Libro: Memoria de mis putas tristes


Gabriel García Márquez ha construido un mundo con sus letras, no así, reconocer cómo es que tras muchos años, Memoria de mis putas tristes viene a comprobar que tal paraje es infinito.


POR Staff Rolling Stone México  



Gabriel García Márquez ha construido un mundo con sus letras, no así, reconocer cómo es que tras muchos años, Memoria de mis putas tristes viene a comprobar que tal paraje es infinito.

Memoria de mis putas tristes
Gabriel García Márquez
Editorial Diana
Calificación:

“Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino
un signo del zodíaco”

Por @Miguel Ángel Ángeles

Mientras que la sombra de una peligrosa crisis económica global, las rebeliones civiles que de oriente parecen estar saltando a otros lugares del mundo, y los alcances inauditos que el cambio climático está teniendo parecen ser los temas recurrentes que inundan nuestros titulares y mentes, de manos de Henning Carlsen llega a la pantalla grande la adaptación de la que es hasta el momento, la más reciente novela publicada por Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes.

Y como tantas otra veces ha ocurrido en el mundo del arte, parece como si tal conjunción temporal fuera producto de un especie de pacto o alianza que nos sirve para recordar que en momentos extremos, la vuelta a la belleza será siempre garantía sino de solución, al menos de escape. Y es que es justo eso, belleza, lo que uno encuentra en una novela como ésta.

Innecesario es decir que Gabriel García Márquez ha construido un mundo con sus letras, no así, reconocer cómo es que tras muchos años, Memoria de mis putas tristes viene a comprobar que tal paraje es infinito. Ahí, justificadas por la historia de un hombre que a los 90 años decide regalarse una virgen, están las astromelias y los olores dulzones, la sabiduría popular y el ritmo azaroso de un tiempo detenido para siempre, así como el pulso de una ciudad que vive en nuestro imaginario y que casi todos los que hablamos español conocemos y transitamos, aunque a veces sólo sea en recuerdos o sueños.

Más que un homenaje a La casa de las bellas durmientes del otro Nobel, Yasunari Kawabata, esta novela es una oda a la esperanza también. Esperanza en que no todo está dicho por el espejo del destino, esperanza en que las resoluciones que uno toma a lo largo de la vida no necesariamente marcan los pasos finales, esperanza en que la armonía se construye día a día y sobre todo, esperanza en la esperanza. Con todo lo dulce que eso puede implicar.

Y sí, aunque tal vez ahora nos debatimos entre planes para sobrevivir a un Apocalipsis Zombie, un eminente desastre ecológico –en caso de que seamos un tanto más objetivos- o a la más reciente novela de Michel Houellebecq, nada mal nos viene echar un vistazo a Memoria de mis putas tristes y recordar que la vuelta de la esquina puede llegar cuando cumplamos 90 años. Después de todo, es el “Gabo” el responsable de tal aseveración y seguro que nos conviene creerle.

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