La Otra Cartelera – ‘El Renacido’


Iñárritu ofrece con ‘El Renacido’ no solo una experiencia cinematográfica novedosa y visceral, sino que confirma estar en un nuevo camino de superación y curiosidad artística, innegablemente interesante.


POR Arturo Aguilar  



Mucho se ha hablado y escrito de las penurias, sacrificios y esfuerzos requeridos por la producción de El Renacido para dar vida a tan singular proyecto cinematográfico, factores y contextos importantes en la construcción de una campaña que tiene como meta la obtención de premios como el Óscar, pero totalmente gratuitos e innecesarios en el auténtico y simple disfrute y análisis de una obra como esta.

Después del juego de espejos y trucos narrativos que es Birdman, Iñárritu decidió para su siguiente filme una aventura de supervivencia cargada de niveles interpretativos a partir de las relaciones entre todos sus personajes, y donde la naturaleza, esa Norteamérica salvaje, la fauna, los lugares, la naturaleza en toda su fuerza y violencia, es un personaje central más. Hombres (ya sean blancos o nativos americanos), animales y naturaleza tienen su momento para mostrar sus facetas de explosión iracunda, de reacción visceral ante una confrontación, desacuerdo o malentendido.

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Ahí es donde se acomoda perfectamente la historia de obsesión, dolor y revancha de Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), experto expedicionario y cazador que tras ser atacado por una mamá osa que lo deja en un precario estado, es abandonado y virtualmente enterrado vivo para morir. Súmenle a eso que Glass es testigo de cómo otro cazador, Fitzgerald (Tom Hardy), asesina a sangre fría a su hijo (mitad nativo americano) para poder ir a cobrar lo prometido por hacerla de enfermero de un paciente supuestamente terminal.

En la superficie, la historia se centrará en el literal renacimiento de Glass que buscará vengar la muerte de su hijo; en el fondo, en lo que cada personaje expone y busca, en lo que los motiva a actuar de tal o cual manera, se desarrollan las intensas dinámicas que hablan de la violencia y salvajismo en todos los actores de la historia, incluida la naturaleza. Incluso hay espacio (afortunadamente son esporádicos estos momentos en los que Iñárritu se acerca a las zonas de abstracción filosófico-poética de Malick, pero de los que solo obtiene postales y brochazos que no son explotados a profundidad), para la reflexión en clave onírica de creencias y relaciones entre la naturaleza y el hombre, a partir de la premisa de que Glass tiene un hijo con una nativa americana y está en contacto con estas tribus y su sensibilidad, cosmología y relación con el medio.

Y si pareciera que se insiste mucho en el rol de la naturaleza como un personaje más, el mérito es un buena medida a un nuevo logro mayor de Emmanuel “Chivo” Lubezki, quien con ahora usando una cámara digital (por primera vez), grandes lentes angulares y panorámicos e iluminación natural, convierte el escenario en un personaje que se lanza desde la pantalla hacia el espectador y literalmente lo atrapa y lo sumerge en su realidad. Lo de Iñárritu y Lubezki da por resultado una experiencia fílmica que se desborda de la pantalla, que aprovecha por completo las ventajas de la proyección fílmica en una sala de cine, que convierte la experiencia de una película en un happening casi visceral, en una montaña rusa visual pero a la vez inmersiva. Y donde para aquellos que lo busquen y lo interpreten, habrá otros niveles de historia a apreciar y observar.

El Renacido es un filme que como experiencia fílmica, ofrece algo atractivo y novedoso, oara cualquier tipo de cinéfilo. Eso nunca es un logro menor.

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