La Otra Cartelera: ‘El Planeta de los Simios: Confrontación’


Con la segunda parte de la nueva entrega/versión de ‘El Planeta de los Simios’, Hollywood demuestra que cuando quiere, puede entregar productos de una enorme calidad en forma y fondo, de la mano de una saga millonaria en construcción.


POR Staff Rolling Stone México  



Con la segunda parte de la nueva entrega/versión de 'El Planeta de los Simios', Hollywood demuestra que cuando quiere, puede entregar productos de una enorme calidad en forma y fondo, de la mano de una saga millonaria en construcción.

Por @Arturo Aguilar

Tras la (r)evolución, viene la confrontación. Tras el levantamiento, viene el amanecer. Esto, por supuesto, si vemos la historia desde la perspectiva simiesca (los verdaderos protagonistas de la historia) y no desde el punto de vista humano.

Después de la extraordinaria El Planeta de los Simios (R)Evolución, con la que la franquicia (que además de filmes incluye una serie de televisión y libros) de esta historia anclada en el clásico de 1968 (esa con Charlton Heston) fue reseteada, llega El Planeta de los Simios Confrontación, muy cumplidora secuela que avanza en la trama general de la saga.

Diez años después del final de la primera parte, los simios siguen evolucionando, aprendiendo y creciendo (como organismo social dominante de cierto ecosistema), mientras que las consecuencias de la gripa simiesca que es presentada en la secuencia de créditos iniciales ha reducida a la humanidad a un puñado de sobrevivientes atrincherados en ciertas ciudades. Una vez más, la historia se centra en San Francisco y sus cercanos bosques: habitats, respectivamente, de los humanos y los simios.

Rick Jaffa, Amanda Silver y Mark Bomback son los responsables de un guión que podría funcionar como una clase magistral de guionismo hollywoodense (incluído el cómo estructurar y armar un filme que es parte de una franquicia y no solo una historia que se abre y se cierra).

Ahí se observa el uso de este segundo filme (igual que lo hizo Nolan en su trilogía de Batman) como un segundo acto, oscuro y pesimista, fuertemente impulsado por motivaciones y conflictos de lo más básicos: La defensa-protección-venganza de la familia, de los que son como uno.

En las fronteras del drama shakesperiano, con traiciones y sacrificios incluidos, estamos ante un filme de confrontaciones en constante reinvención.

César es el líder indiscutible de los simios. Nadie se atreve a contradecirlo. Hasta que una serie de circunstancias ponen la mesa para romper la idílica noción de la filosofía social de Jean Jacques Rousseau de que el hombre (y por extensión nuestros primos cercanos, los primates) es bueno por naturaleza y tiene un automático interés por el bienestar colectivo.

Por un lado, Rocket, uno de los fieles lugartenientes del ejército de changos de César, pierde a su hijo en un sorpresivo y casual encuentro con un humano. Por otro, Koba, otro de los cercanos a César, no supera su pasado como simio de laboratorio y guarda un intenso rencor a los humanos.

Ahí inician las confrontaciones al interior de la sociedad de simios, que será la verdaera semilla de un próximo enfrentamiento con los humanos del que ya no habrá vuelta atrás y dejará todo encaminado hacia el desenlace que conocemos de acuerdo a la película de 1968.

Lo interesante es que la confrontación no es solo física, sino también filosófica y de principios, incluso de creencias. De abrir los ojos a que ni todos los changos son buenos, ni tampoco se pueda asegurar que entre las huestes humanas todos son malos (aunque los personajes humanos están muy poco definidos).  Ahí se esconde el retrato de la construcción del contrato social, o de su destrucción, de lo que hace que un grupo de animales se convierta en sociedad, tenga intereses en común y diferencias que influirán en el mismo grupo. De observar la complejidad de las dinámicas entre unos y otros, que no por accidente, son las mismas.

Pero estamos hablando de cine hollywoodense, y tanta clavadez no es su única intención. El fondo, tiene una forma única. Un nuevo hito en la historia de cine.

Es el triunfo del cine postfotográfico-digital. El logro máximo de la posmodernidad fílmica, de la creación de una realidad falsa que es imposible ya de reconocer como tal. Qué lejos y qué torpes se ven ya las aproximaciones a este tipo de historias como la hecha por Tim Burton en 2001. Ya es imposible crear la verosimilitud necesaria para las nuevas audiencias con maquillajes, prostéticos y versiones humanizadas de animales. Un orangután o un gorila ya se ven como tales. Y eso no es poca cosa.

Detrás de esta impresionante capacidad técnica reside el verdadero talento de la cinta, Andy Serkis y compañía, quienes interpretan a los simios con una notable precisión y con un nivel de comunicación de sus personajes a través de gestos, lenguaje corporal y miradas que pocos logran.

En la dirección, Matt Reeves, cumple eficientemente, sin exagerar. Sabiendo montar secuencias notables (la batalla y algunos otros momentos), al lado de otras partes donde la película fluye sin mucho brillo o profundidad (las secuencias de los humanos suelen ser así).

Sin duda un banquete visual con ideas inteligentes en cómo contar y desarrollar la historia. Un momento para disfrutar, reconocer, y aplaudir lo que Hollywood puede lograr cuando quiere. Lástima que normalmente quiera tan poco.

ENTRE LAS DOS PELÍCULAS

Los siguientes tres cortos fueron realizados por la misma productora de la película, y cuentan tres historias y momentos distintos de lo que sucede entre el final de la primera cinta y el inicio de esta nueva entrega. No es obligatorio o necesario verlos antes de ver El Planeta de los Simios Confrontación, pero para los interesados, muestran interesantes perspectivas de la gradual epidemia y caída del imperio humano.


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