Reseña: ‘Coco’


Más que una carta de amor para México, es un panorama mexicano a través de los ojos de un extranjero


POR Staff Rolling Stone México  



Foto: Facebook 'Coco'

Por Sofía Álvarez

Coco es un proyecto que surgió aproximadamente a finales de 2011, cuando los realizadores de Pixar se plantearon la idea de una película basada en la colorida festividad del Día de Muertos, los realizadores no se imaginaban que durante sus viajes de investigación, encontrarían más que colores en las tradiciones mexicanas… encontraron una riqueza descomunal de tradiciones y una forma diferente de ver la vida a través de los ojos de otra cultura, la nuestra.

Desde los primeros 15 minutos de la película, se puede notar la vasta investigación de Pixar en la cultura de México, no solo de la festividad a los difuntos, sino también de la cultura familiar, las actitudes del mexicano, tianguis, la historia del arte y cine en México. Vieron tanto que intentaron amontonarlo de la mejor manera que pudieron en la parte introductoria y un poco más a lo largo del largometraje. Al inicio se intenta explicar sobre los significados detrás de cada uno de los elementos de una ofrenda, lo cual hace que se pierda el flujo de la historia desde una temprana etapa y le cuesta un poco a Miguel (protagonista) retomar el hilo del viaje del héroe.

Los personajes que construyen la narrativa de Coco están llenos de sorpresas, desde talentos hasta plot twist en la resolución de la trama. En el elenco del doblaje nacional hay iconos de la comedia y telenovelas mexicanas, desde Angélica María hasta Andrés Bustamante. Los personajes de Miguel, Héctor e Imelda se llevan la atención con sus personalidades bien plantadas y los giros en las historias de cada uno, además de su representación en los roles de la familia mexicana, retratando el matriarcado, la música mexicana y la importancia de la familia.

La música es algo necesario en cualquier película que homenajea a México, Coco de nuevo brilla por su documentación y cubre estilos del clásico mariachi, rancheras hasta la popular banda norteña. Aunque los estilos se acercan fielmente a lo real, las adaptaciones flaquean en ciertos puntos; Michael Giacchino intenta crear una banda sonora a la mexicana realizada de su “propia cosecha” y aunque cumple con lo necesario, no destaca.

La historia de Coco es la clásica fórmula Pixar que todos conocemos, se vuelve un poco floja en algunos puntos, pero alcanza su poder e impacto hacia el final, llegando a las fibras emocionales de toda persona que considere a la familia una parte importante en su vida. Todos hemos sentido que somos Miguel o tenemos una abuelita Elena, mamá Coco o Imelda o incluso unos primos molestos, todos tenemos un familiar que podemos ver reflejado en alguno de los familiares de los zapateros Rivera.

La película está atascada y en serio, atascada de referencias a la cultura mexicana y todo lo que conlleva, desde la poderosa chancla, el edificio de correos, la catrina de Posada, el MUNAL, el copal, los tianguis en los pueblos mágicos, calles empedradas, catedrales, kioscos, alebrijes y leyendas. Pixar se empeñó en hacer las cosas bien y no adueñarse de las referencias mexicanas, sino incursionar a las audiencias desde cosas que son “estereotipos” del mexicano, guiándolos hacia la profundidad de que hay algo más allá del mariachi tequilero en el desierto. Mostró a México desde los ojos de un extranjero tratando de transmitir de la manera más fiel y respetuosa posible todo lo que un turista ve y de lo que se empapa cuando no solo observa, sino se toma el tiempo de conocer a México. Sí, somos papel picado, pan de muerto y películas rancheras dramáticas, pero somos más colores, sabores, sensaciones y relaciones. Somos mucho más.



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