Bitácora Cinéfila desde el TIFF VII


La vida del trompetista Chet Baker con Ethan Hawke como el famoso músico, una historia real de activismo LGBT que podría darle a Julianne Moore una nueva nominación al Oscar y Tom Hiddleston en un ensayo antropológico sobre el choque de clases son nuestros destacados de la jornada desde el Festival Internacional de Cine de Toronto.


POR Staff Rolling Stone México  



La vida del trompetista Chet Baker con Ethan Hawke como el famoso músico, una historia real de activismo LGBT que podría darle a Julianne Moore una nueva nominación al Oscar y Tom Hiddleston en un ensayo antropológico sobre el choque de clases son nuestros destacados de la jornada desde el Festival Internacional de Cine de Toronto.

Por Arturo Aguilar

Born to be Blue
Chet Baker, uno de los grandes trompetistas de jazz de la historia, tuvo una vida, por decir lo menos, intensa y compleja. Y esta película comparte, a través de una mezcla de lo sucedido realmente y de pasajes de ficción, una de sus etapas más difíciles, cuando como adicto a la heroína y tras un asalto que lo deja sin dientes, busca un regreso en su carrera, en los tiempos de Miles Davis y Dizzie Gillespie.
Ethan Hawke está a cargo de personificar a este artista, y lo hace con competencia, aunque a la larga, la historia se pierde un poco entre el biopic musical y el drama, y no se define por una u otra,lo que la deja en cierto limbo que puede dejar al espectador sintiendo que había algo más del filme o de la historia de Baker que no se muestra.

Freeheld
Julianne Moore y Ellen Page protagonizan esta emotiva historia basada en la vida real de la ex policía de New Jersey, Laurel Hester, quien tras ser diagnosticada con cáncer terminal, quiere asegurarse que su pensión como investigadora sea otorgada a su pareja. Laurel es lesbiana, algo que mantiene en secreto por la poca aceptación social al respecto.
Es 2005, y aunque ya existe la figura legal del Domestic Partnership, esta no le da los mismos derechos a Stacie (Ellen Page) que los de un matrimonio.
Emocional, directa, contundente y de una relevancia total en nuestros días (en el año en que se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en muchos países, incluidos México y Estados Unidos), la historia nos refiere a un pasado reciente donde estas batallas se convirtieron en auténticos puntos de inflexión para provocar verdaderos cambios a nivel social en relación a los derechos y la equidad de la comunidad LGBT.
Una película que bien podría darle a Julianne Moore una nueva nominación al Oscar.

High Rise
La adaptación fílmica del libro de J. G. Ballard, una obra retro-futurista con una enorme carga visual y un fondo reflexivo importante, llega a la pantalla de la mano del reconocido director británico Ben Wheatley y con los actores Tom Hiddleston y Jeremy Irons.
No se trata de una película sencilla de observar o asimilar, pero se trata sin duda de un interesante ejercicio de antropología y sociología, en este caso, cinematográfica que muestra un edificio de departamentos convertido en la zona de batalla de una guerra de clases entre sus habitantes. Una guerra literal que llegará a extremos para exponer los problemas modernos de estas dinámicas sociales, incluido un guiño a los procesos de gentrificación urbana de nuestros días.
Hiddleston e Irons cumplen, aunque, siendo francos, no se les exige en exceso, porque el edificio mismo se convierte en el protagonista central de la película.
Si bien podría haber detalles que necesitarían un poco más de atención (en general se siente que la película tiene muchas y profundas ideas, pero le falta pulir algunos pormenores para llegar a todas estas ideas y proyectarlas al espectador), en general se trata de una experiencia fílmica inteligente y sugerente, que lleva al espectador a no ser un simple testigo de una historia, sino a tratar de captar sus mensajes en el segundo o tercer plano.
El reparto, de por si atractivo, se complementa con la presencia de Sienna Miller, Luke Evans y Elisabeth Moss.

High Rise

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