Audio rescate: héroes con micrófonos


A un año del sismo, reconocemos el trabajo de los sonidistas e ingenieros de audio en las labores de rescate


POR Noemí Contreras  



Foto: Icautli Cortés

Hace exactamente un año, a la 13:14 horas, se produjo un terremoto de magnitud 7.1 que sacudió al menos cinco estados de nuestro país y cuyo epicentro se localizó a un kilómetro de San Felipe Ayutla, Puebla. Casi inmediatamente después de este brusco movimiento de la corteza terrestre, ocurrió un segundo movimiento: el de los ciudadanos. La sociedad mexicana despertó, removiendo escombros, creando centros de acopio, dando ayuda psicológica, revisando las viviendas afectadas y ofreciendo servicio médico gratuito.

Mucho se habló sobre la coincidencia en la fecha de este sismo con el que ocurrió en 1985. Sin embargo, la similitud en el día (19) fue de las pocas semejanzas que existieron entre ambos. Diferentes epicentros, magnitudes y realidades. Esta vez, las personas buscaron ayudar activamente teniendo tecnología a la mano, algunos a través de las redes sociales y muchos directamente en las zonas de desastre. Participaron desde estudiantes hasta veterinarios, e incluso ingenieros de audio. Estos últimos formaron brigadas de audio rescate, con la intención de buscar señales de vida en las construcciones derrumbadas.

Uno de ellos fue Leonardo Granados, quien este año recibió el Premio Especial de Audio Rescate –junto con Icautli Cortés (ingeniero), Novelli Jurado (músico) y Germán Lobos (músico e ingeniero)– en la Xpo Sound:check, por su labor y participación en las brigadas. Él ha trabajado en proyectos musicales como Alien in the Land of Our Birth (Alien in the Land of Our Birth), Dragón Zaga (Dragón Zaga), Elefante (El que busca encuentra), Monocordio (El primer rayo del sol), Sr. González (Superviviente de mí), Víctimas del Dr. Cerebro (Silencio=Muerte: Red Hot+Latin) y Xavier Asali (Perspectives); y en el diseño sonoro de largometrajes como Los bañistas (2014) y cortometrajes como Paradise (2015).

“En Oídos de Oro (un grupo de Facebook), la productora e ingeniera Jennifer Soots empezó a organizar brigadas para mandar gente con equipo de audio a los diferentes lugares de desastre. Cuando lo vi publicado, dije: ‘Esto sí lo puedo hacer, porque ir a pararme ahí a lo loco pues no’”, narra Leo Granados, quien quería ayudar desde que ocurrió el desastre, pero no tenía claro cómo. “Ahí armaron el centro de control, donde canalizaban toda la información y veían dónde realmente se necesitaba gente. Platiqué con el ingeniero Toño Maldonado y me dijo que Icautli estaba muy cerca del multifamiliar en Tlalpan y me puse en contacto con él. Me mandaron unos PDFs con unos gafetes, entonces los imprimí, me armé mi equipo improvisado: un microfonito AKG que ni siquiera es de boom, una caña y mis audífonos. No te dejaban entrar si no tenías casco, botas y protección”.

Foto: Maria Paula Rojas O.

Leonardo explica en qué consistió el proceso de rescate: “Lo que hacíamos era usar las cañas, como en un equipo de filmación y meterlas entre los pisos. Un piso normal de una casa de tres metros quedaba reducido a 40 centímetros, entonces por ahí los metíamos, lo más adentro que se pudiera”. Reconoce que una de las cosas más impresionantes es que Tlalpan, que normalmente es un caos, lograba quedarse en silencio absoluto ante la señal del topo: “Daba la señal el topo, paraban todo y se hacía el silencio. Grababas y monitoreabas lo más alto que podías y esperabas a oír algo, lo que fuera. Alguien escuchó respiros y en la noche rescataron a un perrito que ahí estaba. El que yo registré suena como un golpe de un gancho, como algo metálico. Esa fue la única señal. Son sonidos mínimos, muy leves”.

La labor de audio rescate es esencial, sobre todo días después de que ocurre un terremoto porque “al inicio los que están atrapados o lastimados pueden gritar, todavía tienen energía para hacerlo. Pero como va avanzando el tiempo, te debilitas y ya no puedes. Entonces los micrófonos y preamplificadores funcionan muy bien porque captan lo que ya no puedes oír a nivel humano. Ahí es cuando descubres que tu vocación no nada más sirve para grabar rock & roll”.

Mientras tanto, los equipos de rescate de Japón e Israel también hicieron uso de su tecnología. “Ellos estaban haciendo parte de lo mismo, pero también traían cámaras infrarrojas y perros. Los israelíes además traían micrófonos que detectan latidos de corazón, con tecnología de guerra”, cuenta Leo, mejor conocido como “Granleoman”, explicando lo que aprendieron de ellos. “Al final, a la conclusión que llegamos es que tenemos que organizarnos para que se forme un escuadrón, esperando que nunca se utilice, pero para estar listos y entrenados. Porque entre más organizados estemos, la Marina o los que estén ahí a cargo, más confianza te tienen, te dejan pasar porque eres profesional y te dejan hacer tu trabajo”. La idea es crear una asociación civil, equiparse con todo lo necesario y organizarse correctamente; y, además, dar capacitaciones de audio a todos, incluso a los mismos topos para que sepan cómo funcionan los micrófonos.

Meses después de lo ocurrido, Leonardo Granados creó una propuesta de cine con las grabaciones que hizo durante el rescate: “Lo llamé Invidente, porque es puro audio, cero imágenes. Salvo el helicóptero que es de librería y un tono generado, todo lo demás lo grabé ahí en el sismo”. Este proyecto de diseño sonoro sobre una pantalla en negro te transporta al momento exacto cuando los rescatistas encontraron vida entre los escombros.

“La primera parte donde se escucha el topo gritando, sí estaban los micrófonos metidos. Por eso al final puse una foto de cómo estaba, aunque no somos nosotros. Y el otro [grito], ya estábamos con el micrófono afuera y es el que suena más claro”, dice, y hace énfasis en que quiere dar a conocer esta información porque “si te pasa algo y oyes eso, ya sabes que vienen por ti”.

Mira el cortometraje Invidente aquí (te recomendamos escuchar con audífonos o en un lugar sin ruido y seguir las instrucciones):



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