Una familia drag


En la ciudad existen alrededor de nueve lugares que presentan shows drag constantemente.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Renée Bucay

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Un bar con luces neón, música techno a todo volumen y unos cuantos tragos en vasos de cristal. Por detrás del humo de cigarro se alumbra un escenario. Se abre el telón. El cambio de canción marca el beat de la caminata. Una mujer de dos metros de alto. Plataformas de 20 centímetros. Pestañas exageradamente largas. Un guiño seductor.

Soy una mujer al cuádruple
Alejandro es un joven de 27 años, internacionalista, activista de derechos humanos y un poco reservado. Rhoma es una mujer extravagante y fuerte que en cualquier lado se hace notar. A él le gusta salir a la calle. Ella prefiere los bares.

Desde joven Alejandro se interesó mucho por el teatro. Al ser tímido, el escenario era su escape y los disfraces una manera de presentarse como alguien más. En ocasiones disfrutaba cambiar de género con una simple peluca.

Alejandro admira a su madre, una mujer vanidosa que usa siempre tacones muy altos. Ella siempre animó a sus hijos a seguir sus sueños con la frase “hagan lo que los haga felices, pero háganlo bien”.

Su abuela, con quien ha convivido mucho, casualmente comparte la misma talla de zapatos que él. Lo descubrió a sus 16 años después probarse sus tacones de ocho cms. con los que bailoteó por la casa a escondidas. Un momento de diversión que se escondió por algunos años hasta que decidió entrar a una competencia drag. Al momento de acercarse a su madre para platicarle sobre lo que quería hacer, ella dijo: “Hazlo bien y pisa bien los tacones”.

Rhoma, tras cinco años de haber nacido, es su alter-ego, a través de ella ha hecho cosas que como Alejandro le hubiese costado mucho hacer. “Una vez que estás en drag cambia la perspectiva de las cosas y cómo te relacionas con otros y contigo misma (…). Lo único que me detendría de hacer drag sería mi salud. El día que no pueda usar tacones altos dejo de hacer drag. Son parte de la identidad de Rhoma, de ese cambio radical al convertirme en ella”. Alejandro lo menciona muy seriamente, pues el hacer drag demanda mucho, y el uso de tacones tan altos llegan a perjudicar la columna vertebral.

Mientras algunas drag queens crean una interpretación en torno al elogio de lo femenino, Alejandro quiere hacer lo contrario. Su drag pretende cuestionar los cánones de belleza de la sociedad actual. Toma los estereotipos que dictan lo que es ser mujer y lo lleva a lo caricaturesco en su personaje, resaltando lo cómico de los estándares. Él, biológicamente, es un hombre y puede ponerse más caderas, más boobies, el cuádruple de maquillaje y las pestañas más largas que ninguna otra mujer. Si eso es ser mujer, Alejandro lo hace al cuádruple y es entonces más mujer que una mujer.

Mi casa es tu casa
“Hoy en México hay tres grandes casas: Haus of Apocalipstick, Haus of Rhoma y Haus of Drag. Lo mío, más que gente que hace drag, es un colectivo de gente que quiera aportar algo para que su trabajo pueda ser conocido con un discurso político del género y el performance drag”, platica Alejandro orgulloso de lo que ha alcanzado con Rhoma.

Esta cultura empieza hace más de 40 años en Estados Unidos, en México apenas empezó en 2014. Surgen casas para acoger a aquellos que fueron rechazados por su estilo de vida, hogares dirigidos por la drag más admirada o con más experiencia del grupo. Generalmente eran gente de clase social media o baja que migraba de ciudades pequeñas a ciudades grandes como San Francisco o Nueva York para ser aceptados. Y, porque todos convivían dentro de la misma casa, adquirían una misma línea, un mismo estilo y pensamiento.

Cada casa lleva un discurso muy propio, la de Rhoma invita a hacer una reflexión sobre los estándares que se han impuesto en la sociedad. Busca darle voz a la práctica drag para que la gente se familiarice y que sea un tema más dentro de toda la gama de cosas de la muy colorida cultura mexicana.

Pero en esta casa también se ha formado una familia en la que florece la creatividad, abunda el apoyo y se enriquece el aprendizaje. Cada uno es diferente, tiene algo que expresar, algo que tal vez no habían considerado los demás. “Al final del día, si bien una mamá drag es quien te va a encaminar, te va a guiar, enseñar, prestar y compartir su experiencia y enseñanzas, es muy recíproco. Nos compartimos todos, aprendemos de todos y es un trabajo que estamos construyendo entre todos juntos como una familia”, así describe Alejandro su proyecto.

