La dictadura de la belleza


Procedente de la edición septiembre 2015 de la revista Rolling Stone.


POR Staff Rolling Stone México  



Procedente de la edición septiembre 2015 de la revista Rolling Stone.

Cuando el cuerpo deja de ser propio para convertirse en un ente abominable, se convierte en el enemigo. Se desconoce lo que se ve en el espejo, se rechaza la imagen que éste devuelve. El cuerpo se vuelve la prisión de uno.

Por Sheila Cohen (Universidad Iberoamericana Ciudad de México).

A los pocos meses, mi papá me llevó a sacar sangre en los laboratorios, es una costumbre obsesiva que realiza dos veces al año. Aquel día me pesaron, la enfermera dijo en voz alta: “43.5 kg”. Aunque internamente grité de emoción, me limité a sonreír. Cuando le informaron a mi doctor, me miró con cara de preocupación y después me dijo que no era normal que perdiera tres kilos a mi edad y que para lo que pesaba, esto representaba una pérdida importante. Haciendo como si escuchara atentamente, pensaba cómo estaba logrando mi cometido.

En un comienzo desconocía la finalidad de mi perdida de peso, sin embargo, después de muchos años, entendería que mi deseo era desvanecer, ser invisible. Paradójicamente, en vez de desaparecer ante los ojos de los demás, me volví más visible. Todavía recuerdo cómo me veía la gente, con una mirada de lástima, podía escuchar como murmuraban entre ellos: “mira qué delgada, ¿qué no se da cuenta cómo está?”.

La punta del iceberg
La anorexia nerviosa es más que un trastorno alimenticio; restringir alimentos es el síntoma de un trasfondo psicológico que reside detrás de la obsesión por alcanzar un cuerpo perfecto. Se dice que la anorexia tiene que ver con un enojo reprimido, miedo a la vida, una fuerte necesidad de controlar el mundo y una baja autoestima.

Las pacientes que sufren trastornos alimenticios describen su experiencia como una voz imperante que les impide comer. Se creen que poseen una capacidad de autocontrol que las diferencia de los otros. Defienden su conducta porque creen que serán recompensadas por ese autocastigo, no obstante, lo único que buscan es la atención de sus allegados.

En esa búsqueda por el reconocimiento se olvidan de sus necesidades más primarias: El hambre y el descanso. Dos partes vitales para el organismo son ignoradas por aquellos que se enorgullecen por su fuerza de voluntad. Algo que significa vida para el resto de los humanos, la comida, es el enemigo para quienes padecen un trastorno alimenticio.

Una triste realidad
En los últimos 20 años, los trastornos alimenticios se han convertido en una epidemia mundial. Sólo en México ha aumentado un 300%. Según el sector de Salud, anualmente se presentan 20 mil casos de anorexia y bulimia. Se estima que el 90% de los pacientes que padecen trastornos alimenticios son mujeres y sólo un 10% son hombres. Aunque la edad promedio de pacientes con trastornos alimenticios fluctúa entre los 14 y los 17 años, en la población universitaria hay entre el 19% y el 30% de las mujeres que todavía presenta algún tipo de  trastorno con conductas de bulimia y anorexia por su obsesión sobre su imagen corporal, sin tener el resto de los síntomas. Dentro de las enfermedades psíquicas, los trastornos alimenticos son los primeros con riesgo de mortandad, por encima de las toxicomanías. Algunos estudios calculan que entre el 5 y el 10% de casos conducen a la muerte. En el caso de la anorexia, es la segunda enfermedad psiquiátrica con mayor riesgo de cronicidad con más de un 5% de recaídas.

El ayuno a lo largo del tiempo
La anorexia nerviosa no es una enfermedad nueva ni exclusiva de la modernidad. Es una enfermedad que surgió en la Edad Media y que poco a poco se ha ido desarrollando y se ve más afectada por el medio social. Históricamente, el ayuno ha tenido diversas connotaciones de acuerdo al espíritu de la época: Llegó a implicar un rito de santidad, después de posible posesión diabólica, más tarde de magia, para terminar siendo considerado un trastorno psicosomático. ¿Es posible encontrar un nexo entre el clásico ayuno y la moderna anorexia?

En la antigua Grecia, sobre todo a través del pensamiento pitagórico, quedó establecido el dualismo cuerpo-mente, con la consecuente subordinación del primero al segundo. El ayuno es entendido, entonces, como un medio para superar el peso de lo terrenal, el reino de la necesidad. De igual forma, en el cristianismo, el ayuno formaba parte de la práctica religiosa en general como un rito purificador del espíritu.

A lo largo del tiempo se han investigado los efectos que producen los ayunos prolongados no sólo en el organismo sino también en el psiquismo. Se dice que el ayuno provoca una sensación de omnipotencia por parte del que lo practica, además de confusiones subversivas: La negación y frustración del cuerpo junto con la aspiración de inmortalidad, a la comunión de un objeto idealizado en permanente cercanía con la muerte. Al poner a prueba el organismo, y sus límites biológicos deriva un sentimiento de control del cuerpo.

