Campus RS: El humor como antídoto de la deshumanización


“El humor nos hace pensar sin darnos cuenta. Nos humaniza, es el antídoto para toda crisis en un país. Hay que aprender a reírse de uno mismo, reconocer los errores y de vez en cuando, sonreír”.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Camila de la Fuente

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Horror, muerte, sangre y detonaciones. Olor a pólvora y sinfonía de gritos. Una combinación de sensaciones que hacen latir tu corazón a toda velocidad, anunciándote que pronto podría llegar la hora de la muerte. 1936 fue un año terrible, especialmente para nosotros. En España, la Guerra Civil no era una simple pesadilla, sino una realidad diaria.

Pero todo tenía un sentido, al final, conseguiríamos lo que siempre habíamos soñado: igualdad. Igualdad económica y social, una igualdad perfecta. Lo que nuestra España tanto necesita para poder sonreír y vivir la vida que todos merecemos. Pero para ello, tendríamos que pasar por esto para alcanzar el comunismo del que tanto habíamos leído. Estábamos convencidos que no era una utopía. Era una idea palpable, sólida, llena de genialidad. No entendía cómo otros no podían verlo como nosotros, ¿quién no va a querer alcanzar el bien común y la gloria?

Ya en la cotidianidad de un soldado anarcosindicalista como yo, no existía recuerdo alguno de lo que era una risa o una pizca de felicidad. Pero existió ese día, tan particular en el que reí como jamás pude. Y me dirán cínico, sí, pero es la vez que más he reído en toda mi vida. El primer día de la Guerra Civil Española para muchos será un día espantoso, pero yo recuerdo ese día y me rio hasta que me duele la panza. Soy un desvergonzado por decirlo, pero es la pura verdad.

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Era un día en el que ya estábamos mentalizados de lo que venía. Un panorama oscuro, donde nos tocaba ejecutar a algunas personas que no entendían la ideología que predicábamos. Personas que amenazaban nuestros objetivos e ideas por cumplir. La fila de hombres, todos comunes, iba avanzando poco a poco. La vida de cada uno de ellos no valdría nada a medida que pasaban las horas en esa cárcel de San Antón, donde me tocó trabajar ese día. Los eliminábamos y ya dejaban de ser obstáculos, desaparecían. Pero había un señor muy particular, en el que en su mirada se notaba un gran ingenio, escabullido por los gritos de aquellos hombres que lo rodeaban, que iban perdiendo la vida como fichas de dominó.

El ingenioso Pedro Muñoz Seca, del que una vez había oído, estaba en esa fila. Había escuchado sobre varias obras de teatro escritas por él, especialmente acerca de la última que había estrenado la noche anterior: La Tonta Del Rizo. También era caricaturista y humorista, se la pasaba ridiculizando nuestras ideas. Con sólo pensarlo me enfurecía. Ese bigotón se encargaba de burlarse todo el tiempo de nosotros y nuestra ideología a la luz pública. La noche anterior le advirtieron que no regresara al hotel donde se estaba hospedando, pero fue una presa fácil. Así fue detenido Don Pedro. Tenía sentido el porqué estaba aquí entre los demás hombres comunes. Yo debía matarlo y deseaba intensamente hacerlo.

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Cuando se paró frente a mí en el pelotón del fusilamiento cruzamos miradas. Ciertamente particular, jamás la olvidaré. Antes de terminar con su vida, le permití expresar sus últimas palabras, quería saber qué tenía que decir. Se lo permití por mera curiosidad. Pero luego, cuando abrió su boca nos sorprendió a todos:
“Podéis quitarme la hacienda, mis tierras, mi riqueza, incluso podéis quitarme, como vais a hacer, la vida, pero hay una cosa que no me podéis quitar por mucho empeño que pongáis… ¡y es el miedo que tengo!”.

Un estallido poderoso se escuchó adentro de esa cárcel. Un estallido de risas extraordinarias. Esa fue la explosión más fuerte de toda la Guerra Civil Española, inmerso en puro humor que nos hizo pensar a todos dos veces lo que estábamos por hacer. Nos reímos hasta no poder. Don Pedro es y será para siempre un humorista, hasta sus últimos momentos. Fue tan genial, que tuvimos que pedirle perdón por lo que teníamos que hacer. ¿Cómo acabar con tanto ingenio en un solo hombre? Tuvimos que pedirle disculpas porque de verdad, estaba obligado a matarlo. Con lo que nos respondió consolándonos que no nos disculpáramos.
“Están perdonados, aunque me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades…”.

El humor nos hace pensar sin darnos cuenta. Nos humaniza, es el antídoto para toda crisis en un país. Hay que aprender a reírse de uno mismo, reconocer los errores y de vez en cuando, sonreír. Porque ese día, con el estallido más potente que viví en mi vida, no fue de pólvora, sino de risas. Me di cuenta que ese día existió algo que nunca pudimos matar y que vivirá para siempre: las ideas. Y las ideas son infinitas, como también las últimas palabras de Don Pedro Muñoz Seca aquella tarde en la cárcel de San Antón, día que comenzó la terrorífica Guerra Civil Española.

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