La Otra Cartelera – ‘Mad Max: Furia en el camino’ + ‘Jauja’


Llegan a la cartelera dos películas de estilos e intenciones totalmente distintas, pero ambas muy atractivas e interesantes según lo que pueda buscar el espectador.


POR Staff Rolling Stone México  



Llegan a la cartelera dos películas de estilos e intenciones totalmente distintas, pero ambas muy atractivas e interesantes según lo que pueda buscar el espectador.

Por Arturo Aguilar

MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO

30 años después de su presentación en sociedad con la saga de filmes Mad Max, George Miller, su creador y director, recibe la singular oportunidad de revivir y revisitar ese mundo creado, y hacer una actualización con todo el ánimo y perfil del blockbuster hollywoodense.

Y al hacerlo, Miller apuesta por una sui generis combinación de elementos de cine de grandes presupuestos y de cine serie B y toma riesgos en la forma de presentar y contar la historia dentro de los parámetros usuales de la industria.

Mad Max: furia en el camino comparte con sus predecesoras ese contexto futurista donde una sociedad abusiva de los recursos energéticos del planeta (principalmente los derivados del petróleo) da paso a un mundo apocalíptico de unos cuantos sobrevivientes. En el desierto, la necesidad por combustible se ha convertido en una auténtica guerra.

manitaEl mundo apocalíptico de Mad Max 30 años después

Un breve prólogo explica cómo llegó la humanidad a esto, para sin más información, lanzarnos a un futuro ni tan lejano ni tan cercano, resultado de la evolución de ese declive de la humanidad. Y eso es todo lo que necesitamos saber. Y ese es una de las varias características interesantes de esta película.

Lo menos importante de esta película es su trama. Porque en el sentido tradicional no la hay. Mad Max: furia en el camino es un prólogo, una breve introducción a la situación de esclavo del protagonista, que da paso a 3 grandes bloques de cine de acción que cumple en todos los sentidos su función de blockbuster hollywoodense de entretenimiento en una pantalla gigante y con un sonido de cine, y tres pausas entre estos bloques para presentar un dato o circunstancia que influya directamente para la siguiente secuencia de acción.

Estos bloques de acción, secuencias de persecución extraordinariamente concebidas, de más de 20-25 minutos, lucen el gran trabajo de diseño de producción y vestuario del filme (llevado todo a un nivel superlativo por tratarse de una megaproducción), dos de las identidades particulares que la saga creada por Miller tenía desde su nacimiento en 1979.

Las modificaciones de los vehículos y las secuencias de peleas y de persecuciones, la fotografía dinámica, el delirio visual y la exageración rampante (como ese guitarrista que en el cofre de un gran trailer va armonizando a guitarrazo metalero limpio cada persecución en vivo)  y hasta el uso de una edición que recurre a la cámara rápida tan usual en las primeras entregas de la franquicia Mad Max, son recursos que ayudan a Miller a entregar un espectáculo sumamente atractivo y entretenido.

Entre estas largas secuencias de acción, el guión simplemente cuenta con pequeños reajustes en la información de los protagonistas y de las razones por las que lograron escapar o por qué persiguen a alguien, como meros trampolines (pretextos funcionales) para una nueva secuencia de acción y pelea.

Ahí aparecen los dos personajes protagónicos del filme: con su acostumbrada vestimenta en cuero, Max Rockatansky (un Tom Hardy que luce en su rol de hombre de acción capaz de expresar mucho a pesar de contar con poquísimos diálogos), de quien lo único que sabemos es que no quiere morir y tiene un pasado que lo atormenta – conocido o entendido por quienes hayan visto las películas previas de la saga); e Imperator Furiosa (Charlize Theron, en gran rol de heroína de acción, con el tono y fuerza necesarios para robar la atención con naturalidad respecto a su pertenencia en ese bizarro y adverso mundo y lo que está dispuesta a hacer para enfrentarlo); líderes de un súbito intento de escape de la pandilla que ahora controla la situación en cierta región, que sorpresivamente se va desarrollando, y que, al ser la acción de las persecuciones el eje y foco de la película, no da demasiadas explicaciones sobre cómo se llegó a ese punto.

Sin duda, una película que en el apartado de ‘blockbuster de acción de verano’, entrega lo que se espera de un filme de ese perfil.

JAUJA

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Al otro lado del espectro del cine de acción y de edición frenética se encuentra el cine contemplativo. Y de este, Jauja, del director argentino Lisandro Alonso, resulta una muestra atractiva e interesante, siendo a la vez la película más accesible y la más lograda en función de sus intenciones estéticas y temáticas de la carrera de este realizador.

Protagonizada por Viggo Mortensen, Jauja cuenta la historia de un capitán danés del ejército que llega a las lejanas y solitarias tierras del desierto argentino, con su hija de 15 años. Familia sin hogar que busca uno. En esa época, el ejército argentino está aniquilando a los indígenas de la región y la zona se ha convertido en territorio peligroso.

La situación que mueve la historia, y da pie a los diferentes ejercicios que Alonso intenta, es que la hija se enamora de un joven soldado raso y escapa con él. Su padre dará inicio así a una frenética búsqueda (el tono visual, la época, el paisaje y los personajes evocan en todo sentido al western, pero este detalle la conecta directamente con una gran joya del género, The Searchers, de John Ford con John Wayne, donde este último busca rescatar a su sobrina quien fue secuestrada por apaches).

Esta será una búsqueda difícil. Por el lugar, por lo que va sucediendo y encontrando, con largas tomas abiertas en las que lo acompañamos, en las que lo vemos moverse por el encuadre fijo. Y no solo la fotografía resulta un ejercicio interesante por su belleza visual (que va de los planos panorámicos fijos a encuadres nocturnos precisa y preciosamente iluminados) sino por su diversidad como herramienta.

Y en ese tono, entran las diferentes capaz de experimentación a las que Alonso está acostumbrado. De las reflexiones sociales y culturales a las introspecciones metafísicas y místicas que acompañan momentos de amor, de acción, de humor y de soledad.

Un filme que requiere de un espectador con ánimo de conectar y meterse en ese mundo, y que si se hace el esfuerzo, entrega una muy satisfactoria experiencia cinematográfica.

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