Mägo de Oz tuvo una noche mágica


‘Diabulus in Opera’ estuvo en los aplausos mexicanos.


POR Miguel H. Zetter  



Foto: Página oficial Mägo de Oz.

El 6 de mayo de 2017 se puede definir como el día en el que todos fuimos magos. Eran las 9 de la mañana y sobre Avenida de las Granjas ya había comenzado el desfile de playeras negras y sombreros morados que buscaban estar hasta adelante en lo que 12 horas después sería, probablemente, la noche más importante en la carrera de Mägo de Oz. Todo giraba en torno a una sola fecha, una oportunidad, un momento, un concierto con orquesta sinfónica, un coro maravilloso [orquesta y coro pintados como catrinas], un lleno total en la Arena Ciudad de México, una grabación de disco con DVD, y un país que se le volvió a entregar a una de sus bandas consentidas.

En diferentes secciones de la interminable fila de entrada, la lealtad hacia el Mägo se notaba por las porras, cantos, guitarras, violines, bocinas y un sinnúmero de celulares, que estaban en sintonía viviendo un ambiente de fiesta porque sabían que serían parte de la historia de la banda más importante de España. Poco antes de las 9 de la noche, la cuenta regresiva para el show se volvió eterna y desesperante porque cuando los músicos de la sinfónica comenzaron a tomar sus lugares en la parte alta del escenario, sabíamos que la espera estaba a punto de desintegrarse, pero no contábamos con la mala broma del tiempo que parecía se había alentado para aumentar el fervor de los 18 mil asistentes que se dieron cita en el recinto.

Por fin se apagaron las luces y las primeras notas de la inolvidable noche fueron las de “Dies irae” y ahí inició la entrega total de músicos, bailarines, actores y por supuesto de los magos y brujas que no dejaron de gritar durante aproximadamente dos horas y media. El marco era perfecto para la ocasión; luces, pirotecnia, pantallas gigantes como parte de la escenografía, invitados especiales, y un set list perfectamente bien estudiado y seleccionado para que la orquesta luciera e hiciera brillar a los temas que recorrieron los momentos importantes en la carrera de la banda dejando un exquisito sabor de boca a todos. Estaba un Txus nunca antes visto tan serio y metido en su batería, incluso hasta un poco reservado al momento de tocarla, seguramente por la energía e imponente orquesta sinfónica que impacta a cualquiera.

La amalgama entre orquesta, coro y grupo tuvo varios procesos. Primero la orquesta cubrió, después apoyó y al último impulsó; es decir, comenzó siendo (en sonido) muy superior al grupo, y poco a poco fueron encontrando el punto exacto de unión y complemento. No se puede hablar de canciones clásicas porque un concierto así requiere que todos su temas sean de esa forma, pero “Siempre-Adiós Dulcinea parte II”, “Gaia”, “Hechizos, pócimas y brujería”, “La cantata del diablo”, “La costa del silencio” y “Fiesta pagana”, fueron las mejor logradas en ejecución, intención, claridad, conexión y significado para la gente. Fue una noche que cuando se recuerde, se volverá a vivir y sin más explicaciones, la mejor descripción de lo que sucedió lo dijo Zeta al inicio: “Queremos demostrarle al mundo cómo son los fans de Mägo de Oz en México”.

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