales mundiales del arte, los negocios, la cultura y más, era ver todo desde una ventana.

Sociológicamente interesante además porque muestra el lado opuesto de lo que durante al menos las últimas décadas se ha convertido en un discurso social importante cargado de culpabilidades y responsabilidades: el cine puede fomentar violencia, puede moldear las mentes infantiles y adolescentes hacia referentes morales y sociales delicados o no aceptados, padres evitan la influencia del cine y prefieren la del mundo real.

En este caso, es todo lo contrario, y para todo aquel que guste del cine, es un viaje muy atractivo descubrir qué pasa cuando buena parte de la educación moral, social y de valores de estos muchachos (y una hermana) fue formado por un abanico amplísimo de cine mundial, y qué significa esto para ellos.

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