La cercanía de los objetos


Juan Villoro ajusta su vista en el ‘Espejo retrovisor’


POR Staff Rolling Stone México  



Juan Villoro ajusta su vista en el ‘Espejo retrovisor’

Por José Xavier Návar

Alguna vez Marshall McLuhan, el filósofo canadiense de la comunicación lanzó la pregunta: “Si usted va en un carro y mira por el espejo retrovisor, ¿qué es lo que ve? ¿El futuro o el pasado?”. Juan Villoro, novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista, científico del rock y articulista, retoma la respuesta de McLuhan (lo que vemos es el futuro que viene) y la vierte a su manera en Espejo retrovisor (Seix Barral). Este reciente y muy recomendable libro –por si no lo han leído– es el recuento de algunos de sus textos más representativos. “Guiado por los favores de la memoria, este libro muestra los que quedó atrás; pero la literatura es una ilusión de cercanía, donde lo lejano se aproxima de acuerdo con el lema de los espejos retrovisores: Los objetos están más cerca de lo que aparentan”, escribe Villoro.

Se trata de 30 años de trabajo de cuentos y crónicas escogidas, reunidos por primera vez en este Espejo retrovisor de uno de los escritores más amenos, curiosos y divertidos de la hispano américa contemporánea. Dónde la pasión por escribir y detallar a personajes tan disímbolos como Mick Jagger, Andy Warhol (en un texto fascinante que no ha perdido vigencia con este Dandy del pop) o el controvertido Salman Rushdie, se suma a otras turbulencias como la familia, la condición humana, la política, el futbol, los grandes íconos, los viajes, los terremotos, el misterio de la vida literaria y, desde luego, el rock.

¿Crónica o cuento?
La verdad en los dos me siento igual de incómodo, por eso me interesan. Para mí son desafíos los retos de escribir una historia que sea creíble y que no repita lo que ya dijiste tú o lo que dijeron otros; que en tan poco espacio seas económico y puedas contar muchas cosas. Por eso yo me siento siempre nervioso e incómodo, pero vale la pena. Dicen que torero sin miedo no es torero, claro que lo tiene, pero lo trasciende. Yo creo que algo de eso aplica en nuestro oficio, porque si no hay reto, no tienen chiste.

Se sabe que escribes con pluma fuente, ¿por qué?
Me gusta mucho el ritmo de la pluma fuente, como que le da un ritmo más pausado a lo que escribo, como que piensas de manera distinta, de pronto puede haber un pensamiento que quizá –lo digo como superstición– surge más de la mano que de la cabeza. Sobre todo cuando ya escribiste mucho y la mano está un poco cansada, y de pronto sientes que la mano va por su propia cuenta, como que va agarrando su ritmo y así te dejas llevar… como un bailarín.

¿Y la computadora?
Me encanta la percusión del teclado, aunque eso para mí es algo muy inconsciente. Actualmente mi computadora está con todas las letras del teclado borradas, de tanto que la aporreo. Tan acostumbrado a pegarle al teclado desde la máquina de escribir, que mi mano ya no va a la letra, va por instinto. Hay cosas que mi mano conoce y yo no. Eso es increíble, ya sea que mi mano vaya despacio deslizándose con la pluma o con el teclado, como que dice cosas por su cuenta. Es como una especie de vudú con resultados un tanto misteriosos.

¿Qué tal los entrevistados, tienes que moverte con el instinto de un crack ofensivo o defensivo?
Con Mick Jagger, hubo que aprovechar la oportunidad de la situación. Con Salman Rushdie, acatar sus condiciones cuando te dice: “Acepto que viajes conmigo (a Tequila, Jalisco), pero no me hagas una entrevista”. No aceptaba que le hiciera una pregunta, pero aceptaba que viajáramos durante todo un día hacia Tequila, por eso la crónica se llama así.

¿Y con la lengua que canta en los Stones?
Cuando vas a entrevistar a un monstruo como Mick Jagger –tú has hecho muchas entrevistas a estrellas del rock y sabes lo que es eso– te dan media hora.

Los de la disquera sólo quieren que preguntes del disco nuevo, que hagas un publirreportaje… A mí me ayudó mucho con Jagger, que el periodista que me antecedió –un alemán frío y calculador–, trató de desmitificarlo y le soltó algo así como: “Mira, finalmente ni eres un gran cantante, ni eres un gran compositor. Eres un arrogante y un gran actor, y has tenido mucha suerte”. Pero a estas alturas tratar de desmitificar a un personaje como él, que es un emblema del rock con lengua registrada y que forma parte de la mitología, es impensable. Jagger se enojó mucho y lo corrió, cuando finalmente accedió a la última entrevista, que era la mía, se quiso reconciliar con la prensa y me dijo: “Pregúntame lo que quieras”. Le cayó bien que yo fuera mexicano y me vi beneficiado por la casualidad.

¿La personalidad más célebre que hayas entrevistado?
Como personalidad, Mick Jagger ha sido el personaje más emocionante. También entrevisté a Peter Gabriel y a Bono, que es muy inteligente y carismático, pero es un poco demagogo. Jagger, por supuesto, está muy consciente de sí mismo, pero es un seductor extraordinario y bueno, ambos forman parte de mi autobiografía sentimental.

ZINIO



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