Don Johnson de nuevo a la caza


La leyenda hollywoodense Don Johnson arroja una mirada retrospectiva


POR Staff Rolling Stone México  



La leyenda hollywoodense Don Johnson arroja una mirada retrospectiva

Por: Erik Hedegaard

Posiblemente puedas ubicar a Don Johnson en el periodo que va de 1984 a 1990, cuando era una de las estrellas más importantes de Estados Unidos y aparecía regularmente en Miami Vice, interpretando al detective encubierto Sonny Croquet, a través del cual impuso muchas de las modas grotescas de esa era, incluyendo las camisetas color pastel debajo de los sacos Versace, chamarras arremangadas, pantalones de lino por encima de la cadera o zapatos sin calcetines. O tal vez ahora lo recuerdes, es el tipo que mantuvo una relación con Melanie Griffith cuando ella tenía 14 y él 22, que se volvió asimismo famoso a causa del amor que le profesaba tanto a la bebida como a la cocaína. Tiene 63 años pero luce fantásticamente, sin muchas abolladuras a causa de las fiestas y desastres de antaño. “En realidad, yo era uno de esos tipos a los que les gusta mezclar sustancias. Tomaba, fumaba mota, me metía una línea, quizá aderezaba todo con un Quaalude. Aparentemente, sabía cómo divertirme”.

Toma asiento en un patio, pide un té helado, se relaja, rebusca en el bolsillo de su pantalón, extrae un cigarrillo electrónico y dice: “Hace años que no fumo”, da una calada profunda y exhala una nubecilla de humo casi imperceptible. Cuando su temporada en Nash Bridges tocó a su fin, precisamente durante la época en la que sus problemas con las drogas eran legión y multitud, pasó 10 años sin recibir buenas ofertas de trabajo, tan sólo un pequeño proyecto televisivo por aquí y alguna cinta extranjera por allá (incluyendo una película noruega llamada Lange Flate Ballaer II). Pero de pronto, en 2010, apareció en Machete, del director Robert Rodriguez, encarnando a un patrullero fronterizo y luego comenzó a trabajar en Eastbound & Down, para más tarde darle seguimiento con Django Unchained. Y su suerte mejora, porque es muy probable que lo realizado con Tarantino refrende el hecho de que está de vuelta. “Se trata de un Western épico y caótico. Yo hubiera podido interpretar cuatro o cinco papeles distintos, así que Quentin me preguntó: ‘¿Qué te parece Ace Woody?’. El guión tenía 187 páginas, algo así como cuatro horas de duración en la pantalla, y sabía que tenía que dar el ancho. Big Daddy no aparece más de 15 ó 20 minutos, pero lo hace justo durante un punto de inflexión crucial. Todo lo demás puede irse al carajo, incluyendo a Ace Woody, pero no puedes prescindir de Big Daddy, así que le dije: ‘Siento que Big Daddy me atrae un poco más’, y así fue”.

Obviamente, Johnson lleva un buen rato en el negocio, así que sabe unas cuantas cosas. Por ejemplo, durante la década en la que no hizo mucho, sabía muy bien que lo único que tenía que hacer era esperar un poco a fin de que la fortuna lo favoreciera de nuevo. “El teléfono dejó de sonar. Y luego, cuando dejé de beber, comencé a engordar. Miré en el espejo y vi el reflejo de un gordo; en mi área de negocios, ser un obeso es como suicidarse. Me convertí en un personaje de película de cine B, estilo A Star is Born. Todos los amigos se van. Y me decía: ‘¿En serio? ¿Vas a vivir esta vida de mierda, este cliché, imbécil?’. Pero incluso, cuando necesitaba el dinero, había cosas que no estaba dispuesto a hacer. Me ofrecieron aparecer como estrella ‘antigua’ invitada en ciertos episodios. Yo pensaba: ‘¿Estoy realmente dispuesto a ser el ejemplo vivo de aquello que conozco demasiado bien por la mísera cantidad de $100 mil dólares? ¡No lo creo!’. Mira, siempre he creído que todo debe ser tal y como John Huston dice en Chinatown: ‘Los edificios antiguos y las putas viejas se vuelven respetables después de un tiempo’. Y eso justamente hacía, esperaba, como un edificio viejo, como una puta”.

