‘Narcos’: Una nueva visión de Pablo Escobar


La serie original de Netflix llegará a nuestras pantallas el 28 de agosto.


POR Staff Rolling Stone México  



Por José Xavier Návar

Parecería que ya no hay nada bajo el sol sobre el narco colombiano más allá de los 75 capítulos y el documental casi totalizador de El patrón del mal, las docenas de libros que se han escrito sobre él (donde hay que destacar, sin duda, La parábola de Pablo, de Alonso Salazar J.), los documentales sobre su personalidad y mito, y los de sus sicarios como Jhon Jairo Velázquez “Popeye” (su asesino de confianza que contribuyó a acrecentar su leyenda negra) y las películas sobre su reinado hegemónico de la coca sobre otros carteles de la droga.

Sin embargo, Netflix apuesta ahora por una primera temporada de 10 capítulos de Narcos, una serie dirigida por el brasileño José Padilha (hablada en inglés, con algunas partes en español, digamos, con “acento panamericano”), con una nueva perspectiva del poder y la maldad del considerado por la DEA como el más famoso narcotraficante colombiano y gran criminal histórico, Pablo Escobar Gaviria, quien fuera jefe del Cártel de Medellín.

0214A_NARCOS_103_01402RUna visita a Bogotá y un intenso día de trabajo con entrevistas, en un hotel de cinco estrellas, a la parte medular de un reparto integrado por: Wagner Moura (el de Tropa de elite), quien interpreta a Pablo Escobar, y personalidades de los 10 primeros episodios como la mexicana Miss Bala, Stephanie Sigman (que interpreta a Valeria Vélez), Manolo “Fresita” Cardona, de El cartel de los sapos (quien da vida a Eduardo Mendoza), Pedro Pascal, el de Game of Thrones (que interpreta a Javier Peña), entre otros, quienes hablan de la serie y de las distintas teorías sobre la controvertida personalidad del que fuera máximo capo de la droga colombiana que se distribuía en medio mundo –comenzando por Estados Unidos.

Nadie rehúye a preguntas que tienen que ver con los cárteles mexicanos, a manera de contraste con el modelo colombiano en tiempos de Escobar y su pandilla, y conversan sobre el privilegio de estar en una serie que será publicitada sin precedentes a nivel internacional. Todo corre en inglés, aunque fuera de las entrevistas oficiales, se reafirma el español (que todos hablan) en los coffee breaks.

Son casi entrevistas relámpago ante una mesa de periodistas de Brasil, Perú, Chile, Canadá y Rolling Stone, por México, en donde también toman la palabra algunos involucrados en la producción de un casting internacional que incluye, entre otras muchas personalidades, a los actores mexicanos Ana de la Reguera y Bruno Bichir, en una historia concebida por Chris Brancato, Eric Newman, Carlo Bernard, Zach Calig y Doug Miro, en una coproducción en la que están las credenciales de alianza entre Gaumont International Television y Netflix.

El background de lo expuesto por los actores en las entrevistas servirá más tarde como referencia en la visita a la locación de los capítulos nueve y 10 (donde Moura-Escobar interroga a la hija de un ex presidente colombiano que tiene secuestrada), que se llevan a cabo en el peligroso barrio de La Calera –una especie silvestre del “Bronx bogotano” a cielo abierto— y particularmente en El Recodo, en donde no hay problema porque los amos y dueños del lugar han dado permiso de libre tránsito a la producción, artistas y periodistas.

Es una tarde particularmente fría en los altos de Bogotá. En el set de filmación –en donde hay un riguroso control para no tomar ninguna fotografía, incluso con celulares– acaban de comer más de 250 personas, algunas de las cuales son: El director de la serie, actores principales como el optimista Wagner Moura, gente de la producción, encargados del vestuario, sonidistas y hasta el coach (el señor Caín), que se encarga de volver “paisas” a los no colombianos del reparto, en eso del hablar (comenzando por Wagner Moura), dan el “santo y seña” de la serie.

Probablemente esa parte de las entrevistas resulta no sólo la más divertida, sino la más esclarecedora acerca de la historia real del Cártel de Medellín y los consecuentes esfuerzos por parte de las autoridades colombianas –en combinación con la DEA– por confrontar el brutal y sangriento accionar de Pablo Escobar y su selecto grupo de sicarios que no respetaban la vida de políticos y autoridades mediante el uso del plomo o la plata, según la oferta de vida del día. ¿Por qué? Bueno, pues porque Caín, saltándose las formalidades del inglés (que no le gusta), habla claro en español para conseguir credibilidad en eso del hablar paisa.

La locación de exteriores e interiores de la casa donde Escobar interroga a la secuestrada luce fantástica. Todos los periodistas que vemos por lo menos seis tomas del brutal interrogatorio, podemos sentir un poco más del frío que se siente en la casa (que parece una nevera), mientras esperamos más de una hora por la última entrevista con la encargada de los efectos especiales, quien nos explica lo que la mayoría ya sabe o intuye sobre un tema que no deja de ser interesante.

Eso sí. Todos queremos ver lo que quedó finalmente en pantalla una vez que Narcos se estrene.

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