‘A Moon Shaped Pool’ de Radiohead es un obsesionante y maravilloso triunfo


Nuestra reseña del noveno álbum de estudio de Radiohead.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Andy Beta

Casi nueve años después de que Radiohead le regalara In Rainbows a unos despistados fans en 2007, su sísmica, independiente y accesible sorpresa, le ha dado cabida a muchos otros artistas para sacar álbumes inesperados mientras sus seguidores no sospechan nada. Este año, personajes de la “realeza pop” como Kanye West, Rihanna y Beyoncé han hecho lo mismo, solamente en las 24 horas que han transcurrido, James Blake y Death Grips lanzaron nuevos materiales sin anunciarlos previamente.

El noveno álbum de estudio de Radiohead, A Moon Shaped Pool, se estrenó hace apenas unas horas; para una banda que prometía “No Surprises”, la sorpresa del disco no fue su lanzamiento en el día de las madres, sino que este álbum, el cual es el menos orientado al rock de Radiohead, en este siglo XXI es el más hermoso y desolado material que han lanzado.

Han transcurrido cinco años desde The King Of Limbs; el grupo ha explorado numerosos obstáculos individuales, Phil Selway se orientó a su lado como cantautor, Jonny Greenwood se despegó de lo clásico y lo minimalista para crear la musicalización de Junun en su viaje del año pasado a la India.

Mientras tanto, Thom Yorke trabajó por su parte en electrónicos y temperamentales proyectos, y en el dinamiso y poliritmo del rock de Atoms for Peace.

Sin embargo, a pesar que The King Of Limbs y algunas partes de In Rainbows, sonaron como si la banda se estuviera yendo en muchas direcciones, existe una maravillosa elocuencia y cohesion en A Moon Shaped Pool, todas sus partes y trayectorias apuntan a la misma meta.

Radiohead tentó a su fans con porciones del sencillo “Burn the Witch” por casi una década, desde acordes de piano, hasta extractos de letras en su ahora inexistente sitio web. Para todas las pistas que pudieron ser recabadas, el efecto de “Burn the Witch” ha sido notable. Desde el resoplido estático de la batería, hasta el rasgueo de las guitarras acústicas y el sonido de la sección de cuerdas, “Witch” sube como un “ataque de pánico volando bajo” hasta llegar a lo más alto de su clímax.

Desde el elegante piano en “Decks Dark”, hasta el ágil movimiento de dedos en “Deser Island Disk” y “Present Tense”, el gran conjunto de sonidos electrónicos ha sido reemplazado por una serie de hermosos timbres y melodías, entre más encantador, mejor.

Mientras los efectos electrónicos aún están presentes, (se escucha su movimento como una corriente de mar debajo de “Desert Island Disk”) la mayoría de las canciones, olvidan el aplastador duelo de las guitarras eléctricas de Greenwood y Ed O’brien, así como los poderosos golpes de la batería de Selway. Ahora aportan guitarras acústicas, pianos y cuerdas. A Moon Shaped Pool revela más a que a Radiohead, una nueva apreciación de música folk, así como la habilidad de la banda de expresar melancolía a través de sus melodías.

Un paño cuelga sobre el disco como neblina, mismo que refleja el dolor y los corazones rotos que corren a través de Pool. “Daydreaming”, misma que la banda en conjunto con el director del video Paul Thomas Anderson, lanzaron en pocos cines en un formato de 35 mm, captura el tono y el ánimo del álbum en su totalidad.

Ensordecedor, pensativo, difícil de sacudir. Así es el efecto de su sonido, desde la frase “broken hearts make it rain” de “Identikit” (la canción con más ritmo del álbum) hasta lo que pronuncia Yorke: “panic is coming on strong/so cold, from the inside out” en la balada “Glass Eyes”, el disco muestra gran tristeza, misma que se puede observar en el punto medio del álbum, en donde la nota menor del piano de Yorke, se mueve junto con las cuerdas de Jonny Greenwood creando un efecto representativo, mientras Greenwood acompaña la suave voz de Thom Yorke en una mezcla de tristeza y belleza. Este espiral se percibe al final de “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” sin duda uno de los momentos más melancólicos del material.

Todo llega a una conclusión estridente en Pool, “True Love Waits” es una canción tan vieja que podría ordenar su propia cerveza legalemente. La ballena blanca en la discografía de Radiohead ha aparecido en las sesiones en vivo, pero nunca ha sido grabada. Para los fans de corazón de Radiohead valió la pena la espera. Uno solo puede intentar adivinar cómo estas canciones de amor, que poseen intimidad y gentileza se leen dos décadas después, pero el efecto es como encontrarse con una carta de un viejo amor muchos años después de que la relación se haya tornado fría, en donde algunas veces existió un toque de redención, en el devastador extracto “Just don’t leave”, ahora suena como el más largo (y triste) adiós.

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