Resúmen Festival Internacional de Cine de Morelia


Todos los detalles y lo más relevante de la 8ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia


POR Staff Rolling Stone México  



Todos los detalles y lo más relevante de la 8ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia

Por Arturo Aguilar y ÓscarUriel

Tras una semana de mucho cine, desveladas, desmañanadas, entrevistas, stress y una que otra fiesta, nuestros corresponsales en el Festival Internacional de Cine de Morelia ya no estaban en condiciones de salir en video sin provocar que se les confundiera con zombies de una película de George Romero. Por ello, nos hicieron llegar sus conclusiones de la 8ª edición del FICM en texto.

Aquí las palabras de Arturo Aguilar y Oscar Uriel, quienes aún hoy tratan de recuperarse del desgaste que es haber visto más de veinte películas en una semana cada quien.

Arturo Aguilar
Llegamos al final del festival. Nunca sabemos bien cómo, pero llegamos.
Y a la hora de que los premios y reconocimientos se entregan, en el ejercicio de recordar y destacar lo más llamativo e interesante de esta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, es imposible no caer en cuenta de que el docu-drama, la docu-ficción o el falso documental (como quieran ustedes llamar a este subgénero fílmico) ha cautivado y ha encontrado eco en espectadores y jueces.

Ahí está como prueba el premio a Las Marimbas del Infierno, un sencillo y humano retrato de las aspiraciones y deseos de encontrar soluciones a los problemas económicos de un músico de marimba cada día más dejado en el olvido. El filme no cae en los lugares comunes ni concede salidas donde la realidad y la lógica no lo permitirían. Con humor y crudeza, la película se queda bien plantada en la realidad, que usa como telón de fondo y eje.

Otra docu-ficción, Madre Tierra, la historia de una teibolera -pasada de las 30 primaveras hace unos cuantos veranos- que permite asomarse a la vida de una mujer que busca su propio camino, su estabilidad emocional y el futuro de sus hijos mientras se encuera como trabajo, sin caer en sentimentalismos extremos, ni en la sordidez que suele darse en los filmes que registran el mundo de tubos, luces, bailes privados y desnudos en el que se desenvuelve cotidianamente.

En los demás filmes mexicanos presentados en competencia (y varios proyectados fuera de competencia), la ficción mexicana sigue acusando falta de consistencia. Los intentos de un cine más ‘de autor’ o de propuesta artística siguen dividiendo opiniones entre lo interesante y lo somnífero. Por esos terrenos caminaron A tiro de piedra o Vete más lejos, Alicia. División de opiniones por parte de crítica y público.

Cuando llegamos al cine de género, al producto de entretenimiento necesario para establecer una industria sólida que permita al espectador crear el habito de consumir cine mexicano regularmente (a través de comedias, cine de acción, fantástico, thriller), las cosas se ponen aún más desoladoras.

El futuro de trajes de latex y mallas unisex para toda la población en un estado controlador del que se puede escapar tan fácilmente como manejando sin una persecución ni nada (como lo propone De día y de noche), no logra conectar con la audiencia. Lo mismo que le sucede a los ensayos multimedia (llamarlo cine sería absurdo y su propio título nos invita a no hacerlo) de Olallo Rubio en This is not a movie y La otra familia de Gustavo Loza. El primero pecando de un exceso discursivo (además ya bastante cacareado) por parte de Olallo y el segundo por la falta de una profundidad en sus personajes que lleve una película de entretenimiento y dominguera a un retrato social interesante y actual.

Como siempre, al rescate llega el documental mexicano. Tan variado en formas y temas, es difícil no encontrar un trabajo que proponga algo de interés al espectador. La vida de una comunidad mixe en Oaxaca en La región invisible; las experiencias físicas de la gente desde muy diversas ópticas en Carne que recuerda; los pesares de familias separadas en Tijuana en Una frontera, todas las fronteras; la vida de hiphoperos de Cd. Juarez que con su música buscan una salida a una violenta realidad en Barrios, Beats & Blood; la vida al interior de un circo y las singulares dinámicas de abuso y violencia en Las águilas humanas; y tantos más.

