Un reencuentro con su pasado


Alejandro Jodorowsky volvió al cine después de 20 años con ‘La danza de la realidad’


POR Staff Rolling Stone México  



Alejandro Jodorowsky volvió al cine después de 20 años con 'La danza de la realidad'

Alejandro Jodorowsky volvió al cine después de 20 años y gracias a eso a su pueblo natal en Chile; ahora también regresará este mes a México para recibir un homenaje.

Por Arturo Aguilar

Entre el estreno de La danza de la realidad –su retorno al cine después de dos décadas con un retrato lleno de realismo mágico acerca de su niñez– y el homenaje que le espera en el Festival Internacional de Cine de Morelia, Alejandro Jodorowsky compartió algunas ideas sobre la catarsis y la función de sanación personal en su cine; la situación del cine actual como industria, las redes sociales y más.

¿Qué provocó esta decisión de volver al cine y de usarlo como un vehículo para este ejercicio personal sobre su pasado, voltear a ver su niñez, a sus seres cercanos?
El cine es una industria. Es muy caro. Para hacer una película necesitas bastante dinero, no dirigí antes porque mi proyecto asustaba a los productores. No quieren cine artístico, no quieren cine profundo. Me demoré muchos años, hasta que de pronto, en lugar de contar historias me decidí a hacer algo como lo que estoy haciendo ahora: Un cine sanador y a la vez artístico, que produzca un interés más allá de contar una historia. Y por fortuna me encontré a tres productores que quisieron emprender esta aventura, que es no hacer cine para ganar dinero, sino para mostrar una obra profunda.

Me pregunté “¿Qué quiero expresar? ¿Qué no he solucionado en mí?” y pensé que tenía muchos problemas infantiles, ya que no había regresado al pueblo donde yo había nacido. Donde la pasé un poco mal al comienzo. Entonces decidí regresar y filmar ahí el primer capítulo de mi libro, La danza de la realidad.

¿Cómo fue regresar a Tocopilla como experiencia personal a través de este proyecto?
Fue tremendo. Fue importantísimo. Fueron tres de mis hijos y mi esposa y fue así porque no ha cambiado la ciudad; llegué a la calle donde yo había vivido y estaba idéntica. Marchar con mis pies de adulto por donde anduvieron mis pies de niño fue fuerte, y recordé el sentimiento de que era inmensa esa calle, era un universo. Cambia la dimensión del espacio y produce un shock emocional. Cuando mis hijos llegaron ahí, se pusieron a llorar porque recuperaron su árbol genealógico, de dónde yo había salido.

Yo era un niño de aspecto diferente, me discriminaron, yo no tuve amiguitos, pero quise mucho a esa ciudad. Cuando volví fue todo lo contrario. La sociedad me abrió los brazos. Todo el mundo trabajó en la película, de extras, pararon las calles, ya que para ellos era abrirse al mundo siendo una ciudad olvidada.

A través de la película le di a mis arquetipos –mi padre y mi madre– lo que ellos no me habían dado. Él, que era aplastante e inhumano, le di humanidad. Mi madre quería ser cantante de ópera y la obligaron a palos a ser vendedora de una tienda, pues la hice cantar. Los realicé. Realicé una familia, padre, madre, hijo, unidos.

Por lo vivido hace años en México, por lo hecho acá en una parte de su carrera, ¿hay algún sentimiento especial por el homenaje en el Festival Internacional de Cine de Morelia?
Yo de Chile salí a los 23 años. Pero en México hice dirección de teatro, mis películas, mi formación artística, fue en México. Si se habla de mí como director, soy un director de cine mexicano. Para mí es fuerte, fui muy discutido en esa época porque rompí formas, aporté cosas nuevas, armé una trifulca en la comunidad artística, pasé muchas aventuras. Pero ahora que se me reciba, es como que valía la pena. Siento que todo lo que hice valió la pena. Es una confirmación de que no me había equivocado del todo y eso es muy importante para mí.



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