México, la segunda casa de Metallica


La banda se consolida como el Dios del metal y México no puede equivocarse.


POR Miguel H. Zetter  



Foto: Salvador Bonilla
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Hablar sobre un concierto de Metallica en México podría parecer fácil, predecible y sin mucho por aportar cuando se sabe que un abarrotado, entregado y fiel Foro Sol se pintó de negro para rendir tributo a uno de sus grupos consentidos; pero afortunadamente estamos hablando de Metallica, que puede tocar tres, seis u ocho veces seguidas y siempre dará nota porque nunca habremos visto todo.

El ambiente, como era de esperarse, fue de muchísimo entusiasmo, más que de expectativas; el banquete musical comenzó con un magnífico “precopeo” con Cerberus, una banda mexicana de gran calidad que demostró ser una excelente decisión para iniciar con el festín. Su sonido lleno de energía, virtuosismo y compromiso logró conectarse con los pocos, pero afortunados asistentes que ya nos encontrábamos en el foro.

Foto: Salvador Bonilla

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Después vino el “aperitivo” con Iggy Pop y evidentemente el público, que prácticamente estaba a punto de llenar el recinto, lo reconoció con una enorme ovación al iniciar y al terminar su show. Hubo un momento en la actuación de esta leyenda en donde se percibió una especie de pausa en el ánimo de los asistentes que se dio porque –a título personal– su estilo musical no me pareció el más adecuado para abrir un concierto de metal. Sin embargo, el ADN azteca reconoció, agradeció la calidad y entrega de la leyenda originaria de Michigan.

Foto: Salvador Bonilla

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Llegaría el “plato fuerte”, alrededor de las 9:20 pm cuando las clásicas imágenes de El bueno, el malo y el feo nos daban la bienvenida con “The Ecstasy of Gold” (de Ennio Morricone) para darle entrada a “Hardwired”, tema con el que abre el material más reciente de la banda, Hardwired… To Self-Destruct y con el que comenzarán prácticamente todos los conciertos de su gira World Wired Tour 2017.

Foto: Salvador Bonilla

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Desde el primer hasta el último segundo del show de los californianos, el público se mantuvo en un estado de euforia, incluso, para aquellos “pseudofans” o para los que aún siguen esperando únicamente el mal llamado “Álbum negro”; no les causó ruido que en el setlist incluyeran sólo cinco temas del último disco, ya que cada canción fue una interacción constante gracias al show audiovisual con las pantallas y pirotecnia, un enorme deleite musical. Algo que resulta un poco irónico es que “indirectamente” anunciaron la parte final del show y fue cuando la gente más se animó.

Foto: Salvador Bonilla

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James Hetfield afirmó que en México nos gusta lo pesado y que Metallica nos lo iba a dar; presentaron “Sad But True”. El clímax de la noche había llegado; siguió “One”, “Master Of Puppets” y “Fade To Black”, entre otras; y sí, fue triste pero real, nos acercamos al gran final para descansar aunque se nos apareciera el buen “Enter Sandman”.

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Cada integrante agradeció, a su estilo, a los mejores fans que tienen en el mundo: los mexicanos. James Hetfield estuvo emocionado y agradecido durante el show, volvió a ganarse a su leal público y nos recordarnos que: “No importa de dónde vienen, cómo se ven y cómo se visten; son parte de la familia Metallica y eso es lo que importa. Gracias México por ser la segunda casa de Metallica”. Después de escuchar eso y de haber vivido el primero de los tres conciertos en esta ciudad… “Nothing Else Matters”.

Foto: Salvador Bonilla

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