A 30 años del Terremoto


Testimonios que nos recuerdan el terror y la solidaridad de los mexicanos


POR Staff Rolling Stone México  



De Hari Sama (Eurídice): Ese año trabajaba en Europa, en el campo, en el sur de Francia. Hacía la uva… una de esas noches un compañero andaluz escuchaba el noticiero en un radio de transistores con un audífono: “¡Terremoto en América Latina, en México! Era el rey Juan Carlos dando el pésame al pueblo de México. Los siguientes días hice todo lo posible por contactar a mi familia. Fue imposible. Pasaba el tiempo en el único café del pueblecito catalán con televisor, viendo, con lágrimas en los ojos, las imágenes de mi ciudad destruida, completamente destruida. Un año más tarde volví a la ciudad, adolescente perdido en sus imágenes. Mi ciudad estaba llena de cicatrices. Las heridas poco a poco se convirtieron en parques raquíticos. Ese fue el año en que empecé a buscar una banda en México para tocar. Lo demás es historia.

Hari_de_Eurídice

Patricio Iglesias (Eurídice y ex Santa Sabina): Recuerdo que mi edificio chocaba con el de al lado, el ruido era brutal. Mi mamá gritaba histérica a ver a qué hora se caía esta chingadera. Vi por primera vez cómo un evento de índole natural estremece las entrañas de la sociedad civil. Vi el miedo. A lo largo de las inevitables repeticiones de eventos similares he ido desarrollando cada vez más temor por el recuerdo de aquel 19 de septiembre.

Patricio_Iglesias_De_Eurídice

Mariano Spíndola (La Sabrosa Sabrosura, ex Rastrillos y Los Yerberos): Me parece muy importante recordar ciertos aspectos de lo sucedido en 1985, cuando el terremoto azotó la Ciudad de México sin piedad. Yo viví toda mi infancia en las calles de las colonias Juárez y Roma, desafortunadamente me tocó vivir en carne propia algunas pérdidas humanas y ver cómo muchos conocidos perdieron sus hogares. Lo que quiero recordar no radica en historias personales, sino en la cohesión, unión, bondad, lucha, apoyo y amor que la sociedad chilanga demostró ser capaz de tener en momentos necesarios. Mucha gente ayudó en cualquier forma que le fue posible, donando ropa, alimentos, medicinas, agua, etc. Muchísimas personas se ofrecieron como voluntarias para las labores de rescate exponiendo sus propias vidas. Empresas olvidaron por momentos sus objetivos comerciales primordiales; por ejemplo, Telmex dejó los teléfonos públicos gratis y así duraron casi un año. Me gustaría que la sociedad actual tomáramos una actitud semejante, pues lo que estamos viviendo es comparable con el terremoto.

Mariano_Spíndola

Tonio Ruiz (qbo y Coda): Tenía 16 años casi recién cumplidos y estaba afuera de la prepa a punto de entrar a la escuela en un carro dándome unos besotes con mi novia cuando se empezó a mover el carro, yo pensé que mis amigos me estaban molestando moviendo el carro desde afuera y voltee a buscarlos pero no había nadie, y fue cuando se arrancó el temblor con todo y era impresionante ver la calle moverse como hule y los postes de luz todos locos para todos lados, no pasó nada más por esa zona, nos dejaron salir de la escuela a todos y nos fuimos a casa de un amigo; de camino vimos una escuela destruida en Tlalpan y Taxqueña pero no pasamos por las peores zonas, no estábamos consientes de la magnitud del terremoto, hasta comimos tacos de aguacate jaja… Cuando prendimos la tele y vimos todo ese horror por el centro de la ciudad fue el peor sentimiento que he tenido en toda mi vida… tratamos de ir a las brigadas de ayuda, pero por la edad no nos dieron mucha bola, la policía nos regresaba por donde veníamos… terrible recuerdo. Afortunadamente nadie de mi familia o conocidos sufrió daños, pero el sentimiento de saber de toda la gente que sí, puff, abrumador.

