Un rebelde del rock muy carismático


Aquí el recuerdo de una plática, una entrevista en exclusiva con Johnny Laboriel, un rebelde muy carismático.


POR Staff Rolling Stone México  



Aquí el recuerdo de una plática, una entrevista en exclusiva con Johnny Laboriel, un rebelde muy carismático.

“Tengo un don de Dios fantástico que es mi voz. Es un regalazo del Jefe de Jefes –claro, sin blasfemar contra los Tigres del Norte–”, palabras del talentoso Johnny Laboriel en una plática llena de recuerdos.

Por Álex Carranco A. y Benjamín Salcedo V.

Después de medio siglo, cientos de bandas y grabaciones, miles de conciertos y millones de notas lanzadas al aire para impactar el tímpano de cuatro generaciones, solamente ha habido un cantante con la fuerza, timbre de voz, potencia escénica y carisma para trascender durante las cinco décadas que abarca nuestra historia. Sin embargo, el 18 de septiembre de 2013 murió a causa de un cáncer de próstata, cuando tenía planeado festejar sus 55 años de carrera musical.

Aquí el recuerdo de una plática, una entrevista en exclusiva con un rebelde muy carismático.

De voz y aspecto diferente –aunque todo mundo jura que es negro, él dice que es café– ha interpretado algunos de los temas clásicos más grandes y recordados de nuestro rocanrolero cancionero nacional. Lo de Rebelde del Rock lo ha ostentando en su forma de pensar y de enfrentarse a un medio del espectáculo que él ha dominado, pero que sigue siendo manipulado y corrupto.

Johnny Laboriel nació el 9 de julio de 1942 en una de las familias de mayor prosapia musical de nuestro país. Su hermana, Ela, fue una gran cantante de jazz y pop, además de ser parte del equipo de organización de Avándaro; mientras que su hermano Abraham es uno de los bajistas de jazz y músico de sesión más reconocidos del mundo. Pero el único que tuvo un don natural fue Johnny. “En ese tiempo siempre fui utilizado, porque lo único que quería era cantar.”

Laboriel creció –como persona y artista– en una era que hoy, con la opacidad que acarrea el tiempo y nuestra tendencia a crear mitos se recuerda con nostalgia casi idílica, pero que vive problemas y situaciones que aún hoy se condenarían. En los años cincuenta, cuando la juventud descubrió una identidad alejada de la de sus padres gracias a las películas de James Dean y al rocanrol de Elvis, se convierte en una capa social –antes considerada como de adultos imperfectos y como paso entre la niñez y la madurez– que reclama su sitio, su voz y su valor. Y la única forma era la que imponían los ídolos que llegan a través de la industria del entretenimiento americano. Johnny recuerda: “Yo fui pandillero. Cuando fui a ver una película de Marlon Brando, saliendo del cine, desconté a uno. Era lo que se reflejaba en esa época en las películas de Elvis Presley y James Dean. Eso es lo que había, pandillerismo, ser un rebelde contra el status quo”.

Johnny comenta que la puerta del rocanrol se le abrió cuando ganó un concurso de aficionados en Radio Éxitos. “Me inscribí y gané de calle. Sin exagerar, canté más de mil veces la canción ‘Only You’, de Los Platters y ‘Tutti Frutti’ de Little Richard. Después comenzaron unas audiciones. Yo iba a entrar a un grupo llamado Los Black Jeans, al que luego entraría Cesar Costa, pero los vi con muchos billetes. Como que no me acomodé porque yo era de clase media bajísima, me quedé en un grupo que se llamaba los Reyes del Rock y posteriormente, Jesús Martínez Palillo, en el Teatro Folis, nos bautizó como Los Rebeldes del Rock. Ahí inició toda mi gracia y mi desgracia”.

Escucha: “La Hiedra Venenosa” de Los Rebeldes del Rock
[audio:http://www.rollingstone.com.mx/mplayer/mp3/La Hiedra Venenosa.mp3]


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