Hollywood quería convertirlo en el chico-guapo-de-moda, pero él se rehusó tajantemente a seguirles el juego. “Adoptó deliberadamente una apariencia poco atractiva para las audiciones”, comenta Cheech Marin, su amigo de toda la vida y coprotagonista de Nash Bridges. “Se ponía una pasta color café en la dentadura o cualquier otra cosa, tan sólo para destruir el molde en el que deseaban colocarlo”. A lo largo de esos años filmó una película digna de mención: A Boy and His Dog (1975), pero esta historia post-apocalíptica de humor negro se convirtió en un clásico de culto en lugar del triunfo comercial que merecía ser. Se reunió con Nick Nolte en 1975 a fin de rodar Return to Macon County (algo así como la Long Flat Balls II de su época), que en realidad no le ayudó a propulsar sus prospectos y le dejó tan sólo con los felices recuerdos de todo lo que solía hacer con Nolte tras las jornadas laborales que, casi siempre, consistía en celebrar con dos cajas de cerveza, dos cuartos de vodka, unas cuantas pastillas y algunas raspaduras a la gran roca de coca que Johnson mantenía bajo llave en su habitación de hotel –“¡Y se trataba de una piedra de altísima calidad!”.

Resultó que Johnson amaba la cocaína. Pero esta pasión lo sumergió en situaciones bastante comprometedoras. Cierta vez, por ejemplo, acompañó a alguien por un kilo (“Yo sólo fui porque la droga era gratis, ¡lo juro!”), pero algo salió mal y otros sacaron las pistolas, los tiros no se hicieron esperar y el actor tuvo que escapar por la ventana. “Por lo general me codeaba con una clase mucho más elevada”, dice mientras se mueve incómodo. “Por lo general no me involucraba en esa clase de cosas. Jamás fui traficante ni vendedor. Bueno, escondí sustancias, pero para mi propio consumo, pero nada más. No me gustaba sumergirme en esos ambientes tan cargados. Podías palpar la energía negativa”.

Por esas épocas apareció una serie de apestosas películas para televisión, entre ellas algunas cuyos títulos lo dicen todo: Revenge of the Stepford Wives; Katie: Portrait of a Centerfold y Ski Lift to Death. Cinco programas pilotos fracasaron rotundamente. Pero de pronto, a principios de la década de 1980 (cuenta la leyenda), el presidente de NBC Entertainment, Brandon Tartikoff, escribió un memorándum que decía: “Policías estilo MTV”, lo envió a Anthony Yerkovich, escritor de Hill Street Blues y, de esta forma, surgió la idea para Miami Vice. La serie fue exitosa desde el principio; de hecho, se convirtió en todo un fenómeno. Fue el primer programa en insertar música pop en el guión, saturando excesivamente las noches de viernes con la enérgica y fustigante “In the Air Tonight”, de Phil Collins, y asimismo pavimentando el camino para series tan innovadoras como Homicide: Life on the Street y NYPD Blue. Johnson y el coprotagonista Philip Michael Thomas aparecieron en las portadas de Time, Jet y TV Guide, así como en Rolling Stone. Súbitamente, resultaba imposible ir a algún lado sin ver tipos vestidos a la Sonny Crockett, con saco blanco, camisetas de colores pasteles, etcétera. Salieron a la venta navajas que permitían lucir una barba de tres días y la pistola Bren Ten de Crockett se convirtió en objeto de colección. Y, por supuesto, gracias y sólo gracias a Miami Vice, la zona conocida como South Beach se convirtió ¡EN SOUTH BEACH!



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