Finalmente, Morelia se ha convertido en un destino obligatorio para el cinéfilo nacional. La programación disponible al público lo demuestra. En pocos días, pudimos ver cintas de una enorme calidad estética y narrativa, y las más recientes producciones de cineastas que ya tienen un lugar en el imaginario colectivo cinéfilo, como Armadillo de Janusz Metz, Copia Fiel de Abbas Kiarostami, El tío Boonme quien recuerda sus vidas pasadas de Apichatpong Weerasethakul, El baile de la victoria de Fernando Trueba, Machete de Robert Rodriguez, Conocerás al hombre de tus sueños de Woody Allen y Somewhere de Sofia Coppola.

Sumarle a esa oferta la filmografía completa de Terry Gilliam, cine clásico mexicano de Fernando de Fuentes y los hermanos Alba o cortometrajes experimentales pone en la mesa un banquete muy atractivo y que sigue creciendo año con año.

PD: Mención muy especial merecen los cortometrajes producidos por TVAzteca bajo el nombre de Formas de amar a mi México. Suma de talentos y visiones alrededor de nuestra mexicaneidad por parte de realizadores que no dejan lugar para la duda sobre su enorme oficio. Guillermo Arriaga, Carlos Bolado, María Novaro, Juan Carlos Rulfo, Antonio Urrutia y Alejandro Springall entre otros, nos regalan capsulas de enorme profundidad y belleza, que mueven a las lágrimas y a la risa, a la emoción y el orgullo. Ojalá este proyecto pueda llegar a salas de cine, espacio en el que merecen poder disfrutarse.

Oscar Uriel
La característica principal que podríamos destacar del Festival que año con año se celebra en la capital moreliana es la estupenda selección de estrenos cinematográficos de carácter internacional dentro de su amplio programa.

Amén de las competencia de cortometrajes y largometrajes documentales y ficción dentro del evento, es la escrupulosa curaduría que se realiza en cuanto a la proyección de filmes en exclusiva dentro de la programación, lo que hace de la experiencia en Morelia una cita obligatoria para cualquier cinéfilo.

Es importante el destacar la labor de Daniela Michel, Carlos Garza y Joaquín Rodríguez en éste renglón, ya que recolectan durante todo el año, una selección que podría llamar la atención de los asistentes del Festival. De entre las particularidades en la edición 2010 podemos mencionar la controvertida decisión de abrir el evento con Biutiful de Alejandro González Iñárritu, misma que polarizó opiniones tanto de la crítica como del público que tuvo la oportunidad de ver el filme antes de su estreno en salas comerciales. La elección de Biutiful tiene sentido partiendo que constituyó la única selección en la competencia oficial del Festival de Cannes, sin embargo, los presentes tuvieron que soportar las dos horas y media de duración de una película (aunando el acto burocrático de apertura que incluye el tradicional discurso por parte de las autoridades de la entidad) mismo que logró una tibia recepción en Cannes y que ha sido criticada por sus excesos. Efecto distinto cuando, por ejemplo, el Festival de Morelia abrió con El Orfanato o Diarios de Motocicleta.

El Festival de Morelia también estrenó mundialmente Agnosia, la ambiciosa película española que se presentó, incluso, antes que en la península ibérica. Se trata de la segunda cinta del joven Eugenio Mira, la cual pretende continuar con la exitosa racha de filmes de género de magnífica manufactura como El Laberinto del Fauno y Los Ojos de Julia, entre muchos otros. Se trata de un thriller de época situado a finales del siglo XIX sobre un grupo de personajes atrapados en un complot de espionaje industrial protagonizado por Eduardo Noriega y Bárbara Goenaga. Lamentablemente la película no cumple con la expectativas de ofrece el trailer del mismo, resultando un mediano trabajo que termina por convertirse en un clásico melodrama.

Sin embargo, la exhibición de lujo, desde mi punto de vista, resultó la proyección de Carlos, la ambiciosa serie producida para la televisión francesa con vestigios cinematográficos, creada por Olivier Assayas sobre la historia de Ilich Ramírez Sánchez, probablemente el terrorista más popular en la historia contemporánea. Los directivos del Festival de Morelia decidieron proyectar las cinco horas de duración del trabajo original, en lugar de la versión de dos horas y media que pretende llegar a los cines próximamente. La experiencia se agendó en dos ocasiones dentro del programa del Festival ofreciendo a los presentes una experiencia única de apreciar el trabajo completo de lo que muchos críticos han calificado como “una de las mejores películas del año”. Tuve la oportunidad de asistir a la segunda proyección y constatar que el público que asistió a la sala no abandono el lugar sino hasta haber concluido la proyección. Esto, por ejemplo, es algo que únicamente se sucede en Morelia.

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