Libro: El Peso de la Mariposa


De Luca nos hace reflexionar sobre la belleza que hay en el respiro que nos da vida y que la mayoría de las veces, confundimos con tragedia


POR Staff Rolling Stone México  



De Luca nos hace reflexionar sobre la belleza que hay en el respiro que nos da vida y que la mayoría de las veces, confundimos con tragedia


El Peso de la Mariposa
Erri de Luca

Sexto Piso
Calificación:

“El hombre en la montaña es una sílaba en el diccionario”

Por Miguel Ángel Ángeles (@mangelangeles)

El inevitable ciclo de la vida y la muerte, el peso de las jerarquías, las huellas que el tiempo deja en el cuerpo y la lucha por la sobrevivencia son temas que en letras de un hombre como Erri de Luca, pueden tornarse un suceso literario entrañable y hermoso que lleva por título El Peso de la Mariposa.

Poseedor de una carrera literaria magistral que cuenta entre sus éxitos a portentos auténticos como En el Nombre de la Madre, Los Peces no Cierran los Ojos o El Día Antes de la Felicidad -ésta última publicada por Sexto Piso-,  en El Peso de la Mariposa,   De Luca nos lleva a la llanuras de un mundo habitado por bestias -antílopes, águilas y hasta un humano- en el que el protagonista principal es eso que muchos llaman “designio de la naturaleza”, esa en la que el autor asegura “no existe la tristeza”. Todos, al igual que quienes tenemos o tienen la fortuna de leer el texto, se debaten en ese proceso vital que conocemos como decadencia y al cual, los hombres, hemos aprendido a temer de sobremanera.

Y es justo sobre tal idea sobre la que podemos basar un interesante ejercicio de reflexión gracias a la forma en que se ha construido la novela. Podemos así, lanzar cientos de preguntas al aire: ¿Cómo creamos nuestra idea del azar? ¿Qué tan relacionado está éste con nuestros ciclos de vida? ¿Cómo son las bestias que acaso aún nos habitan? ¿Cuánto de lo que creemos es aún instinto y cuánto, producto de juicios? ¿Es la llamada razón un signo inexorable que nos condenó al solitario camino que recorremos erguidos?

Sin dar tregua de ningún tipo y con la maestría que sólo un genio puede ejercer para manejar tópicos tan diversos de manera tan clara que puede darse el lujo de hacer de ella un juego con tintes poéticos; en uno de los momentos más hermosos del texto -y acaso podríamos atrevernos a juzgar como inolvidable-, De Luca sorprende con una filosa aseveración -incluso más invasiva que el cuerno de su protagonista antílope- : “El presente es el único conocimiento que sirve. El hombre no sabe estar en el presente”.

Nunca sobrará hablar del mágico ritmo impreso, del color de los paisajes creados y de la manera sorprendente con que De Luca nos hace reflexionar sobre la belleza que hay en el respiro que nos da vida y que la mayoría de las veces, confundimos con tragedia, todo a través de dos personajes  a quienes la vida ha regalado el mote de “rey” y que comparten más de lo que podríamos esperar; entre ellos y por supuesto, también con nosotros. Por mucho, un manual ideal para esta llanura salvaje que aún habitamos.



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