La Otra Cartelera – 59 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional


Cita obligada del calendario anual del cinéfilo mexicano, comentamos algunas de las cintas que forman parte de la nueva edición de la Muestra de Cine de la Cineteca.


POR Arturo Aguilar  



Elegida el año pasado para representar a Francia en la búsqueda de una nominación al Óscar a Mejor Película Extranjera, Saint Laurent, de Bertrand Bonello, es una biopic del célebre diseñador de moda, que se centra en su vida entre 1967 y 1976.

En el contexto del lanzamiento de su Colección Rusa, el filme busca mostrar en ese retrato y espacio de tiempo la compleja vida de Saint Laurent, desde su intensa y excéntrica vida amorosa a su desmedida devoción y pasión por su trabajo y la reacción social de los cambios que provocaba en el mundo de la moda.

Sin embargo, para el tamaño y relevancia de la figura a retratar, el filme de Bonello parece quedarse corto, simplemente uniendo momentos icónicos con momentos personales, sin saber profundizar en los mismos, muy lejos de los logros del documental El Amor Loco (L’Amour Fou) que sí se asoma a la vida y psique del artista de la moda.

Después de la muy notable De tal padre, tal hijo, el director japonés Hirokazu Koreeda vuelve a invitarnos a adentrarnos en una historia de dinámicas familiares, valores y una enorme sensibilidad en Nuestra hermana pequeña.
La cinta cuenta la historia de tres hermanas que conocen a su pequeña hermanastra al asistir al funeral del padre, quien había dejado a su primer esposa por la madre de la pre adolescente Suzu. Al morir el padre, las hermanas, quienes ya trabajan y están en sus 20s, invitan a Suzu a irse a vivir con ellas.

Los perfiles, diferencias, secretos, fantasmas y personalidades de cada una de las hermanas servirá para que a lo largo de algunos meses, estas puedan asimilar la importancia de la nueva presencia en casa y hagan las paces con su pasado y sus propias interpretaciones del mismo. Sin duda una cinta interesante y emotiva, sensible y sencilla que, de nuevo, no deja fuera la enorme importancia de lo social (en Japón) en estos dramas personales.

En El Club, el director chileno Pablo Larraín vuelve a llevar su mirada incisiva y profunda de una situación y de la psicología y emociones de sus personajes a esta cinta sobre un grupo de sacerdotes enviados a una casa ‘de retiro’ tras pasar por experiencias sensibles y polémicas que involucran sus más oscuros pecados, en un contexto interesante tanto en lo social como en lo filosófico o de las creencias.

Bajo ciertas circunstancias, sus secretos comienzan a salir a la luz y ponen en peligro la vida que llevan, en un cierto estado de negación respecto a lo que han vivido.

Vale la pena destacar lo mordaz del retrato a este grupo de personajes, y a dónde Larraín lleva la historia, las actuaciones y el control que sabe ejercer en cada momento del tono y ritmo que quiere darle a su filme.
Una experiencia intensa y provocadora, en las que no hay espacio para maniqueísmos o juicios de valor simplistas.

Un muy curioso triángulo amoroso se construye en 3 corazones. Una historia de encuentros y desencuentros, de sorpresas y secretos.

Marc conoce a Sylvie cuando pierde el tren para regresar a París y ambos terminan pasando la noche juntos… simplemente caminando por el pequeño pueblo y platicando. El flechazo es innegable, pero tras quedar de verse de nuevo unos días más tarde, Marc no llega a la cita y lo que parecía ser simplemente un final poco romántico y anti climático de su historia de amor se convierte en un melodrama cuando poco después, Sylvie vuelve a aparecer en la vida de Marc (o Marc en la de Sylvie) con algunas complicaciones familiares inesperadas. Ahí la película se separa del lugar común del romance y ofrece una reflexiva mirada a las complicaciones de la vida sentimental de cualquiera, a las sorpresas, giros y excesos que se pueden cometer en esas situaciones.

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