John Lydon, un clásico vivo


Una charla con el ex integrante de Sex Pistols y genio frente a Public Image Ltd. (PiL) sobre su irreductible rabia hacia la iglesia, de cómo Metallica le robó una oportunidad y el alivio de perder a Sid Vicious


POR Juan Carlos Villanueva  



Foto: Cortesía de Noiselab/Tomohiro Noritsune.

Nadie está consciente de su frágil existencia hasta que descubre ese instante capaz de aislarlo de este planeta. “Cuando me enteré de la muerte de Sid [Vicious], quedé en shock, sentí horror pero, al mismo tiempo, tuve una sensación de alivio de que todo había terminado”, recapitula John Lydon sobre los tiempos junto a Sex Pistols, años que lo curtieron, trastocaron y definieron. “Por un lado, Sid había sido acusado de asesinato en Estados Unidos, así que no tenía forma de cómo escapar de eso y, por otra parte, estaba hundido en su adicción a la heroína a un nivel en el que había perdido cualquier dignidad humana, era un ladronzuelo prendido a su adicción. La última vez que hablé con él fue como hablar con una jodida sombra, con un vampiro; fue algo muy triste, era una piltrafa humana balbuceando”.

John Lydon explica que para abandonar el ritmo de vida vertiginoso fue necesario meter la cabeza en las fauces de la bestia. “Pienso en todos los amigos que perdí a causa de las adicciones y me siento miserable; rememorar cómo sus vidas se apagaron me hace sentir devastado. Estar ahí, rodeado de tanta jodidez humana, hizo que mi vida cambiara para siempre”, dice desde su casa en Los Ángeles, mientras da sorbos a algo que esta bebiendo (así se escucha desde el otro lado del teléfono), enjuaga los trastes y me habla de los triunfos, del delirio y el fracaso, y hasta quizá se dio la licencia de inventar alguna historia. “Es fascinante que me llamen ‘El rey del Punk’, no tienes idea cuánto me divierten todas esas cosas que se inventan los críticos y periodistas (se carcajea); no soy alguien que busque títulos, por mí genial, pero no soy tan caótico ni complejo como me han descrito. Simplemente trato de expresar a través de la música y las letras las emociones de un ser humano, las buenas, las feas y las malas”.

John Lydon / Johnny Rotten recientemente lanzó un documental llamado The Public Image is Rotten, dirigido por el mexicano Tabbert Filler, “un hombre muy honesto y siempre procurando llegar a la verdad”, dice Lydon. “El revisitar diversos momentos de mi carrera junto a PiL fue aterrador, pero también recapitular mi enfermedad de la infancia, mis miedos primitivos y mis adicciones a la droga, fue revelador, porque pude darme cuenta de que estoy en paz con todo eso que fui. Toda esa carga negativa me hizo ser un hombre fuerte mentalmente, aunque físicamente estoy muy débil por todo eso que fui y consumí, pero mentalmente estoy en plena forma. Cada abuso y vicio que tuve en mi juventud hoy es parte de mi fortaleza”.

El ocaso de Sex Pistols significó el cegador amanecer para John Lydon y su nueva banda llamada Public Image Ltd., un combo creativo por el que han desfilado más de 40 músicos a merced del gran villano, el demonio, el demente, el artista, cualquier elogio se queda corto para dignificar la carrera de una de las figuras más influyentes del rock alternativo que conocemos hoy en día. En su quinto disco llamado Album (1986), Lydon grabó con Bill Laswell. “No quiso que trabajáramos con mis amigos”, recuerda John con una sonrisa perversa, “entonces trajo a los suyos”.

