James Gandolfini (1961-2013)


La sonrisa de la mafia seguirá burlándose de nosotros.


POR Staff Rolling Stone México  



La sonrisa de la mafia seguirá burlándose de nosotros.

Por Ale H. Morando

Cuando pensamos en James Gandolfini, automáticamente nos viene a la mente la imagen de Tony Soprano, el carismático y atribulado líder de familia y mafioso de la exitosa serie de HBO, The Sopranos; la cual recientemente fue nombrada como la serie mejor escrita de la historia, por el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos.

Fue gracias a su interpretación del gángster que todos llegamos a amar, que James Gandolfini, cambió la televisión para siempre al presentarnos un antihéroe sumamente complejo y a la vez carismático, algo que no se había intentado antes en televisión. Con un sutil equilibrio entre encanto y maldad conquistó al público y a la crítica; cosa que le valió al actor originario de Nueva Jersey, tres premios Emmy como Mejor Actor Dramático.

Al momento de su muerte –ocasionada por un ataque cardiaco–, Gandolfini se encontraba en Roma, vacacionando con su familia para “reconectarse con sus raíces italianas” y recibir un homenaje en el Festival de Cine de Taormina en Sicilia.

Tony Soprano sentó las bases del “malo que todos amamos”, gracias a una cuidada actuación por parte de James Gandolfini y los excelentes diálogos escritos por David Chase y otros guionistas; legado que puede ser visto en personajes como Tyrion Lannister en Game of Thrones, Don Draper en Mad Men o Walter White en Breaking Bad.

Sólo James Gandolfini podía interpretar a un personaje con una carga emocional tan fuerte. Sin embargo, el histrión consideró que no le darían el papel: “Pensé que nunca sería el protagonista. Que contratarían a alguien más, pero sabía que podía hacerlo… Tengo pequeñas dosis del Sr. Soprano dentro de mí”, apuntó.

Antes de dedicarse al mundo de la actuación, James Gandolfini fue portero, conductor de camiones y administrador de un club nocturno. Fue después de asistir a una clase de actuación con un amigo, que su destino dio una vuelta de 180 grados al quedar cautivado por el mundo de la farándula. “Nunca antes había estado rodeado de actores y me dije: ‘Esta gente está loca, ésto es algo interesante’”, recordó Gandolfini en una entrevista para la revista Time. Años después, debutó en Broadway en la obra Un tranvía llamado Deseo y el actor poco a poco se fue haciendo de pequeños papeles, en obras de teatro y películas.

La primera vez que vimos a James Gandolfini en la gran pantalla fue en la cinta True Romance, amenazando a un joven Brad Pitt y utilizando una de sus armas más poderosas: Su irónica sonrisa. Gandolfini sabía que su sonrisa, era más aterradora que cualquier arma y que podía abrirle muchas puertas.
Desde entonces, dicha sonrisa lo acompañó en diversas cintas y series, entre las que destacan Get Shorty con John Travolta y Renne Russo, 8mm a lado de Nicholas Cage, Perdita Durango con Javier Bardem y Zero Dark Thirty dirigido por la ganadora del premio Óscar, Kathryn Bigelow.

Tras finalizar su trabajo en The Sopranos, Gandolfini buscó separarse un poco de la imagen de mafioso violento. En Where The Wild Things Are, cinta basada en el cuento infantil homónimo dirigida por Spike Jonze, Gandolfini prestó su voz a Carl, el monstruo que se hace amigo de Max, demostrando que también podía dar vida a personajes tiernos y entrañables.

Lejos de las cámaras, James Gandolfini era completamente diferente al personaje que lo identificó de por vida. Era un afable y tímido hombre de familia, a quien le gustaba tocar la trompeta y el saxofón y que se consideraba a sí mismo como un pacifista. “Soy un desastre y un neurótico”, expresó el actor en entrevista con Rolling Stone en el 2000. “Básicamente soy un Woody Allen de 118 kilos”. Pero siempre será recordado como Tony Soprano, el mafioso bonachón que mataba a sangre fría a sus enemigos pero que sufría severos ataques de pánico. Un hombre violento pero vulnerable que cambió la televisión para siempre.

Texto publicado en la edición de Junio de 2013.



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