Tonio Ruiz

Alex Otaola (Cuca, San Pascualito Rey y ex Santa Sabina): En mi caso, recuerdo más el pánico que causó el temblor del día siguiente. El primero nos agarró saliendo rumbo a la escuela, por lo que después de pasado el susto seguimos el camino y hasta llegar ahí nos dimos cuenta que se habían suspendido las clases y poco a poco nos fuimos enterando a lo largo del día de la magnitud de la tragedia. Por lo mismo, sospecho que muchos estábamos viendo las noticias en el momento del segundo temblor y todos en el edificio salieron corriendo a la calle en estado de shock.

Alex Otaola

Alfonso André (Caifanes): En ese entonces tocaba con Las Insólitas Imágenes de Aurora. Recuerdo que después de una noche intensa y larga, (como solían ser casi todas en esa época) me despertó el movimiento de mi cama. Ese día teníamos por primera vez tres tocadas en la misma fecha y supuse que mis compañeros de banda estaban moviendo mi cama para empezar la jornada. Me desperté malhumorado y al ver que nadie movía la cama, pensé: “Ah. Esta temblando.” Me di la media vuelta y seguí durmiendo. Al poco rato me volvieron a despertar las sirenas que aullaban por toda la ciudad. Me había despertado en medio de una pesadilla.

Alfonso Andre

Jarris Margalli (Mistus): Desde que vi la forma en que casi se tocaba una pared con la otra de la casa supe que México se derrumbaba. Tuve el impulso. igual que miles, de ayudar, pude entrar a la zona más dañada (el centro), nadie me lo cuenta pero los soldados no nos permitieron ayudar. Le daba clases de guitarra a un chavo de 15 años, Sergio Anaya, su hermano tocó en Árbol, un grupo de rock de los años setenta. Al terminar, me despedí de él en la puerta, entré a casa, al minuto salí para recordarle algo, pero ya estaba en la esquina, le grité y le grité y nunca volteó. Murió en el terremoto, me afectó muchísimo, tengo esa escena en que le grito, muy grabada. Todos perdimos a alguien, la vida de todos los mexicanos cambió el 19 de septiembre de 1985.

Jarris Margalli

Alonso Arreola (compositor y bajista): Iba a cumplir 11 años de edad cuando entendí la fragilidad del mundo material, del balance social. Segundos después del terremoto, mi madre quedó desmayada en nuestro departamento de la Condesa. Al salir a la calle pude ver el imperio del polvo y de los gritos, los edificios aplastados por la ira subterránea. Si todo dentro de casa quedó fuera de lugar tras esa danza macabra, afuera la gente se convertía en “insectiada” sobre escombros. Desde entonces tengo más respeto por la solidaridad de las hormigas e intento construir más sonrisas en los pocos segundos de un presente, preludio inevitable para nuevas desgracias. Y claro, ya no puedo escuchar el tema musical de “Never Ending Story”, soundtrack involuntario de aquellos días de paranoia en que perdimos a amigos valiosos.

Alonso Arreola

Cecilia Toussaint (compositora y cantante): Me marcó como a todos los que lo vivimos. Nos hicimos conscientes de que formamos parte de un colectivo y que lo mejor de este país somos nosotros… su sociedad.

Cecilia Toussaint

Sr. González (compositor y productor): Recuerdo haberme juntado con unos amigos e irnos al centro a tratar de ayudar. Terminamos quitando escombros en una calle de la Colonia Juárez. Recuerdo a la gente tomando las riendas de lo que el gobierno fue incapaz de hacer. Recuerdo que pusieron gratis los teléfonos públicos. Recuerdo el segundo temblor y el pánico que provocó entre los que estábamos quitando piedras. Recuerdo a la gente que esperaba que sus seres queridos aparecieran entre los escombros. En nuestro caso, no tuvimos suerte de rescatar a nadie con vida, que era nuestro mayor deseo. Recuerdo que salías de la zona de desastre y el resto de la ciudad veía los hechos como si sucedieran en otro país, por la televisión. ¿El efecto en mí? Creo que acentuó cierta inclinación anarquista. Creo en la gente, no en sus gobernantes.

