La Otra Cartelera – ‘Vicio propio’


Con Joaquin Phoenix de nuevo como su actor protagónico, Paul Thomas Anderson nos lleva a un mundo de paranoia, desconfianza, incertidumbres y mucha vibra hippie en Vicio Propio.


POR Staff Rolling Stone México  



Con Joaquin Phoenix de nuevo como su actor protagónico, Paul Thomas Anderson nos lleva a un mundo de paranoia, desconfianza, incertidumbres y mucha vibra hippie en Vicio Propio.

Por @Arturo Aguilar

Con todo derecho y mérito, Paul Thomas Anderson se ha ganado un espacio entre los realizadores más destacados de su generación.

De Boogie Nights a The Master, sus películas ofrecen una observación profunda de la condición humana. Personajes reaccionando a momentos de cambios, a crisis y conflictos, pero donde el contexto social, generacional o histórico que envuelve a estos seres es tan importante como lo que les sucede, hacen o deciden.

El esfuerzo y sacrificio de quien se convertiría en magnate petrolero con el marco de la gran conquista y revolución industrial del oeste norteamericano, un retrato de época del sueño americano de auto definición del futuro y los logros, al precio que sea, en Petróleo Sangriento; las complejidades y vacíos existenciales de un puñado de personajes tratando de encontrarse a si mismos en los nihilistas y posmodernos 90, en Magnolia; la necesidad de pertenencia, de aceptación, de un hombre, en el marco post segunda guerra mundial y frente a la creación de sectas, de grupos poderosos, de religiones modernas que se convertirían en referencias hollywoodenses (cof Cienciología cof), en The Master;  la asimilación de la fama, la opulencia y el olvido, en los excesivos 70 y 80, de la mano de la industria del cine porno, en Boogie Nights.

Con un tono emocional y reflexivo, y un pausado ritmo para sus anteriores filmes, acompañado de un oficio narrativo en el que varias veces han lucido sus habilidades para realizar atractivos planos-secuencia de varios minutos de duración, de Anderson es posible que se quieran esperar ciertas cosas. Que vuelva a entregar una vez más lo que antes ha dado grandes satisfacciones cinéfilas. Sin embargo, en Vicio propio, aunque en el fondo siguen estando las mismas observaciones y curiosidades tanto emocionales como temáticas de su filmografía, en la forma decide ir por un camino ciertamente diferente.

Aunque se trata de la segunda vez en la que trabaja con material que él no escribió (lo hizo previamente con Petróleo Sangriento, novela de Upton Sinclair), la aventura hacia los terrenos de Thomas Pynchon (célebre y venerado autor norteamericano) resulta algo mucho más complejo. Pynchon, reconocido como uno de los escritores estadounidenses más destacados de las últimas décadas, posee como característica una prosa complicada, de muchos exabruptos y humor negro, y una propuesta de estilo narrativo que convierte sus tramas en auténticos laberintos con varios personajes, historias corriendo en paralelo y mucho más.

A eso le entró Anderson. A una película con más humor del que había experimentado previamente en sus filmes. Con más tramas e historias paralelas desarrollándose, sin la clara conexión que se podía encontrar, por ejemplo, en Magnolia. Pero que mantiene su interés (y visión autoral) en observar a detalle a un extravagante protagonista enfrentarse al contexto (siempre cambiante) que lo rodea, y que en la superficie funciona como un film noir hippie. Aunque hay que señalar que algunas decisiones, como el uso de una narración en off, quizás no resultan tan afortunadas.

1970. Doc Sportello (Joaquin Phoenix) es un investigador privado a quien le gusta fumar mariguana. Y bastante. Shasta, su ex, la femme fatale, la dama en aprietos en cuestión, lo busca para pedirle ayuda: evitar el posible plan para secuestrar y recluir en un psiquiátrico a su actual novio, magnate de las bienes raíces.

La cuestión no resulta tan sencilla ya que Shasta fue invitada a participar en el plan por la esposa del millonario inmobiliario y su amante-novio. Este es el primero de tres casos que tomará Doc en los siguientes días, el que destapa o provoca cierta acción, y cuyas investigaciones lo llevaran a una aventura que podría parecer adaptación de algo llamado Alicia en el país de las excentricidades y absurdos setenteros y sicodélicos.

En sus pesquisas sobre esa y otras desapariciones, Doc se cruzará con el detective Christian Bjornsen (un espléndido Josh Brolin), conservador y formal policía que a lo largo del filme pasa de antagonista a cómplice y de vuelta a antagonista varias veces, en una curiosa y entretenida dinámica de personajes.

Las investigaciones de Doc revelarán la existencia y apuntalamiento de un nuevo orden y un mundo menos hippie, mucho más complejo, cínico y agresivo. Donde el dinero y el poder lo es todo (la ruptura generacional con los idílicos 60 y sus movimientos y filosofías sociales: revolución sexual, integración racial, mayor equidad). Donde los negocios y los intereses político-comerciales comienzan a dictar las reglas sociales de las próximas décadas (se trata del retrato del re-nacimiento del capitalismo apabullante y de las mafias que como rémoras van a su lado), de los vicios del poder económico. Una historia de cambios sociales con un enorme eco en la actualidad.

Por ello, en la segunda mitad de la película, Doc comienza a dudar si la paranoia que siente a ratos es una reacción al enésimo churro de mariguana del día o a que en verdad el sistema, la mafia o la policía lo persiguen.  Y es que sobran razones para sentirse paranoico por lo segundo.

Curiosa y diferente en la filmografía de Anderson, es claro que Vicio Propio no llega a los niveles y alcances en forma y fondo de filmes como Magnolia o Petróleo Sangriento, pero aún tratándose de una película menor en su carrera, sigue ofreciendo, si se le sabe ver, mucho más que la gran mayoría de los estrenos de la cartelera comercial del país.

Probablemente no sea la película que muchos esperaban de PTA, pero si se le sabe observar, a partir de lo que como artista quiere intentar y explorar, de la congruencia en la curiosidad sistemática sobre temas sociales y cambios generacionales, habría que reconocer que al final es indiscutiblemente valioso que un realizador así siga sus curiosidades artísticas y que no simplemente repita lo que le puede dar gusto a los fans.

manitaLee nuestra entrevista con PT Anderson y Joaquin Phoenix, aquí.

APP 142 marzo




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