El lente que acompaña a Coldplay


Platicamos con Mat Whitecross, director de ‘A Head Full of Dreams’, sobre este documental y su relación con el colectivo británico.


POR Andrea Calderón  



Foto: Julia Kennedy / cortesía de Warner Music

Después de dirigir Supersonic, documental de 2016 que narra la relación entre los hermanos Gallagher y la historia detrás de Oasis, Mat Whitecross decidió llamar a Chris Martin para proponerle realizar una película sobre Coldplay con el material que él mismo había grabado y recolectado en los 20 años que ha acompañado al colectivo británico. Todo ese tiempo siguiendo a la banda de cerca con su cámara en mano sirvió para que el cineasta pudiera recabar imágenes y archivos de momentos íntimos que nunca antes habían sido vistos, los cuales fueron seleccionados meticulosamente y posteriormente editados para finalmente tener como resultado: A Head Full of Dreams.

Platicamos con el director inglés sobre sus inicios en el cine, la relación personal que ha forjado con Coldplay, la libertad creativa detrás de su documental y las cosas que tienen en común Oasis y la banda liderada por Chris Martin.

La conexión fue inmediata y el destino sabio. La suerte jugó a favor de Mat y el resto de los integrantes de Coldplay para que sus caminos se juntaran hace 20 años. Dicen por ahí que las casualidades no existen y eso es algo que Whitecross afirma cuando narra la anécdota sobre cómo conoció a Chris Martin. El inglés sostiene que conocerlo en aquellos años de juventud no se siente para nada como azar, se siente más como una buena jugada del destino. “Me mudé a Londres para estudiar cine y empecé a vivir en un edificio cercano a la Universidad. Fue muy extraño y creo que el destino jugó un papel importante ahí porque a la hora, o tal vez dos horas, de estar en la ciudad me topé con Chris, Jon y Will en las escaleras del edificio. Ahí, me ayudaron a subir mis maletas y fue cuando finalmente crucé algunas palabras con ellos. Recuerdo que Chris era una persona muy feliz. Todos sabemos que ese tipo de personas son difíciles de olvidar. Su personalidad me llamó la atención desde el primer momento. Recuerdo que se me quedó muy presente que tenía como vecinos a tres chicos que estaban formado una banda, porque yo amaba la música y todo lo que tuviera que ver con ella. Con el tiempo nos volvimos buenos amigos”.

En aquellos años, la versión más joven y soñadora de Mat Whitecross tenía una meta en mente: convertirse en director de cine. Su amor por el séptimo arte lo orilló a querer experimentar en la técnica y fue así como realizó sus primeros trabajos, los cuales incluían en su mayoría a Coldplay, banda que se convirtió en la mayor fuente de inspiración y experimentación para el novato cineasta. “Comencé a filmarlos porque tenía el sueño de hacer cine. Quería grabar para mejorar mi técnica, ser autodidacta en mis tiempos libres y así crecer como director. No había un segundo en el que no tuviera mi cámara en mano. Me encantaba recolectar recuerdos y situaciones de la gente que me rodeaba. Ellos eran mis amigos y en ese entonces, yo grababa todo a mi alrededor, incluyéndolos a ellos y su proyecto musical. Poco a poco empecé a grabar ensayos en su cuarto y algunos shows pequeños en los inicios del grupo. Con el tiempo grabarlos se convirtió en un especie de hobbie para mí, el cual disfrutaba mucho”.

Sin embargo, el cine no era lo único que llamaba la atención de Whitecross en la Universidad. El entonces adolescente apostó primero por la música, sin tener mucho éxito. Fue entonces cuando comprendió que podía permanecer anclado a la música pero con un enfoque distinto, uno que incluyera algo con lo que sí se sentía realmente a gusto. “Es curioso porque amo la música, de verdad es de mis grandes pasiones en la vida. De hecho sé tocar dos instrumentos y eso es algo que la mayoría de la gente no sabe sobre mí. Supongo que siempre tuve esta idea de ser músico o involucrarme en ese mundo, pero para serte honesto, nunca fui lo suficientemente bueno. Nunca me idealicé siendo famoso o logrando cosas grandes si me dedicaba a eso. Ahora lo entiendo, el camino que tenía que seguir era otro. Hoy me siento feliz de saber que puedo seguir en contacto con la música pero de una manera distinta, de una forma más personal, la cual involucra lo que más amo hacer que es filmar”.

