Morrissey en el Auditorio Nacional: Una noche más de miserabilismo


La noche del 22 de noviembre, Morrissey llegó a nuestro país para reafirmar su legado en el Auditorio Nacional, donde miles de mexicanos sublimaron desde sus más intrínsecas pasiones hasta su más insólita ausencia de vitalidad. Después de las 9 de la noche, Morrissey arribó al escenario con la vestimenta que lo caracteriza: un blazer […]


POR Jonathan Matamoros  



Foto: Chucho Contreras

La noche del 22 de noviembre, Morrissey llegó a nuestro país para reafirmar su legado en el Auditorio Nacional, donde miles de mexicanos sublimaron desde sus más intrínsecas pasiones hasta su más insólita ausencia de vitalidad.

Después de las 9 de la noche, Morrissey arribó al escenario con la vestimenta que lo caracteriza: un blazer a modo, zapatos lustrados, un copete que apenas sobrevive por la pérdida del cabello y una playera escotada que tenía impreso el rostro de James Dean, una de las figuras que más han influido tanto en su discurso lírico como en su estilo visual.

Como ya es su costumbre, el show comenzó con una presentación de varios videos en el escenario, que le muestra al público parte de su ser a través de un homenaje a sus héroes musicales y las piezas de la cultura pop que le han inspirado a construir su agrio personaje a lo largo de más de 30 años.

En ese carrete de videos pueden verse a figuras como Patti Smith interpretando “Horses”, a David Bowie haciendo lo propio con “Rebel Rebel”, además de extractos de películas como L’Insoumis, cinta original de 1964 de donde The Smiths extrajó la fotografía que funcionó como portada de The Queen Is Dead de 1986.

La música llegó con un tema de The Smiths que Moz poco suele tocar en sus presentaciones, “William, It Was Really Nothing”, pista incluida en Hatful of Hollow de 1984, un álbum que oscila entre ser una compilación, pero también incluye canciones inéditas para ese año en específico en el que Morrissey debutó junto a Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce.

A este le siguió “Alma Matters”, un tema que forma parte de las canciones solistas que se popularizaron en la década de los noventa y donde el británico proyecta honestidad y parte de su esencia noble. Además de interpretar rarezas de The Smiths como “Is It Really So Strange?” del álbum Louder than Bombs, el británico detalló su lista de canciones con joyas de sus primeros álbumes como solista.

“Hairdresser on Fire” de Bona Drag, así como “Dial-a-cliché” y “Break Up the Family” de Viva Hate, recordaron la fuerza con la que Moz comenzó su carrera, alejado de los pleitos con disqueras y con sus antiguos amigos e integrantes de la banda que lo llevó al estrellato de la música independiente.

El momento más álgido del concierto se vivió en “If You Don’t Like Me, Don’t Look At Me” y “Life Is a Pigsty”, tracks poco usuales en sus presentaciones, pero con ellos Moz reafirmó su figura como el perfecto antishowman; un hombre que a sus casi 60 años sigue expresando odio por lo miserable que puede llegar a convertirse la propia existencia, que predica hasta el cansancio el evangelio del veganismo y que logra ser detestado por sus propios seguidores, en una industria donde lo que más importa es seducir hasta el cansancio.

La velada concluyó con esas canciones que Moz describió en la canción “Rubber Ring” de The Smiths como “las canciones que hacen llorar” y “que salvan la vida”. “Everyday Is Like Sunday” dejó secuela para un segundo encuentro entre los capitalinos y el rey del miserabilismo esta misma noche, el penúltimo viernes de noviembre.



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