Libro: Miseria de la Prosperidad


Leer Miseria de la Prosperidad sin cuestionarse hasta qué punto hemos sido partícipes del ungimiento de la economía como religión es imposible.


POR Staff Rolling Stone México  



Leer Miseria de la Prosperidad sin cuestionarse hasta qué punto hemos sido partícipes del ungimiento de la economía como religión es imposible.

Miseria de la Prosperidad
Pascal Bruckner
Tusquets
Calificación:

“La humanidad camina de manera simultánea hacia lo mejor y lo peor”

Por @Miguel Ángel Ángeles

Cuando fue publicado originalmente (2003), la situación económica del mundo era distinta. El euro prometía traer consigo ventajas como unidad y seguridad. Estados Unidos estaba a la cabeza de la economía mundial, y eso que muchos han llamado la “larga noche neoliberal” se encontraba en su apogeo. Mucho ha pasado desde entonces: la crisis inmobiliaria de 2008 y su pavoroso efecto de desaceleración, el espasmo económico que ha dejado por los suelos a Grecia y más recientemente a España, y el estremecedor rugido de un tigre asiático que sacude a todos por igual.

En ese entonces, los gritos que clamaban por los peligros que la llamada globalización eran el pan de cada día. La palabra globalifóbico estaba hasta en el cereal de la mañana, aunque no necesariamente en la sección de información nutricional. La internet prometía mucho como agente democratizador pero también generaba miedo y animadversión. Sobre ello, Pascal Bruckner aseguraba que esperar que ésta tejiera “una única familia humana” era una “ingenuidad cercana a la estupidez”. Parecía, para muchos, un aventurado y pesimista profeta.

En Miseria de la Prosperidad, además de ello apuntaba que: “si el capitalismo está lejos de morir o de ser reemplazado, también está en vías de trivializarse” (sic). Aventurado, generó descontento pero también veneración. Incluso un reconocimiento del Senado francés. Nada mal para un novelista y filósofo que hacía de ésta inmersión en los adentros de la economía, una impúdica y reveladora disección.

Hoy la historia es distinta. El 9/11 sigue siendo una estremecedora anécdota pero ya hemos hecho de él un tema de películas y novelas. La caída del muro de Berlín suena a lección de historia y parece como si del apellido Strauss Khan nos hubiera quedado sólo el pútrido olor del escándalo y nada más. Con todo y eso, las dudas siguen ahí; la incomodidad, también. Y guste o no, a éste intelectual a quien se ha acusado de haber cambiado de bando, yendo de la izquierda a la derecha con el más reciente cambio presidencial en Francia, no podemos dejar de reconocerle el mérito que implica haber puesto sobre la mesa cuestiones que parecen no perder actualidad. Bruckner sabía de lo que hablaba y vaya que lo hizo bien.

Y es que leer Miseria de la Prosperidad sin cuestionarse hasta qué punto hemos sido partícipes del ungimiento de la economía como religión es imposible. Somos nosotros quienes hemos presenciado una y otra vez la manera en la que las predicciones sobre el comportamiento de los mercados dan al traste con la vida de miles. Somos nosotros quienes al menos en algún momento de nuestra vida hemos -lance la primera hamburguesa de McDonald’s quien jure que no- usado a los Estados Unidos de chivo expiatorio de todos los males pero consumido sus productos con fruición. Somos también, detractores de esas políticas que extienden los horarios de oficina y reducen cada vez más las prestaciones laborales, pero al tiempo, seres ávidos de precios menores no importando cómo se logren. Y sí, aun así seguimos en medio: creyendo en ella.

Sin indulgencia alguna y con una facilidad de exposición que hace de la obra un ‘pageturner’, Pascal Bruckner hace que de verdad nos cuestionemos sobre nuestro comportamiento. Que pensemos -sobre todo tomando en cuenta el tiempo que ha pasado para que esta obra llegue a los estantes de las librerías mexicanas- qué tanto ha cambiado el entorno y sobre todo, qué tanto hemos cambiado nosotros. Cómo y de qué forma nos hemos habituado a los efectos de un sistema e incluso, qué repercusión puede tener que siquiera pensemos en ello.

Más acostumbrados que nunca a encabezados que hablan de la eminente caída en picada de las economías de más naciones, la forma en que el descontento popular se convierte día con día en moneda de cambio y “primaveras” que amenazan con dejar de tener el adjetivo “árabe” a su lado, más que útil parece la re-aparición de esta obra. Al final de cuentas, en un mundo que se debate entre quienes ven al capitalismo como monstruo o como Dios, pensar no genera impuestos. Al menos, de momento.



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