Libro: Corrección de pruebas en Alta Provenza


Julio Cortázar corrigió una de sus propias obras. Ahora tenemos acceso a ella.


POR Staff Rolling Stone México  



Julio Cortázar corrigió una de sus propias obras. Ahora tenemos acceso a ella.

Corrección de pruebas en Alta Provenza
Julio Cortázar
Editorial RM
Calificación:

“Corregir un libro es también enfrentarlo como prueba,

verificar si de veras es prueba de cualquier cosa…”  – Julio Cortázar

Por Miguel Ángel Ángeles (@mangelangeles)

Mientras el mundo se estremecía por los hechos acontecidos en manos del grupo terrorista Septiembre Negro en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, un cada vez más legendario Julio Cortázar se adentraba en otra aventura, esta vez, montado en un dragón rojo y teniendo como territorio a Provenza, se enfrentaba a uno de sus más grandes desafíos: su obra.

El dragón rojo era en realidad un Volkswagen que llenó de latas de sopa y al que acondicionó como casa ambulante mientras se daba a la tarea de corregir ‘El Libro de Manuel’, obra que se convertiría con el paso del tiempo en uno de sus trabajos más emblemáticos y también polémicos, pues, es desde muchos puntos, uno de los ejercicios más arriesgados y con resultados menos alentadores para el autor, al menos desde el punto de vista de la crítica de entonces y sus estudiosos.

Tal aventura sirvió como pretexto para que el autor de ‘Rayuela’ hiciera un ejercicio de reflexión de temas tan diversos como la manera en que una obra puede enfrentarse contra el tiempo o incluso lo ocurrido en Munich, mientras registraba todo en un documento que más tarde vería la luz en un proyecto organizado por el editor Julio Ortega y que hoy llega en forma de ‘Corrección de pruebas en Alta Provenza‘, de la editorial RM.

Es justo esta circunstancia la que hace a la obra una delicia, tanto para seguidores ciegos como para críticos o no acérrimos admiradores: ‘Corrección de pruebas en Alta Provenza’ deja ver cómo se leía a sí mismo uno de los escritores más emblemáticos del siglo, cómo enfrentaba su quehacer de escritor, qué temas le preocupaban y cómo todo ello se entremezclaba en la cotidianidad asombrosa de un mito que hasta nuestros días sigue llenando nuestras literaturas de famas y cronopios.

Por otro lado, el prólogo de Juan Villoro además de abrir el apetito, ofrece una excelente receta para disfrutar más de esta venturosa carrera que protagonizó Julio Cortázar en contra y a favor de sus propios cuestionamientos y que hoy, tenemos la fortuna de tener en papel.



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