La Otra Cartelera – ‘La Gran Belleza’


La cinta ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera ya se estrenó en salas de cine en México.


POR Staff Rolling Stone México  



La cinta ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera ya se estrenó en salas de cine en México.

Por @Arturo Aguilar

La Gran Belleza (Oscar 2014 Mejor Película Extranjera,Dir. Paolo Sorrentino)

La extraordinaria secuencia inicial (técnicamente no la primera, sino la segunda) de La Gran Belleza no solo nos introduce al excéntrico y glamoroso mundo de Jep Gambardella (el actor de cabecera de Sorrentino, Toni Servillo), icónico y referenciado escritor italiano (quien vive de la gloria de un libro escrito, celebrado como obra maestra, publicado décadas atrás, y al que ya no siguió ninguna otra obra) devenido en periodista pero más en rock-star/celebridad intelectual, cargado de un halo de superioridad y un auténtico valemadrismo/desprecio/lástima a quienes/lo que lo rodea, invitado obligatorio de cualquier evento del jet set de la capital italiana, en su superlativa fiesta de cumpleaños 65, con vista exclusiva al Coliseo Romano; también nos presenta la grandilocuencia y poderes de seducción de otro personaje importante del filme: Roma. Y es en esta presentación donde Sorrentino seduce al público con esas visiones, fiestas, expresiones, excesos, modelos (hombres y mujeres por igual), alcohol y música en una secuencia notable. Y en ese ejercicio establece un referente importante que se queda en el espectador, un deseo por más de esas fiestas, por develar/revelar más ese mundo, por querer ser parte de el (o el centro del mismo) como el propio Gambardella.

Este deseo encontrará equilibrio en la observación que Sorrentino hace y propone, en el fondo, de ese mundo, y por extensión, de su personaje atrapado en esa realidad.

Pero la mencionada fiesta es solo un punto de partida y una forma de atrapar totalmente nuestra atención antes de entrar a ‘la carnita’ de la trama. Con innegable influencia de La Dolce Vita de Fellini (el retrato de Roma como fondo y personaje en los devenires de un hombre en un viaje -o paseo- por seductores, extraños, bizarros y curiosos infiernos, según se vea- interno-externo) en su estructura, la película de Sorrentino pronto expone la verdadera crisis que enfrenta su personaje central, quien a partir de la noticia de la muerte de un antiguo (y quizás su único y verdadero) amor, tras la célebre y comentada bacanal, comenzará a cuestionarse algunas cosas. O eso es lo que Sorrentino y Servillo nos alcanzan a transmitir a la distancia, veladamente, entre líneas y no siempre con la certeza de que Jep la esté pasando mal o preguntándose algo, o aparentándolo todo para él y para otros.

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De encuentro en encuentro, Jep va mostrando las varias facetas de su vida, más pública que privada, y donde el personae (la construcción pública de nuestra identidad) ha tomado cargo sobre la propia persona. La dicotomía entre lo que hace y siente es sutilmente evidente desde el momento de la fatal noticia, y va tomando fuerza conforme su día lo lleva a otras conversaciones y situaciones que pasan de lo emocional a lo ridículo, con espacio incluso para la crítica socio-cultural-religiosa como cuando Jep se ve con un cardenal (otro guiño directo a Fellini).

Sin embargo, el acercamiento a Jep y sus sentimientos nunca es definitivo y pleno. Siempre hay una distancia hacia este lado del personaje, en un extraño pero preciso juego de equilibrio entre la empatía emocional que desarrollamos con Jep, las preguntas que por dentro parece hacerse sobre si mismo y lo que lo rodea; y el retrato lúdico y seductor (también crítico y directo) de su vida como intelectual, de esas banales y superfluas fiestas exclusivas y excesos en una ciudad cuya historia (y arte, arquitectura y mucho más) es excesivo, intoxicante, grandilocuente, difícil de asimilar y de no admirar. Así Sorrentino nos hace querer ser parte o acercarnos a ese mundo mientras cuestionamos su valor real-íntimo-profundo de la mano de Jep y sus tribulaciones internas.

Si acaso el único posible reproche que pudiera tener (personalmente) con el filme es la constante distancia de Sorrentino con su personaje cuando puede haber espacio para una mayor introspección o para tener una mayor certidumbre de lo que realmente siente/piensa Jep. Entiéndase esto como algo que me resultaba particularmente interesante.

Sin embargo, al final dicha decisión funciona a la perfección y tiene una razón para no saber realmente lo que pasa dentro de Jep. Ahí el evidente control de Sorrentino sobre su historia le permite llevarla a lugares de innegable excelencia y maestría fílmica.

Difícil saber si las noticias, encuentros y aventuras de esas horas y días (tan a La Dolce Vita) lo están empujando a un cambio/duda/reflexión/introspección desde adentro, a alguna manifestación de hartazgo o cansancio al universo vacío, superficial, ridículo, pretencioso y glamoroso que lo rodea, o si está tan adentro y metido en ese mundo, su dinámica y sus reglas, que es una realidad de la que ya no puede escapar. Sorrentino desea dejarnos en esa incertidumbre. En no terminar de meter el dedo en la herida de la superficialidad social-intelectual y las modas, y en seguir haciendo atractivas, seductoras, esas fiestas excéntricas.

El gran truco de Sorrentino está en que muchos saldrán del cine intoxicados de esa realidad soberbiamente retratada en lo visual-fotográfico-coreógrafico. Una realidad llamativa, exclusiva, decadente, grandilocuente, evasiva… y muchos, con tal de festejar, fiestear o vivir a la manera de Jep, están dispuestos a vender su alma, y a obviar el otro lado, que también está ahí en la película, un poco a la distancia (como su personaje), recordándonos no todo es lo que parece si lo observamos a detalle.

Se trata sin duda de una gran experiencia cinematográfica, con fondo y mucha (y muy buena) forma. Sin duda de las películas que al final del año serán mencionadas entre lo mejor de 2014.

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