‘Animales Nocturnos’: una pesadilla convertida en arte


El thriller de Tom Ford nos envuelve en una historia entre el arte y la muerte


POR Camila de la Fuente  



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Mujeres obesas bailando desnudas al ritmo de la nada. No hay explicación, simplemente lo grotesco se hace arte y la pérdida de los propios límites las representa el sobrepeso. Estas mujeres más abundantes que lo abundante se encuentran expuestas en la exitosa galería de Susan Morrow (Amy Adams): así comienza Animales Nocturnos, admirando la decadencia de la cultura, la exaltación de la obscenidad y la crisis de valores.

El filósofo Jean Baudrillard escribe en su libro Las Estrategias Fatales que “vivimos en un mundo que va a lo superlativo: no se busca lo feo, sino lo monstruoso para que su extremo nos llene de un éxtasis que lo convierte en bello”, eso lo logra encarnar el director Tom Ford en su película: hace de una pesadilla una obra de arte.

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Todos tenemos un sentido, pero el de hoy, es justamente el sinsentido. El “porque sí” o “porque me divierte” son las (sin) razones que dominan nuestras explicaciones. La trascendencia, irónicamente, ha perdido su trascendencia. Susan solía ser una inocente universitaria, con la ilusión de ser una artista que luego se ve perdida: “¿Sientes que tu vida se ha convertido en algo que nunca pensaste?” se pregunta la protagonista. Ella se ha transformado en lo que de joven odiaba. Al igual que en el arte, lo vulgar y lo grotesco se ha vuelto el canon de belleza de hoy. Se celebra el exceso y la decadencia de la cultura occidental.

Susan no le encuentra el sentido al arte que promueve. Cree que seguimos haciendo lo que odiamos porque estamos arrastrados por el capitalismo. Lo hemos consumido todo, pero nada resulta llenarnos. Existes mientras consumes, porque el consumo se traduce en poder. Tratamos de encontrar tranquilidad rompiendo los paradigmas, pero no lo hacemos: nos quedamos contemplando lo absurdo, lo grotesco, lo violento. Nos dirigimos a la nada, flotamos en el purgatorio.

El exmarido de Susan, Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal), le envía una novela triste y violenta que titula Animales Nocturnos, junto a una nota que aseguraba que ella fue la inspiración de la historia. El autor en la primera página escribe: “para Susan”.

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Edward representa el contrario del postmoderno, es el Don Quijote de la historia. Él es el romanticismo hecho en persona, del que antes nos atrevíamos a predicar en nuestras vidas y en el arte. Ese en el que se es sensible y se cree en las personas: hay una ilusión creadora. Edward es sentimental, característica que hoy vemos como debilidad, creemos que somos poderosos porque no sentimos. Para sentir se requiere de valor. Su sueño es ser escritor porque es una manera de mantener vivas las cosas, de salvarlas de su muerte asegurada.

En la novela se narra la horrible historia de un trágico viaje familiar en el que Tony (Jake Gyllenhaal) pierde a su esposa e hija en un abrupto secuestro que no tiene un sentido o un fin, más que mero entretenimiento para el sádico Ray (Aaron Taylor Johnson) y sus amigos: los asesinos y violadores. Ellas mueren porque “es divertido matar gente”. 

Tony encuentra los cadáveres desnudos de su esposa e hija, expuestos como una bella obra de arte sobre un mueble rojo. Se juega con la belleza y la muerte, valores que generalmente son contrarios. La tragedia no tiene una finalidad, son originados por el sinsentido. El protagonista de la historia se mantiene vivo para vengar a su familia y decide perseguir a los asquerosos villanos. Lo mismo hace Edward para vengarse de Susan, pero a través del arte de la escritura.

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En cambio Susan solía ser superviviente, ya que vivía del vacío. Como menciona el filósofo coreano-alemán Byung Chul-Han: “el superviviente equivale al ‘no muerto’, que está demasiado muerto para ‘vivir’ y demasiado vivo para ‘morir’”. Esto le sucede a los cobardes, a quienes no se atreven a enfrentar la negatividad de la vida: se huye de ella a cambio de no vivir una vida plena. Eso hace la lectora. La novela está llena de simbolismos y letras que envuelven a Susan, sacándola de su propio vacío. Edward con su arte la trae de regreso a la vida para luego matarla con su brillantez.

La sociedad de hoy es una especie de barco perdido en los océanos desconocidos. Estamos inconformes pero a la vez, decidimos no vivir plenamente. Susan le dice a su exmarido en una pelea que ella no es creativa, Edward le responde “porque tú escogiste no serlo”. Nosotros escogimos que fuese de esta manera: nos consume el miedo y nosotros, sin saberlo, lo consumimos a él. Somos débiles. De eso se trata la postmodernidad: no saber el camino a la felicidad precisamente porque ya nos rendimos. Es por eso que en el enfrentamiento final de la novela, Ray le grita a Tony “¡eres muy débil!” -palabras dichas por Susan durante su agitado matrimonio- luego Tony dispara y asesina a los dos villanos de la película: a Ray y a Susan.

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