Campus RS: octubre 2018


Un espacio para la difusión de ideas universitarias.


POR Staff Rolling Stone México  



Foto: Dariusz Sankowski (CC)

Del Baleárico al Pacífico

Por Pablo Roa

Mi abuela: catalana, independentista. Mi papá: catalán, indiferente. Mis abuelos se casaron en Roma. Mis papás se casaron en Roma. Yo no sé si me quiero casar, pero sí sé que quiero acabar en Roma. Véase Roma como felicidad, porque Roma no es Roma hasta que uno la convierte en Roma. Existen varios caminos para llegar a un mismo fin.

“Giri a l’esquerra”. El GPS con la voz en catalán nos ordenaba, sin sentido, cambiar de dirección cuando es única la ruta que se puede tomar en el Pacific Coast Highway. “Giri a la dreta”. Pero a la derecha no había nada más que el océano Pacífico y los acantilados de Big Sur.

“Tots els camins porten a Roma”, dijo mi papá, con 700 kilómetros por delante. Al llegar a nuestro destino me di cuenta de que todos los veranos en San Diego eran un escape de la distancia y la tristeza (le gritábamos adiós al Periférico: lo que divide el Pedregal de las Lomas). El sol ayudaba a que todo fuera feliz, fácil. En el verano se vive y se revive. “A l’estiu tota cuca viu”, le decía mi abuela a mi papá, y mi papá a mis hermanos y a mí. Entre el sudor y las moscas, el mar y las cucarachas.

Si Joan Didion afirmaba que cualquiera que hable sobre el hedonismo californiano nunca ha pasado una Navidad en Sacramento, yo puedo decir que nadie conoce la desesperación migratoria hasta ser confrontado por tres idiomas a la vez en una carretera gringa. Apagamos el GPS y abrimos un mapa. Al final, todos los caminos nos llevarían a Roma. Sigo esperando.

Si es para ti, ni aunque te quites. Si no, ni aunque te pongas

Por Diana María Orobio Barquín

Si hubiera una palabra para describir mi familia, la más adecuada sería “intensa”. Todos somos muy tajantes en cuanto a nuestras decisiones. Por esta misma razón, intentamos controlar demasiado nuestro entorno y los episodios que ocurren dentro de él. Cuando buscamos moldear lo incontrolable surgen frustraciones y exagerados momentos de estrés. “En la vida no hay que forzar las cosas, cuando uno fluye es cuando todo sale mejor”, dice mi mamá.

Hemos aprendido a dejar ir, a actuar hasta donde nuestras capacidades y herramientas nos lo permitan. Somos personas que siempre tratan de cumplir con sus propias expectativas. A veces suelen ser inalcanzables y bastante exigentes. La frase “si es para ti, ni aunque te quites”, nos ha servido como un ungüento al alma y a la mente. Es el remedio más simple y efectivo a nuestros constantes brotes de angustia. Debemos ser impecables con nuestras decisiones, al igual que con las metas que nos planteamos.

Nueva York no era para mí. El ancla de un drama familiar –y un tardado proceso judicial– me obligó a permanecer en México, a renunciar a uno de mis más grandes logros. Guardé la visa de estudiante, mi soberbia y la carta de admisión en un cajón. El sueño efímero de sentirme local por las calles de Manhattan jamás se iba a cumplir. Si no es para ti, ni aunque te pongas. Hay que encontrar el placer en dejar ir aquello que no podemos dominar. Sólo así es posible fluir.



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