Su madre es más chica que ella
Debra tiene casi dos años, pero ha adoptado a Rhoma como su hija. Su nacimiento se da una tarde cuando Ángel probaba nuevas técnicas de maquillaje en su rostro. A él, como maquillista profesional, no le parecía ajeno este mundo tan extravagante, y como niño que siempre deseó la fama, las miradas que atrae son un complemento más.

Su relación se basa en el aprendizaje, ambos tienen algo que enseñar y compartir. Alejandro, por su parte, admira el trabajo estético de Ángel, atreviéndose a decir que es uno de los más pulidos dentro del drag en México. Ángel, por otra parte, aprende mucho de las habilidades que tiene Rhoma en el escenario.

Ella, además de adoptar a Rhoma, guía también a Canela. Se han presentado juntas en varias ocasiones, pues parte de la guía hacia las hijas es mostrarlas ante el público para darlas a conocer. “Es esto de acercarnos más a los públicos que cada quien tiene. No sólo aprendo de él, también de su entorno”, comenta Alejandro sobre su mamá drag.

Su hija es su novio
El vínculo de su relación como pareja se hizo aún más fuerte. En este caso, la madre es Rhoma y su hija Miss Spring, ambos biológicamente hombres.
Gahel se resistía a la práctica, había ciertos gestos de Rhoma que no le agradaban, pues los relacionaba mucho con Alejandro. “Comprendo ahora de lo que se trata y es natural coquetear con la gente. Ya tienes su atención, ya te están viendo, haz un guiño, alza el hombro o cualquier cosa. Es muy divertido”, comentó Gahel con una sonrisa en su rostro.

Según su experiencia, es más fácil acercarse a la práctica drag cuando conoces a alguien que lo haga. Como en este caso Alejandro ya contaba con todas las herramientas, le permitieron adoptarla como hija drag y guiarla en el camino; aunque la globalización también ha sido un factor importante en su decisión. “Entendía el concepto y lo que implicaba el drag, pero le agradezco a Netflix y a Ru Paul porque desde que empecé a verlo me ha llamado más la atención”, admite Gahel sin quitar esa sonrisa con la que empezó a platicar.

De tal palo, tal astilla. El personaje de Gahel, “Miss Spring”, lo han construido en torno a la crítica de los concursos de belleza –por ende el ‘miss’. Ella es la reina de la primavera a la que todas las jóvenes en algún momento aspiraron; pero ella también es un hombre. “Yo soy así de guapa y soy un güey. Si a las mujeres las critican los cánones de belleza y un hombre puede lograrlos, entonces los cánones están mal. Es un artificio al que cualquiera puede aspirar”, esto lo dice Gahel con un tono ligeramente más serio.

Pero dentro de la crítica también hay una satisfacción. “Me encanta ese momento donde vas con la cara maquillada y la gente no puede no voltear a verte. Además el drag te da poder; puedes llegar y quitar a una persona porque tú las tienes todas de gane, porque eres un ser en tacones, bonito, con cuerpo, con todo… tienen que quitarse”. A lo que agrega: “Mi cuerpo de drag me encanta. Antes veía la ropa en los maniquíes y pensaba que eso jamás se me podría ver bien, y de pronto tienes esponjas que te hacen caderas y pompas. Ahora sé que un maniquí es una ilusión, porque yo puedo verme como eso”.

Drag es libertad
En todos los trabajos nos disfrazamos; en unos de traje, en otros más extravagante, pero al final del día todos nos vestimos para hacer algo.

El drag tuvo sus primeras manifestaciones desde el siglo XIX exclusivamente como entretenimiento, cuando en el teatro sólo se permitía actuar a los hombres, por lo que era necesario disfrazarse de mujer para crear personajes femeninos; de la misma manera que se trataba de representar personajes masculinos muy jóvenes o personajes muy afeminados, entonces recurrían a las mujeres y las vestían de hombres.

Desde la época de los años sesenta, las manifestaciones del término cambian y, especialmente la comunidad gay, empieza a tomarlo como parte de su identidad agregándole un discurso político más allá del entretenimiento. Su definición actual es la construcción de un personaje (del sexo opuesto), de una imagen o concepto para su actividad en escena. En sus inicios, el hecho de salir en drag a la calle era ya un performance con una acción política, de ahí que se volviera casi un manifiesto.

“Si lo he de resumir de algún modo, más allá del show, de la frivolidad, de la estética, es un discurso de la propia identidad y de la defensa de la misma”, comenta Rhoma Queen.

En México nace a través de la comedia en los años setenta, donde actores masculinos, a manera de sátira, se disfrazaban de mujeres con sólo una peluca y labial. Muy diferente a lo que se hace ahora, pues el concepto drag es relativamente nuevo. Hoy te permite hacer lo que te venga en mente, es un juego que se toma muchas veces muy en serio con el propósito de que sea valorado como lo merece.

