Campus RS: El día que TITAN nos voló la cabeza


Andy Manríquez nos comparte una reseña del concierto que ofreció TITAN en El Plaza Condesa.


POR Staff Rolling Stone México  



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Por Andy Manriquez

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Fue como estar en otro planeta. Las pupilas dilatadas y el pulso sincronizado con el frenesí de las primeras luces que nos golpearon, nos llevaron a otro lado, estoy segura. Creo que a todos nos latía el corazón igual; arrítmico, descontrolado.

En medio de la realidad distorsionada que era estar ahí parado con los sentidos alterados, apareció ella para agitarse en la presencia de los tres titanes del escenario. Era la sorpresa obvia y a la vez no. ¿Vieron el video? Pues fue mejor.

“Estábamos cambiando. Dejando partes de lado, agregando loops rítmicos, haciendo que todo sonara más parecido a como nosotros lo oíamos. Y haber recibido el ejemplo. El disco más oscuro”. De pronto estábamos todos ahí al centro, en medio de Emilio, Julian y Jay. Era la primera canción y ya estábamos rendidos ante “El Rey del Swing“.

Cada momento estaba cuidadosamente planeado. Cada uno de los invitados demostró que esto nuevo que hace TITAN, sea lo que sea, se come con todo; con pop, con hip hop, con surf y hasta con algo más oscuro. Todos estuvieron al filo del performance, a la altura de la locura contenida pero sin perder el balance de una perfecta ejecución vocal y artística.

Cuando sonó “Odisea 2001” supimos por qué estábamos ahí; se desató el baile, los silbidos, la nostalgia. Fue como esa escena de Scott Pilgrim en la que la música emerge literalmente de los instrumentos y se transforma en haces de luz y energía que le dan forma a un monstruo. Ese monstruo éramos nosotros.

Estamos hablando de tres tipos que saben perfectamente de qué se trata un show pero que decidieron no darlo; ese fue su espectáculo. Los tres en negro, desnudos de los brillos, pelucas y palabras de cualquier otro proyecto, esta vez le dejaron el show a la música, a las luces, al latir del corazón.

Entre esos tres personajes que se llaman TITAN no había protagonistas, todos intercambiaron instrumentos y roles en una discreta muestra de virtuosismo. A fin de cuentas, son ellos, los conocemos en otros escenarios, con otra compañía, pero ésta se siente como la música que de verdad quieren hacer, la que escuchan en su cabeza cuando tienen los ojos cerrados, la más pretenciosa, la que es para los menos.

A TITAN no le sabemos nada aunque creamos que sí. Quizá después de esto desaparezcan otros cinco años, otros 10, quizá nunca volvamos a verlos como ahora o quizá reaparezcan mañana, pero después de hoy hay algo claro. ¿Quién dice que ya no nos quedan leyendas?

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