El director de 41 años menciona que en sus inicios nunca tuvo la intención de trabajar con Coldplay e incluso no tenía idea del impacto que el grupo iba a generar en él y en su crecimiento profesional. Fue más bien una cuestión de complicidad que poco a poco fue tomando forma y terminó por involucrarlo demasiado hasta que no hubo vuelta atrás. Fue a partir de que Mat grabó los primeros videos musicales del grupo que encontró finalmente lo que lo hacía sentir pleno. “Antes de que Coldplay fuera firmado, Chris y yo grabamos un video musical en donde él recorría las calles de Londres e interpretaba una canción acústica. Nunca imaginé el impacto que iba a tener, de verdad. Recuerdo que me encantó todo lo que involucró llevar a cabo ese visual. Fue a partir de ahí que tomé la decisión de seguirlos con mi cámara. Los acompañé en promociones, durante sus primeros videos y en gira, eso me permitió recolectar mucho material valioso. Supongo que la primera vez que salí a la calle con Chris e hice ese video, sentí algo que me obligó a querer seguir acompañándolos durante mucho tiempo”.

Resulta impresionante visualizar la cantidad de material que Whitecross tenía en sus manos después de 20 años filmando de cerca a Coldplay. Casi 100 horas de material recabado yacían en su estudio, que año tras año no hacían más permanecer en el olvido. Así pasaron los años hasta que finalmente, y después de varias vueltas en su cabeza, el director decidió aventurarse. “Siempre habíamos tenido una ligera intensión de hacer un filme con todo el material que reunimos en los primeros diez años pero la verdad es que nunca habíamos tenido la posibilidad de sentarnos, platicarlo y realmente tomarle la importancia necesaria al documental. Después pasaron más años y con ellos la posibilidad de recaudar aún más material, lo que suponía hacer un filme mucho más nutrido e interesante. Fue ahí cuando acordamos hacerlo”.

Una vez con el visto bueno de la agrupación, Mat se enfocó en la idea general que iba a regir a A Head Full of Dreams y cómo ese concepto iba a ser rescatado como parte de la narrativa que guiaría a la nueva cinta. “Queríamos compartir el mensaje detrás de la banda y sus shows. Esa era el concepto general de la cinta. Dejar en claro que la unidad es una característica que forma parte de Coldplay desde sus inicios y hasta hoy en día. Queríamos que sus fanáticos entendieran que la complicidad que se ilustra en el documental es una consecuencia de haber sobrepasado muchos obstáculos como grupo en los últimos 20 años”.

El director menciona que originalmente el filme iba a centrarse sólo en una corta etapa de Coldplay, sin embargo, después de trabajar en ello por algunos meses, Mat decidió que la cinta fuera una especie de homenaje a su trayectoria y no sólo un limitado vistazo al amplio trabajo del grupo. “En un inicio, Chris y Jon querían que la película se centrara en la etapa entre la producción y el lanzamiento de Ghost Stories y la creación y gira mundial de A Head Full of Dreams. Creo que esa etapa en específico ayudó a que el filme se hiciera realidad, y fuera tal y como lo conocemos hoy en día. Ese cúmulo de experiencias fue un remolino de sentimientos que trajo consigo cambios personales que ayudaron a que los miembros del grupo maduraran en todos los sentidos. La era de Ghost Stories es obscura y melodramática, mientras que A Head Full of Dreams trata más sobre sanar y lograr que tu mente vuelva a ti para ser capaz de encontrar nuevamente la felicidad. Al ver esta dualidad nos dimos cuenta que esa era la verdadera historia detrás de Coldplay. Fue así como llegamos a la idea final, hacer un filme que pudiera mezclar emociones y que contara tanto sus tropiezos como sus más grandes hazañas. También querían hacer un homenaje a su pasado y a toda la gente que ha estado con ellos durante su trayectoria. Ellos siempre decían: ‘No somos 4 nada más, somos todos los que involucran su trabajo para hacer parecer sencillo el nuestro’. Eso me parece maravillosamente halagador”.

