Murmullos del Honky Tonk: Las manías de Kant


A pesar de su enorme fama y de la enorme difusión que ha tenido su obra, el filósofo Immanuel Kant era un hombre profundamente pueblerino


POR Staff Rolling Stone México  



A pesar de su enorme fama y de la enorme difusión que ha tenido su obra, el filósofo Immanuel Kant era un hombre profundamente pueblerino

A pesar de su enorme fama y de la enorme difusión que ha tenido su obra, el filósofo Immanuel Kant era un hombre profundamente pueblerino

Por Jordi Soler

No viajó nunca y murió en el mismo pueblo alemán que lo vio nacer: Königsberg. Kant era un hombre de estatura normal con una cabeza desproporcionadamente grande y unos ojos vivaces y azules, aunque uno de ellos no le funcionaba bien. Dentro de la bóveda craneana de Kant tenía lugar un raciocinio explosivo, una pirotecnia cerebral que dio origen a brillantes páginas de la historia de la filosofía; supongo que lo mínimo que necesita esa actividad volcánica es una buena cabezota. No voy a diseccionar aquí las líneas maestras del pensamiento de Immanuel Kant, sino sus manías, la rutina indestructible que practicó, a rajatabla, durante toda su vida adulta y que lo llevó a cumplir más años que sus vecinos contemporáneos: 80, que en 1804, cuando murió el filósofo,
eran muchos años.

Kant estaba convencido de que su longevidad era otra de sus obras, pensaba que resistía más que sus vecinos por esa rutina inamovible que le insuflaba energía permanentemente. Su puntualidad
era famosa en Königsberg, cada vez que los vecinos lo veían salir rumbo al colegio donde daba clase, podían estar seguros de que eran las ocho en punto de la mañana, y lo mismo sucedía cuando lo veían regresar, a la una de la tarde. “Me he trazado ya la ruta que quiero seguir.

“Voy a emprender mi carrera, y nada ha de impedirme proseguirla”, escribió en su libro Pensamientos sobre la verdadera estimación de las fuerzas vivas. Como era un filósofo de salud frágil, sus comidas, escrupulosamente diseñadas, salían de esas largas reflexiones que ocurrían mientras caminaba, donde iba combinando mentalmente una verdura, una cucurbitácea, un tubérculo y una yerba astringente.

CONTENIDO 1 marzo




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