Laswell reclutó para esta grabación a Steve Vai, Ginger Baker, Tony Williams y Ryuichi Sakamoto. “Eran tiempos de opulencia, tenía cuenta abierta para pagar a quien fuera. Grabamos en Nueva York. Era un jovenzuelo sin experiencia, así que Laswell hizo todo. Yo me sentía terrible de haber perdido a mi joven banda, pero Laswell llegó armado hasta los dientes. ¿Te imaginas estar junto a Steve Vai y Ginger Baker? Entonces, decidí ir a Elektra Records para mostrarles el disco, pero omití los nombres de quiénes tocaban ahí (risas). Entonces estas criaturas inocentes de Elektra pensaron que los músicos de Album eran un montón de mugrosos punks queriendo ser famosos. Me cerraron las puertas y decidieron invertir todo su dinero en Metallica, ‘los vamos a hacer grandes’, me dijeron. ¡Qué miedo! Y no tengo nada contra esa banda, son buenos tipos, sino me pareció terrible cómo las disqueras deciden hasta dónde vas a crecer y quién va a crecer. Por eso, desde ese momento, supe que debía ser independiente, ¡gracias!”.

John Lydon, a sus 62 años, es un hombre que –durante nuestra charla– eructa, regurgita, se aclara las flemas de la garganta y sueña con escribir un libro sobre tiburones. Lydon estudió una licenciatura en biología marina. “Me gusta pasar las tardes viendo el mar, ver una ballena o un delfín, esa parte es muy personal. No puedo estar las 24 horas del día enfadado, ¿o sí?”. Y es que, para John, la rabia ha sido el estado emocional y combustible desde la infancia, cuando estuvo convaleciente de una meningitis cuando tenía siete años y sus padres lo mantenían enojado con la finalidad de mantener su cerebro activo, según la prescripción del doctor. “La rabia ha sido una frecuente emoción en mi vida desde entonces y descubrí que es una muy útil herramienta para crear”.

“Do you pray to the Holy Ghost when you suck your host/ Do you read who’s dead in the Irish Post/ Do you give away the cash you can’t afford/ On bended knees and pray to lord/ Fat pig priest/ Sanctimonious smiles / He takes the money, you take the lies/ This is religion and Jesus Christ”.

Foto: Duncan Bryceland / cortesía de Noiselab

Suenas muy enfadado en esa vieja canción “Religion I” de tu disco First Issue, pero también muy vigente, ¿no crees?
Sueno en verdad encabronado. La Iglesia me hizo mucho daño durante mi infancia, me torturó. Fui cantante del coro rodeado de sacerdotes y ahora ese recuerdo es uno de los más amargos de mi infancia. Una de las peores cosas que me hizo la iglesia fue mentirme y eso es imperdonable. Las monjas de mi colegio me llamaban el “tonto del bote” y me decían que ser zurdo era cosa del diablo y no debía serlo. Viví abuso infantil por parte de la Iglesia. Tuve que vivir con estupideces como “Dios no te ama”. Claro que odio a esa gente, porque Dios me ama y mucho, si es que existe. Me dio las herramientas para sobrevivir. Con mi enfermedad pudo matarme, pero por suerte no lo hizo, aunque quizá deba agradecerlo a la naturaleza o a la ciencia, ¿no es así?.

Siempre has hecho la música que has querido en la manera que se te ha venido en gana. Me recuerdas en eso a Frank Zappa (eliminemos su parte de dictador). Una vez le preguntaron que cuál consideraba su mejor obra, a lo que Zappa contestó: “Yo mismo”. ¿Cuál es tu mejor obra?
¡Guau! Sé exactamente lo que quiso decir. Lo más difícil es verte, analizarte y tratar de corregirte. Hacer de ti una mejor persona y quizá logres un mejor trabajo. Puede parecer arrogante, pero en profundidad es honesto. Uno es la suma de fracasos, logros y anhelos, y para logarlo se necesita mucho. Bien dicho Frank, creo que te lo voy a tomar prestado: Pienso que soy mi mejor logro.

PiL viene a México (6 de noviembre al Pepsi Center WTC) como parte de la gira de 40 años. ¿Qué sorpresas tendremos en vivo?
La forma en cómo seleccionamos las canciones es meramente intuitivo. Todo sucede mientras ensayamos e incluso cuando tocamos. Me gusta ver directamente a los ojos a la audiencia y ver si el ritmo de la música funciona. Incluso me doy el reto de cambiar algunas canciones en su orden. Eso espero hacer en México, tocar sin ataduras, como ha sido mi carrera, ser espontáneo, impredecible y tomar algunos tequilas para darme valor.



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