Como todo proceso artístico, el inglés cuenta que A Head Full of Dreams fue transformándose desde su inicio hasta el corte final, generando algunos cambios que nutrieron al filme de escenas vibrantes y visualmente enriquecedoras. “Chris se encontraba en los Los Ángeles mientras que todos los demás miembros estaban repartidos por el mundo. Esa situación resultó especialmente complicada para mí, ya que el proceso de postproducción del filme debía incluir la opinión de todos y yo quería que cada uno de ellos pudieran ser parte de él. Al final eso no fue un problema porque los cuatro me dieron mucha libertad creativa para decidir sobre qué material agregar y cuál funcionaría con la narrativa del cortometraje. Me dieron la confianza necesaria para construir un lenguaje cinematográfico y después entregárselos. Incluso, me dieron un año más para pulir detalles y demás cuestiones con las que no me sentía muy cómodo. Eso me permitió acudir a la gira de A Head Full of Dreams por Latinoamérica, lo cual nutrió de escenas llenas de emoción y pasión al filme. Eso fue un punto a favor que no hubiera sido posible si no me hubieran tenido la paciencia que me tuvieron”.

El director cuenta que el proceso de selección del material que incluyó en el documental fue especialmente complicado. “Mi editor fue de gran ayuda, ya que teníamos alrededor de 100 horas grabadas. Fue tremendamente difícil decidir ya que cada video tenía no sólo un peso histórico sino también emocional para la banda. Recolectamos todo, lo vimos y a partir de ahí empezamos a seleccionar los clips que creímos eran los mas indiciados para incluir en el corte final. Aquellos que fueran con la narrativa y el mensaje que queríamos transmitir. Una vez finalizado se lo mostré a la gente detrás del documental, me refiero a los productores y demás personas involucradas para finalmente acercarme a Phill y Will, quienes me dieron su aprobación. Fue Chris quien nunca aprobó el filme porque nunca lo vio y seguramente no lo hará. De igual modo sentí seguridad, porque cuando lo llamé parar saber si ya lo había visto me dijo: ‘Haz lo que quieras Mat, siéntete libre. Voy a confiar en ti y en todos. Si tú sientes que este corte final representa nuestra historia y en lo que creemos como banda entonces que quede’”.

Retratar con tu propia visión artística a dos de las bandas británicas más influyentes de los últimos años como lo son Oasis y Coldplay se dice fácil pero no lo es. Este es un logro que el inglés no da por hecho y nunca olvida lo significativo que fue para él realizar Supersonic junto con los hermanos Gallagher. “Hacer el documental de Oasis fue un sueño para mí. Soy un gran fanático de su música, crecí con ellos y sus canciones representan demasiado para mí. El tenerlos cerca y conocer una versión más íntima de ellos es de las cosas más maravillosas que me ha regalado mi trabajo”.

Dicha experiencia le sirvió de inspiración para querer seguir creando documentales sobre música. Puede resultar difícil entender cómo un cineasta puede reflejar de manera tan real la historia de dos bandas con personalidades completamente opuestas. Mat encontró algunas características que le permitieron encontrar un punto de partida para la realización de ambos filmes: “Creo que algo que tienen en común Coldplay y Oasis es que las dos son grandes bandas que han modificado la historia de la música. Tienen un impacto generacional enorme. No importa si no te gusta uno o el otro, de alguna u otra forma su su música ha tenido una influencia en ti. Eso es algo que quería reflejar en ambos filmes. Creo que los dos grupos sabían qué querían contar y tenían claro el mensaje que querían compartir. Es distinto con los Gallagher porque la película se tornó un poco cruda y con eso la gente creyó en automático que eran personas arrogantes y superficiales, pero al final era algo que ellos querían compartir con su público y eso es muy honesto. Ambos colectivos son sumamente trabajadores y se exigen demasiado para lograr un buen material. Chris, por ejemplo, respira música. Puedo decir con seguridad que cuando no está con su familia, está encerrado en un estudio creando música, imaginando música, perfeccionando música. Los Gallagher son igual, cada quien en su área. Eso es importante en esta industria y en el arte en general. No sólo se trata de suerte sino de trabajar duro para conseguir las cosas”.

Finalmente, Mat Whitecross termina compartiendo cuál es para él el mayor aprendizaje de la cinta: “A Head Full of Dreams busca ser un trabajo que exprese la idea detrás de Coldplay, la unidad y el amor que los une como banda. Quisiera que la gente se quede con eso al salir de la sala, con un mensaje de amor y unidad para entender que al final de todo, la música nos hace ser uno”.



comments powered by Disqus