Beirut


Un concierto breve que logró conseguir que todas las personas ahí reunidas vivieran una gran experiencia musical y se llevaran un buen sabor de boca…


POR Staff Rolling Stone México  



Un concierto breve que logró conseguir que todas las personas ahí reunidas vivieran una gran experiencia musical y se llevaran un buen sabor de boca...

Por Adriana Oñate
Fotos Claudia Ochoa

Desde la solitud de su habitación en Santa Fe, Nuevo Mexico, creo que Zach Condon jamás se imaginó el tocar su música para muchas personas alrededor del mundo. Por segunda ocasión, Beirut, proyecto en el que es líder, visitó México para el deleite de muchos.

Quien diría que un viaje a Europa a la tierna edad de 17 años cambiaría tanto su vida. El descubrir la música de los balcanes aunado a su gusto por el jazz y la cultura francesa, formaron una poderosa combinación que derivó en la creación de Gulag Orkestar, su disco debut, grabado por el mismo con la ayuda de Jeremy Barnes y Heather Trost. El resto es una historia de éxito conocida por muchos.

Beirut
Hace algunos años fue cuando Condon y el resto del grupo visitaron por primera vez nuestro país. En aquel entonces se presentaron en el Lunario del Auditorio Nacional, en donde la respuesta del público mexicano hacia esa “relativamente nueva banda” fue impresionante. Mucha gente se sorprendió de tal reacción y efusividad, no logrando entender el efecto de la música proveniente de este colectivo de músicos.

Tres años después de aquella primer visita, Beirut regresó a México para promocionar su más reciente placa, The Rip Tide, sin olvidarse claro, de los temas que los dieron a conocer. Con dos fechas completamente agotadas, la banda se presentó este fin de semana en el  José Cuervo Salón, y nuevamente cautivaron a la audiencia.

Desde temprano muchas personas se dieron cita en el lugar para estar lo más adelante posible. Carla Morrison fue la elegida para abrir el concierto y, aunque la gente no fue tan efusiva, sí se dio la oportunidad de escucharla. Finalmente el tiempo de espera terminó, y salieron al escenario los músicos que conforman la banda entre una lluvia de aplausos y gritos de emoción.

Carla Morison
A lo largo de toda la velada la respuesta de la gente fue abrumadora, no se cansaron de cantar todas y cada una de las canciones, aplaudir y gritar. A ratos algunas personas se quedaban un tanto completativas en canciones como “Gulag Orkestar” o “The Penalty”, como evocando quien sabe qué recuerdos.

Un concierto quizás un poco más breve de lo que a muchos les hubiera gustado pero que, al final del día, cumplió con su objetivo y logró conseguir que todas las personas ahí reunidas vivieran una gran experiencia musical y se llevaran un buen sabor de boca.



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