Sr. González

Vanessa Bauche (actriz y cantante): Vivía en la colonia Roma frente al mercado de Medellín. ¡Fue impresionante! Tuvimos que caminar hasta el Circuito Interior, las imágenes eran como si hubiesen bombardeado la zona. Niños llorando por su padres, la mayoría muertos, gente herida y en shock, nubes densas de polvo y olor a muerte a cada paso. Había una mezcla de caos y silencio que calaba muy profundo. Por otro lado, la disposición de todos por ayudar, por rescatar con vida a personas, animales, la vida misma. ¡Imposible no conmoverse! Un mes después hubo una réplica de baja intensidad, todos salimos del edificio, las crisis de histeria colectiva no se hizo esperar, mujeres se dejaban caer a mitad de la calle gritando. Sentí que la presión se me bajaba y sin gran aspaviento me desmayé en la calle. En el Hospital de Urgencias de Chilpancingo en la Condesa, dijeron que llegué con un paro respiratorio y me declararon muerta por dos minutos. Desde donde yo estaba, muy a gusto –dicho sea de paso¬¬– escuché que tenían que llamar a mis padres para levantar el acta de defunción, pensé en mi madre y en mi hermano, con quienes vivía, y en mi padre que vivía fuera de la ciudad, sentí todo su amor, todo su dolor como una ola que me envolvía en espiral, la misma sensación que cuando salí de mi cuerpo, con la diferencia de que este espiral me abrazaba aún más fuerte y era muy cálido. Luego pensé en el dolor que les provocaría mi absurdo y prematuro deceso, entonces comprendí que aún no había terminado de estar aquí, que mi familia no merecía ese golpe brutal. Regresé, reincorporándome de golpe, cual Nosferatu para sorpresa de los médicos, quienes sorprendidos estabilizaron mis signos vitales sin poder explicarle a mi madre qué había sucedido. Sólo atinaron a decirle que había sufrido una muerte clínica pero que en cuanto recuperara la conciencia podía irme ya que necesitaban la cama, por un accidente vial con varios heridos. Y así fue como el terremoto indirectamente sacudió no sólo mi casa, mi cuadra, mi colonia, mi ciudad, sacudió también lo más profundo de mi conciencia, de mi cuerpo y de mi ánima. Para mí, como para muchos rescatados y sobrevivientes de experiencias similares, fue un viaje hacia la muerte donde el amor y la voluntad del ser, hicieron la diferencia entre permanecer o trascender definitivamente a otro plano. Resurgí de entre mis escombros y mi estado de conciencia a partir de entonces es otro. Valoro y vivo cada instante con intensidad, me entrego a la vida dando lo mejor de mí, porque sé que algún día no estaré más aquí. ¡Y este viaje es maravilloso!

Vanessa Bauche

Eduardo “Nat” Contreras (Ágora): Ese año nos cambiamos de casa a Lindavista, frente al planetario Luis Enrique Erro, al cuarto piso de un edificio. Tenía 10 años y todavía no me acostumbraba al cambio de ambiente. El terremoto me agarró como a muchos, listo para la escuela y con la mochila al hombro, algo que tengo muy presente es que empecé a bailar porque alguien me había dicho que así no se sentían los temblores; no sirvió de mucho, casi me caigo, nunca había sentido algo igual. Recuerdo que por suerte nada cerca o visible se derrumbó, solo se cayeron cosas de mi casa y un cuadro de 1.20 x 90 cm casi dio la vuelta completa como hélice de helicóptero. Unos dos días después fuimos a la iglesia de San Cayetano y pasamos frente a lo que hasta hacía unos días había sido un Sears muy grande. Quedó completamente derrumbado. Estamos hablando de una tienda departamental de unos cuatro pisos con estacionamiento que de longitud por lo menos tenía cuatro calles. Podías ver los pisos del estacionamiento aplastando carros uno sobre otro como capas de sándwich que te dejaba muy poco a la imaginación. Un espectáculo entre macabro y surrealista. Todo lo que veíamos en la TV era impresionante y fuerte, pero esto lo que tuve de primera mano cerca de mi casa y de mi día a día. Lo que vino después, la unión y participación ciudadana me dejó claro que la Ciudad de México era más grande que lo sucedido; gente cercana, como mi tío Machi, hermano de mi madre, ayudó en los rescates, siempre ha sido mi héroe por eso y por muchas otras cosas. Ese acto me dejó una sensación de seguridad, fuerza y hermandad, a pesar de cualquier dificultad, la gente del DF, el chilango, no daría un paso atrás.

