La Otra Cartelera: ‘Interestelar’


La más reciente película de Christopher Nolan es una prueba de que es posible hacer cine inteligente, artístico, de entretenimiento, de efectos especiales, de ciencia ficción y comercial sin que estos términos entren en conflicto.


POR Staff Rolling Stone México  



La más reciente película de Christopher Nolan es una prueba de que es posible hacer cine inteligente, artístico, de entretenimiento, de efectos especiales, de ciencia ficción y comercial sin que estos términos entren en conflicto.

Por @Arturo Aguilar

Con Interestelar, su más reciente película, Christopher Nolan se confirma como uno de los cineastas más importantes e interesantes de la actualidad, y en una de las figuras más influyentes de la industria.

A lo largo de su fimografía, Nolan ha dejado claro su interés por cuestiones relacionadas con las más profundas introspecciones humanas a partir de historias sobre la mente, la memoria, los recuerdos (Memento), los sueños, el insomnio, las obsesiones (Insomnia e Inception) , las fronteras entre lo real y lo increíble (The Prestige), sin olvidar esa mezcla de temas que se esconden detrás de su saga de El Caballero de la Noche (culpa, obsesiones, responsabilidad, sacrificio).

Al ver que la vida en la Tierra está llegando a su fin, un grupo de exploradores decide embarcarse en la que puede ser la misión más importante de la historia de la humanidad en un viaje más allá de nuestra galaxia para confirmar si ciertos planetas al otro lado de un agujero negro que apareció una década atrás cerca de Saturno, pueden ser el futuro hogar de la raza humana. Y aquí hay cabida para todos esos comportamientos que llaman la atención de la mente de Nolan. Y un prolífico espacio para seguir jugando con las herramientas para contar historias y hacer cine, tal y como lo hizo con la extraordinaria Inception.

El escenario es una revisita a una nueva y lenta extinción de la humanidad, tema que en últimos años se ha convertido en una moda/tendencia en cine y televisión (la nueva saga de El Planeta de los Simios, World War Z, I am Legend, The Walking Dead). Pero a donde Nolan decide llevar esa premisa se convierte en un ejercicio cinematográfico complejo y novedoso, principalmente si consideramos que se trata de un filme de innegable génesis, presupuesto, producción y mercadotecnia hollywoodense.

El punto no es para hacer un juicio de valor al respecto, sino para apreciar que desde lo más profundo del corazón del cine comercial, masivo y de consumo llega una película que apela a la inteligencia (sus bases y discursos científicos van a la par de un capítulo de Cosmos con Carl Sagan o Neil DeGrasse Tyson, entre lo explicativo y lo pedagógico, que demanda atención del espectador, o algunas referencias de información de ciencia), que reconcilia el aparato de entretenimiento con la propuesta intelectual y emocional profunda, que busca entretener y sorprender (su casting, los efectos especiales, ciertas secuencias de acción) pero también hacer pensar (y mucho, con aproximaciones sobre teoría cuántica, relatividad, principios de física espacial, escenarios científicos reales y cercanos por lo que uno puede entender-saber de lo que se hace en el CERN y otras mecas de la investigación científica) y sentir (los dilemas morales-emocionales naturalmente humanos), con espacio incluso para guiños a la metafísica y más, a la frontera de lo que entendemos y sabemos como humanidad, de lo que no somos aún capaces de aprender o resolver o descubrir.

Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain y John Lithgow (más otras solventes apariciones como Matt Damon o Casey Affleck) hacen su parte, sin exceso de estridencia, sin ser ellos quienes se roben la atención del espectador, que se mantiene en la historia y las ideas que se tratan de compartir.

Nolan busca tocar todo esos puntos y provocar al espectador, con una grandilocuente producción que pone estos temas como eje, y sabe utilizar herramientas y recursos para revestir de manera extraordinaria esta épica sobre la superación humana y nuestra infinita fe en nosotros mismos.

Para los amantes de las referencias y comparaciones, Interestelar no es 2001: A Space Odissey, y no intenta serlo o parecerse o acercarse. Es clara la influencia de la película de Kubrick en el montaje de secuencias donde se repite esa puesta en escena llena de estética que son las danzas y coreografías entre planetas y naves y otros objetos espaciales, pero no pasa de ahí.

Sí podríamos decir que Interestelar se acerca más a los terrenos de la muy introspectiva Solaris de Tarkovsky (y su eficiente, a secas, nueva versión por Soderbergh), donde las preguntas giran alrededor de lo que somos capaces de superar y dejar atrás, de olvidar o aceptar, y de los límites de nuestra naturaleza y comportamiento humano en escenarios profundamente emocionales.

Interestelar no son solo los efectos especiales y el viaje espacial, los principios científicos y la incertidumbre de nuestras más avanzadas mentes científicas, también es una historia de empatía emocional, sincera y sencilla, una historia de amor sobre el amor paternal, el sacrificio, la familia, la fe.  Sobre nuestras soledades y miedos, las egoístamente personales y las que compartimos como especie.

De la mano de Inception, Interestelar se convierte en la confirmación de que Hollywood y el cine grandilocuente y de presupuestos puede ser inteligente, propositivo, atractivo, entretenido y llamativo. Que el uso de las herramientas modernas, en manos de verdaderos artistas, dan para reinvenciones de lo que podemos contar en cine y de cómo podemos hacerlo.





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