Los viejos cines nunca mueren


’El Crimen del Cácaro Gumaro’, la divertida cinta de Andrés Bustamante, llegará a los cines este mes.


POR Staff Rolling Stone México  



'El Crimen del Cácaro Gumaro', la divertida cinta de Andrés Bustamante, llegará a los cines este mes.

Por José Juan Reyes

Andrés Bustamante es conocido por su agudo y original sentido del humor, mientras que a Armando Vega-Gil lo recordamos por ser parte del grupo Botellita de Jerez, banda que en los años ochenta brilló con su música y letras divertidamente críticas.

Bajo la dirección de Emilio Portes, ambos crearon la historia para esta película, en la que no dejan títere con cabeza, pues a través de una serie de personajes arquetípicos de la sociedad, intentan sintetizar, en un imaginario poblado de la provincia mexicana contemporánea, casi todas las situaciones a las que estamos expuestos: De la corrupción a los experimentos con sustancias peligrosamente radiactivas; de las épicas batallas entre cineastas y críticos (cineastas frustrados) a la lucha por el poder y todas las variantes posibles.

Todo ocurre en Güépez, pequeña ciudad que es administrada por Don Cuino Meléndez de la Popocha (Andrés Bustamante). Don Toribio Mújica (Eduardo Manzano), el cácaro del pueblo, está a punto de morir, por lo que le pide a sus dos hijos, Gumaro (Carlos Corona) y Archimboldo (Alejandro Calva), que regresan a su casa para escuchar el testamento, el cual es leído por el presidente municipal, don Cuino.

El documento establece que Archimboldo se quede con un camión destartalado, que en realidad es un puesto de películas piratas; mientras que a Gumaro le toca el cine Linterna Mújica.  Los hermanos, cegados por la ambición y las curvas de Claudianita (Ana de la Reguera), inician una guerra sin cuartel por el control de la sala y el mercado negro de películas, en la cual echan mano de todos los recursos a su alcance, situación que provoca una severa crisis en la comunidad muy parecida al Apocalipsis.

Emilio Portes dijo que el proyecto nació como un homenaje a películas mexicanas clásicas de comedia, de terror y hasta rancheras, “pero al desarrollar el guión las cosas fueron cambiando; por ejemplo, Bustamante y Vega-Gil originalmente sólo eran los guionistas y acabaron por actuar en la película con los personajes que representan el poder fáctico –Don Cuino y el cura del pueblo, es decir, el estado y el clero.

Al ser un proyecto por encargo, lo que se trasmina en la historia es, sobre todo, el humor de Andrés, principal impulsor del proyecto, que es muy distinto al que yo había manejado en mis anteriores películas –Conozca la cabeza de Juan Pérez y Pastorela. Aunque fue muy agradable no sufrir por conseguir el financiamiento, el método que seguí para resolverla fue ser fiel a los planteamientos de los escritores y aderezarlos con otros subgéneros que no se habían tratado antes en una película mexicana, como la farsa y la parodia”. Creo que el antecedente más cercano a esta idea es precisamente Pastorela, que sin embargo es un poco más violenta. El crimen del cácaro Gumaro es mucho más ácida, pues se avienta a criticar y a recurrir a la farsa para abordar temas actuales. Las parodias al cine nacional, así como a otras producciones extranjeras, hicieron que se volviera una película de acción disfrazada de comedia.

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