La Otra Cartelera – ‘Creed’


Contra todo pronóstico inicial, el regreso de la saga creada por Sylvester Stallone ofrece entretenimiento y reflexión para todo público.


POR Arturo Aguilar  



En la era del abuso y la obsesión hollywoodesca por las sagas, los remakes y reboots de productos fílmicos construidos alrededor de algún tipo de nostalgia o fanatismo, resulta enormemente placentero encontrar que dentro de esta moda de la industria pueden llegar películas interesantes, entretenidas, ejemplarmente dirigidas, adecuada y puntualmente modernizadas sin hacer a un lado las referencias y características que hicieron de las películas originales auténticos fenómenos de la cultura pop.

Así, la romántica historia de superación deportiva de Rocky, el paradigma del underdog que contra todo pronóstico alcanza su meta con base en el esfuerzo y la seguridad propia, de la mano del joven director Ryan Coogler encuentra una buena razón para un nuevo capítulo, con una historia similar a la primera en su centro, y convirtiendo a Rocky en un personaje secundario, en un ser cuya existencia no depende ya del ring, ahora en un mentor y no un héroe; y en un humano más enfrentando nuevas batallas físicas y psicológicas tan auténticas y naturales en las que no se usan guantes, que llevan al personaje a ser observado y apreciado bajo una nueva luz.

Creed-Movie

Como el título indica, aunque se trate de una historia dentro del universo creado alrededor del mito de Rocky, es otro el protagonista de la historia: Creed. El apellido, que refiere al gran rival y luego gran amigo de Rocky Balboa en las primeras entregas de la saga, Apollo Creed, ahora es la pesada loza que carga Adonis, el hijo no reconocido del otrora campeón, quien tras una niñez y adolescencia entre reformatorios y peleas es rescatado por la viuda de Creed.

No es gratuito que el nuevo protagonista de la saga sea afroamericano, tampoco que en lugar de ser un boxeador que a través de los puños busca conseguir una mejor vida económica, se trata de un joven que abandona una vida acomodada con un futuro en un trabajo bien remunerado para hacerse un nombre propio en esa actividad que lleva en la sangre: el box. Adonis desea ocultar su apellido y su pasado, aunque este define su pasión y sus intereses, y en ese conflicto se desenvuelve en buena parte el desarrollo de la película. Se trata de una historia construida alrededor del profundo conflicto y motivación de ese personaje, de la relación padre-hijo y de mutuo apoyo e inspiración que se desarrollará en estos complejos personajes sin olvidar que se trata de una película de boxeo que requiere su dosis de acción.

A pesar de tanta atención al desarrollo de personajes, la película no carece de un ritmo constante y muy bien llevado por Coogler, quien sabe detenerse a observar momentos más pausadamente en conversaciones intensas y sinceras, y rápidamente construir collages musicales de entrenamiento llenos de dinamismo y acción. La historia acompaña a Adonis de vuelta en Filadelfia para pedirle a Rocky que se convierta en su entrenador. Tan certero en su éxito como el propio Rocky en su juventud, Adonis se dará a la tarea de demostrar con trabajo y puñetazos, al igual que Rocky, que merecía esa oportunidad. De nuevo, como hace unas décadas en esa misma ciudad, una historia de superación. Y si en este abanico de ideas y reflexiones resulta haber un nutrido filme capaz de ofrecer distintas conversaciones con el espectador, Coogler entrega también muchas cosas destacables en la dirección de la película, desde la natural forma en que centra todo en la historia de los personajes en diálogos, conversaciones, encuentros e intercambios precisos y eficientes, hasta el lucimiento -con argumento dramático y no por mero lucimiento visual- de un largo plano secuencia para los primeros dos rounds de la carrera de Adonis en los que nos lleva al frenesí y caos de una pelea de box, intercambiando posiciones y distancias con los boxeadores en una extraordinaria coreografía de golpes, gritos, violencia controlada convertida en deporte y ansiedad general en el ambiente.

maxresdefault

Lo de Michael B. Jordan como Adonis Creed es la presentación formal de este joven actor como uno de los talentos más destacados de su generación. Como Stallone hace 39 años, en la pantalla es posible sentir que el actor simplemente está convertido en el personaje, que no es un actor ejecutando algún perfil sino un personaje sintiendo y viviendo frente a cámara. Pero quizás el golpe más efectivo (nostálgico y emocional) de todo Creed es Sylvester Stallone, quien fue capaz de ceder la posición de guionista y director de su creación fílmica más preciada (Stallone dirigió 4 de las 6 películas anteriores de Rocky y escribió todos los guiones) y de darle un voto de confianza y un ‘espaldarazo’ profesional a un prometedor joven cineasta a partir de la pasión con la que le explicó lo que quería hacer con el regreso de Rocky (con una nueva historia que homenajea en varios sentidos la original), para luego llevar esa clase de sensata y tranquila sabiduría que viene con la edad a su personaje, entendiendo que ha llegado el momento no de ser el héroe sino el mentor, y con esa claridad y honestidad, el nuevo Rocky es un personaje capaz de transmitir mucho más eficientemente la experiencia de asomarse a viejos miedos y fantasmas y enfrentar nuevas batallas de la vida.

La más romántica historia de superación deportiva que el cine ha aportado al imaginario colectivo de la cultura pop no solo resulta ser eficientemente modernizada para nuevas audiencias jóvenes sino que se convierte en un espejo de lo que el proyecto mismo es para todos los involucrados, una muestra de superación de sus capacidades como artistas, contra cualquier expectativa que se podía tener frente a la idea de un reboot de la saga de Rocky. Los underdogs lo hicieron de nuevo.

Lo de Coogler, Jordan y Stallone es un KO en toda forma.

BANNER APP 152




comments powered by Disqus