Dado que la creación de una enfermedad es un proceso sociocultural que asume un significado en la relación dialéctica entre el lenguaje médico y sociedad, el estar enfermo es, al fin y al cabo, poseer un lugar en el tejido social, un reconocimiento como tantos otros. La depresión, los trastornos de ansiedad, el bullying, entre otros, son términos de han adquirido mayor relevancia en las últimas décadas. Esto se debe, más allá de a la creciente proliferación de casos, a un cambio en la sociedad; cuando la estructura social cambia, el lugar del ayuno se modifica.

Más allá de una simple moda
La creciente proliferación de casos nos habla de un fenómeno que ha surgido en las últimas décadas; especialistas se preguntan la razón de esto, muchos aseguran que se debe a una obsesión por la apariencia provocada por la influencia de los medios de comunicación, mientras otros afirman que se debe al entorno familiar.

En realidad, aunque los trastornos alimenticios se deban a factores genéticos, psicológicos y socioculturales, el significado cultural del cuerpo desempeña un papel determinante en la construcción de la identidad. Filósofos y sociólogos como Foucault, Butler y Lipovetsky han analizado el tema de la imagen corporal como lenguaje.

De esa manera, la imagen corporal ideal plasma, en sí misma, los valores, creencias y cánones estéticos que promueve cada sociedad; así, las últimas décadas del siglo XX y el comienzo del siglo XXI se han caracterizado por un culto total al cuerpo.

En la actualidad vivimos con una presión constante por alcanzar una serie de metas impuestas por la misma sociedad. Sobretodo el rol de la mujer es el que se ha modificado más en las últimas décadas. La presión por alcanzar un trabajo, ser exitosa y autosuficiente económicamente dista mucho de el papel que tenía la mujer hace menos de 30 años.

Por otro lado, estamos inmersos en una sociedad cuyos modelos aspiracionales son las celebridades, deportistas y modelos de pasarela. Los adolescentes que ven a esas figuras públicas como modelos a seguir, están en pleno crecimiento y en proceso de desarrollo de un criterio propio, por lo que son fácilmente susceptibles a los mensajes que trasmiten los medios de comunicación.

Ese fue mi caso, recuerdo cómo veía que las esculturales modelos recorrían las pasarelas de las grandes firmas de moda, me asombraba al ver su lánguido cuerpo desplazarse por la pasarela. Quería ser como ellas, aunque se les vieran sus huesos de la columna vertebral, para mí eso era sinónimo de belleza. Cuanto más esquelética, mejor se veía ante mis ojos.

En muchos casos, éste ideal es inalcanzable, las medidas de los maniquíes en los escaparates de las tiendas son anormales, los cuerpos de las modelos poseen un metabolismo que únicamente tiene el 1% de la población mundial.

Por otro lado, el perfil descriptivo que se consideraba característico hasta hace unos años era: Un trastorno típico de una clase socioeconómica altas de comienzo en la adolescencia, ha cambiado en los últimos años. Cada vez es más frecuente que se presenten casos de anorexia nerviosa en sectores sociales bajos. “No es un trastorno de niñas ricas como mal se ha estigmatizado. Hemos tenido pacientes de comunidades indígenas que están siendo afectadas debido a que ya tienen mayor acceso a la televisión, cuya programación está centrada en inculcar modelos de belleza y de éxito ajenos a la realidad nacional, declaró la directora de la Clínica contra la Anorexia y Bulimia, Ellen West.

El trasfondo psicológico
Entre las causas biológicas que predisponen a la anorexia se encuentra la vulnerabilidad  a nivel genético (disfunción de determinados neurotransmisores como la serotonina). Según algunos estudios, la deficiencia de algunos componentes químicos en el cerebro predisponen a algunas personas a sufrir ansiedad, perfeccionismo y comportamientos y pensamientos compulsivos, siendo más vulnerables a sufrir trastornos alimenticios.

El perfil psicológico es un factor de alto riesgo en desarrollar un trastorno de alimentación. Se consideran vulnerables personas con baja autoestima, inseguras, demasiado perfeccionistas, con auto exigencias muy altas, muy preocupadas por la opinión de los demás sobre sí mismos o con poca habilidad para relaciones personales.

Por otro lado, puede ser un síntoma secundario, proveniente de una trastorno emocional como la bipolaridad, depresión o trastorno obsesivo compulsivo. En muchos casos se da primero una depresión y posteriormente se desarrolla un trastorno alimenticio; casi el 40% de las anoréxicas incurren en depresión moderada o severa previo o posterior al desarrollo de un trastorno alimenticio.

En otros casos, la conducta alimenticia puede ser un hábito producto de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), en estos casos es mejor tratarlos con especialistas en el área para ver si una vez controlados los síntomas mejora la conducta alimenticia.

Puede haber también factores externos o circunstanciales como fracasos, conflictos interpersonales, divorcios, cambios de colegio o de ciudad, que pudieran desencadenar el inicio de la enfermedad.

Autoestima
La autoestima juega un papel muy importante en la anorexia. Generalmente, una persona afectada con un trastorno de la alimentación se preocupa más de la percepción que los otros tienen de ella que de los propios sentimientos.

