Libro: Yo no vengo a decir un discurso


Gabriel García Márquez / Gabriel García Márquez


POR Staff Rolling Stone México  



Gabriel García Márquez / Gabriel García Márquez

Yo no vengo a decir“Yo no vengo a decir un discurso”
Gabriel García Márquez
Calificación: cinco estrellas

Si leer El amor en los tiempos del cólera o La terrible y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada son experiencias comparables a escuchar historias maravillosas de boca de un gran contador de cuentos, leer Yo no vengo a decir un discurso equivale a sentarse a tomar una taza de café que dura 151 páginas con uno mítico juglar que representa toda una era del arte literario de América Latina: Gabriel García Márquez.

Magia es una palabra con la que puede describirse la recopilación de discursos que constituye Yo no vengo a decir un discurso, una prueba fehaciente de la manera encantadora en que el maestro ha enfrentado su propio miedo y reticencia a pararse frente a un pódium e incluso a escribir, siempre con razones de sobra, mismas que lo han llevado a hablar de su pasión por el periodismo, su intenso amor por el mundo del cine, la fantasía de una América Latina unida, su férrea labor para concientizar al mundo sobre la debacle ambiental que estamos ocasionando o agradecer a la vida y a los lectores por haberle sido otorgado el Premio Nobel de Literatura, pieza discursiva que por sí misma constituye una verdadera oda a la humanidad.

Irreal y magnánimo, sin haberlo pretendido, “El Gabo” fue tejiendo a lo largo de su carrera una serie de narraciones alternas en forma de estos discursos que hoy, recopilados finalmente en un solo documento, gracias al trabajo del editor Cristóbal Pera, nos esbozan la vida de un ser que desde su mente ha dado al mundo historias incomparables, depositarias de sueños, tristezas, esperanzas, sonrisas y lágrimas, de quienes hemos sido sus lectores desde tiempos inmemoriales. Sí, porque al igual que en sus novelas, la admiración que se puede sentir por un hombre como él dista mucho de poder cuantificarse de manera convencional, pues más valdría hacerlo también contando las mariposas amarillas que salen de nuestras orejas cada vez que lo leemos.

Sus experiencias como estudiante, su irreverencia preparatoriana, la presencia de figuras en su vida como Álvaro Mutis, Carlos Fuentes o el mismísimo Julio Cortázar (anécdota que merece una mención especial), su acercamiento al arte de personajes como Juan Rulfo y sus comienzos en el mundo de la literatura son tan sólo algunos de los momentos que tras leer Yo no vengo a decir un discurso se quedan grabados en la mente, provocando una sonrisa similar a ésas que Fermina Daza, Aureliano Buendía o el Coronel, nos han dejado y seguro seguirán dejando por generaciones enteras, tal vez cumpliendo algún día el sueño de quien los concibió, salvarnos de la barbarie creando “una cultura de la paz”.

Miguel Ángel Angeles

@mangelangeles



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