Libro: Diario de Invierno


‘Diario de Invierno’ de Paul Auster, es un libro que nos adentra en datos hasta ahora conocidos sólo por sus fanáticos más perversos


POR Staff Rolling Stone México  



'Diario de Invierno' de Paul Auster, es un libro que nos adentra en datos hasta ahora conocidos sólo por sus fanáticos más perversos

Diario de Invierno
Anagrama
Calificación: cuatro y medio estrellas

Por Miguel Ángel Ángeles

@mangelangeles

“La inteligencia es una cualidad humana que no admite falsificaciones”

Cuando publicó A Salto de Mata en 1997, Paul Auster mostró a sus lectores un mundo diferente al que con su pluma y mente ha creado durante todos estos años. El paseo por el que entonces nos llevó abarcaba su propia vida y nos mostró la manera en que comenzó sus andanzas en el mundo de las letras.

En ese trabajo habló de las peripecias económicas y emocionales que ello trajo consigo y cómo sobrevivió a ello. Por si fuera poco, incluyó una de sus primeras piezas escritas, tres obras de teatro y además, un juego de béisbol basado en cartas. Entonces aseguraba que “mientras hubiese un molino de viento a la vista, estaba dispuesto a presentarle batalla”, sin duda, hábito que con el tiempo lo llevó a convertirse en uno de los escritores más importantes de la actualidad.

Diario de Invierno, la más reciente de sus publicaciones, bien podría considerarse una continuación de ello, aunque dista mucho de serlo. La variante es sencilla: en esta nueva entrega, Auster no sólo nos deja adentrarnos en datos hasta ahora conocidos sólo por sus fanáticos más perversos – como la forma en que su parentela lo descalificó por revelar un secreto de la familia en su obra ‘La invención de la soledad’ o los múltiples ataques de pánico que ha sufrido a lo largo de su vida– sino también, en la forma en que tras tantos años de trabajo frente a la misma máquina de escribir Olivetti, ha cambiado su perspectiva como creador y sobre todo, como humano. De cierta manera, el punto desde el que mira ahora es mucho más claro, al menos para él y es desde éste, desde donde fijó la obra.

Auster no tiene miedo a confesar la manera en que el tiempo ha mermado sus habilidades y su cuerpo. En cómo se ha hecho amigo de su historia y de sus propias arrugas. De su relación con las mujeres, sus hijos, sus padres y la muerte. De la forma en las coincidencias van marcando el paso de sus días en eso que llama “trigonometría macabra del destino”. Paul Auster, sí, se parece mucho a sus personajes y nos lo cuenta en una especie de carta que parece dirigida a él mismo, pero que como en El País de las Últimas Cosas, en realidad tiene como destinatario el sospechoso humano que nos habita.

Con 64 años, al menos al momento de escribir el texto, y consciente de estar entrando en lo que llama “el invierno” de su vida, Auster es puntilloso al decir que “probablemente no exista mayor logro humano que merecer amor al final”, aseveración más que promisoria para alguien que después de tanto tiempo y tantos libros, sigue cosechando la admiración de miles en todo el mundo.



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