De esta manera, la persona se disocia de sí misma para volverse, en palabras de Jean Paul Sartre, un ser “para los demás”, que se debate desesperadamente entre el ser y el parecer, entre el cuerpo y la imagen, que llega a hacer de esta lucha el objetivo final de su existencia, olvidándose de cualquier otra dimensión existencial que pudiera dar un sentido a su vida, dirá Manuel Villegas en su tesis: “Psicopatología de la libertad. Anorexia purgativa y bulimia o el descontrol de la corporalidad”. (Barcelona, Facultad de Psicología, 1997).

La imagen corporal es la representación que tenemos de nuestro propio cuerpo, es decir, cómo nos sentimos en relación con nuestras características corporales: Altura, peso y forma; y cómo percibimos la sensación de pertenecer a ese cuerpo y vivir en él. Se considera que la imagen que se tiene de uno mismo tiene que ver con las propias experiencias de la persona, por lo cual hay momentos y situaciones en la que la representación mental de nuestros cuerpos se puede ver afectada negativa o positivamente.

Cuando se tiene una imagen corporal positiva, existe una clara y verdadera percepción de la figura corporal, y la persona está consciente de lo que realmente es su cuerpo y lo acepta, sin embargo, cuando su imagen corporal es negativa, la persona tiene una percepción distorsionada de su cuerpo, las partes de su cuerpo no son vistas como realmente son. Por eso mismo, se considera que las personas que tienen una autoestima baja son las más propensas a tener algún trastorno de la alimentación.

Prevención
Hace menos de 30 años se desconocía este padecimiento. No fue sino hasta unos 10 años, cuando se incrementaron sustantivamente el número de pacientes con trastornos alimenticios y se empezaron a desarrollar programas de prevención en las escuelas.

Sin embargo, al contrario de lo que se cree, enseñar a los adolescentes los riesgos de los desórdenes alimenticios puede resultar contraproducente. En investigaciones sobre prevención primaria se descubrió que estos mecanismos pueden alentar aún más a los jóvenes a caer en trastornos de la alimentación.

Posiblemente, tanto los medios de comunicación como la industria de la moda seguirán alterando los cuerpos para que luzcan mas bellos en una campaña publicitaria, ¿qué hacer entonces? “Es importante enseñar a los adolescentes a hacer una lectura crítica de los mensajes de los medios de comunicación. Además de aprender a expresar sus emociones asertivamente”, dice la especialista en trastornos alimenticios, Eva Trujillo Chi Vacuán.

Laberinto sin salida
“El proceso de recuperación no ha sido una trayectoria sencilla, al principio creía que era un juego, me creía invencible, omnipotente. Quizá era mi inmadurez o tal vez era la parte enferma que no me dejaba ayudar. En ese afán de alcanzar la perfección, me metí en un laberinto sin salida, que creía que controlaba cuando en realidad era la enfermedad la que me dominaba a mí”.

La American Psychiatric Association señala que, en la anorexia, el porcentaje de personas que se recuperan por completo es moderado. Desafortunadamente, él índice de recaídas es altísimo, en la mayoría de casos se logra la remisión de los síntomas por un periodo de tiempo, aunque posteriormente se presentan síntomas de otros trastornos alimenticios como la bulimia o el comedor compulsivo. En otros casos se convierten en trastornos alimenticos crónicos.

Los trastornos alimenticios, como las adicciones, no tienen cura, el síntoma, la conducta con la comida es lo único que se puede mejorar. Sin embargo, a diferencia de los alcohólicos, que pueden evitar la bebida, los que padecen trastornos alimenticios no pueden desaparecer la comida. Por esto mismo, se han creado múltiples modelos de terapias interdisciplinarias con la finalidad de mejorar la relación de las que sufren este padecimiento con la comida.

En casos de extrema gravedad, se recomienda internación hospitalaria o un tratamiento intensivo en una clínica especializada en trastornos de la alimentación. En casos donde su salud no éste de por medio, es recomendable formar un equipo interdisciplinario: Nutrióloga, terapeuta, psiquiatra (en caso de ser necesario) y un endocrinólogo.

Existen clínicas o equipos especializados en la materia que cuentan con todo el personal para atender a las pacientes que sufren trastornos alimenticios. En estos grupos se llevan acabo terapias grupales, familiares e individuales además de supervisar la alimentación de sus pacientes, donde la mayoría de veces comen en las mismas instalaciones, que en muchos casos cuentan con su propia cocina. Dependiendo del grado de recuperación y el avance en su tratamiento, las pacientes son capaces de irse reincorporando a una vida normal.

¿Cómo detectar si tienes un trastorno de la alimentación?

Ellen West, México, D.F.
Carretera México-Toluca #3847
Km.20.5 Cuajimalpa DF 05000, México
.
Teléfono: 5812-0877

Comenzar de Nuevo
Río Orinoco. No. 414. Col. Del Valle
C.P. 66220 San Pedro Garza García, Nuevo León.
Tels (81) 8335-2959

manitaLee “Cuando la justicia te traiciona”, un texto escrito por el alumno Patricio Aquilar de la Universidad Iberoamericana.

Banner app 148




comments powered by Disqus