La Otra Cartelera – ‘Nebraska’ y ‘La Vida de Ádele’


Alexander Payne, director de Sideways, About Schmidt y The Descendants vuelve con otra historia interesante y reflexiva con entrañables personajes.


POR Staff Rolling Stone México  



Alexander Payne, director de Sideways, About Schmidt y The Descendants vuelve con otra historia interesante y reflexiva con entrañables personajes.

Por @Arturo Aguilar

Nebraska.

Woody Grant (un, como siempre, preciso y extraordinario Bruce Dern – justamente nominado al Oscar) es un hombre mayor que vive en Billings, Montana, empieza a mostrar señales de senilidad, tiene una larga relación con el alcoholismo (que niega) y quien recibe por correo una carta (publicitaria, de las que te invitan a suscribirte a una revista para entrar a un sorteo) que lo hace creer que ganó un millón de dólares. En su singular situación, Woody decide que viajará hasta Nebraska (a dos estados de distancia) para cobrar su premio.
Con la familia tratando de hacerlo entrar en razón, su hijo David (hombre atrapado en una monótona, mediocre y poco satisfactoria vida personal) es quien decide seguirle la corriente y hacer el esfuerzo/sacrificio por llevarlo hasta Lincoln, Nebraska.

La confusión convertida en piadosa mentira familiar pronto servirá como detonador de una serie de encuentros y desencuentros de todo tipo cuando Woody y David pasen de camino por el pueblo natal de Woody, o cuando la esposa de Woody los alcanza para continuar con la mentira. Convertido efímeramente en celebridad local por la noticia de su millonaria suerte, desde la familia hasta los viejos amigos mostrarán su verdadero lado cuando la oportunidad o las circunstancias lo exijan.

Pero no se trata solamente de los escenarios de conflicto que el director Alexander Payne y Bob Nelson (guionista) proponen a lo largo de este road trip, que nos van llevando a ver más al fondo de la relación entre padre e hijo, y quienes los rodean. Es dentro de estas situaciones, en estas secuencias, donde los diálogos se convierten en un personaje central incisivo, atrevido, directo, cómico e incómodo. En estos diálogos vamos de la risa provocada por un intercambio digno de una bien montada comedia al silencio incómodo de la situación observada, pasando por el guiño a contextos sociales-económicos actuales fácilmente reconocibles (crisis económica).

Payne, nativo de Nebraska, ha desarrollado una natural observación por historias apartadas del natural escenario de fondo del cine actual de Hollywood: Las metrópolis, los centros urbanos o las grandes ciudades norteamericanas. A través de su cine se asoma un poco al Estados Unidos no tan glamoroso y cosmopolita, sino al cotidiano y sencillo donde personajes ‘sencillos’ enfrentan experiencias que los transforman sin importar la etapa que viven.

Y como lo vimos con Entre Copas (Sideways), Payne se siente cómodo y sabe usar el road trip como vehículo para estas historias de experiencias y acercamientos, de re descubrimientos y re planteamientos de las prioridades personales (así como también lo vimos en About Schmidt).

Aunque la historia pone a Woody en el centro de la trama, Payne logra desarrollar en personajes secundarios evidentes profundidades existenciales que proveen un cuadro emocional mucho más rico donde podemos enmarcar la historia. Tal es el caso del personaje de David, que visto desde cierta perspectiva, guarda algunas similitudes con el personaje central de The Descendants (Matt King/George Clooney): hombres que deben re plantearse su vida a través de estas experiencias y que tienen como eje moral el querer cuidar a su familia aunque no sepan bien cómo hacerlo.

Con un reparto sólido y atractivo, cuidadosamente seleccionado, Nebraska es una muy disfrutable experiencia cinematográfica. Una película bien lograda en su forma y en su fondo.

La Vida de Adéle

Esta es la historia, vista en constante close-up visual y emocional, de una relación, de una parte importante de una vida, del crecimiento y experiencias durante una etapa de la misma, de un despertar personal-social-sexual a lo largo de varios años a través de los ojos de una joven francesa en proceso de autodescubrimiento. Esta es mucho mucho más que una película donde hay una explícita, larga, intensa y polémica secuencia de sexo lésbico que parece ser lo que la mayoría encuentra llamativo y destacable de esta extraordinaria cinta francesa.

En verdad es notable la manera en que su director, Abdelatiff Kechiche, logra mantener por 3 horas una narración que sabe avanzar y mantener la atención del público, sin dejar de detenerse en detalles y momentos, en una importante cantidad de tonos y contextos, para mostrar la complejidad del proceso de una relación, desde sus inicios, en la incertidumbre y la curiosidad, al cierre necesario, años después del truene, con las reales consecuencias emocionales que cualquiera sabe se viven tras experiencias sentimentales-personales importantes en la vida.
La cinta no pierde ritmo, ni intención conforme avanza en la historia de la pareja que además pasa por lecturas de lo social y lo familiar. Incomodidades y presiones. La incertidumbre personal bien reflejada. La duda, la curiosidad, los detalles que van acercando, atreviendo y descubriendo. Ahí encuentran congruencia las extensas y explícitas escenas sexuales. Detallan la curiosidad, la conexión, la intensidad adolescente.

El filme lleva la historia a su desenlace natural, que requiere tiempo. A su lejano cierre, no al quiebre o truene de la relación. Al cierre definitivo de etapas, de historias. Y sabe hacerlo con calma, permitiendo verse en un espejo de momentos y procesos internos y emocionales a través de escenas y secuencias donde estamos cara a cara, en planos cerrados, con las protagonistas, en sus momentos más íntimos emocionalmente.

El registro, tonos y emociones de las actrices Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos a lo largo de la cinta son extraordinarios. Una de esas películas que uno sigue pensando horas o días después de salir de la sala de cine.



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