De acuerdo con Mariano Osores, presidente de la Asociación Nacional de Comercio y Turismo LGBT, la CDMX es uno de los destinos turísticos más populares entre la comunidad LGBT, por lo que se han tenido que expandir los negocios para este sector. El turismo LGBT representa un mercado de seis mil millones anuales para México, una gran oportunidad para darle el espacio que se busca a la práctica drag.

Ahora, mucha gente gay quiere hacer drag por estatus, por moda, y se empieza a manifestar en todos los estilos de drag que hay. El más común es el fishy, el cual intenta ser más femenino y estilizado; a simple vista pueden pasar por mujeres biológicas. Pero valdría más que se le dé un significado más allá de la moda; después de un tiempo, sólo aquellos que lo hagan parte de su identidad lo seguirán haciendo con la misma visibilidad que se ha tenido.

“Aún no sabemos cuál sería el factor a atacar para que se vuelva parte de la cultura”, comenta Alejandro, a lo que agrega Gahel: “De por sí ser homosexual ya es discriminado. Tal vez la razón por la que esto se ha dado más en la comunidad gay, es porque ya se rompió la primera barrera; se vuelve más fácil tomar un vestido y maquillarse, porque ya empezaste a ir en contra de la norma”.

México es de los países con más historia de lucha LGBT, pero apenas empezó a tener leyes incluyentes.

En 1978 se llevó a cabo la primera marcha del orgullo homosexual que llamaba a luchar contra la represión, para exigir respeto a sus garantías individuales, ganar visibilidad y espacios públicos fuera de la nota roja. “Actualmente, las marchas tienen un sentido más comercial, sin embargo, el número de asistentes tan elevado –en 2014 se calcularon 12 mil personas– es una declaración política por sí misma”, comenta al respecto Jorge Mercado Mondragón, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), a lo que agrega que: “La Ciudad de México es una de las entidades de América Latina donde más se ha avanzado en cuanto a la legislación de derechos civiles para la comunidad gay, lo cual es paradójico porque sigue habiendo indicadores como las muertes de odio por homofobia, señal de que aún falta avanzar”. Una ley no rompe con la idiosincrasia de los habitantes del lugar.

“Fuera de menospreciar el trabajo, nunca ha pasado más que me señalen o cuchicheen cuando paso por su lado. Pero la verdad me encanta que la gente voltee a verme, para bien o para mal, me encanta llamar la atención cuando estoy en drag”. Así es Rhoma Queen, quien debe ser cuidadosa para proteger a Alejandro. “Yo que vivo en el Estado de México, ni de chiste salgo maquillado, por seguridad. En provincia todavía es una subcultura muy underground”.
“Siempre he estado en drag en lugares seguros, con otras drags”, afirma “Miss Spring”.

Lo normal es ser diferente
Anteriormente, la familia tradicional dentro de la cultura mexicana se conformaba de una figura masculina, quien estaba a cargo del quehacer económico, en muchos casos considerado como el jefe de la familia, mientras que la figura femenina se encargaba de los niños y la casa; todos –generalmente– con un parentesco. Estos roles han cambiado, así como sus significados.

México es un país que conserva los hogares ‘familiares’ tradicionales, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La mayor proporción de los hogares en México (90.5%) se caracterizan porque existe una relación de parentesco entre los integrantes con el jefe. Por su parte, los hogares en donde no hay parentesco entre los integrantes representan el 9.3%. De estos hogares, ocho de cada 10 (77.7%) son dirigidos por hombres y 22.3% por mujeres.

En contraste, 18.5% de los hogares familiares son monoparentales, dirigidos por un solo jefe, sea hombre o mujer. Las mujeres encabezan 84% de estos hogares, el hombre solo el 16%. Estos cambios también se han visto reflejados en el crecimiento de los divorcios. En 1980, por cada 100 matrimonios había cuatro divorcios; para el 2012 eran 17 divorcios por cada 100 matrimonios.
Hoy, en donde ya no existe una regla de lo normal, donde la tradición se rompió en miles de pedazos, la familia es apoyo, un lugar donde puedes ser aceptado y acogido, donde puedes enseñar y aprender. Ser una madre o padre significa brindarle a tus hijos las herramientas que necesite, apoyarlo y guiarle en el camino… O por lo menos, así lo describen en Haus of Rhoma.

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-En la ciudad existen alrededor de nueve lugares que presentan shows drag constantemente.

-En este momento, el lugar mas representativo de la comunidad drag es el Marra 2.0 en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

-Actualmente se hacen un par de fiestas mensuales –Bomba y Queens–, a donde las drags suelen asistir, además de algunas otras fiestas que se organizan cuando visita un talento drag extranjero.

-No hay ninguna organización en la Ciudad de México que lleve como bandera el drag.

-En una marcha LGBT un 10% asiste en drag, aunque cada vez más gente se une.

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