Solalinde, un santo contrapeso


El sacerdote mexicano vislumbra el inicio de una vida política a sus 73 años. A esta edad ha decidido romper con mitos y moldes para presentar un rostro humano, valiente ante los retos.


POR Jovel Álvarez  



Foto: Cam de la Fu.

La última vez que nos encontramos con el Padre Alejandro Solalinde, una experiencia casi mística sacudió al equipo de Rolling Stone que trabajó en la historia. En nuestra mente quedó una pregunta: ¿Lo volveremos a ver?

Un año después de aquella conversación en un bar gótico del sur de la Ciudad de México, nos reencontramos con el Padre en un ambiente controlado. Hoy conversamos con él sobre su nuevo libro: Revelaciones de un misionero: mi vida itinerante, coescrito con la periodista Karla Gutiérrez y publicado por HarperCollins.

En las páginas encontramos a un hombre dispuesto a romper con el mito construido a su alrededor, revelando las profundas divergencias que existen entre él y el mando de la iglesia católica, así como los fallos que ha tenido como humano a lo largo del ministerio.

Ataviado con su clásica camisa blanca y con la misma cruz de madera colgando de su cuello, el Padre nos recibe con una sonrisa amable. Dice recordar nuestro último encuentro, aunque desconoce el efecto que tuvo en aquellos que compartieron espacio con él aquella tarde. Cuento la experiencia y le pregunto por qué nos condujo a ese bar.

—¿Hay alguna voz en su interior que dicta su proceder?
—Sí, hay una voz. Existe. Una voz sin sonido pero muy clara. Yo no conocía la voz de Dios, pero es una voz silente y que no falla.

Una duda recorre la mente de este reportero: ¿Por qué romper con la idea de perfección que vive en el inconsciente de la mayoría de quienes conocen la labor de este sacerdote? Seguramente habrá compañeros de misión o devotas seguidoras que se verán escandalizados al leer de la relación amorosa que mantuvo con una mujer durante dos años de su ministerio. “A mí no me ayuda en nada que me mitifiquen o me idealicen. Yo soy partidario de que la gente sepa que somos como somos, con limitaciones, defectos y aun con la edad podemos hacer muchas cosas”, comenta.

Karla, la periodista con la que el sacerdote trabajó durante la escritura de este libro, fue la encargada de analizar el retrato más completo que se haya escrito de Solalinde. “El objetivo era presentar un retrato de él. Mucha gente piensa en él por el tema migratorio, pero si hay algo que aprendí en todo este proceso es que más allá de esta faceta, hay un gran ser humano al que tuve el privilegio de conocer. Te diría que querer encasillarlo a un solo tema personal u opinión política sería equivocado. La oportunidad que ofrece el libro a los lectores es conocer a un hombre que tiene una historia extraordinaria”, me dice.

La posibilidad de que Solalinde se integre a la vida política nacional como funcionario público, se vislumbra con certeza. El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, le ofreció la Comisión Nacional de Derechos Humanos, cargo que Solalinde aceptaría para ser un contrapeso efectivo del nuevo mandatario. “Andrés Manuel sabe que yo sería un gran contrapeso, no trabajaría para él, ni para Morena. Yo no seré un funcionario burócrata, seré itinerante y saldré a la calle con las víctimas. Yo voté por un cambio, no serviré a Andrés Manuel o Morena. Es más, llegando el 1 de diciembre, Andrés Manuel tendrá que decir adiós a Morena para empezar a construir ciudadanía”, afirma.

Para Solalinde, el ejercicio político no se contrapone a su ministerio sacerdotal, pues él lo concibe como una forma de honrar a Jesús defendiendo a las víctimas de la injusticia.

Nuevamente, una duda golpea a este reportero, y hago la pregunta con absoluta franqueza.

–Padre ¿usted va a ser santo? ¿Yo iré algún día a su canonización en Roma?
–[Ríe nervioso] Pues, ¿quién sabe?… Los procesos en la iglesia suelen ser muy tediosos, pero todos estamos llamados a ser santos, también tú…



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