Flying Lotus


En cuatro palabras se puede definir el concierto de Flying Lotus: muy bueno, pero raro.


POR Staff Rolling Stone México  



En cuatro palabras se puede definir el concierto de Flying Lotus: muy bueno, pero raro.

Por Oscar Villanueva
Fotos Claudia Ochoa

En cuatro palabras se puede definir el concierto de Flying Lotus: muy bueno, pero raro. Por supuesto, la reseña no se puede quedar así, por lo tanto, profundicemos un poco.

Regresando a unos tres meses después de su más reciente visita (festival en mayo, Guadalajara), las expectativas eran grandes. Desafortunadamente el lugar escogido terminó afectando negativamente su presentación.

El José Cuervo Salón resultó ser demasiado grande, demasiado frío, con su siempre deficiente sonido. Un lugar más pequeño habría funcionado mucho mejor.

La producción que acompañó el concierto más que complementar la música, sólo introducía elementos que distraían (una pantalla que resultaba tapada por un templete que parecía robado de la primera época de Viaje a las Estrellas). Sin embargo, Steve Ellison se encargo de hacernos olvidar todo esto desde el primer momento.

Desde el principio estuvo atascado, como preparándonos para lo que seguía. Beats truncados se intercalaban con melodías que por un breve momento resultan bonitas, para luego evaporarse, la brutalidad regresando sin piedad. Con la actitud adecuada, una gran noche.



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