Eduardo Nat

Kate del Castillo (actriz): Estaba en la escuela con mi hermana y recuerdo muy bien que salimos al patio y los edificios de al lado se doblaban impresionantemente. Los días que siguieron fueron días muy tristes y difíciles, mi hermana y mis papás todos ayudamos a la Cruz Roja y escuchar las cruces y ver todo en cenizas fue muy impresionante. Pero también la solidaridad de México fue importante. Desde entonces le tengo miedo a los temblores y siempre estoy tratando de no ir a edificios altos.

Kate del Castillo

Gasú (Los amantes de Lola): El terremoto, más allá de lo trágico, me permitió vivir la unión entre las personas para ayudar a sus semejantes… incluso tiempo después podías salir a la calle y sentir que si lo necesitabas, podías contar con la ayuda de cualquier extraño… sobre todo en estos tiempos, extraño esa sensación… pero estoy seguro de que podemos abrir los ojos como ciudadanos y buscar lograr el bienestar común ante cualquier situación difícil, como la que hoy se vive en México.

Gasú

Gabriela de la Garza (actriz): Yo vivía en Guadalajara. Estaba levantándome para ir a la escuela, iba en tercero de primaria. De pronto mi casa se sacudió fuerte y no entendí nada. Mi mamá se puso muy nerviosa, todo se movía y crujía: Cortinas, focos, libros y cosas en general cayeron al piso. Pasó, se me hizo eterno. Lo primero que hizo mi mamá fue prender la televisión para saber qué había pasado. Un terremoto de 8.5 grados había sacudido la Ciudad de México. En Jalisco y en otros estados se sintió también. El primero que sentí en mi vida. Inmediatamente mis padres intentaron comunicarse con la familia en el DF, pero fue imposible. Las líneas telefónicas caídas y las imágenes que veíamos en la televisión eran nada alentadoras. Me llevaron a la escuela tratando de mantener la calma. Cuando llegué a casa de nuevo ya habían podido hablar con la familia y afortunadamente todos estaban bien. Ese día comimos frente a la televisión. Nadie podía creer el desastre en la capital. Edificios enteros completamente destruidos, el sufrimiento, la gente ayudando a quien lo necesitara, heridos y muertos saliendo de entre los escombros o atrapada en ellos… por días. Un escenario de desesperación y compasión, de caos y organización. Jamás lo voy a olvidar.

Gaby de la Garza

Fratta (compositor y cantante): La mañana del 19 de septiembre de 1985 viajé a Madrid en el penúltimo vuelo que salió del DF. Era el viaje pospuesto de fin de prepa y yo ya estaba en la UNAM estudiando el primer semestre de Arquitectura. Estaría 23 días allá, de mochila al hombro. El impacto al llegar a España fue terrible, pues aunque se intuía que algo grave había pasado por la magnitud del sismo ( y eso que no se sintió tan fuerte en el sur de la ciudad, donde yo vivo), minutos después yo iba camino al aeropuerto y casi no me enteré de nada. La sensación era extraña y se combinaba con la emoción del primer viaje trasatlántico de juventud y las despedidas. Fue hasta llegar a Madrid que todo era conmoción, noticias y fotos terribles en los diarios. Imágenes comenzaban a llegar a los televisores de los cafés y todos preguntaban por nuestros familiares y conocidos, que por suerte todos estaban bien, lo sabíamos desde antes de salir de México. Como pude terminé el viaje enterándome de a poco de lo que pasaba –la comunicación no era la misma que ahora–, incómodo por no estar ayudando en ese momento, pero sabiendo pronto estaría de vuelta y podría hacerlo. Al regresar a México me incorporé a las brigadas de ayuda universitarias y los semestres posteriores al temblor, estuvimos trabajando desde los talleres de Arquitectura en la reconstrucción del barrio de Tepito y otros proyectos comunitarios. Es otro México antes y después del temblor. Nosotros, los que lo vivimos de alguna manera y los meses posteriores, tampoco somos los mismos.

Fratta

Raúl Fernández Greñas (Luzbel): Sentir y darme cuenta de lo insignificantes que somos ante la fuerza de la naturaleza y ver claramente la corrupción que siempre se ha manejado, en este caso, en las construcciones que se vinieron abajo; lógico, por utilizar materiales de segunda, alterando así la seguridad de los mismos. Y, por supuesto, el dolor que representa ver todo destruido, así como el saber que había perdido conocidos y amigos.

Greñas

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