Próximamente en cines


Secuelas, precuelas, ‘reboots’ y los riesgos de ser Hollywood.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Karen Gómez Prado

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Cuando empezamos a recibir invitaciones para posadas y en Starbucks no tocan más que villancicos, podemos asegurar que el fin del año se acerca y con él llegan uno de los estrenos más esperados de lo que resta del 2015: la primera secuela de Star Wars en 10 años, El despertar de la fuerza.

Pero eso no es todo. Estudios como Warner, Marvel, Fox, Paramount y Sony (cinco de las compañías productoras más importantes de Hollywood) tienen proyectado estrenar, en total, 36 películas de superhéroes en los próximos cinco años. Esto equivale a, por lo menos, cinco filmes de comics al año.
En el horizonte cinematográfico también tenemos desde un spin-off de Harry Potter, la tercera entrega del reboot de Star Trek, una nueva película de Los cazafantasmas con un elenco femenino, Avatar 2,3 y 4; el regreso de Derek Zoolander hasta la quinta cinta de Piratas del Caribe.

Da la impresión de que todos los estrenos importantes de los próximos años serán secuelas, precuelas, reboots y spin-offs. Ante este panorama, muchos podrán jurar que no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Desde cuándo el cine depende tanto de las franquicias? ¿Es este el final de las historias originales? ¿A dónde vamos a parar?

Para empezar, un poco de historia. La primera ‘secuela’ se remonta a 1916, con La caída de una nación. Sin embargo, en aquel entonces no era realmente una práctica común. Fue hasta la década de los ochenta que las franquicias comenzaron tomar fuerza y se convirtieron en una alternativa muy rentable, con películas como Duro de matar, Rambo o Rocky. Con el auge de las secuelas y las franquicias, las compañías productoras entendieron que la mayoría de las personas son más propensas a ver historias con las que ya están familiarizadas, lo cual resulta muy conveniente para el modelo de negocios actual.

El cine es un negocio de inversión. Esto significa que los estudios aportan dinero a la producción de una película, esperando recibir algo de ese dinero de vuelta para poder reinvertir en una nueva idea. Cuando las cosas van bien, hay dinero extra que se puede invertir en proyectos más arriesgados, como historias originales, en donde muchas fallan y algunas se convierten en grandes éxitos. Pero en tiempos difíciles, una mala inversión puede terminar hundiendo al estudio; por lo que se inclinan más por proyectos ‘seguros’ como las franquicias y las secuelas, ya que garantizan el retorno de la inversión.

Por lo tanto, el dilema de las secuelas va más allá de cuestiones financieras o mera ‘falta de creatividad’. También hay otro factor a considerar: las audiencias piden y fomentan las secuelas. Como Simon Pegg (Misión imposible, Star Trek) sabiamente twittea: “El deseo por las secuelas está directamente relacionado con el miedo a la muerte y la necesidad de seguridad a través de la consistencia”.

A partir de todo esto, podemos concluir que la abundancia de franquicias, secuelas y todos sus derivados, es un fenómeno que refleja nuestras tendencias, miedos y gustos como espectadores; mientras pone en evidencia las deficiencias y riesgos del modelo de negocios de la industria cinematográfica internacional, invitándonos a reconsiderar nuestra relación con el cine.

A pesar de todo, así como más allá del 2016 nos espera un mundo de secuelas y franquicias, en los próximos cinco años también aguardan nuevas historias: la siguiente película de Wes Anderson o la próxima ganadora del Óscar. Afortunadamente, la cartelera sigue abierta con un sinfín de posibilidades.

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